Teoría, Crítica e Historia

Filosofía, teología, literatura:
aportes cubanos
 

Perla Cartaya Cotta

 

3.2. Valoración de las tradiciones filosóficas cubanas
desde un punto de vista no marxista

A lo largo del devenir histórico cubano no han escaseado los pensadores cristianos que han dedicado talento y pluma a valorar, desde su prisma, las ricas tradiciones filosóficas cubanas. Estas se encuentran indisolublemente engarzadas en el proceso de formación, desarrollo y consolidación de la nacionalidad y la cultura cubanas. Uno de estos pensadores, por citar un ejemplo, es Medardo Vitier quien en su obra Las ideas y la filosofía en Cuba legó a las generaciones posteriores un pormenorizado estudio en el cual aborda a personalidades tan ilustres como son, entre otros, el presbítero José Agustín Caballero, el Padre Félix Varela Morales, José de la Luz y Caballero, José Manuel Mestre y Enrique José Varona, figuras imbricadas orgánicamente en el binomio dialéctico cultura-nacionalidad.

Durante el medio siglo que ya casi expira tampoco han faltado los escritores dispuestos a rescatar y divulgar las ideas religiosas presentes en escritos, discursos, epistolario y versos de figuras tan cimeras de nuestras letras como son el Padre Varela y José Martí. Por la misma razón pudiera decirse que es una tendencia presente en esta etapa dilucidar el pensamiento ético de los mismos, con cierto énfasis en la concepción de la justicia porque todo indica que ese es un aspecto medular en la eticidad cubana.

La espiritualidad de un hombre es parte vital de su personalidad y un aspecto significativo a tener en cuenta para entender la obra de un filósofo, de un pensador; pero ocurre que esto a veces se diluye, se escapa sin que el escritor pueda o sepa evitarlo. No han faltado voces que, de alguna manera, hayan trabajado en esta dirección; los trabajos de Roberto Agramonte sobre J. A. Caballero y los de Jorge Mañach sobre José Martí justifican este aserto.

Revelador del mundo interno del P. Félix Varela, de sus angustias y desesperanzas, de su soledad y su nostalgia, es el análisis de la eximia escritora Dulce María Loynaz en la conmemoración del bicentenario del P. Varela: "Sacrificio tuvo que ser para esta alma sensible, el destierro y la persecución sufridas a causa de su misión. Sacrificio de verdad para este cubano de pura cepa, bien arraigado en su tierra, ultrasensible a todos los fríos, hecho al calor de sus discípulos, de sus amigos, de sus compañeros ..." (Loynaz 23). Avanzado ya el invierno de su propia vida supo la poetisa aquilatar, tal vez como nadie, todo lo que pudo haber sentido el Padre de nuestros fundadores —también en lo más crudo de su invierno— al exclamar: "Ya no puedo leer ni escribir ... Si para ser un santo, había de sufrir algún martirio, creo que esto lo fue. No se imagina otro peor para un hombre de letras ... Las palabras se le irán enmoheciendo como trastos viejos abandonados en un desván ... —dijo la ilustre habanera— ¡Qué soledad la de este hombre que nunca fue un solitario, que siempre buscó la compañía de sus semejantes, el intercambio de las ideas, el calor humano! ..." (Loynaz 33).

En el ámbito eclesiástico esta intención también se percibe. Los trabajos sobre el Siervo de Dios, P. Varela, Manuel Hilario de Céspedes y García-Menocal, así lo indican. Al referirse al P. Varela como uno de esos hombres con decoro de que hablaba Martí se apoya en el concepto martiano de que decoro no es sólo un concepto moral, sino también la forma de una dignidad que se transparenta y de una hermosura que merece el respeto de todos los hombres. Y puede llegar a la esencia de la espiritualidad vareliana porque sabe que el Evangelio fue el centro de su vida: "¿acaso no escribió en Cartas a Elpidio que del Evangelio brotan la franqueza y la generosidad, el desprecio de los bienes temporales, la sincera amistad, el amor puro, la paz y la alegría, la obediencia sin bajeza y la superioridad sin orgullo, la ciencia con humildad, la riqueza sin avaricia, la pobreza sin envidia, el sufrimiento con heroísmo, la grandeza del alma y la elevación de las ideas?" (Céspedes 37). Valora este autor, con acierto, que Varela fue un hombre apasionado por la verdad, que confió en el hombre durante toda su vida ... ¿Acaso no escribió a Elpidio que el hombre nunca pierde el sentimiento de justicia y el feliz impulso que lo dirige hacia la verdad? ¿Acaso muchos años antes (1812) al pronunciar su homilía en la iglesia El Santo Cristo del Buen Viaje no había dicho que el amor a la verdad y a la paz es el único principio de la felicidad política? ... Y al valorar en toda su plenitud la obra vareliana puede concluir: "... Todos los momentos de su vida fueron una expresión de su espiritualidad eucarística." (Céspedes 48).

Para Mons. Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal fue el P. Varela el "portador de la antorcha" de la Vida hasta que sus pulmones no le brindan el aire que necesita para seguir ardiendo. Porque fue un hombre que fue por delante de los acontecimientos y no dejó de hacer y decir lo que era oportuno y fructífero. Certera valoración que conduce al autor a revelar una cualidad del P. Varela inadvertida para muchos: docilidad de hombre adulto con fe adulta a la voluntad de Dios. Cualidad de un hombre que se anticipara "al machete mambí regalándonos sus Cartas a Elpidio, fundamento ético de la nacionalidad en ciernes y de la república prevista ..." (Céspedes 3).

Cintio Vitier es una figura relevante de las letras contemporáneas cubanas. Obra cimera en su labor intelectual tal vez será la valoración que corresponda a su ensayo Ese sol del mundo moral. Para una historia de la eticidad cubana. En el prólogo Vitier, que se declara aspirante vitalicio a poeta y a cristiano, afirma que "no es éste un libro de indagación filosófica sino un conjunto de reflexiones y efusiones que se orientan con ánimo empírico, y mediante un lenguaje abierto, hacia la captación de un proceso espiritual concreto: el de la progresiva concepción de la justicia, y las batallas por su realización en la historia cubana" (Vitier 7).. Así, el autor intenta hallar el "fundamento moral" de las luchas de los cubanos — desde la colonia hasta nuestra época — mediante el análisis valorativo del pensamiento y acción de figuras que no pueden ser ignoradas o relegadas cuando se trata de la historia de Cuba. Desde su punto de vista lega a su país "... el esbozo de lo que pudiera llamarse una historia moral de Cuba ..." (Vitier 10).. La tradición filosófica cubana, que se inicia con los sacerdotes Caballero y Varela y se interrumpe con la muerte de José de la Luz y Caballero, es analizada por este autor justamente sin olvidar el evolucionismo hegeliano de Rafael Montoro, autonomista en sus posiciones políticas, y el positivismo spenceriano de Enrique José Varona, quien reanuda la tradición filosófica nacional. Ningún cubano que deba tenerse en cuenta por mandato de su hacer, según su juicio, es olvidado en esta obra pequeña y grande del poeta Vitier.

Reynerio Arce Valentín, doctor en Teología, estudioso de las fuentes de la actual Teología de la Liberación a partir de las ideas de los pensadores latinoamericanos del siglo XIX, profundiza en el pensamiento de José Martí. Y en este proceso, al extraer las ideas filosóficas y sobre religión sustentadas por el Apóstol de la Independencia —que aparecen no sistemáticamente ordenadas—, para someterlas al riguroso análisis, puede concluir señalando la unidad inseparable de lo religioso con lo ético y lo político. A su juicio, las ideas martianas enriquecen la actual Teología de la Liberación con nuevos ángulos para la reflexión. El estudio de Arce es interesante, significativo y revelador porque suele presentarse al Maestro como un pensador alejado de la fe cristiana.

Investigar en la historia de la educación cubana me ofrece la posibilidad de:

  • Profundizar en los presupuestos filosóficos que constituyen el fundamento metodológico de la "praxis" de un educador. Y revelar en que medida sus ideas fueron avanzadas en su tiempo así como el propósito educacional que perseguían.
  • Profundizar en los principios éticos que portaron, defendieron y fomentaron en las generaciones en quienes pudieron influir.

Por este camino he podido adentrarme en los aportes y la espiritualidad de algunos pensadores cubanos objeto de mi indagación científica. Mi pequeña obra El legado del Padre Varela, recientemente publicada por la Iglesia, es el primer libro sobre el Padre Fundador —en cuarenta años— que ve la luz procedente de una pluma cristiana que vive en Cuba, y constituye mi modesto homenaje al "Padre de todos los tiempos". Es mi propósito atraer a la juventud, creyente o no, a la riqueza de su ideario ético y político. Y a los maestros a las raíces de una educación esencialmente científica, democrática, patriótica y cristiana, que mucho puede guiarlos ante las dificultades actuales.

A la juventud cubana —personificada en Elpidio— escribió el Padre Varela: "Si lo que se pretende es destruir, ningún medio es tan fácil como la injusticia." (Varela II: 78). Y la juventud debe saber que su mensaje caló tan hondo en quienes tuvieron sensibilidad para percibirlo, que José de la Luz y Caballero diría, por los mismos tiempos, que "útil es un ferrocarril pero más útil es la justicia". Ocho años después de la muerte del P. Varela escribiría aquel joven, decidido a seguir sus huellas, un aforismo de notable riqueza conceptual: "Antes quisiera yo ver desplomadas, no digo las instituciones de los hombres, sino las estrellas todas del firmamento, que ver caer del pecho humano, el sentimiento de justicia, ese sol del mundo moral." (Luz I: 161).

No escasean quienes valoran la religiosidad del Padre Varela como una limitación a tener en cuenta en su ideario ético. Pero a mi juicio, por ser el P. Varela como fue pudo legar a las nuevas generaciones conceptos y valoraciones morales que aún hoy deben inducirlas a la reflexión, al autoanálisis. Los deberes religiosos y los cívicos no están reñidos, como tampoco lo están el amor a Dios y a la patria. La espiritualidad del Mentor de la juventud cubana y su entrega perenne como Ministro del Señor seguramente actuaron como fuerzas motrices para hacer en cada momento lo que debía. Y así fue hasta el final de su existencia.

Segura estoy de no haber agotado el tema. El factor tiempo y la búsqueda sistemática permitirán, sin lugar a dudas, enriquecer el camino por el que ya andamos.

Obras citadas

  • Céspedes, M. H. de. "El padre Félix Varela: Su espiritualidad", en Secretariado General de la Conferencia Episcopal Cubana (Ed.), Notas, La Habana, 1988.

  • Loynaz, D. M. "Félix Varela, el Precursor", en Secretariado General de la Conferencia Episcopal Cubana (Ed.), Notas, La Habana, 1988.

  • Luz y Caballero, J. de la. Obras Completas. La Habana, 1945.Varela, F. Cartas a Elpidio. La Habana, 1945.

  • Vitier, C. Ese sol del mundo moral, México, 1975.

 

[Filosofía, teología, literatura: Aportes cubanos en los últimos 50 años. Edición de Raúl Fornet Betancourt. Aachen: Wissenschaftsverlag Mainz (Concordia Serie Monografías, tomo 25), 1999.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
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