Jorge Majfud

 

Crítica de la pasión pura


VIII
La traducción de las emociones

66, EVOLUCIÓN. Si somos optimistas, tal vez sí podamos decir cómo o de dónde surgió tal o cual característica de la creatura metafísica. Pero esa característica será, en todo caso, consecuencia de innumerables e insospechadas progresiones que terminan por hacerla irreconocible con el supuesto origen. Tan irreconocible como lo es la civilización al tabú del incesto. —Para aceptar la idea de que las creaturas metafísicas son el resultado de una evolución, no es necesario negar la existencia de algo llamado espíritu o sucumbir a la doctrina materialista. Es cierto de que en un astralopitecus no estaba la concepción de Dios ni alguna idea sobre la justicia. Pero tampoco estaban el cálculo infinitesimal o la teoría del Caos. Advertir que la mariposa surge del gusano no invalida su belleza ni su capacidad para volar. Porque una cosa es buscar el origen de las cosas y otra diferente es reducirlas a su origen.

67, RECUCCIONISMO. Podemos considerar la emergencia de algunos sentimientos humanos a partir de otros que le son anteriores. Conjeturo que Malinowski tenía una idea parecida cuando apuntó que “el valor moral de la armonía y la buena voluntad se muestra en un plano superior a los tabúes meramente negativos que constriñen los principales instintos humanos”. También Erich Fromm hacía derivar el sentimiento de justicia del sentimiento infantil de impotencia. Ahora, ¿son válidos estos “reduccionismos”? Sólo una mentalidad materialista del mundo puede reducirse al reduccionismo como método principal. Sin embargo, reducir unos fenómenos a otros puede ser fructífero en varios aspectos. Con mucha claridad, Claude Lévi-Strauss observó, en El pensamiento salvaje, que una reducción sólo puede ser legítima cuando no empobrece los fenómenos sometidos a reducción. “No podemos clasificar los niveles de reducción en superiores e inferiores. Por el contrario, hay que esperar que el nivel considerado superior comunique retroactivamente algo de su riqueza al nivel inferior al cual lo hemos reducido. [...] La explicación científica no consiste en el paso de la complejidad a la simplicidad, sino en la sustitución de una complejidad menos inteligible por otra más inteligible”.

68, INCESTO. Ningún antropólogo explica el rechazo al incesto como irreductible. También el psicoanálisis acostumbra partir de una prohibición implicando un deseo previo. Y está bien. Sin embargo, la experiencia emocional en sí del individuo excluye todo lo anterior. El horror al incesto bien puede tener un origen social en la infancia del género humano (el primer no del hombre a la naturaleza y origen de todas las instituciones, según Octavio Paz; la institución más universal, según Lévi-Strauss y casi todos los etnólogos). Pero, para el individuo, el valor emotivo se refiere a sí mismo y todo lo anterior de nada importa. “Yo he visto y percibido —escribió Malinowski— cómo los salvajes se abstenían de una acción ilícita con el mismo horror y asco con los que el cristiano ferviente retrocede ante lo que él considera pecado. Pues bien, esta actitud mental en parte se debe a la influencia de la sociedad en cuanto que la particular prohibición viene estigmatizada por la tradición como repugnante y horrible. Sin embargo, funciona en el individuo y mediante fuerzas de la mente del individuo. De esto se deduce que no es exclusivamente social ni exclusivamente individual, sino una mezcla de ambas”. Sartre, el cristalino Sartre, observó que el psicoanálisis había sido el primero en advertir de que todo estado de conciencia vale por algo que no es él, y que para la conciencia un deseo prohibido nunca se haya implicado en su realización simbólica. Y como era existencialista usó un ejemplo existencialista: Las presencias humanas no se hayan contenidas en las cenizas de una hoguera; están ligadas a ellas por una relación de causalidad, pero esos vestigios son lo que son —cenizas, eso es todo.

69, SENTIMIENTOS. Dicen los psicoanalistas que lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia. Pero supongo que semejante valoración la extrajeron de esas musas inspiradoras que son sus pacientes. Porque es ontología de locos. —Para mí existen por lo menos cuatro sentimientos básicos. Amor y Odio, Seguridad y Temor. Dos pares de opuestos que pueden considerarse como los puntos de partida y de llegada de las normas comunitarias (moral) y de las religiones (metafísica). La moral puede prescribir el amor al prójimo o la obligación de no odiarlo, pero no es el origen de ninguno de ellos. Ambos ya venían incluidos en las creaturas de Gea. Recordemos, por ejemplo, que el saludo con la mano alguna vez significó no-agresión. El hombre que da la mano, como el que la alza abierta, pretendía demostrar que no iba armado. Ahora los mismos gestos significan amistad. Y lo mismo ocurrió con los llamados “buenos modales”, como sacarse el sombrero o inclinarse ante una persona que siglos antes fue rey, tirano o Señor.

70, FACULTADES. Nuestros contemporáneos, cuando no pertenecen a alguna secta mística o hindú, tienen tendencia a ubicar las invenciones y los descubrimientos que los caracterizan en tiempos más recientes a los exactos. Todavía muchos se sorprenden de que los antiguos babilonios podían resolver ecuaciones de segundo grado y otros problemas matemáticos atribuidos a los griegos o al renacimiento. Sin embargo, si consideramos una escala de tiempo mayor, por ejemplo una que mida en milenios, estaremos de acuerdo de que entre los hombres de cro-magnon y el Gandi hay unas cuantas diferencias. El biólogo Julian Huxley escribió que “es perfectamente posible que las facultades llamadas supranormales del hombre actual se hallen en el mismo caso en que se hallaban sus facultades matemáticas durante la edad glacial [...] Aún operaciones tan simples como la multiplicación de dos números de tres cifras habrían parecido completamente mágicas para aquellos hombres de la edad de piedra”. Bueno, estas palabras las escribió poco antes de la Segunda Guerra.

71, EMOCIONES. Así como consideramos el pensamiento abstracto posterior al pensamiento concreto, también podemos considerar unos sentimientos posteriores a otros. La caridad, por ejemplo, puede tener una raíz histórica (ofrenda y petición a los dioses o comercio de la buena voluntad entre las creaturas). Pero su significado actual bien puede referirse a un carácter que ha evolucionado. Tanto como para merecer un nombre propio. No se puede decir que los sentimientos de justicia, envidia o solidaridad sean comunes a todos los animales. Ética y estética son dos facultades humanas, producto de un aprendizaje tal vez milenario. ¿Por qué habríamos de suponer que cuerpo e inteligencia son resultado de una evolución, menos sus emociones? Hace cien mil años los sapiens y pre-sapiens ocupaban África, Asia y Europa, y se calcula de que no eran más de un millón y medio. Hace treinta mil años eran seis millones y ocupaban casi todo el mundo, la milésima parte de lo que suman hoy las creaturas. Si en la actualidad son seis mil millones y todavía sobreviven es gracias a una nueva conducta que regula una convivencia harto más compleja. Y si aún ocurren tantas barbaridades que las ofenden como creturas metafísicas no es a causa de esos nuevos sentimientos sino en contra de ellos. Por ello, la urgencia de una ética más humana y rigurosa se justifica porque ahora las creaturas son más y poseen más poder de destrucción. Aquellas creaturas de cro-magnon que exterminaron a los neanderthales son sus antepasados. Es decir que, tanto para las religiones como para la antropología, las creaturas metafísicas son hijas del pecado homicida. Si cualquiera o unas cuantos de aquellos prehistóricos genocidas hubiesen tomado el poder en alguna de las potencias mundiales del siglo XX, seguramente hubiesen procedido como Adolf Hitler.

72, INVOLUCIÓN. Recordemos que Hitler no era un primitivo hombre de cro-magnon, pero su ética darwiniana poseía mucho de los atributos que desprecian la tolerancia y la compasión por el otro. Entre Hitler y el Gengis Kahn la diferencia es despreciable o es de forma. En el caso alemán o en el caso argentino el resultado es más complejo y apocalíptico. Porque no bastan un par de cavernícolas agresivos; también es necesaria una cultura de la agresión y del exterminio —con el correspondiente apoyo técnico y logístico.

 

© Jorge Majfud. Crítica de la pasión pura (1998). La presente edición digital fue autorizada por el autor para el Proyecto Ensayo Hispánico, sigue el texto de la tercera edición (Buenos Aires: Editorial Argenta, 2000) y ha sido preparada por José Luis Gómez-Martínez. Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Diciembre de 2004.

 

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