Franz Tamayo

 

Creación de la pedagogía nacional
Capítulo XVI

No es difícil hacer el proceso de universidades y liceos en Bolivia. Que en ellos se enseña todo y no se aprende nada, es cosa innegable e irremediable por el momento. El mal parece agravarse en línea ascendente hacia la instrucción facultativa en que llega a su máximo de evidencia. Todavía los liceos tienen una apariencia de tales, y el contraste de la enseñanza y el no aprovechamiento es menos sensible que en nuestros institutos superiores. Y es que se dice: seguir bajando en la escala; el mal radical está más abajo aún. Y viene la cuestión de la instrucción primaria.

Seguramente el problema, bajo el punto de vista estrictamente instructivo, se formula así: la destrucción del analfabetismo nacional.

Otros han dicho ya la trascendencia universal de la instrucción primaria en toda suerte de países y naciones, y nosotros sólo añadiremos: aún cuando la mayoría de la nación se quedase durante cien años sólo sabiendo leer, escribir y contar, ya sería tan grande beneficio, que no esperamos alcanzarlo en muchísimos años.

Pero hemos pretendido que la ciencia, que toda ciencia se compra, que por consiguiente, si en vez de gastar quinientos mil pesos el Estado gastase cinco millones anuales en sólo la instrucción primaria, veríamos intensificarse y progresar a ésta en la misma proporción. Diez veces más escuelas, diez veces más maestros, y al fin de cuentas, diez veces menos analfabetismo.

¿Está, pues, resuelto el problema? ¿El oro?

¡No! La instrucción primaria como se la concibe universalmente en Bolivia no es bastante a nuestro juicio para formar la nación que desearíamos. La experiencia está allí. Tenemos una parte considerable de la nación que ha vencido el analfabetismo. ¿Sabéis cuál es? Es el cholo, el mestizo elector de nuestros comicios populares. Ese sabe leer, escribir y contar. Señores educadores y gobernantes: ¿estáis satisfechos de él? Ese, a más de vencidas las primeras letras, cuando tiene dinero llega más arriba, y alcanza a ser abogado de provincia, juez de provincia, cura de aldea. ¿Estáis satisfechos de él? Y sin embargo, es el resultado directo, inmediato y necesario de la instrucción primaria en Bolivia.

Así, los que en Bolivia sólo ven como supremo ideal la máxima difusión de las primeras letras, llegarían con el tiempo a este primer resultado: en vez de tener treinta mil electores como hoy, alcanzaríamos a trescientos mil, todos enfermos de la misma inconsciencia política, del mismo espíritu parasitario, de la misma pereza, de la misma inmoralidad de que sufren nuestros treinta mil electores actuales.

Haced por un momento un paralelo entre el cholo letrado de las ciudades y el aymará analfabeto de los campos. Comparad bajo el punto de vista del orden y de la economía sociales las calidades de cada uno. El cholo a priori y en absoluto cuesta más al Estado y a la comunidad. El cholo beneficia de todos los servicios públicos, desde el hecho simple de vivir en las ciudades. Ante el fisco, ante las comunas, ante todo género de institutos privados de cultura o de beneficencia, el cholo guarda su puesto y aprovecha en su medida. Preguntaos ahora, ¿es que el cholo contribuye con su esfuerzo individual en la misma medida a la conservación del estado social en medio del cual vive y del cual se aprovecha? No; su pequeño trabajo manual, en este o en el otro arte aplicado, se lo hace pagar bien y pronto; y ese mismo trabajo es las más de las veces insuficiente o malo. Podemos formular la cuestión: el cholo recibe más de lo que da. Hay, pues, parasitismo en la clase.

Por otra parte, ¿es el cholo un buen elemento de orden y estabilidad sociales? No siempre. Históricamente hablando, el resorte y material inmediato de todas nuestras revoluciones políticas ha sido el cholo. Sus condiciones propias han hecho siempre de él una pasta fácil que se ha amoldado a las locuras y ambiciones de nuestros más viciosos demagogos. Hoy las cosas cambian de aspecto, pero no de fondo. Hoy el cholo es ciudadano y como tal puede llevar su voluntad absurda hasta hacerla pesar sobre la solución de las cuestiones más graves del Estado, por medio de su acción en la formación de los poderes públicos. ¿Ejemplos? Los tenemos demasiado frescos y demasiado crueles. Pasemos.

El cholo en sus condiciones actuales y pasadas, no siempre ha sido ni es un sano elemento de orden y de estabilidad sociales. En resumen: socialmente hablando, es o tiende a ser parasitario; políticamente, ha sido o puede ser un peligro; como factor económico su exponente es bajísimo, y está amenazado de ser aplastado por la competencia extranjera, que toca ya a sus puertas y de la manera más alarmante.

Pero aquí viene la cuestión: el cholo, en su actual condición, es la flor y el fruto de la instrucción primaria. Es la instrucción primaria que ha habilitado a la clase para posesionarse del Estado que acabamos de indicar a grandes líneas. Es la instrucción primaria que lo hace elector, burgués, artesano. Es la instrucción primaria que ventajosamente lo separa de otras clases inferiores y desventajosamente de las que están encima de él. Es la instrucción primaria que le da ciertos derechos y le permite usufructuar de ciertas ventajas públicas. Es la instrucción primaria que contribuye en gran parte a caracterizar y mantener su clase.

Pero, entonces, ¿la instrucción primaria es mala? ¿Hay que destruirla? No; ese sería el exceso contrario; pero antes de continuar, estudiemos el paralelo.

El Diario, 31 de julio de 1910 (en libro: Creación de la pedagogía nacional, 1910).

 

© José Luis Gómez-Martínez
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