Teoría, Crítica e Historia

Maximiliano E. Korstanje

 

"De Cara al Bicentenario: el discurso europeizante en el Imaginario Colectivo Argentino moderno. "

 

Resumen: La dinámica del prejuicio y el racismo son fenómenos que no necesariamente deben ser estudiados con grandes y complejas escalas tomando grandes muestras de población o en experimentos de laboratorio controlados. Una perspectiva micro-social y etnográfica precisa de 30 minutos y “no intrusiva” no sólo puede ser suficiente metodológicamente en el estudio de estos problemas sino a veces esclarecedora. El prejuicio al igual que el discurso discriminador obedece a dinámicas complejas y profundas enraizadas en construcciones cuya génesis es puramente cultural y social. El siguiente trabajo versa sobre el discurso anglófilo que ha caracterizado a la generación del 37 y continúa presente en lugares tan recónditos e ignotos como la cola de un banco.

Introducción

A diferencia de otras épocas, el prejuicio y el discurso discriminatorio se han mantenido fuera del alcance público. Eso no implica que haya disminuido sino que al contrario su manifestación se ha circunscripto a la esfera privada de las personas. No huelga decir que a esta clase de prejuicio, se la conoce como encubierto; debido a las sanciones que caen sobre aquellos que se hacen eco de discursos discriminatorios, en la mayoría de los casos se requiere de métodos no intrusivos para estudiar esta clase de problemas. El prejuicio al igual que el discurso discriminador obedece a dinámicas complejas y profundas enraizadas en construcciones cuya génesis es puramente cultural y social. Metodológicamente, se ha trabajado con el análisis de discurso oral según el subtipo análisis de conversación respaldada por la etnometodología y la etnolingüística interactiva de Goffman con rol encubierto[1]. Asimismo, tomamos también contribuciones de otros autores como M. Foucault, M Douglas o N. Elías entre otros para dilucidar la relación existente entre la pureza, la raza y la alteridad. El siguiente artículo se deriva de una conversación entre tres mujeres “jubiladas o pensionadas” de unos 60 años discutían sobre diferentes temas políticos y de actualidad. De esos interesantes 30 minutos que duró la conversación, se han extraído las ideas más interesantes que responden a que es y como opera el prejuicio en las sociedades modernas así también como un prejuicio se transforma en discriminación. La dinámica del prejuicio y el racismo son fenómenos que no necesariamente deben ser estudiados con grandes y complejas escalas tomando grandes muestras de población o en experimentos de laboratorio controlados.

Presentación del problema

En lo personal y tras haber sido padre por segunda vez y con motivo de la asignación por hijo que paga el Estado argentino, me decidí –el 09 de Junio de 2009- por negligencia personal a acercarme al Banco de la Nación Argentina con domicilio en Corrientes 3302, frente al Abasto a las 09:20 de la mañana con mi documento en mano. Inicialmente la conversación comienza con una queja puntual[2]; Mirta reclama mayor seguridad y ataca a quienes ocupan casas deshabitadas en la ciudad de Buenos Aires. Según su punto de vista, por experiencia de una amiga a quienes les entraron 5 personas de nacionalidad peruana, le costó mucho sacarlos por vía legal, para ser exactos casi 5 años. Los extranjeros parecen tener cierta fascinación por ocupar casas que pertenecen a otras personas y que en apariencia se encuentran deshabitadas. Pero estos extranjeros no son los inversores anglosajones que compran costosas mansiones o departamento en las zonas exclusivas, estos extranjeros son migrantes de países limítrofes ubicados en barrios porteños periféricos –como el mío-. En este sentido, se observa una lógica de la “marcación” sobre los inmigrantes limítrofes pero una indiferencia hacia otro tipo de extranjeros con mayor poder adquisitivo quienes por vía legal compran terrenos, y propiedades a precios irrisorios.

Continúa la conversación con Mirta furiosa. La culpa de la situación es del Estado quien no solo promueve la inmigración ilegal de “peruanos, bolivianos y paraguayos” sino que no los deporta una vez que la policía los aprende en un hecho delictivo. En consecuencia, las otras dos participantes -en la conversación- sugieren que el problema se debe al carácter “blando del gobierno”. Rosa trae a discusión el tema de los “desaparecidos” término utilizado para los desaparecidos durante el gobierno de facto de 1976-1982; por un rumor que había escuchado en la radio se le va a pagar $ 600.000 a cada madre o familia de “desaparecidos”; este hecho “inaudito y vergonzoso” se debe a la afiliación partidaria del matrimonio Kirchner con la política de los años 70 y de los “subversivos”. En lo personal, nos reservamos para otros trabajos la posición de las entrevistadas con respecto a la desaparición física y su impacto en el imaginario colectivo. Estas prácticas, amen de ser repudiables, obedecen a lógicas castrenses originadas en el mundo antiguo (grecorromano) asociado al rapto de las sabinas y los rehenes que tomaban los generales romanos luego de cada triunfo sobre sus enemigos; tema que nos llevaría mucho tiempo y dedicación.

Al respecto dice Alicia:

“es una vergüenza, las madres de plaza de mayo tienen una flota de autos exorbitantes, de donde sacan la plata?, laburando seguro que no… es por afiliación política; además yo recuerdo que Perón los echó a los Kirchner de un acto público porque son unos cobardes, si que me van a venir a contar se fueron a la Patagonia por miedo; si se escondieron!!!”

Las tres coincidían en que el gobierno no atiende a las demandas sociales de todos los ciudadanos por igual.

“Cómo puede ser que nosotros tenemos que hacer una cola tan larga cobrar una miseria y estos cobran tanta plata”.

Por otro lado, se toma a Perón (Juan Domingo Perón) ex presidente argentino como un personaje mítico, el cual en tiempos antiguos negó su apoyo a grupos de poder disidentes entre los cuales hipotéticamente formarían parte Néstor y Cristina Kirchner. Entonces, responde Mirta quien hasta ese entonces sólo escuchaba,

“en Estados Unidos eso no pasa la gente es trabajadora y educada, hay una cultura del trabajo”. Por ejemplo, “yo me atendí en un hospital y me cobraron todo!!!, acá cualquier extranjero se atiende gratis a costa nuestra, bolivianos y peruanos viven a expensas nuestras, nos sacan las camas”.

Cuenta Mirta que una vez de paseo por Estados Unidos, se accidentó la llevaron al hospital más cercano en donde sólo le hicieron un vendaje que le cobraron $ 500; como ella no lo pagó le mandaron las facturas a la casa una vez que regresó a Argentina. Es por demás interesante su comentario posterior:

“tenía miedo que no me renovaran la visa por la deuda, pero gracias a Dios la pude renovar por diez años; ahora puedo entrar a Estados Unidos”.

Replica entonces Alicia

“yo tengo una amiga que vive en Israel y me contó que no existen mendigos ni gente que no trabaja, el gobierno los manda a los kibutz, así debería ser aquí”.

Expresa Mirta nuevamente,

“mi marido es de Dinamarca, allá vos tenés todo cobertura social, atención gratuita, todo; ese sí es un país en serio, allí tienen una cultura de trabajo”.

Luego de unos minutos hablando sobre el mismo tema y donde se achaca al gobierno nacional ser demasiado “tolerante con los inmigrantes extranjeros” a quienes se les atribuyen delitos y robos de diversa índole, las tres señoras conversan sobre temas de estética; teñidas las tres de rubio -como la mayoría también de las jubiladas mujeres que conformaban esa cola en el banco- Alicia pregunta a Mirta como es que tiene esa piel “tan blanca y suave”; el secreto dice Mirta

“es no tomar sol y lavarse con cremas”, cuidarse del sol es lo esencial.

Nuevamente, tema obligado de Rosa,

ahh viste la boca de la Cristina, eso sale de nuestros impuestos no tienen cara estos tipos”.

Finalmente, las puertas del banco abrieron y las tres señoras sacaron sus documentos y se callaron; la cola del banco hasta la ventanilla se hizo en el más mínimo silencio hasta que una de ellas me advirtió que yo tenía los cordones de mis zapatillas desabrochados a lo cual agradecí con una sonrisa; luego cobraron y se alejaron juntas del banco con rumbo desconocido. ¿Cómo comprender el discurso que se presentaba ante mis ojos?

Prejuicio, discriminación y racismo

En primera instancia, se entiende por prejuicio al mantenimiento de posturas sociales despectivas o de creencias cognitivas, la expresión de sentimientos negativos, o la exhibición de conducta hostil o discriminatoria hacia miembros de un grupo en tanto que miembros de ese grupo”[3]. Sin embargo no todos los autores concuerdan con dicha definición; para Bettelheim y Janowitz todo prejuicio debe ser comprendido como una clase de intolerancia étnica hacia ciertos grupos minoritarios. Para estos autores, el prejuicio surge como parte reaccionaria a todo cambio repentino como por ejemplo las crisis económicas; es así que Bettelheim y Janowitz observan que a mayor nivel de movilidad social descendente, mayor grado de prejuicio. Sin embargo, se demuestra que también existen casos en donde la movilidad ascendente tiene correlación con el prejuicio [4]. La definición, anteriormente mencionada, trae algunos problemas cuando se intenta distinguir entre prejuicio, agresión racial, antisemitismos o racismos; más aún es complicado definir que es un grupo étnico y que criterios intervienen en su formación.

Por su parte, T. Adorno esbozó una teoría basada en el arquetipo autoritario y presentó su escala F para medir tendencias autoritarias en la población. Obsesionado con sus propias experiencias como refugiado de la segunda guerra, Adorno no estaba orientado crear una teoría del prejuicio (en sí) sino más bien en explicar el antisemitismo en Estados Unidos. Analíticamente, el autor desarrolla su trabajo en tres puntos: a) el antisemitismo, b) el etnocentrismo y c) el fascismo potencial. Una crítica a su trabajo sugiere que en realidad el estudio se basa en el autoritarismo y no en el prejuicio; por otro lado, la escala creada por Adorno se encuentra sesgadas por ideas a priori que intentan vincular exclusivamente el autoritarismo con la “derecha política”[5]. El autor sostiene la idea que las actitudes sociales son parte de las tendencias de la personalidad individual. La represión que implica el desarrollo del niño y su constante redirección de los impulsos deben ser modelados por los agentes socializadores. Aquellos niños que fueron criados en hogares con reglas de disciplina estricta y estrictamente severas desplazan sobre objetos sustitutos esa agresividad en su edad adulta[6].

Por el contrario, la teoría estructural introduce una distinción conceptual operativa clara entre prejuicio y discriminación. La teoría estructural no desarrolla una noción de prejuicio y en ocasiones la confunde con discriminación. Para esta corriente teórica, la discriminación es un mecanismo social (ideológico) cuya función es reproducir en forma sistemática las pautas culturales y económicas de la sociedad[7]. Wallerstein sostiene que la discriminación no es solamente el rechazo al otro diferente, sino que debe ser entendido dentro de la práctica de la “economía-mundo”. Es a través del prejuicio y la discriminación que la sociedad alcanza la eficiencia económica al menor esfuerzo y costo posible[8].

En parte, el prejuicio comienza cuando el tipo de categorización basado en el estereotipo es irracional, emocional e injustificado y por otro lado excesivamente generalizado; los estereotipos permiten un orden coherente al mundo que percibimos, sin ellos los eventos carecerían de comprensión; si bien el prejuicio opera con el estereotipo sólo lo hace en forma ideológica. Por el contrario, cuando ese conglomerado de ideas se transforma en una práctica, se está en presencia de la discriminación la cual a su vez puede ir desde un insulto hasta el aislamiento y consecuencia exterminio. Sin embargo, el autor es sumamente cauto al respecto y aclara

 “he aquí precisamente el criterio que nos ayudará a distinguir entre el error común de juicio y el prejuicio. Si una persona es capaz de rectificar sus juicios erróneos a la luz de nuevos datos, no alienta prejuicios. Los prejuicios se hacen prejuicios solamente cuando no son reversibles bajo la acción de conocimientos nuevos”[9].

Ahora bien, Allport reconoce que si bien hay prejuicios de “odio” de los cuales vemos en las noticias y en la vida diaria, también existen prejuicios de “amor” relacionado con los estereotipos positivos los cuales gozan ciertos grupos. Un Ejemplo de G. Sorman, ayudará a comprender que se entiende por prejuicio positivo. Un joven “negro” fue seleccionado para entrar a una prestigiosa universidad estadounidense, cuando se le pregunto al comité de admisión sobre las bajas calificaciones que tenía este estudiante para ingresar a la carrera, el presidente de la comisión respondió que cubría la cuota “racial” del establecimiento. En este hecho, advierte Sorman, se observa un prejuicio invertido el cual no discrimina al solicitante pero lo acepta por el sólo hecho de pertenecer a un grupo determinado sin exigirle los créditos correspondientes. Paralelamente, los prejuicios positivos hacia ciertos colectivos se oponen en diálogo con los negativos e incluso coexisten en la vida del sujeto. Sin ir más lejos, en Argentina los brasileros son considerados positivamente en temas relacionados a la “sensualidad” o la “danza” pero en el trabajo son catalogados como “vagos”, “holgazanes” y “perezosos”[10].

Prejuicio moderno y aversivo

Algunos teóricos sostienen que en la actualidad existe una cierta tendencia a la disminución del prejuicio en comparación a la mitad del siglo XX. No obstante, no queda claro si el prejuicio ha cambiado o se está reduciendo. El prejuicio del hoy difiere del prejuicio del ayer. La discriminación abierta y descarada ya corre contraria a las normas institucionales y sociales. En este sentido, Dovidio y Gaertner no dudan en advertir que la forma del prejuicio ha cambiado; los autores creen que el prejuicio abierto está en disminución mientras que surgen en una nueva forma “el prejuicio aversivo”. Los autores, sostienen que muchas personas blancas pueden sugerir cierta tolerancia y sincerarse con los principios básicos de igualdad étnica verbalmente, pero cohabitan con una ansiedad, una tendencia a las imágenes negativas hacia las minorías que fueron y son socializadas a través de la cultura. Para ellos, es insuficiente medir el prejuicio mediante encuestas o entrevistas como soporte. El fenómeno, es en esencia situacional y está vinculado a las expectativas normativas y roles del grupo[11].

Para Kleinpennig y Haagendorn el prejuicio obedece a una lógica acumulativa. Puede comenzar evitando discretamente a la persona estigmatizada (prejuicio aversivo), continua con la convicción de superioridad del propio grupo y la idea de que la minoría en cuestión merece más de lo que tiene (Prejuicio moderno), y finalmente termina con la declaración abierta de la inferioridad genética de la minoría y la demanda de su inmediata repatriación o discriminación (prejuicio anticuado)[12].

Uno de los errores más comunes a la hora de estudiar el prejuicio y la discriminación radica en confeccionar entrevistas o cuestionarios que resalten exclusivamente la percepción que tiene el sujeto que es discriminado sobre el fenómeno. Esto lleva a que muchas veces, por un tema de defensa, el entrevistado niegue absolutamente haber sido victima de prejuicio o discriminación. En otras ocasiones, el intentar medir el prejuicio con grabaciones u otros métodos intrusivos producen que los entrevistados respondan por lo que es socialmente correcto. Según Bogdan y Tylor, en su carrera como investigadores hubo casos de entrevistados que se abstuvieron de manifestar comentarios racistas durante la entrevista, pero una vez terminada y apagada la grabadora se suscitaban una cantidad considerable de manifestaciones prejuiciosas. [13]

En una de sus investigaciones de campo, T. Van Dijk descubrió que en la mayoría de los discursos narrados por quienes eran prejuiciosos existían dos patrones que se daban en casi todas las historias: la primera era la existencia de un malentendido, conflicto o discusión que exagerado llevaba al narrador a ponerse en el papel de víctima, la segunda era que en la mitad de los relatos carecían de una solución al problema[14]. El discurso racista o discriminatorio, en este sentido, sugiere un recurso ideológico meta-pragmático y jerárquico que legitima ciertos grupos en detrimento de otros; por el otro, presupone que el grupo privilegiado forma parte de una cosmología sagrada basada en el sacrificio y el orgullo. ¿Porque lo autóctono ha sido considerado en América como algo despreciativo?, ¿Por qué la claridad es preferida a la oscuridad?, ¿se puede hablar de un orden pigmentocrático en América Latina?

Historia de la conquista de América

La herencia hispánica ha jugado un rol fundamental en el condicionamiento de nuestra “idiosincrasia”, por ende en nuestra forma de ver el mundo. A diferencia del inglés; el español que vino a América, entendía “al otro” a través de un código honorífico-estamental absoluto. Su principal característica no radicaba en el ensayo y error, como los exploradores anglosajones, sino en la escolástica religiosa. Sus objetivos eran también diferentes; mientras los anglosajones, llegaron a América con el fin de comercializar, los españoles nunca tuvieron esa intención, sus asentamientos (de estirpe netamente militar) nunca intentaron comprender la dinámica de la América india que estaba frente a sus ojos.

El siglo XIX encuentra a España empobrecida en lo económico y financiero y debilitada en el orden político interno. Sus posesiones en América no representaban uno de sus intereses más prioritarios. Fue de esta manera que los nuevos Estados Latinoamericanos se vieron en una situación inusual; por un lado no tuvieron un marco de referencia que pudiera regular sus relaciones, por el otro heredaron las fronteras territoriales que se habían establecido tras el dominio ibérico[15].

Una España ausente para poder resolver los conflictos fronterizos en América; una formula de convivencia de pluralidad étnica no definida; una situación de partidocracia y militarismos en la región[16]; y finalmente la herencia de un código bipolar absoluto para concebir “el mundo” han provocado a lo largo de la historia una falta de cohesión para consolidar una identidad colectiva entre las naciones latinoamericanas[17]. Ello dio como resultado un proceso de racialización u orden pigmentocrácito orientado a “lo europeo” tanto en la función política, la literatura y la ciencia. El papel de los intelectuales en la primera mitad del siglo XX y los nacionalismos han jugado un rol preponderante con respecto a la aversión hacia lo indígena, invisibilizando años de tradición. A la figura “del indio” despojado de sus tierras y espoleado en lo económico se contrapuso la figura del “inmigrante europeo, católico y blanco” que arribara a la Argentina a fines de siglo XIX. El imaginario colectivo se concentró en una cultura del trabajo, de la racionalidad y de lo europeo como símbolo de civilización[18]. A la idea de pujante progreso civilizador se le opuso “lo autóctono” como sinónimo de anomia, de “atraso cultural” y de resistencia al trabajo. Tales estereotipos fueron ampliamente difundidos en todo el sistema educativo argentino y continúan presentes en los valores culturales de la sociedad argentina toda hasta nuestros días.

La Racialización de clase.

Es cierto que el término racialización trae consigo cierta polémica. El vocablo fue acuñado inicialmente por Margullis y Urresti quienes estudiaron la discriminación en la ciudad de Buenos Aires y alrededores; una suerte de discriminación de la urbanidad. Por un lado, observaron que los entrevistados demostraban un “etnocentrismo” mayor hacia los inmigrantes de nacionalidad chilena (2.31) en comparación con un etnocentrismo leve hacia aquellos de nacionalidad brasilera (1.7)[19]. En este contexto, también peruanos y bolivianos adquirían puntajes de etnocentrismo mayor a otros grupos como uruguayos. Los autores, desagregan la muestra por profesiones y afirman que los profesionales, empleados y estudiantes poseen un “etnocentrismo encubierto”, más acentuado en comparación con obreros, amas de casa y comerciantes en quienes el “etnocentrismo” toma un carácter “frontal”[20]. Asimismo, los motivos que manifiestan los entrevistados con respecto a los chilenos están ligados a los litigios históricos entre Argentina y el vecino país de Chile. En forma general los datos muestran que el principal criterio discriminatorio es la “nacionalidad”, seguida por la “clase”. Los sujetos que mayor discriminación reciben son “los extranjeros“, y le siguen “villeros y provincianos”. Cabe aclarar que “el villero” es un término denostativo aplicable a los residentes de las “villas” comparables con las ranchadas mexicanas o las favelas brasileras. Por lo general, muchas villas fueron formadas por personas provenientes de las provincias argentinas o países limítrofes. Por ese motivo, los vocablos villeros y provincianos parecen emparentados.

En este contexto, los inmigrantes peruanos y bolivianos también reciben una alta categorización de etnocentrismo. Los investigadores entienden que las respuestas se explican por su teoría de “la racialización clasista”. La tesis de Margullis y Urresti se basa en “la racialización de clase” transmitida culturalmente a través del sistema educativo. Este mensaje reivindica la cultura Europea, preferentemente angloparlante, en detrimento de lo autóctono. Para ello y como fuente histórica, se analizan las obras que escribieran en el siglo XIX pensadores como Sarmiento, Alberdi e Ingenieros. Los discursos de la generación del 37 contenían cierta admiración hacia lo europeo, mayoritariamente nórdico y una denostativa mirada hacia lo autóctono cuya figura máxima ha sido el mestizo o indígena. Mientras el inmigrante europeo era considerado un paladín de la civilización, laborioso, racional, ordenado e industrioso, el trabajador nativo tomaba características totalmente opuestas, holgazán, irracional, incivilizado, y predispuesto al conflicto. En esta misma línea de trabajo, consideramos que el mismo discurso continúa presente hasta nuestros días.

Utilizando la fenomenología de Schutz y Luckmann, Carlos Belvedere señala que en muchas ocasiones la discriminación no reconoce la familiaridad con las personas que pertenecen a grupos discriminados. En toda relación social existe una “orientación ellos” abstracta e impersonal y una “orientación tú” ligada a la interacción personal y concreta. Muchas veces, el prejuicio puede alojarse en la orientación ellos sin ser modificado por el contacto personal que se desarrolla en la “orientación tú”. De esta forma, el contacto y la cercanía exacerban los mecanismos discriminatorios[21]. Las contribuciones de Belvedere al estudio del problema radican en comprender como las ideologías y los discursos se mantienen intactos durante un largo tiempo y son reaplicados a lo largo de todo el tejido social.

En localidades del sur de Argentina se han hecho estudios comparativos sobre la integración chileno-argentina. En concordancia con Mirtha Lischetti (2005), la antropóloga Verónica Trpin encontró que en el barrio Perón en Río Negro, los hombres chilenos reclamaban ser objetos de discriminación apelando a la construcción étnica nacional mientras que las mujeres reivindicaban su pertenencia nacional a través del contacto y la interacción con mujeres argentinas del mismo barrio. En este punto, la integración, señala el autor, está también sujeta a una cuestión de género y de contexto social[22].

En un interesante trabajo sobre la racialización de los grupos “indígenas”, C. Briones afirma que ni raza ni etnicidad corresponden a atributos biológicos propios de la individualidad humana sino que por el contrario son procesos de “marcación” de construcción de “alteridad”; para ser más exactos, ambos conceptos se ubican dentro de la “indexicalización metaprágmatica “de las grupidades con arreglo a ordenamientos jurídico-políticos específicos. Como ejemplo, la autora cita al caso “catalán” como forma de construcción frente al Estado Español. La identidad catalana se observa operante en cuanto a una dialéctica con la identidad hispana. Las diferencias aún dentro del grupo catalán se funden en mismidad frente a un “otro” que los indaga e interpela en su alterización. En primer lugar, este desarrollo teórico, le permite a la autora llegar a la última sección del libro en donde su objetivo principal es analizar la construcción “del cuarto mundo” de los pueblos “indígenas o tribales” como forma de apropiación por parte de los estados postcoloniales. Fiel a su principio de “marcación” socio-históricamente construida, la autora sostiene:

Procesos coloniales y postcoloniales han creado la noción de indio como condición estructural más o menos permanente que instala profundas asimetrías. En la medida en que la categorización social del indio o aborigen ha sido producida en y por sociedades coloniales que así han llamado a los descendientes de poblaciones pre-existentes”[23].

Las semejanzas tanto como las diferencias que los propios y otros grupos se otorgan o proclaman son sólo elementos socio-históricos producto de procesos estructurales de mayor complejidad. El hecho de que X sea diferente a Y, es el problema de que Y es no X, en consecuencia se habla de una “disociación étnica”. Como individuo parte de un grupo con determinadas características me conformo acorde a las diferencias de un “alter” percibido. Pero en las semejanzas, también existen “similitudes silenciadas” que parten de dinámicas de demarcación y naturalización tal que todo X es igual a Y entonces XY se constituye como identitario frente a un otro constituyente. Los diferentes grupos indígenas han sido (a lo largo de los años) un caso ejemplar en cuanto a lo expuesto: en primer lugar, debido a que en su diversidad han sido agrupados e interpelados como un todo “orgánico” resumido y estereotipado en lo “indio”; segundo, a la demarcación que presupone lo “europeo” frente a lo “indio”. En pocas palabras, los diferentes grupos “migratorios” europeos (aún cuando en Europa constituyeran grupos antagónicos precisamente por sus diferencias) en América se conformaron como homogeneizados en una misma grupidad frente a lo “indígena” y a lo “africano”. Así diferentes grupos europeos se constituyeron en oposición a un-otro-no-europeo al cual subordinaron. De esta dinámica, se crearon discursos meta-pragmáticos de marcación “étnica” que los visibiliza frente al imaginario colectivo. Precisamente, ello supone que quienes marcan sean desmarcados de toda estigmatización. Hoy a un año del bicentenario de la revolución de 1810, los discursos europeizantes vuelven a tomar presencia en el tejido social argentino.

Genealogía del Racismo

El código y el poder parecen dos fenómenos que deben estudiarse conjuntamente. Como sugiere el sociólogo alemán N. Luhmann, el poder se constituye como un instrumento de la comunicación, un código cuya función es hacer inteligible las opciones entre alter y ego. Si el lenguaje crea una realidad ambivalente, el poder intenta cerrar esa posibilidad. En la vida diaria existen códigos generalizados que permiten la comprensión inter-subjetiva por medio del lenguaje. La comunicación intentará, por todos los medios, resolver la contingencia. Al respecto, nuestro autor sugiere que

el poder funciona como un medio de comunicación. Ordena las situaciones sociales con una selectividad doble. Por lo tanto, la selectividad del alter debe diferenciarse de la del ego, porque en la relación de estos dos factores surgen problemas muy diferentes, especialmente en el caso del poder. De acuerdo con esto, una suposición fundamental de todo poder es que la inseguridad existe en relación con la selección del alter que tiene poder. Por las razones que sean, alter tiene a que disposición más de una alternativa. Puede producir y quitar inseguridad en su compañero cuando ejerce su elección”[24].

A diferencia de otros autores que vieron en éste fenómeno algo acumulable en una sola persona, Luhmann enfatiza en el carácter relacional y comunicacional del poder, dirigida por un código el cual moviliza las relaciones entre las personas. La posibilidad del subordinado de elegir como comportarse se encuentra vinculada a la expectativa que alter ejerza alguna acción. Existe, en consecuencia, una dicotomía (un binomio) entre las acciones posibles que una persona puede seguir. A bueno se le opone malo, a blanco se le opone negro, a alto, bajo y sucesivamente. Siguiendo las contribuciones estructuralistas, el autor afirma que se dan sustitutos que permiten una comprensión del mensaje de poder y su relación con la ideología.

Específicamente, sobre el tema S. Zizek afirma que los regímenes recurren a la ideología no sólo para afianzar su legitimidad sino también en momentos de turbulencia, precisamente para no colapsar. La estructura ideológica o la ideología “puede designar cualquier cosa, desde una actitud contemplativa que desconoce su dependencia de la realidad social hasta un conjunto de creencias orientadas a la acción, desde un medio indispensable en el que sus individuos viven sus relaciones con una estructura social hasta las ideas falsas que legitiman un poder político dominante” [25]. En este sentido, Zizek explica que la necesidad ideológica de construcción sentido oculta un contra sentido que amenaza la estabilidad política del actor que la elabora. Éste toma como ejemplos, la espectacular puesta en escena que los medios de comunicación hicieron de la guerra de Bosnia y del Golfo para disfrazar las incapacidades diplomáticas de Occidente en la resolución de conflictos geo-políticos.

Sin embargo, “la ideología no tiene nada que ver con la ilusión”, como supuso Marx y los neo-marxianos quienes señalaban a la ideología como una falsa representación de una estructura económica basada en el antagonismo de clase; entre otras cuestiones esta hipótesis de trabajo debe ser puesta bajo la lupa crítica del debate y en consecuencia reformulada[26]. Las contribuciones de Zizek en cuanto al estudio crítico de la ideología versan en tres puntos principales. En primer lugar, el filósofo esloveno vincula la razón instrumental con la construcción deificada de hegemonía; segundo, las acciones en determinada dirección generan resultados contrarios (el espectro ideológico y su antagónico) y por último, la solución al problema del populismo-organicismo. Conviene aclarar en palabras del propio autor que

quizás una comparación con la teoría de los sueños de Freud podría ser útil aquí. Freud señala que dentro de un sueño encontramos el núcleo duro de lo Real precisamente bajo la forma de un sueño dentro de un sueño: es decir, donde la distancia respecto de la realidad parece duplicada. De un modo parecido, encontramos el límite inherente de la realidad social, lo que debe ser excluido para que emerja el campo coherente e la realidad, precisamente bajo el aspecto de la problemática de la ideología, de una superestructura, de algo que parece ser un mero epifenómeno, un reflejo, de la vida social verdadera. Aquí nos enfrentamos a la topología paradójica en la que la superficie (la mera ideología) se vincula directamente a – ocupa el lugar de, representa-lo que es más profundo que la profundidad misma, más real que la realidad misma”[27].

Originalmente en su trabajo académico, M. Foucault se encontraba avocado a dilucidar la relación que existe entre las estructuras sociales, el poder y la imposición de la verdad como mecanismo simbólico de adoctrinamiento interno. Defender la Sociedad se compone de varias lecciones durante 1970 en el College de France en donde el autor re-organiza, retoma y articula algunas de sus tesis sobre la microfísica del poder y la genealogía de la raza o racismo (para algunos en la misma, para otros en otra dirección de lo que ya venía trabajando hasta ese entonces). Por lo menos, eso demuestra la primera de sus conferencias, un texto de excelente calidad académica –sino el mejor de todo el libro- en donde el filósofo francés desarrolla su propia concepción de hegemonía, territorio y política. En esta misma línea Foucault observa que

en una sociedad como la nuestra … múltiples relaciones de poder atraviesan, caracterizan, constituyen el cuerpo social; no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso verdadero. No hay ejercicio de poder sin cierta economía de los discursos de verdad que funcionan en, a partir y a través de ese poder. El poder nos somete a la producción de la verdad y sólo podemos ejercer el poder por la producción de la verdad. Eso es válido en cualquier sociedad, pero creo que en la nuestra esa relación entre poder, derecho y verdad se organiza de una manera muy particular”[28].

Del párrafo precedente se desprende la idea de “una economía de la verdad” cuya función principal es sentar las bases sociales e institucionales para el ejercicio del poder. El discurso, por su parte, que se construye en torno a determinado valor social el cual se encuentra estructurado por una producción, circulación y recepción de la “supuesta verdad”. En consecuencia, Foucault infiere que el poder adquiere su razón de ser (práctica) en la credibilidad de lo que llaman “verdad”. La Ciencia considerada el instrumento hacia la verdad no escapa tampoco a la crítica exhaustiva del pensamiento de este brillante filósofo. Foucault llama “genealogía” al bagaje teórico popular que no llega a articularse como una Ciencia propiamente dicha. Desde su perspectiva, las genealogías (como la antipsiquiatría) se mantienen en el pensamiento popular intentando dialogar con la Ciencia. Sin embargo, ésta última no sólo la ignoraría sino que bajo un inmutable silencio tendería a trivializar los hallazgos de la primera. Particularmente, las genealogías deben definirse como “anti-ciencias” o “como una insurrección de saberes. La Ciencia es en sí una voluntad fuerte de ser poder, y en consecuencia los intelectuales serían de alguna manera funcionales a la estructura política. El sistema se reserva para sí el adoctrinamiento por parte del pensamiento de la misma manera que lo hace con el cuerpo; por medio de la regla moral.

Explica el profesor Foucault que el derecho no se constituye necesariamente como un instrumento de legitimidad (luego de la caída del Imperio Romano y el advenimiento de la Edad Media) sino por el contrario como una forma de poder coactivo y de dominación de un grupo sobre el resto de la sociedad. El derecho romano ha sentado las bases de la jurisprudencia y la soberanía de los Estados-Nación generando lazos de adoctrinamientos internos. Aquellos en disidencia con los postulados del derecho son encerrados en prisiones o institutos mentales bajo amenaza de castigo físico. El postulado foucaultiano desafía la concepción inicial de T. Hobbes con respecto a Leviatán, construcción figurada en donde todos depositan su confianza. El Estado y el derecho serían según el desarrollo del filósofo francés construcción de pocos para el adoctrinamiento voluntario de todos. Pero dicho adoctrinamiento no puede ser posible sin un discurso que le de sustento y excluya a quienes no forman o no pueden calificar como parte de la población (normal).

La proposición del discurso político habla de un “nosotros” disfrazando los verdaderos intereses del yo. La verdad sólo es una construcción arbitraria asociada a la fuerza de quien ejercer el poder. El discurso del poder intenta trastocar los valores desde lo oculto, desde abajo, desde lo confuso, por todo aquellos que es “condenado al azar”; la oscuridad de la contingencia y el futuro con el fin de pedir a los dioses que iluminen el camino por medio del trabajo y el orden. Se obtiene de este razonamiento un eje construido en la irracionalidad en forma tosca y bruta en la cual “resplandece” la verdad, a medida que ella se va haciendo más elevada la racionalidad se hace frágil y temporal, vinculada ésta última a la ilusión y la maldad. En el otro ángulo del eje se encuentra la brutalidad que se encuentra en oposición a la maldad. De esta forma, la doctrina jurídica separa la justicia, el bien y la verdad de aquellos azares violentos enraizados en la historia.

La centralización y posterior reconversión del discurso con respecto a la lucha, adaptación y eliminación de las “razas” sugiere la idea mítica que sólo una de ellas es la verdadera, la autorizada a ejercer el poder. La norma, de la raza que se autodenomina “superior al resto” se encuentra asociada a la idea de “degeneración” del grupo subordinado e instituye su cuerpo de acción legal-racional en un supuesto consenso del Estado Nación. Escribe textualmente Foucault

a partir de ahí, el discurso cuya historia querría hacer, abandonará la formulación fundamental del comienzo, que era ésta: tenemos que defendernos de nuestros enemigos porque en realidad los aparatos del Estado, la ley, las estructuras del poder no sólo no nos defienden de ellos sino que son instrumentos mediante los cuales nuestros enemigos nos persiguen y nos someten. Ahora, ese discurso va a desaparecer. No será: tenemos que defendernos contra la sociedad, sino: tenemos que defender la sociedad contra todos los peligros biológicos de esta otra raza, de esta subraza, de esta contrabraza que, a disgusto, estamos construyendo”[29].

La genealogía de los reyes medievales no se encontraba enraizada en las historia de unos pueblos “bárbaros germánico” carentes de “logos” como lo había sido en la Antigüedad, sino de las costillas de una flamante y gloriosa Roma. Este discurso, que el profesor Foucault ha explicado con exactitud en todo su libro se fundamentaba en el derecho, el respeto a ley, la lógica del conflicto entre dos opuestos, la soberanía, y la genealogía. La reivindicación del conflicto y la imposición de la guerra como forma económica productiva va a reivindicar, según el modelo expuesto, que existen dos grupos cuya conformación étnica no ha sido “mezclada”, que no sólo no han tenido lazos de cooperación o intercambio en el pasado, sino que por diferencias sustanciales (explicadas por incompatibilidad biológica) se han excluido mutuamente. En ese contexto, la historia fundamenta semánticas las bases de lo que hemos de conocer como ideología. La historia crea sentido, y precisamente, por ser lejana en el tiempo se la sacraliza como incuestionable y dogmática. La historia no sólo es la narración de los vencedores sino también de los valientes que han defendido a la sociedad de las fuerzas del “mal”. La cobardía es un criterio que en la mayoría de los casos se encuentra presente en los discursos discriminatorios. De esta forma, la huída es el legado que deja la cobardía.

Territorio, Trabajo y Población

En un segundo trabajo, Seguridad, Territorio, Población, Foucault admite que las sociedades consideran su seguridad interna en base a la buena fortuna y a los criterios de escasez que de ella se desprenden. En efecto, la escasez debe comprenderse como un estado de impotencia que cualquier Estado quiere evitar. A la interpretación que la sociedad hace de la contingencia, Foucault la llama problema del acontecimiento. La penuria que provoca cualquier alza de precios debido a la escasez está asociada a la autopercepción de que tal estado se ha debido a una falta por parte de la humanidad, ya sea por excesiva ambición o credulidad. Entendida, entonces, la escasez como parte de la “mala suerte” y ésta última de la “mala índole humana”, existe alrededor todo un sistema jurídico y disciplinario con el fin de amortiguar los efectos de la escasez en la población: el control de precios[30].

Ahora bien, ¿cuál es según Foucault la diferencia entre un dispositivo disciplinario y uno de seguridad?. El dispositivo disciplinario aplica sobre el desvío a la norma jurídica mientras el segundo regula de antemano los factores que infieren en la seguridad interna. Por ejemplo, la articulación de una estrategia de restricción en importación o exportación de granos puede subir o bajar su precio según el resultado deseado en forma anticipada al acontecimiento propiamente dicho. En otros términos, la seguridad tiende a lidiar con la continencia de las decisiones en materia de organización. Asimismo el concepto de seguridad comprende también al disciplinario y legal. El adoctrinamiento de los individuos en sociedad da lugar a la población como un concepto más complejo destinado a formar parte de un sistema holístico de oferta y demanda. Según Foucault, una mala cosecha puede despertar hambre, una suba generalizada en el precio del grano en un país determinado, no obstante, sabiendo de esa situación los países circundantes especularán sobre cual es el momento oportuno (según sus propios intereses) para venderles granos. Como ellos no saben cual será la estrategia de otros proveedores se lanzarán compulsivamente a vender granos e indefectiblemente bajarán los precios.

Si la disciplina fija la estrategia, la seguridad hace lo propio con el caso, el riesgo y la crisis. La función de la seguridad es crear dentro de la sociedad el consenso necesario para aceptar la situación dentro de ciertos límites que llevan a aislar la peligrosidad. Es precisamente, lo que el autor llama “normalización disciplinaria” la cual consiste en crear un modelo con el cual se identifican los miembros de cierto grupo. Partiendo de la base que lo normal es aquello que puede ser adecuado a la norma, Foucault arguye que las prácticas médicas con respecto a las enfermedades representan un claro ejemplo de cómo trabajan y se crean los dispositivos de seguridad. La seguridad opera sobre la contingencia de un problema que puede afectar a la población pero no agobiarla. Su función de ser es ganar mayor legitimidad. Un Estado se fomenta gracias al poder, a un espacio denominado territorio pero por sobre todo a la población la cual simboliza el rebaño que todo “buen pastor” debe cuidar. La población, como no puede ser de otra forma, encontrará diversos problemas. La función de la seguridad es crear dentro de la sociedad el consenso necesario para aceptar la situación dentro de ciertos límites que llevan a aislar la peligrosidad. Es precisamente, lo que el autor llama “normalización disciplinaria” la cual consiste en crear un modelo con el cual se identifican los miembros de cierto grupo.

Partiendo de la base que lo normal es aquello que puede ser adecuado a la norma, Foucault arguye que las prácticas médicas con respecto a las enfermedades representan un claro ejemplo de cómo trabajan y se crean los dispositivos de seguridad. La vacuna, el ejemplo traído a colación por el autor es sobre la viruela que azotó Europa en el siglo XVII, tiene como característica tomar un aspecto de la enfermedad e inocularla (en dosis reducidas) disminuyendo su peligrosidad sobre el organismo. La vacuna no intenta suprimir la enfermedad, acepta su existencia pero la circunscribe dentro de cierta normalidad fijada arbitrariamente. Estamos, en consecuencia, en presencia del caso el cual tiene como función servir de barómetro a las autoridades médicas. En ocasiones, la enfermedad o el peligro pueden enquistarse en cierto territorio dando origen a lo que Foucault denomina “enfermedad reinante”. Identificada a un especio y tiempo específico, los nacidos en ese territorio poseen cierto riesgo de contraer la enfermedad en tanto que su proximidad geográfica remite a la idea de peligrosidad. A medida que más cerca se esté del territorio infectado o de los grupos infectados mayor será el riesgo de contraer la enfermedad. Lo cierto, en su explicación parece ser que –a diferencia de la disciplina que prohíbe- la seguridad opera desde y en la realidad aceptando la contrariedad pero limitando sus efectos.

Bajo dicha lógica, los riesgos diferenciales implican una idea de peligrosidad o amenaza. En el momento en que los casos de contagio duplican o exceden los rangos de normalidad a pesar de las medidas llevadas a cabo para reducirlos, surge el estado de crisis. La distancia geográfica entre los enfermos y los sanos remite al aislamiento como mecanismo de profilaxis que articulan las sociedades para mantener un grado acorde de normalidad. Las explicaciones del profesor Foucault apuntan a la ciudad como lugar paradójico de seguridad e inseguridad para la población y su príncipe. El siglo decimonónico es testigo de una nueva forma de concebir la población vinculada a la forma de gobierno en situaciones favorables y adversas. El gobierno de la población y la introducción de la economía como instrumento que permitirá legitimar ese gobierno son dos factores capitales en la construcción de poder. Un poder aplicable a la población en forma recursiva, de arriba hacia abajo (descendente) y de abajo hacia arriba (ascendente). La primera hace referencia al poder de policía mientras la segunda al carisma del príncipe (la posibilidad de dar soluciones a los problemas cotidianos)[31]. La segregación de ciertos grupos tildado “de indeseados” corresponde a una medida tendiente a crear seguridad sobre la población. Claro que, los “chivos expiatorios” lejos de solucionar completamente el problema pueden desencadenar una política de constante exclusión. La explicación sobre las enfermedades como la territorialización del riesgo es válida y aplicable a procesos de estigmatización y posterior discriminación como la que estudiamos en el presente trabajo.

La delincuencia y el temor por el crimen se constituyen también como fenómenos subordinados a la lógica hegemónica de un grupo europeo que intenta (por medio de discursos políticos) subordinar a grupos mayoritarios en América Latina. El profesor G. Kessler, con respecto a la inseguridad pública en Argentina, sugiere que

la extensión de la sospecha y de la presunción de peligrosidad es un riesgo profundo y subrepticio en nuestra sociedad, porque, si bien no se plantea como estigmatizador en la intención, indudablemente lo es. Por otro lado, no sostiene la impugnación de toda diferencia, sino que puede convivir con la aceptación de formas de diversidad y alteridad, rechazando sólo las que parezcan potencialmente amenazantes”[32].

Una de las características que demonizan a grupos similares en su conformación étnica como “villeros, delincuentes, inmigrantes de países limítrofes, piqueteros, etc.” es una supuesta propensión al trabajo.

El trabajo es el criterio de diferenciación principal entre “los chicos buenos” y “los chicos malos”; pero no el único. La propiedad, también, se configura como un importante criterio de diferenciación. El miedo parece tornarse terrorífico cuando las generaciones más jóvenes están en peligro. A la pregunta del profesor Kessler de si las demandas de seguridad implicaban un movimiento autoritario, agregaríamos, que las demandas de seguridad se encuentran imbricadas en un proceso nacionalista exclusivo de ciertos grupos “europeos” cuyos intereses y expectativas se encuentran ligados a la subordinación “del mestizo, el cholo, el indígena” o como también lo llaman “el cabecita negra”. Estos rasgos discriminativos disfrazados de seguridad apuntan a espacios específicos como los barrios carenciados o las villas miserias.

En este punto, la Argentina del bicentenario continúa replicando los arquetipos míticos o estereotipos que la generación del 37 quiso implantar en el país. Una “clase” blanca, europea y trabajadora que con su pujanza cambiarías las bases sociales y económicas de la Argentina desplazando a grupos o “razas” inferiores a roles subordinados. El trabajo y el desarrollo acompañados bajo la figura del sacrificio serán los baluartes culturales a tener en cuenta en la promoción de la gran migración del 80. Todos aquellos que no comparten el perfil necesario al ideal discursivo son estigmatizados bajo diferentes pretextos. En la mayoría de los casos, a diferencia del siglo XIX en donde se hacía expresa mención a la raza o al color de piel, en la actualidad la falta de “apego hacia el trabajo y el clientelismo político” es una de las características las cuales adquieren estos grupos segregados. En otras palabras, el sacrificio y la pureza siguen cumpliendo un rol primordial en la articulación del discurso “racista”.

El sacrificio y la pureza

En un trabajo publicado en español en 1998, N. Elías examina ciertas cuestiones que hacen a la vida política en sí misma. Centrado en la vida social de un pueblo llamado Winston Parva, Elías se pregunta sobre cuales son los medios por los cuales un grupo se cree superior a otro y cómo fundamenta y sostiene esa creencia. Según el caso del autor, existían en el pueblo dos grupos que se marginaban mutuamente: las “viejas” y “las nuevas familias”. Las primeras establecían una especie de apatía que los nuevos a lo largo del tiempo parecían aceptar con resignación. De esta forma, el grupo establecido se asignaba asimismo atribuciones superiores y prohibía el contacto con los externos al grupo (tabú). La legitimidad de su hegemonía se basaba en mecanismos sociales como el chisme cuya función era regular el tabú establecido de acuerdo a ciertos valores meritocráticos[33].

El rasgo distintivo, de este caso, radica en que no existen diferencias de nacionalidad, educación, étnica o de clase en las viejas o nuevas familias, sino solamente un criterio de antigüedad en lo que respecta a la residencia en el lugar. Por otro lado, Elías explica que los cargos jerárquicos dentro de la misma comunidad estaban reservados para las viejas familias quienes demostraban mayor cohesión y pertenencia de grupo como así también una esmerada propensión por el sacrificio y el trabajo. El parámetro evaluativo de auto percepción del grupo (dominante) se basa en los casos de “los mejores miembros” del grupo, es usado como evidencia de una supuesta “superioridad” sobre el otro colectivo. Según Elías la pieza central de la configuración política está anclada en una estigmatización de un grupo dominante sobre uno marginal. Para la visión de Elías, la pieza central de la configuración política está anclada en una estigmatización de un grupo dominante sobre uno marginal. En este misma línea, el carisma de grupo se encuentra estrechamente ligado con la aceptación del individuo a las normas que se requieren para formar parte de ese grupo, y de esta manera se refuerza su pertenencia. Esta exclusividad sólo puede mantenerse en el no-contacto con miembros de otros grupos. Posiblemente, el rol de anárquicos, desorganizados y anómicos son los principales estereotipos que reciben aquellos que no pueden ingresar al grupo exclusivo.

La imagen del sacrificio como criterio distintivo de la afiliación de grupo se transforma en Elías en un aspecto esencial de toda su obra. Un tema que análogamente ha retomado M. Douglas en su trabajo sobre Pureza y Peligro. La antropóloga estadounidense crítica la posición relativa del “materialismo médico” con respecto a la higiene. Es evidente que Occidente ha conocido por medio de los microbios patógenos ciertas enfermedades que otros grupos humanos no reconocen aún; sin embargo, su noción de higiene y pureza es harto más antigua a ese descubrimiento. Acertadamente, Douglas considera que la idea de suciedad (nuestras y de otros) expresan sistemas simbólicos (de origen taxonómico) que demarcan una línea, muestra una forma en que las cosas deben hacerse para evitar la desintegración[34].

En efecto, a medida que el tiempo transcurre las experiencias comienzan a acumularse por medio de un sistema previo de clasificaciones a la vez que cada sociedad o grupo humano construye sus propias ideas conservadoras acerca del mundo. En cuanto más se acercan en similitud al pasado, mayor es la aceptación por estos nuevos sucesos y en consecuencia crece la confianza sobre el sistema simbólico. En este contexto, la ambigüedad que surge de los actos los cuales no han sido debidamente clasificados por el grupo, sugiere la noción de suciedad y peligro. En este punto, la anomalía desafía el sistema simbólico de taxonomías y por ende la forma de comprender las “cosas”. Claro que, Douglas explica que al imponer un sistema de símbolos articulados en una dirección determinada, existe la posibilidad de que otros acontecimientos desafíen ese sistema. Por ese motivo, todas las culturas no sólo poseen su simbología sino también su ambigüedad. Más específicamente, luego de una trasgresión (a un tabú previo) y la emergencia del peligro, es el ritual expiatorio aquel que devuelve al grupo la certeza en su sistema de clasificaciones. La dicotomía entre la pureza y la suciedad se encuentra investida por un esquema cultural cuyo discurso fue asentándose a través del tiempo mediante la articulación de procesos de mito-poiesis.

A modo de conclusión

Hasta aquí se ha intentado describir los hechos tal cual fue relevado –lo más objetivamente posible en la medida en que el método de estudio lo permite-. En primer lugar, tanto Alicia, como Rosa y Mirta se encuentran insertas en un meta-discurso relacionado a racialización de clase. En este contexto, su mirada se encontraba ubicada en dos polos antagónicos. Por un lado, de abajo hacia arriba, se ubicaban países como Estados Unidos, Israel, o Dinamarca como ideal de lo que las observadas llamaban “alta cultura” mientras otros países como Bolivia, Paraguay y Perú simbolizaban el atraso y la desidia. Como han señalado Allport y Foucault lo autóctono (como estereotipo negativo) queda vedado a ciertas prácticas que discursivamente se presentan como peligrosas para la comunidad pero en esa supuesta peligro subyacen intereses hegemónicos; “todos los inmigrantes de países limítrofes roban y delinquen”. La frase vinculada “a la amiga” implica una imagen reprimida del propio ser, es una forma legitimante que intenta convencer al otro sobre los propios pensamientos.

En concordancia con Elías, Belvedere y Margullis y Urresti, encontramos que el grupo que se reivindica como privilegiado debe demostrar ser merecedor de tal honor; la figura del sacrificio se ve vinculada a “el mísero” sueldo que cobran como jubiladas y a todo lo que deben soportar. Sin embargo, ellas tienen claro “que la cultura del trabajo y el sacrificio” en oposición discursiva con la cultura del inmigrante de frontera boliviano o peruano, que no trabaja, es merecedora de “la gracia divina”. Cabe aclarar que hoy el trabajo y la posición “clasista” han reemplazado a la afiliación étnica o la raza del siglo XIX. Por lo menos, en expresiones que vinculan lo sagrado a la renovación de una visa.

Por otro lado, existe una fuerte resistencia al sol; esta actitud sólo puede comprenderse dentro de un marco más profundo y amplio en donde su acción deslegitima la acción del orden pigmentocrático; lo que subyace a la exposición solar tiene relación directa con el descenso social con el miedo a ser excluidas aún dentro de sus propios miedos y prejuicios. El no pertenecer o lo que es peor, el pertenecer al grupo que se discrimina es un temor muy presente en esta clase de discursos. Por demás interesante, es también la relación que existen entre el prejuicio de clase y género. Cristina Kirchner en su cargo de mandataria nunca ha sido mencionada como figura autónoma a la subordinación de su marido o dentro de la figura del matrimonio. Sólo cuando Alicia, Mira y Rosa se refieren burlonamente a los costos de su vestidor o a las cirugías estéticas que se ha hecho, la mencionan ajena “al matrimonio Kirchner”. Tampoco se la llama Fernández solamente sino “Fernández de Kirchner”; para el caso, el prefijo “de” denota un sentido de propiedad.

La idea de pureza, hoy inextricablemente ligada al de cultura y trabajo también es un aspecto a considerar en el siguiente análisis. Estos criterios son estrictamente culturales, creados y legitimados socialmente con arreglo a dinámicas de origen económico. La anglofilia propia de la generación del 37, y la idea de progreso y civilización no sólo aún continúan presentes en gran parte de la población sino que crea discursos en donde entran en diálogo diferentes perspectivas. Los desaparecidos del 70 con la democracia, “lo negro con lo blanco”, lo puro con lo impuro y lo civilizado con lo bárbaro”. La “cola” como momento de espera invita a la resistencia, al diálogo a repensar ciertas circunstancias en las cuales está inserto el sujeto mientras que una vez entrado al banco, el silencio se apodera de manera discursiva e interpeladora del Estado frente a quienes en forma ambigua, por un lado lo increpan mientras por el otro viven subordinados a él. Es precisamente, el discurso del racismo el cual se de-construye en hegemonía y subordinación económica. Quedaría como pendiente de abordar en futuras investigaciones el papel que jugará “lo indígena” en el imaginario europeo que se construirá en 2010 con motivo del segundo Centenario de la revolución de 1810. ¿Será invisibilizado una vez más?

 

Notas

[1] Goffman, E. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1998.

[2] Se narra la presentación en primera persona del singular por corresponder a una experiencia personal.

[3] Brown, R. Prejuicio, su Psicología Social. Madrid, Alianza Editorial, 1998, pp. 27.

[4] Bettelheim, B. y Janowitz, M. Cambio Social y Prejuicio. México, Fondo de Cultura Económica, 1975, pp.112-120

[5] Collier, G y otros. Escenarios y Tendencias de la Psicología Social. Buenos Aires, Editorial Tecnos, 1996, pp.363

[6] Adorno, T. y Horkheimer, M. Sociológica. Buenos Aires, Editorial Taurus, 1966, pp. 122-123.

[7] Clark, K. Ghetto Negro: los dilemas del poder social. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1968. De Franciso, Andrés. Sociología y Cambio Social. Buenos Aires, Editorial Ariel, 1997. Essed, P. “Multi Identification and Transformations: reaching beyond racial and ethnic reductionisms. Social Identities. 2001. Vol. 7, Number 4. Branscombe, N. y Schmitt, M. “The meaning and consequences of perceived discrimination in disadvantage and privileged social groups”.Kansas: University of Kansas, 2002.

[8]Margulis, M. y Urresti, M (compiladores). La Segregación Negada: Cultura y discriminación social. Buenos Aires, Editorial Biblos, 1999.

[9] Allport, G. La Naturaleza del Prejuicio. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1997, pp. 24.

[10] Korstanje, M. “Metodologías Cuestionadas: un enfoque crítico sobre la forma de estudiar el prejuicio encubierto”. Entelequia, Número 4, primavera. Universidad de Málaga, España, 2008.

[11] Dovidio, J. F. y Gaertner, S. L. “Prejudice, discrimination and racism”. Orlando, Academic Press, 1986, Chapter 1-4.

[12] Kleinpenning, G. Hagendoorn, L. Forms of Racism and the cumulative dimension of ethnic attitude. New York, Basic Books, 1993,.

[13] Bogdan, R. y Taylor, S. Introducción a los métodos cualitativos de investigación. México, Paidos, 1988, pp. 80

[14] Van Dijk, T. “Historias y Racismo”. En Mumby, D. Comp. Narrativa y control Social: perspectivas críticas. Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1997, pp. 187.

[15] De Imaz, J. L. Sobre la Identidad Iberoamericana. Madrid, Alianza, 1984.

[16] En el año 1760, el monarca español, Carlos III realizó un conjunto de reformas con el fin de mantener su hegemonía dentro de las Américas. Estas reformas implicaban la reorganización de sus fuerzas armadas dándole cabida a todo aquel nacido dentro de territorio español; de este modo ingresaron al ejercito español un sinnúmero criollos para quienes la carrera militar significaba el único modo de movilidad social en ese entonces. Paradójicamente, esta medida provoca una creciente militarización en América Latina que encuentra su punto máximo en la declaración de independencia. En cierta forma, la intención de Carlos III fue evitar la disgregación de sus colonias pero sus medidas no encuentran sino un resultado adverso. Para mayor información véase – Lieuwen, E. 1960. Armas y Política en América Latina. Páginas 34 a la 50.

[17] Lieuwen, E. Armas y Política en América Latina. Buenos Aires, Editorial del Sur, 1960. De Imaz, J. L. Sobre la Identidad Iberoamericana. Madrid, Alianza, 1984.

[18] DiTella, T. Historial Social de la Argentina Contemporánea. Buenos Aires, Troquel Ediciones, 1998. Botana, N. El Orden Conservador. La polñitica argentina entre 1880 y 1916. Buenos Aires, Sudamericana, 1998. Chiaramonte, J.C. Nacionalismo y Liberalismo económicos en Argentina (1860-1880). Buenos Aires, Solar, 1971. Gutman, M. y Reese, T. Buenos Aires, 1910: el imaginario de una gran Capital. Buenos Aires, Eudeba, 1999. Korn, F. Buenos Aires, Mundos particulares 1870-1895-1914-1945.. Buenos Aires, Sudamericana, 2004.

[19] Margulis, M. y Urresti, M (compiladores). La Segregación Negada: Cultura y discriminación social. Buenos Aires, Editorial Biblos, 1999, pp. 283.

[20] Ibid., pp. 286.

[21] Belvedere, C. De Sapos y cocodrilos: la lógica elusiva de la discriminación social. Buenos Aires, Biblos, 2003, pp. 85

[22] Lischetti, Mirtha. “Diversidad e integración: Chilenos en Argentina.”. Revista Claroscuro Vol. 2. Num. 4, 2005. Pp. 30-40. Trpin, V. “Entre ser beneficiario social y trabajador rural: migrantes chilenos en un barrio de Alto Valle, Río Negro”. En Grimson, A. y Jelin, E. (compiladores). Migraciones regionales hacia la Argentina: diferencia, desigualdad y derechos. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2006, pp. 349.

[23] Briones, C. La Alteridad del Cuarto mundo: una reconstrucción antropológica de la diferencia. Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1988, pp. 146.

[24] Luhmann, N. Poder. México, Editorial de la Universidad Iberoamericana, 1995, pp. 13

[25] Zizek, S. “El Espectro de la Ideología”. En Ideología: un mapa de la cuestión. Zizek, S (Compilador). Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, pp. 10.

[26] Op. Cit, pp. 13

[27] Op. Cit. Pp. 42

[28] Foucault, M. Defender la Sociedad. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2001, pp. 34.

[29] Op. Cit, pp. 65.

[30] Foucault, M. Seguridad, Territorio, Población. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006, pp. 51.

[31] Op. Cit. Pp. 82.

[32] Kessler, G. El Sentimiento de Inseguridad. Sociología del Temor al delito. Buenos Aires, Siglo XXI, pp. 270.

[33] Elías, N. La Civilización de los Padres y otros ensayos. Bogota, Editorial Norma, 1998, pp. 84

[34] Douglas, M. Pureza y Peligro; un análisis de los conceptos de contaminación y tabú. Buenos Aires, Nueva Visión, 2007, pp. 53.

 

[Fuente: Maximiliano E. Korstanje. "De cara al bicentenario: el discurso europeizante en el imaginario colectivo argentino." HAOL 20 (Otoño, 2009: 187-200.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
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