Teoría, Crítica e Historia

Filosofía, teología, literatura:
aportes cubanos
 

Raúl Fornet-Betancourt

Prólogo

Los libros no solamente suelen tener, como decían los antiguos (habent sua fata libelli), un destino sino también una historia; una historia que ayuda a comprender tanto su génesis como su razón de ser y su finalidad. El presente libro no es una excepción. Tiene también su historia. Y creo incluso justificado decir que, como se verá por las razones que explicaré a continuación, se trata de una historia muy propia y específica que determina su carácter como obra en la que una comunidad de intelectuales (separados por sus biografías personales, las fronteras de sus respectivas disciplinas, etc.; pero separados sobre todo por una difícil situación de emigración - nación) da testimonio de su voluntad de diálogo.

Por eso quiero aclarar de entrada que la historia de este libro es la historia de un intento de diálogo constructivo entre intelectuales cubanos de dentro y fuera del país; y que, por ésta su historia, este libro aspira a contribuir a que ese intento de diálogo se convierta en un programa expreso de intercambio y de mutuo enriquecimiento, para que lo que llamamos "cultura cubana" no sea patrimonio exclusivo de ningún credo religioso ni de ninguna ideología política ni de ninguna vanguardia "nacionalista", ni se reduzca tampoco a las creaciones en el espacio delimitado por la soberanía nacional del estado, sino que sea visto como un proceso abierto y plural en el que, desde siempre, han participado y participan fuerzas creadoras con muy distintas orientaciones y visiones, e incluso desde muy distintas geografías, como evidencian, entre otros muchos, los nombres de Gómez de Avellaneda, Heredia, Martí o Varela.

Pero, ¿cuál es, en concreto, la historia del intento de diálogo que se documenta en este libro?

Debo mencionar aquí, primero, un comienzo lejano que se puede fechar en el año de 1981 cuando el que suscribe estas líneas lanzó la idea de buscar en la herencia de José Martí, reconocida siempre como fuente de vinculación y convergencia plurales, las bases éticas fundamentales para articular un diálogo programático de cubanos con cubanos, subrayando además que dicho diálogo debía ser entendido como el instrumento indispensable para reestablecer la concordia en el seno de una nación desgarrada por la realidad de un exilio con consecuencias, en muchos casos, traumatizantes tanto en el exterior como en el interior mismo del país (1). Las condiciones políticas e ideológicas de aquella época abortaron sin embargo el posible fruto de esta idea. Y así tuvo que ser "guardada" con la esperanza de que vinieran mejores tiempos.

Con los cambios introducidos por los acontecimientos de 1989-90 en la constelación de la política internacional parecieron llegar esos esperados tiempos mejores. En el contexto de esta nueva coyuntura de la política mundial percibí, pues, un momento oportuno para replantear la idea del diálogo de cubanos con cubanos, es más, para elaborar un programa en vistas de su realización concreta o, dicho en términos martianos, para hacer el experimento de que una idea crezca en la tierra (2). Y éste es el comienzo inmediato o, si se quiere, el comienzo propiamente dicho de este intento de diálogo que aquí documentamos. Pues fue realmente a partir de ese momento cuando decidí sondear de nuevo las posibilidades reales de viabilidad de esta idea retomando el contacto con algunos intelectuales que conocía en Cuba. Un primer y muy prometedor resultado se dio en septiembre de 1994 cuando, con ocasión de un congreso internacional, coincidí con Pablo Guadarrama (de la Universidad Central de las Villas) en Sâo Leopoldo (Brasil) pudiendo explicarle personalmente el plan que tenía de iniciar un programa de diálogo interdisciplinar entre intelectuales cubanos de dentro y fuera de Cuba. En resumen mi plan consistía en convocar una reunión para discutir conjuntamente el tema siguiente: "Cuba: Sociedad, cultura y religión. Un diálogo de cubanos con cubanos". Los invitados serían, como delegación de Cuba, Reinerio Arce (Teólogo prebisteriano y director del Centro de Estudios del Consejo de Iglesias de Cuba, La Habana), Rafael Cepeda (Teólogo protestante e historiador, La Habana), Carlos Manuel de Céspedes (Vicario General de la Arquidiócesis de La Habana), Fina García (Poetisa, La Habana), Pablo Guadarrama, Adolfo Ham (Profesor de Teología en el Seminario Evangélico de Teología, Matanzas), Eusebio Leal (Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana) y Cintio Vitier (Poeta y ensayista, La Habana); y, como representantes de los residentes en el exterior, Adolfo Abascal (Director del Centre Oecumenique de Liasions internationales, Bruselas), Raúl Fornet-Betancourt, Jorge Gracia (Profesor de Filosofía en la Universidad de Buffalo, Nueva York), Oscar Martí (Profesor de Filosofía en la Universidad del Estado de California, Northridge), Lourdes Rensoli (Poetisa y Profesora de Filosofía, Madrid), Ofelia Schutte (Profesora de Filosofía en la Universidad de Florida, Gainesville) y Ada M. Teja (Profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Roma). Como observador se invitaría a Martin Franzbach (Profesor de Literatura Latinoamericana en la Univeridad de Bremen) por su reconocida reputación como "cubanólogo" y por su experiencia en el diálogo alemán-alemán. Y digo que ese encuentro con Pablo Guadarrama fue verdaderamente prometedor porque éste no solamente acogió la idea con máximo interés sino que aceptó también servir de mediador o coordinador del grupo de intelectuales que debía venir desde Cuba. (El que suscribe se encargaría por su parte de coordinar el grupo cubano del exterior y de la organización del encuentro.) Acordamos además convocar la reunión para marzo de 1995 en la ciudad alemana de Aachen. En este sentido redactamos en Sâo Leopoldo una primera convocatoria conjunta (3).

El encuentro se celebró exactamente del 24 al 27 de marzo de 1995 en Aachen, como se había programado. Pero tuvo que tomar un rumbo que no estaba previsto; pues al parecer el hecho de que la sesión inaugural se celebraba en el ayuntamiento de Aachen con el Alcalde Mayor de la ciudad, Jürgen Linden, y de que había despertado cierta expectativa en la prensa (4), se malinterpretó en Cuba y motivó que las autoridades cubanas retiraron a última hora la autorización de participación a los invitados que debían venir de Cuba (5). Y esta medida fue realmente efectiva; pues, a pesar de que algunos ya habían salido del país cuando se dió esa contraorden, sólo uno pudo llegar a la reunión de Aachen; y esto más bien debido a que se le había autorizado la salida para un congreso de teología que se celebraba en Alemania por esas mismas fechas. Ante esta situación, naturalmente, la reunión perdió en gran medida su carácter de "diálogo de cubanos con cubanos", porque de hecho sólo había comparecido una parte (6). Lógicamente esta experiencia sacudió la confianza de los participantes presentes alimentando la duda de si había llegado realmente la hora de un diálogo nacional abierto. Con todo el grupo asistente decidió cumplir la agenda de trabajo prevista y mostrar con ello su voluntad de diálogo. Asumiendo la responsabilidad histórica del momento, se dejaba claro además que esa voluntad de diálogo nada tenía que ver con ningún intento de querer intervenir desde fuera en cuestiones políticas internas de Cuba, sino que respondía a una actitud de compromiso estrictamente intelectual y que, como tal, se encaminaba a la realización de un programa que permitiese el intercambio y el acercamiento de lo que se podría llamar el doble desarrollo seguido por la cultura cubana después de su bifurcación con motivo de la Revolución de 1959. Aunque, como anoté antes, el grupo siguió su agenda de trabajo (que contemplaba sobre todo la discusión de estos dos temas: "Identidad cultural y nación cubana" y "Función ética de la religión y de las iglesias en la sociedad cubana actual") la ausencia de los interlocutores de la isla marcó el trabajo del grupo en cuanto que esta experiencia, precisamente por la duda que había despertado, hizo ver la necesidad de trabajar aún más en las condiciones preparatorias de un diálogo franco. Y, como también se constataba por otra parte que el desconocimiento mutuo era con seguridad uno de los factores que más negativamente se hacía sentir en el proyectado diálogo, por ser justo fuente de sospechas y recelos por ambas partes, se decidió entonces concretizar la voluntad de diálogo expresada proponiendo la elaboración de una obra conjunta en la que se recopilasen los aportes hechos por autores cubanos en los últimos 50 años en áreas determinadas de la cultura, como el arte, la filosofía, la historia, la literatura o la teología, y que cumpliese de esta forma con la finalidad de fomentar un mejor conocimiento y, eventualmente, entendimiento entre intelectuales cubanos de dentro y fuera del país.

Así, pues, el encuentro de Aachen no logró constituir la primera etapa del diálogo de cubanos con cubanos, pero sí puso las bases para que ese diálogo se fuese posibilitando en el futuro inmediato. Pues, con la propuesta de elaborar esa obra conjunta sobre aspectos de la cultura cubana dentro y fuera de Cuba, se logró realmente una plataforma convergente, como mostraron los resultados de las conversaciones y de la correspondencia que siguieron al encuentro de Aachen. Por eso fue posible continuar esta iniciativa de diálogo con un segundo encuentro que se celebró en Aranjuez, España, del 28 al 30 de marzo de 1996, y en el que participaron cinco intelectuales venidos de Cuba: Jorge Acanda (Profesor de filosofía en la Universidad de La Habana), Reinerio Arce, Rafael Cepeda, Ivette Fuentes (Escritora y profesora de literatura en la Universidad de La Habana) y Adolfo Ham. Por parte de los intelectuales cubanos en el exterior asistieron: Adolfo Abascal, Ignacio Delgado (Profesor de filosofía en la Universidad de Salamanca), Raúl Fornet-Betancourt, Jorge Gracia; y como invitado especial, Martin Franzbach.

En esta reunión de Aranjuez se precisó la finalidad de la proyectada obra conjunta como obra que, para fomentar de modo justo el intercambio entre los intelectuales cubanos, debía ofrecer en sus distintos apartados un doble panorama que recogiese precisamente los aportes culturales cubanos realizados dentro y fuera de Cuba. Sobre el trasfondo de este criterio se estructuró la obra en las tres partes principales en que se documenta en la presente publicación, a saber, filosofía, teología y literatura. Hay que decir que la elección de estas tres áreas es en buena parte casual, porque se debió al hecho de que eran las disciplinas mayoritariamente representadas entre los participantes presentes. (Pero, como se tomó conciencia de este problema, se propuso ampliar el grupo de diálogo en el futuro y proseguir la tarea iniciada con esta obra en otros tomos donde se documenten los aportes cubanos a la cultura actual en campos como la música, el arte, las ciencias naturales, etc.) Consciente de esta limitación, el grupo de Aranjuez se concentró por tanto en la sistematización de las tres partes principales mencionadas, estableciendo los temas de estudio y nombrando los autores encargados de los mismos. Como dinámica de trabajo se acordó además que los autores redactasen sus respectivos estudios con absoluta autonomía, pero comprometiéndose a enviarlos al coordinador de la iniciativa para que éste los hiciera circular entre los integrantes del grupo de diálogo. Esto último se pensó en función de que se había acordado celebrar una tercera reunión para evaluar los estudios presentados y preparar su edición.

Esta tercera reunión tuvo lugar del 7 al 11 de diciembre de 1997 en Aachen. También esta vez se logró una asistencia representativa y equilibrada por ambas partes, de manera que el grupo de Aranjuez se vió ampliado por los nombres siguientes: Orlando Espín (Profesor de teología en la Universidad de San Diego), Ada María Isasi-Díaz (Profesora de teología en la Universidad Drew, New Jersey), Oscar R. Martí, José Conrado (Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba) y Nydia Sorí (Escritora y miembro de la redacción de la revista cultural Vivarium). Este grupo funcionó en realidad como un comité de redacción, evaluando los trabajos presentados y fijando la estructura definitiva para la publicación de la obra. En este punto debo aclarar sin embargo que algunos de los estudios dedicados al desarrollo de la filosofía en Cuba tuvieron que ser solicitados a otros autores, ya que en el curso de esta tercera reunión se tuvo noticia cierta de que los colegas de la Universidad de La Habana y/o de Las Villas que se habían comprometido a redactarlos, no lograron tener la autorización académica necesaria para participar en este proyecto. El fantasma de la desconfianza echaba de nuevo su sombra sobre este proyecto ... Con todo esta señal de recelo no fue para el grupo si no una reconfirmación adicional de su convencimiento de la necesidad de proseguir la tarea comenzada e intensificar las vías de intercambio. Se reafirmó, por consiguiente, la voluntad de diálogo y la decisión de dar testimonio fehaciente de la misma con la publicación del trabajo realizado. Porque, a pesar de las dificultades y de los repetidos intentos de obstaculizar el diálogo, la evaluación del trabajo realizado convenció al grupo de que se había logrado articular una obra de factura común en la que, si bien todavía de manera parcial y puntual, la realidad de un diálogo constructivo y honesto queda testificada en forma palpable e innegable. Y por esta razón me permito añadir que el resultado que aquí presentamos, identificará a este grupo como un grupo que no solamente está trabajando en la consolidación de las condiciones del diálogo entre intelectuales cubanos, sino que además ha logrado ya anticipar un capítulo en la práctica de este constructivo diálogo.

La historia de esta obra es, por tanto, la historia de un grupo de intelectuales comprometidos con el diálogo. De suerte que se le puede considerar como la "carta de presentación" de este grupo de intelectuales cubanos; un grupo que apuesta incondicionalmente por el diálogo respetuoso de las diferencias como la única alternativa deseable y coherente ante la situación cubana actual y que, a fin de respaldar la influencia de su propuesta de diálogo tanto fuera como dentro de Cuba, se ha dado un marco institucional al constituirse el 10 de diciembre de 1997 en "Sociedad Internacional de Estudios Cubanos" (7).

Finalmente quiero expresar, también en nombre de todo el grupo de trabajo, mi más cordial agradecimiento a Misereor y al Missionswissenschaftliches Institut Missio e.V. en Aachen por el generoso apoyo financiero con que hicieron posible nuestros encuentros y, con ello, esta obra.

Notas

  1. Cf. Fornet-Betancourt, R., "Martí y el diálogo de cubanos con cubanos", en Reunión. Boletín del Instituto de Estudios Cubanos 145-146 (1981) 1-2.
  2. Cf. Martí, J., "El general Grant", en Obras Completas, tomo 13, La Habana 1975, p. 90.
  3. Los documentos y la correspondencia relativos a la preparación de esta reunión, así como de las siguientes, se conservan en el archivo del editor.
  4. Cf. Aachener Volkszeitung, 27.3.1995; y Jaeschke, D., "Wie kann man Kuba noch helfen?", en Aachener Volkszeitung, 30.3.1995, p. 4.
  5. Hay que aclarar que algunos invitados como Eusebio Leal, Cintio Vitier o Carlos Manuel de Céspedes habían revocado antes su confirmación de asistencia, pero este hecho no se interpretó como una señal inquietante porque se habían nombrado de inmediato otros nombres para que ocupasen sus puestos en la reunión: Jorge Ramírez Calzadilla, Gabriel Coderch y José Conrado respectivamente.
  6. Los asistentes fueron : Adolfo Abascal, Reinerio Arce, Raúl Fornet-Betancourt, Martin Franzbach, Jorge Gracia, Oscar Martí, Lourdes Rensoli y Ada M. Teja. Muy elocuente resulta en este sentido que el prestigioso periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung informara sobre esta reunión en un artículo que llevaba por título: "Cuba no quiere discutir sobre Cuba." Cf. Schilder, P., "Über Kuba will Kuba nicht diskutieren", en Frankfurter Algemeine Zeitung, 5.4.1995, p. 6.
  7. La Junta Directiva la componen los siguientes miembros: Raúl Fornet-Betancourt (Coordinador general), Ivette Fuentes y Adolfo Ham (Coordinadores en Cuba), Ignacio Delgado (Coordinador en Europa), y Jorge Gracia (Coordinador en los Estados Unidos).

 

[Filosofía, teología, literatura: Aportes cubanos en los últimos 50 años. Edición de Raúl Fornet Betancourt. Aachen: Wissenschaftsverlag Mainz (Concordia Serie Monografías, tomo 25), 1999.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
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