Jorge Majfud

 

Crítica de la pasión pura


I
Historia y naturaleza

1, CORRIENTES. Diferentes verificaciones (como la posibilidad de que todas las razas humanas se puedan cruzar) demostraron la monogénesis biológica de las creaturas de Gea. Absolutamente todas las creaturas humanas poseen un origen común y es probable que, por algún misterioso o grave acontecimiento, todas desciendan de un hombre y una mujer que vivieron en África hace 200.000 años. Por éste y por otros descubrimientos, los lingüistas han llegado a la conclusión de que también todas las lenguas que se hablan en el planeta poseen un origen único. No muy diferente utilidad prestan los mitos para la antropología y para la idea de un nacimiento común o restringido de la humanidad. —Por su parte, la moderna teoría de los paradigmas supone unidades de pensamientos independientes, pero al mismo tiempo se pueden ver cómo unos derivan de otros. El proceso que lleva de un pensamiento a otro es similar al seguido por los idiomas: cada uno deriva de otros anteriores y, con frecuencia, varios nacen de una misma raíz. El bantú y el latín son las raíces de por lo menos diez lenguas africanas y europeas; el sánscrito y el mandarín, dicen los asiáticos, son la raíz de por lo menos todas las lenguas. El pensamiento posee un comportamiento semejante, y esa es una de las hipótesis que subyacen en el fondo de este informe.

2, INTERIOR. Todos los seres vivos son el resultado de una historia exterior y se refiere a la evolución biológica. Las plantas y los animales evolucionan influyendo y adaptándose al medio. Su historia es dictada por agentes exteriores. Diferente, la historia de la creatura metafísica es, sobre todo, consecuencia de su propio espíritu; es decir, de su universo interior. Solo esta creatura es el resultado de ambas historias. —Cada creatura piensa y siente condicionada por la historia colectiva interior, tanto como lo está por su historia personal. Un uruguayo de nuestro tiempo lleva dentro suyo la dialéctica de Sócrates, el cristianismo y el gobierno de Adolf Hitler. Aunque lo ignore, debe ver el mundo a través de todo ese polvo histórico. Su perro, si tiene uno, solo habrá recibido del perro de Hitler alguna que otra mutación genética (que nada tendrán que ver con la guerra y con su amo). —Lo que diferencia a una sociedad de otra, a un individuo de otro, está en la historia interior de la especie: en la historia colectiva de su espíritu. Por ella, un occidental del siglo XX piensa y ve diferente el mundo a un hindú contemporáneo; piensa y ve diferente a otro occidental del siglo XI. Es la historia interior la que diferencia a la creatura metafísica con el resto de los otros animales y consigo misma.

3, SALTOS. La historia interior de Occidente consiste en un flujo de cambios permanentes e irreversibles, lo que configura el modelo de una “verdadera” historia. En oposición a esta imagen está la historia interior de Oriente y de los pueblos llamados primitivos que, por negar el cambio y afirmar la repetición, decimos que no tienen historia. Pero negarle una historia interior a los pueblos mitológicos es una imprecisión. Sería como igualar a un maya o un hindú con un tigre. —También los pueblos mitológicos poseen historia interior, no formada por flujos sino por saltos. Toda la estructura social de India y Nepal (me refiero al sistema de castas) y muchos de sus mitos fundadores fueron producidos por las invasiones de los jinetes arios. También el mundo mitológico de Homero se basaba en hechos concretos y puntuales, como la guerra de Troya. —Tanto los hindúes actuales como aquellos griegos del siglo VII a. C. vieron el mundo a través de las tradiciones nacidas de hechos concretos y protagonizadas por las mismas creaturas ―hechos históricos.

4, CONDICIÓN. Una persona no nace con un idioma o con el teorema de Pitágoras. Pero nace con la capacidad de aprender y desarrollar esos productos culturales. De igual forma, no nace con una determinada moral, pero sí con la capacidad biológica para aprenderla del medio, capacidad que comenzó a desarrollar en un determinado período de la evolución. Advirtiendo proto-facultades morales, culturales y hasta políticas en ciertos grupos de monos, algunos biólogos han deducido que la moral es una formación neuronal más que cultural. A esta dicotomía virtual o analítica, otro científico, Frans de Waal, respondió en su reciente libro, Good natured: “La moral es un fenómeno biológico o cultural? No existe una respuesta sencilla para este tipo de preguntas, que es como preguntarse si los sonidos de percusión son producidos por los tambores o por los tamborileros”. Y luego pone un ejemplo metafórico: Una planta puede crecer alta y fuerte si está expuesta al sol, mientras otra no lo hará de igual forma si está condenada a la sombra. El tamaño de cada planta no depende solo de sus genes o del medio en el que se desarrolla sino de ambos. —Pero aún aclarando este punto quedan otras interrogantes. ¿En qué medida los tabúes y las características psicológicas de la creatura pertenecen a su historia exterior y en qué medida se perpetúan en su historia interior? ¿Existe una transferencia de datos desde la historia interior (cultura) a la historia exterior (biológica)? Una institución como la prohibición del incesto, ¿pudo haberse perpetuado por mileños sin la intervención de la herencia genética? —Algunos creyentes encuentran repugnante y hasta inmoral el que un sacerdote católico tenga relaciones sexuales con una adolescente. El celibato sacerdotal es una institución resuelta por la Iglesia hace menos de dos mil años y no existe una razón biológica para sentir repugnancia por un acto semejante, como no existe una razón biológica para condenar el incesto. Pero si la prohibición del incesto es una institución varias veces más antigua que el celibato, ¿cómo no habría de ser más universal y profunda? El mecanismo cultural que provoca el rechazo a la sexualidad del sacerdote, ¿no es semejante al que universalizó el rechazo al incesto? —La teoría del inconsciente colectivo considera una especie de historia interior heredable por un camino interior e inevitable. Ese material mnemónico, que supuestamente poseemos todos, o casi todos, es el bosquejo básico del inconsciente. Esto significaría que no sólo nacemos con una moral ability, como lo definió Frans de Waal, sino, incluso, con algunos megabytes incluidos; algo así como si naciéramos con language ability incluyendo algunas palabras en ruso, francés y algún que otro ideograma chino, dependiendo de los viajes de algúno de nuestros ancestros. —De cualquier forma, lo que conforma y condiciona casi toda la libertad de la creatura es la historia interior que se hereda por un camino exterior y no del todo inevitable. Se da la paradoja, entonces, de que la historia exterior es interior al organismo, porque radica en la herencia genética; mientras que la historia interior (la historia del espíritu) es exterior al organismo en gran medida, porque radica en la herencia cultural. De haber existido los atlantes, hoy tendríamos de ellos algún “sedimento mnémico”, según un jungiano. Pero nuestras vidas y nuestra visión del mundo no estaría condicionada por aquella cultura perdida como sí lo está por la historia del pueblo hebreo.

5, HISTORICISMO. Ya en el siglo XVIII Giambattista Vico había considerado que las creaturas nada son fuera de la historia que ellas mismas producían. También G.E. Lessing entendió que la pretensión de conocer la verdad absoluta era absurda. Lo admirable no consiste tanto en esta primera observación sino en otra que pretende confirmarla: porque alcanzar la verdad absoluta significaría salirse de la historia. Es decir, acabar con el esfuerzo por buscarla. En Humano, demasiado humano, Nietzsche reprochaba a los filósofos de su tiempo de negligencia histórica. No hay una creatura eterna, como no hay verdades eternas, sino una creatura que se procesa. Más tarde, en La decadencia de Occidente, Oswald Spengler repitió una advertencia semejante: Immanuel Kant no había considerado en sus reflexiones más que a la naturaleza, cuando la creatura metafísica era un ser marcado por el tiempo, un ser histórico. (Este reproche resulta un poco paradójico e injusto, ya que es fácil concebir ideas como “paradigma”, “mentalidades” e “historicismo” después del análisis de los juicios sintéticos a priori, de Kant.) En 1951, Jaspers había entendido que “el carácter inconcluso de la creatura y su historicidad son la misma cosa”. En 1962 T.S. Kuhn introdujo la historia y la polémica en las ciencias o, mejor dicho, en la epistemología científica: las realidades objetivas dependían de una perspectiva mental llamada “paradigma” (creo que un siglo antes Dilthey había pronunciado “weltanschauung” para nombrar una idea semejante). Después de la polémica, es decir, después del éxito del paradigma tskuhniano, el concepto y su nombre se esparcieron al resto del pensamiento, y representaron la más radical alternativa a los prestigiosos sistemas cerrados del siglo XX. Ahora, observemos que el paradigma historicista supone no solo el aprendizaje de una nueva forma de ver el mundo; también implica el olvido de la forma anterior. Suponemos que no podemos ver la “realidad” de la misma forma que la veían los antiguos babilonios. Solo podemos sospechar que ellos la veían diferente, de la misma forma que podemos entender los actos de un psicópata asesino pero no podemos experimentar su naturaleza anímica, su propia visión del mundo. Es decir que si bien la creatura es un ser “inacabado”, seguramente lo será siempre. O, por lo menos, lo será mientras el olvido, la estupidez o la perfección no acaben con la historia.

6, CONTINGENTE. El nuestro ya no es el universo congelado de Laplace. No solo el espacio absoluto ha sido destruido por la relatividad del espacio-tiempo; también las leyes de la física perdieron su antigua condición de eternidad. Porque el paradigma histórico extendió su comprensión también a las ciencias naturales y ahora el darvinismo se enseña en las cátedras de física: sus leyes evolucionan. Pero, como las especies, la evolución de las leyes del Universo es histórica. Ello significa que el acontecimiento B1 puede ser la consecuencia de A, pero no es una consecuencia necesaria: a A también pudieron seguir B2, B3 o Bn. Una vez producido el efecto B1, el proceso es irreversible: sucederán entonces C1, C2 o Cn. La historia del Universo está construida de contingencias: vivimos en un momento cósmico en que la velocidad de la luz es c y la energía de los electrones es e. Pero bien esas constantes pudieron ser otras, y un día lo serán. La contingencia destruye un orden y crea otro imprevisible que no puede ser calculado ni concebido por las leyes del orden anterior. Este paradigma se asemeja, de alguna forma, al pensamiento kierkegaardiano: la realidad no es un proceso racional único; es un conjunto indefinido de posibilidades, incluida la nada. —Alguna vez el Universo estuvo concentrado en un punto de extensión cero y densidad infinita (a muchos esta idea les puede resultar fantástica, pero consideremos que una teoría astronómica puede ser refutada de muchas maneras menos por exagerada; la exageración no existe para la astronomía moderna como no existía para los antiguos hindúes). Para que ese punto haya sido perturbado en una explosión habrá que suponer una acción exterior. Lo que nos lleva a la idea de un Megauniverso o al reconocimiento de un Creador. Pero si ni las leyes de la física son significantes en esos umbrales del tiempo, ¿por qué habría de serlo el resto de nuestra comprensión racional?

7, DESAMPARO. Nuestro tiempo ya no usa la historia para predecir el futuro y condicionar el presente. No solo porque entendió que el futuro es impredecible sino porque además ha renunciado a los Grandes Proyectos. El futuro de la humanidad ya no importa más que el presente del individuo. —La nueva historia es una sinfonía de historias, coherentes o contradictorias pero ya no estructurada; no explica el todo sino cada una de las partes, desde infinitos puntos de vista. Cada momento es el resultado simultáneo de imprevisibles contingencias. Rige la ley física de la indeterminación. —El paisaje contemporáneo casi no incluye a la naturaleza. Casi todo lo que rodea a la creatura posee memoria y conciencia del cambio. Ya todo es el resultado de alguna evolución. No solo la creatura y los seres vivos; también la naturaleza muerta: me refiero a La evolución de las especies, a Una breve historia del tiempo. Después de Charles Darwin y Alexander Friedman la naturaleza dejó de ser el mundo del ser, de lo estático y de lo eterno, para tener su propia historia. Una historia con escala sobrehumana o hindú. Las formas y las leyes físicas ya no son sino que se encuentran en tránsito perpetuo. Como la aparente naturaleza humana. Cada vez que la creatura se replantea la anacrónica interrogante ¿qué somos?, recurre a la historia para ver cómo éramos. Ahora toda experiencia humana tiene su significado en su propia historia. Se han escrito y rebuscado la historia de la locura, del amor, de la sensibilidad, de la privacidad, del sexo, del odio, de la belleza, de la imagen. Hay una historia del Bien y una historia del Mal, una historia de la felicidad y una historia de la historia. Es decir, toda experiencia humana tiene un significado relativo. Para la creatura posmoderna, todo es relativo a la historia; el mundo del debe-ser y el resto también. No hay acontecimientos novedosos que estén sometidos a ley alguna. Ahora son los acontecimientos (físicos y espirituales) los que dictan sus propias leyes. Y en su dictado y abolición está la Historia y su muerte provisoria. Ya no hay filósofos griegos que reflexionen sobre el ser y aquellas ontologías ahora son capítulos inocentes de la historia de los paradigmas. —La Verdad les fue revelada a los hebreos; cada griego la encontró un día en el ágora; los modernos llegaron a ella después de siglos de acumular conocimiento. Los que vinimos después la relativizamos en la historia, o simplemente la perdimos. Decía Karl Jaspers que en casi todos los tiempos existió la duda, pero que en nuestro siglo no fue solo un problema de individuos solitarios sino el gran problema de la “masa”. Claro que también es posible que esas famosas Certezas del pasado nunca hayan sido tan populares como parecen; y que lo nuevo sea, por algún misterioso motivo, nuestra obsesionante conciencia de desamparo.

8, IMPROBABLES. ¿Por qué la “flecha del tiempo” apunta siempre al futuro? Según el pensamiento científico, ello se debe a la segunda ley de termodinámica; porque siempre pasamos a un estado cada vez más desordenado; porque en todo proceso cósmico se va perdiendo información de forma irreversible (el big crunch no será idéntico al big bang; o no será, porque el Universo es abierto y nunca dejará de expandirse). ¿Y por qué? Porque partimos de un estado ordenado del Universo y cualquier cambio apuntará siempre al desorden, al caos. Porque un rompecabezas tiene solo un orden y muchísimos desórdenes; y si partimos del primero cualquier cambio nos conducirá más adentro del segundo (el futuro). Es decir que estamos en un momento cósmico particular, o partimos de él para vivir y entender algo del Universo. —El físico Ludwig Boltzmann relacionó la entropía (S) y la probabilidad (P) de un acontecimiento en la fórmula: S = k . (lnP). Lo que significa que cuanto más improbable es una cosa, menor es su entropía. Schrödinger propuso el término negentropía para designar la inversa de Boltzmann: N = 1/S. Entonces, los científicos estuvieron de acuerdo de que el fenómeno con mayor negentropía era la vida; aunque bien pudieron comenzar diciendo que la vida era lo más improbable o absurdo que conocían del Universo. Además, sería pertinente recordar otra extravagancia de ese mismo fenómeno: los seres vivos excretan entropía, como el dióxido de carbono en la respiración, etcétera. —La vida en Gea comenzó hace 3,6 x 109 años. Considerando la naturaleza radioactiva del planeta, los científicos opinan que ese fenómeno fue provocado por otra explosión: una supernova. Pero observemos que no solo la vida en Gea es un fenómeno extraño y tal vez único; también la creatura metafísica es un fenómeno extraño en Gea. La aparición de la conciencia en un animal solo es comparable con la aparición de la vida en el Universo. Como lo describió el biólogo Julian Huxley, para la aparición del pensamiento conceptual fue necesaria la confluencia de muchísimas condiciones en una de las innumerables especies que habitaban el planeta. Condiciones que reunió o fue reuniendo la creatura metafísica. —Si nos hubiesen obligado a deducir un juicio lógico sobre las creaturas de Gea, hubiésemos dicho que no existen o no pueden existir. Todos estos fenómenos son un milagro o la convergencia de infinitas improbabilidades. Lo que hace de la creatura metafísica un misterio de segundo o de tercer grado.

 

© Jorge Majfud. Crítica de la pasión pura (1998). La presente edición digital fue autorizada por el autor para el Proyecto Ensayo Hispánico, sigue el texto de la tercera edición (Buenos Aires: Editorial Argenta, 2000) y ha sido preparada por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Diciembre de 2004.

 

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