Teoría, Crítica e Historia

José Luis Gómez-Martínez

Teoría del ensayo

 

Jeder Essay schreibt mit unsichtbaren
Buchstaben neben seinen Titel
die Worte: bei Gelegenheit von...

Georg von Lukács

17. DE CUALQUIER PRETEXTO PUEDE NACER UN ENSAYO

Si abrimos el libro de Azorín Castilla, y leemos los títulos de los ensayos que en él se reúnen, recibimos en un principio la impresión de una aparente vulgaridad en los temas propuestos. En efecto, "Las nubes", "El mar", "La catedral" o "Una ciudad y un balcón", no parecen elevarse más allá de lo consabido. Y, sin embargo, es precisamente lo cotidiano, lo ignorado por su continua presencia, lo que proporciona a Azorín el punto de partida de su reflexión sobre el paso del tiempo, sobre la eternidad. No es necesario, ni en la mayoría de los casos apropiado, buscar lo transcendental en lo raro ni en lo nuevo. El efecto, y el mérito, del ensayo es más completo cuanto más cercanas a nosotros son las imágenes que se emplean en la aproximación al tema tratado. La pluralidad de reflexiones que en los distintos lectores llega a sugerir el ensayo "Una ciudad y un balcón", difícilmente se podrían conseguir mediante una disertación filosófica sobre el significado del tiempo. Las siguientes palabras, con que comienza Unamuno el ensayo "Viejos y jóvenes", exponen con brevedad su posición al propósito, que es al mismo tiempo peculiar del ensayista: "Las consideraciones que voy a exponer en estas líneas son tan vulgares y tan obvias, que entran de lleno en el campo de las verdades de Pero Grullo. Más he de repetir aquí por centésima vez —y espero no sea la última— lo que he dicho lo menos noventa y nueve veces, y es, que conviene refrescar lo que de puro sabido se olvida, y que el repensar los lugares comunes es el mejor medio que tenemos para librarnos de su maleficio" (31). En realidad, sólo en el progreso de la técnica, en las ciencias exactas, logra una generación superar a la anterior; en las ciencias del espíritu, la superación es sólo aparente, pues lo que así consideramos resulta a la postre ser únicamente un rechazo, más o menos parcial, de lo pensado por la generación anterior y un nuevo replanteamiento de los problemas perennes en torno a la existencia del hombre. Cada generación hereda la responsabilidad de volverlos a replantear y proporcionar nuevas respuestas más de acuerdo con las circunstancias peculiares del momento histórico.

Si, como ya indicamos en secciones anteriores, la intención del ensayista al escribir ensayos es la de sugerir e incitar al lector a reflexionar, nada más a propósito para tal fin que el hacerlo sobre aquello que nos es común en la vida cotidiana. De este modo, el ensayista no sólo consigue más repercusión, sino que al versar sobre cosas aparentemente triviales, establece con más claridad la verdadera dimensión reflexiva del pensamiento humano. El ensayo de este modo es más efectivo que la especulación filosófica, que se encierra en un mundo artificial de abstracciones; el ensayista mantiene siempre su conexión con lo concreto y su relación con la experiencia del ser humano. No existe nada, por insignificante que se presente a nuestros ojos, que, en el desarrollo reflexivo del ensayo, no pueda ser elevado a proporcionar una posible respuesta a alguna de las preguntas persistentes sobre la existencia humana. Ningún ensayista mejor, en el momento de ejemplarizar este aspecto, que Ortega y Gasset; la casi totalidad de sus escritos parten de experiencias comunes a todo ser humano, tomadas de lo cotidiano de la vida. Así en su ensayo "De Madrid a Asturias o los dos paisajes", aprovecha las experiencias que posee toda persona que ha viajado, para confrontar lo urbano y lo rural y de ahí elevarse a su significado para España en su momento actual. Todavía más profundo, y, por lo tanto, universal en su significado, es el ensayo "La caza", donde el lector se descubre a sí mismo reflexionando sobre algo que, sin haberlo quizás nunca meditado, le era desde siempre conocido. Es este hacer uso de lo cotidiano y de lo considerado como trivial lo que mayor efecto causa en el lector y mejor logra su compenetración, al creerse así estar andando por caminos que ya ha recorrido con anterioridad, pero que hasta entonces parecía no haber visto.

Así sucede, por ejemplo, en "Notas sobre las puertas y ventanas", ensayo de Germán Arciniegas. Bajo este título nada pretencioso se propone meditar, en efecto, sobre las puertas y ventanas. Su reflexión, nos dice Arciniegas siguiendo la tradición ensayística, fue motivada por un libro francés en el que se afirmaba que "la invención de las puertas" fue "el primer golpe de genio" del ser humano. A ello responde Arciniegas que "esta observación tenía necesariamente que hacerla un francés. Jamás a un nativo del trópico se le hubiera ocurrido nada semejante" (51). Y continúa: "El ilustre señor Lagrange, al querer hacer una filosofía universal apoyándose en el invento de las puertas, se ha limitado a presentarnos una fotografía psicológica del francés, que posiblemente no nos serviría de base para analizar un proceso semejante tomando a América como punto de partida" (52). Una vez establecido el pretexto, y en la extensión moderada de 20 páginas, nos entrega Arciniegas una reinterpretación del desarrollo iberoamericano a través de la función y evolución en el uso y forma de las puertas y ventanas a lo largo de la historia colombiana. Sus reflexiones implicaban, además, un manifiesto filosófico para una independencia cultural de Iberoamérica.

Montaigne, en el ya mencionado ensayo "De Democritus et Heraclitus", nos dice: "Elijo al azar el primer argumento. Todos para mí son igualmente buenos y nunca me propongo agotarlos, porque a ninguno contemplo por entero: no declaran otro tanto quienes nos prometen tratar todos los aspectos de las cosas. De cien miembros y rostros que tiene cada cosa, escojo uno, ya para acariciarlo, ya para desflorarlo y a veces para penetrar hasta el hueso. Reflexiono sobre las cosas, no con amplitud sino con toda la profundidad de que soy capaz, y las más de las veces me gusta examinarlas por su aspecto más inusitado" (289). Esta actitud del ensayista para considerar sólo un aspecto del tema tratado ha de ser consciente y deliberada, quizás en ello reside parte del arte y dificultad del género; si la evasión al tratar un aspecto fuera involuntaria, sería entonces señal de incompetencia. Arciniegas nos puede ayudar a ejemplificar este aspecto. En su ensayo "El lenguaje de las tejas" toma de nuevo algo cotidiano que va a analizar únicamente en una dimensión inesperada, como deseaba Montaigne. De las tejas le interesa sólo el material con que están hechas, para luego proyectarlo en la dimensión filosófica de un inconcluso todavía sincretismo cultural que une los tres grandes periodos iberoamericanos: techos grises de paja que imponen la persistencia del sustrato precolombino; tejados de barro cocido de la herencia colonial y la teja metálica impersonal de la época republicana.

Lo original del ensayo no reside, pues, en lo nuevo de los temas tratados, sino en el tratamiento mismo; para ello el ensayista cuenta con su propia personalidad y visión del mundo, que le individualiza; cuenta también con las circunstancias históricas de la sociedad de su época, que no sólo aporta nuevas preocupaciones, sino que igualmente modela nuevos lectores con nuevas experiencias. De cualquier tema puede nacer un ensayo. El ensayista no sólo cuenta con el día que transcurre ante sus ojos, tiene también a su disposición los diez mil años de la humanidad para reflexionar; no hay tema que por vulgar deba desdeñar, ni que por elevado no pueda tocar. "No nos dejemos arrastrar por apariencias; penetremos en la esencia y razón de las cosas" (Estudios, 122), señala Giner de los Ríos, y expresa así la necesidad de tener en cuenta uno de los pocos requisitos a que se obliga el escritor de ensayos; si se le concede entera libertad en la elección del tema y del punto de partida del ensayo, es con la expresa condición de que en su escrito debe sobrepasar el ámbito de lo vulgar, debe transcender lo particular. Y debe conseguirlo, ante todo, siendo auténtico y personal, hasta el punto de mezclar lo autobiográfico con lo ensayístico, pues el ensayista debe ser en todo momento consciente de que el lector es atraído no tanto por el tema tratado como por la aproximación al mismo; más que los datos expuestos le interesa la fuerza de la personalidad del ensayista.
 

 

© José Luis Gómez-Martínez. Teoría del ensayoSegunda edición. México: UNAM, 1992 (Esta versión digital sigue, con modificaciones menores, el texto de la segunda edición española de Teoría del ensayo).  Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes.

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