Jorge Majfud

 

Crítica de la pasión pura


III
Mente y espíritu

14, MENTE. Para Homero, la creatura era un campo de batalla donde confluían fuerzas exteriores de origen divino y contradictorio. Más tarde, Platón inventó la mente y sus divisiones modernas. Ordenó que la razón debía dominar a las pasiones; porque una estaba sobre la otra en rango de virtud y este orden significaba salud y equilibrio. Siglos más tarde, cuando Pedro Abelardo reflexionó sobre ética, no recurrió exclusivamente a los demonios para explicar y justificar a la creatura; heredero cautivo de los griegos, como casi todos, el escolástico prefirió involucrar a la naturaleza también. Esta vez referida a la mente humana. No hace mucho, Freud retomó el modelo platónico de la psiche para desarrollar su filosofía positivista. Solo que ahora el orden de los factores se había invertido y el famoso equilibrio era otro: la salud consiste en liberar al inconsciente de la antigua condena racionalista. Eso sí, con cierta mesura —con una mesura platónica.

15, MENTALIDADES. En tiempos arcaicos, todo fenómeno mental pertenecía a la naturaleza exterior: ríos, hombres, fantasmas. Anaxágoras y Heráclito imaginaron una especie de mente universal que llamaron Nous y Logos. (La palabra “logos” también podía significar “discurso” o “pensamiento”.) Cuando Platón inventó la mente humana la hizo depositaria de alguno de esos fenómenos. Hasta que llegó Bérkeley y puso todo en ella. Por entonces, para el obispo y para sus seguidores, no sólo los demonios y los fantasmas eran fenómenos mentales; también los árboles y las piedras. Es decir, la física era una rama de la metasicología humana.

16, ESTRUCTURA. Para nuestros contemporáneos, todas las sociedades en todos los tiempos han creado mitos, en apariencia diferentes, pero semejantes en el fondo. La obsesión de los investigadores modernos ha sido encontrar los elementos comunes que componen esa estructura platónica. Y lo han hecho con éxito o por lo menos con elegancia. Pero como esa estructura no podía ser de origen divino (premisa científica), no le quedaba otra que ser la expresión de la mente humana. Según esta prestigiosa visión del mundo, Hércules y Sansón son al encéfalo lo que la bilis es al hígado. Así, destilando mitos, advirtiendo lo similar en lo diverso, se dibujó el esqueleto psicológico. —El mito de la Creación y el mito del Diluvio se repiten en África negra, en la antigua Mesopotamia y en la Polinesia. Pepe Rodríguez, académico español y exitoso vendedor de libros, escribió en 1997: “Dios, por poner un par de ejemplos más, tampoco estuvo muy acertado cuando adjudicó a Moisés la misma historia mítica que ya se había escrito cientos de años antes referida al gran gobernante sumerio Sargón de Akkad (c.2334-2279 a. C.) que, entre otras lindezas, nada más nacer fue depositado en una canasta de juncos y abandonado a su suerte en las aguas del río Eufrates hasta que fue rescatado por un aguador que le adoptó y crió. Este tipo de leyenda, conocida bajo el modelo de 'salvados de las aguas', es universal y, al margen de Sargón y Moisés, figura en el currículum de Krisna, Rómulo y Remo, Perceo, Ciro, etc. ¿Sabía Dios que estaba plagiando una historia pagana?”. Este tipo de observaciones es clásico en la literatura antropológica del siglo XX, aunque no siempre es tan soberbia. En otro tiempo, las mismas verificaciones hubiesen testimoniado a favor Dios; ahora sirven para refutarlo, vaya a saber por qué.

17, SEMEJANZAS. La creatura moderna está tan condicionada por su memoria que los antropólogos, siempre a la procura de la estructura inmanente, deben ir a sociedades más primitivas para simplificar o purificar el problema. Durante todo el siglo XX, cada vez que algún antropólogo procuraba comprender la locura europea, invariablemente se trasladaba a Nueva Guinea o algún sitio semejante. Allá, entre los papúas, se imponía la tarea de estudiar en vida a nuestros supuestos antepasados. (No hace mucho me he tropezado con dos o tres antropólogos en África. Excelentes europeos, dicho sea de paso.) La antropología es una ciencia que pretende estudiar a la creatura humana, física y moralmente. Pero a ninguno de estos estudiosos se le ocurriría quedarse en París estudiando a los parisinos, que todavía son humanos; no, en semejante enredo ¿cómo distinguirían los elementos fundamentales? Aquello que se repite entre los papúas es más fácil de observar, es más fácil de imaginarlo verdadero, auténtico. Y no cuesta nada importarlo al inconsciente del francés más racionalista. —En las ciencias de facto, la metodología recurrente consiste en “buscar las semejanzas”. El estudio de la mente y el cuerpo recurre especialmente a los elementos comunes que intervienen en diferentes individuos. Y de esta actividad surgen la medicina, la psicología y la charlatanería.

18, SIGNIFICADOS. Los antropólogos estudian decenas de culturas con el fin de descubrir elementos comunes. Es decir que la antropología es la ciencia que estudia las culturas con el fin de anular el significado de cultura. Cuanto más común es un elemento, más verdadero y profundo debe ser; tanto para un papúa como para un japonés. Luego de aislado dicho elemento se lo atribuye a la prehistoria. Como la prehistoria parece bastante uniforme (gracias a nuestra erudita ignorancia), se supone que las creaturas repitieron las mismas costumbres por cientos de miles de años. Se deduce, entonces, que lo que allí se formó en la mente humana debe pesarle ahora a cada creatura por igual. Así comienzan las tentadoras comparaciones: —a. Las sociedades nómades de la prehistoria salían a la caza y la recolección; así también, después de la revolución industrial se sale a la caza del dinero y los alimentos fuera del hogar. —b. Los chimpancés machos cambian comida por sexo, como lo hacían los cavernícolas; así también un ejecutivo que invita a cenar a una mujer la está cortejando y es probable que terminen en la cama. —c. El fútbol es una repetición de la práctica de la caza. —d. Mientras las mujeres hablan (y hablan) cara a cara, los hombres lo hacen de costado, casi siempre atendiendo a un juego u otra actividad; así como lo hacían cuando salían a cazar juntos. Cada uno puede agregar otros ejemplos. Por ejemplo, los Estados modernos representaron la autoridad concentrada del rey o del faraón, mientras que las sociedades actuales representan un regreso a las épocas tribales, ya que el poder está repartido entre los dueños de las grandes empresas privadas; y, como entre los jefes de aquellos clanes, sus intereses son contrapuestos. —Todas estas observaciones pueden ser válidas. Pero, ¿es justo extraer de ellas predicciones sociales, morales y psicológicas? Justo o no, eso es lo que se hace. Bien, consideremos que todas esas tendencias o impulsos conforman gran parte de nuestro esqueleto psicológico; pero veamos que el acto que impulsan ha cambiado de significado (que es lo que realmente debería importar). Esa estructura no determina más nuestro comportamiento social que nuestra cultura; solo es la vieja estructura de un edificio reconstruido. Pensemos que la antigua cárcel de Punta Carretas de Montevideo hoy es un shopping center, y que ninguno de sus visitantes lo notaría si careciera de esa información antropológica previa. Sacarse el sombrero e inclinarse ante una persona alguna vez significó sumisión absoluta a un soberano; ¿cuándo significa lo mismo en nuestro tiempo? Ha quedado la práctica del acto, la costumbre o el reflejo, pero el significado ha cambiado del todo. —Lo mismo podríamos decir de los ritos religiosos. Muchos, o casi todos, significaron en algún tiempo sacrificio o sumisión temerosa; todo lo que no impide que luego hayan pasado a significar Iluminación o amor místico. Y ese proceso espiritual debe ser significante; es decir, no ha de ser un cambio azaroso o arbitrario, sino necesario o, por lo menos, histórico.

19, COMPLEJIDAD. En primera instancia, el conocimiento concreto consiste en el reconocimiento de las diferencias. En una etapa posterior, el conocimiento abstracto significó lo contrario. El reconocimiento de lo común en la diversidad fue un progreso intelectual. Sábato observó que “El intercambio comercial tiene siempre un germen de abstracción, ya que es una especie de ejercicio metafórico que tiende a la identificación de entes distintos mediante el despojo de sus atributos concretos. El hombre que cambia una oveja por un saco de harina realiza un ejercicio sumamente abstracto”. Años después, le hace decir a uno de sus personajes: “Un genio es alguien que descubre identidades entre hechos contradictorios. [...] Alguien que descubre que la piedra que cae y la Luna que no cae son el mismo fenómeno”. —Pero hay complejidades y complejidades. El prestigioso método hipotético deductivo necesita de las menos variables posibles. Por algo comenzó por brillar en astronomía primero y en física después. Hasta que encontró un verdadero problema en la conducta humana. El psicoanálisis, por ejemplo, necesita (y de hecho posee) más de dos mil hipótesis de partida, particularidad que no lo refuta pero lo excluye de la simplicidad del rigor. Y no hablemos de la sociología, la cual debe lidiar en el diverso y multimilenario campo de las culturas.

20, ESPÍRITU. La sola mención de la palabra “espíritu” pone nerviosos a los reduccionistas que tienen todo traducido a aminoácidos y complejos de Edipo. ¿Quién, a esta altura de la Civilización, puede creer en el alma? Claro, el alma no se puede pesar ni medir. Tampoco es deducible. La refutación por la impotencia de la ignorancia no es novedosa. Antes, a todo lo desconocido se le atribuía la existencia de algún dios o demonio. Ahora, como los dioses y los demonios tomaron la costumbre de huir del lugar de los hechos, se deduce que adonde no alcanza la luz del Método se encuentra vacío. ¿Cómo, entonces existe el alma o algo llamado espíritu? Bueno, pensemos (como en el siglo XIX) que los sueños son fenómenos fisiológicos, y que esa verificación no descarta que además sean un fenómeno psicológico. Entonces, si verificamos que son un fenómeno psicológico, ¿descartaría eso que además fuesen una manifestación del alma? De igual forma, el hecho de que la Caaba sea un meteorito no excluye que haya sido enviada por Alá. Es perfectamente válido estudiar los mitos y la metafísica a partir de una perspectiva psicológica, igual que estudiar los sueños con instrumentos electrónicos. Pero eso no debe significar un reduccionismo. El intelecto sin neuronas no funciona, pero el cristianismo, Sartre o el teorema de Lagrange son lago más que un simple orden neuronal.

 

© Jorge Majfud. Crítica de la pasión pura (1998). La presente edición digital fue autorizada por el autor para el Proyecto Ensayo Hispánico, sigue el texto de la tercera edición (Buenos Aires: Editorial Argenta, 2000) y ha sido preparada por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Diciembre de 2004.

 

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