Luis Ramiro Barragán Morfín

 

Luis Ramiro Barragán Morfín
 ante la condición humana

 

Martha Rosas Vilchis

El premio Nacional de Artes de la Ciudad de México, 1976, y el premio Anual de Arquitectura de la ciudad de Guadalajara 1985 fueron otorgados al Ingeniero de profesión, pero arquitecto por vocación, como así lo refiere el propio galardonado, Luis Barragán Morfín.

Nacido en el Estado de Jalisco, bajo el abrigo de una familia de hacendados y con posibilidades económicas desahogadas, Luis Barragán fue pieza clave en la promoción de la vanguardia artística del siglo XX. Sin duda alguna la obra legada a la sociedad mexicana, es símbolo de humanismo toda vez que intenta recoger la tradición y respeto por la arquitectura vernácula que le rodeo durante su infancia y adolescencia.

Hablar de la arquitectura de Luis Barragán es poner en alerta los sentidos, pues en sus creaciones es difícil no estar atentos y deleitarse a través de la vista, el oído o el tacto y poner al descubierto un variado número de sensaciones provocadas por el ambiente que sólo él fue capaz de ofrecer.

Maestro en el quehacer arquitectónico y paisajístico, Luis Barragán juega un papel importante en las actuales generaciones que lo estudian, provocando en muchos profesionistas y estudiantes influencias sobre la interpretación y aplicación de la forma, en la proporción y escala de los elementos estructurales, presencia de muros lineales cual formación disciplinaria que lejos de limitar un espacio lo convierte en monumento armonioso y funcional de un espacio, así como uso del color indiscutible y característico en sus proyectos.

Para comprender la tesis que sustenta la obra barraganiana, el propio autor refiere la necesidad de volver al pasado y recorrer la trayectoria que le tocó seguir, ya que en ella se encuentra la clave de su proceder como arquitecto.

Así que con el afán de conocer su origen y evolución debemos mencionar que Luis Barragán Morfín nace el 9 de marzo de 1902 en la ciudad de Guadalajara, sitio donde realiza sus primeros estudios, los cuales se ven impregnados e influenciados por una educación religiosa, misma que influirá determinantemente en su posición analítica de crear espacios. Murió en la misma ciudad en 1988.

El mismo autor refiere los continuos traslados que realiza al rancho familiar ubicado en Mazamitla, Jalisco, colindante con Michoacán, por lo cual el ambiente al que estaría acostumbrado nuestro personaje lo liga a un contacto directo con el paisaje natural y la arquitectura vernácula de los alrededores, la cual incluye uso de materiales como adobe, maderas y acabados en cal; los cuales por supuesto son los antecedentes que definirán en un futuro el gusto y placer de Barragán por el trabajo y estudio paisajístico, que más tarde se vera reflejado en sus primeras propuestas urbanísticas.

Todo este contexto dista de los estilos que imperaban en las ciudades hacia la primera y segunda década del siglo XX, los cuales se veían envueltos bajo la influencia del clasicismo y academicismos propios de la época, y que obedecían en mucho a la influencia europea sobre la mayoría de las naciones latinoamericanas.

Luis Barragán realiza sus estudios profesionales en la Escuela Libre de Ingeniería, en Guadalajara, al concluir sus estudios realiza un viaje a Europa por un periodo de dos años, con la intención de recorrer y conocer las vanguardias y las tendencias que en ese momento se generan en el extranjero.

El momento histórico y artístico que le tocó vivir en Europa fue fundamental para orientar y encauzar su talento creativo. Lo más destacado de su estancia por el viejo continente es su visita a la Exposición de Artes Decorativas en París la cual, por cierto, no tendrá eco en su concepción formal y modo de apreciar la arquitectura.

Lo más relevante sin embargo para Luis Barragán fue el contacto que estableció con el arquitecto Ferdinand Bac, quien se convertiría en uno de sus autores preferidos, por su acertado manejo del diseño y trabajo en jardines. Según Barragán fue Ferdinand Bac quien despertó en él la ambición de hacer jardines: “Los jardines deben ser poéticos, misteriosos, embrujados serenos y alegres”.

Así mismo tuvo contacto directo con le Corbusier con quien estableció un diálogo inspirado en la divulgación de sus concepciones funcionalistas, mismas que dieron pauta y desencadenaron posteriormente con la realización del primer congreso internacional de arquitectura moderna en 1928.

Después de Europa, Barragán se traslada a los Estados Unidos donde realiza una estancia de tres meses. Fue en Nueva York donde tuvo contacto con José Clemente Orozco y el arquitecto Federico Kisler. Hasta aquí podemos definir a Barragán como una persona a quien los viajes ilustraron y que además su espíritu aventurero lo tipifica con una personalidad extrovertida, sin embargo pese a esta apreciación, Barragán fue siempre un hombre que vivía y gustaba de la soledad.

Es necesario apuntar la sabia intención de Barragán para hacerse presente y aprovechar en sus viajes, las relaciones personales y el acercamiento con las principales figuras intelectuales, que promovieron las bases de la arquitectura moderna, sin duda experiencias como las que vivió, motivaron y promovieron en él, el interés de buscar alternativas que conjuraran un humanismo visible y palpable en los espacios que diseñaba.

Los primeros trabajos realizados por Luis Barragán, apuntan hacia una influencia ecléctica, ya que podemos apreciar en la mayoría un estricto apego a estilos arquitectónicos neocoloniales, sumados con la modernidad.

A partir de 1927, Luis Barragán inició su carrera constructiva en la ciudad de Guadalajara, la cual en su primera fase tuvo que ver con la restauración y construcción de viviendas, todas bajo un esquema que aún persigue la tradición ecléctica, en esta fase Barragán queda atrapado por el influjo de las tendencias de la segunda década del siglo XX.

Paralela a la actividad de Barragán, en Europa, inicia un periodo revolucionario para la historia de la arquitectura pues a principios del siglo XX surgió una fuerte oposición a la ornamentación excesiva de los objetos, por considerar que generaba costos elevados. Cabe señalar que las escuelas vanguardistas europeas estaban en busca de una propuesta o lenguaje estilístico que definiera la apertura al nuevo siglo. Figuras como Ludwig Mies Van de Rohe, Walter Gropius, Le Corbusier, Richard Neutra habrán de figurar en el esquema internacional con la idea de encauzar la arquitectura hacia una tendencia racionalista.

Estos datos dan muestra clara de la maestría de Barragán, para entender y aplicar la esencia del movimiento moderno, en un contexto limitadamente ajeno a los acontecimientos intelectuales en el extranjero.

La etapa más relevante y reconocida en Barragán se da a partir de su trabajo en Jardines del Pedregal, obra de la que desafortunadamente no queda mucho, debido a las violaciones sufridas en diversas etapas de la vida política en México y de las cuales el arquitecto expresa: “En una vasta extensión de lava al sur de la ciudad de México me propuse, arrobado por la belleza de ese antiguo paisaje volcánico, realizar algunos jardines que humanizaran, sin destruir tan maravilloso espectáculo” [Artes de México, 1994: 29].

La época dorada para la obra de Barragán, nace a partir de su constante esfuerzo intelectual y en la consolidación de ideas de grandes amigos como son Jesús Reyes, de quien aprende el arte en el uso del color, o la gran amistad que llevó con el destacado arquitecto y escultor Mathias Gheritz personaje con quien compartió la autoría de trabajos como las Torres de Satélite.

Muchos de los artículos sobre la obra de Barragán se inspiran en la fase que ahora llamo dorada, pues encuentran la mayoría de autores y público lector de su obra, una notable admiración en la conclusión y definición en los trazos, proporciones, escultura e interpretación en la habilidad para proyectar.

El impacto de la propuesta barraganiana tiene eco, no sólo en los profesionistas de la construcción sino en diversos ámbitos culturales como los de escritores, poetas, intelectuales, historiadores, fotógrafos, periodistas, etc., porque la arquitectura no es individual, porque la arquitectura se comparte, porque es en la arquitectura donde se involucran diversos agentes y sectores de nuestra sociedad.

Roberto Litman refiere que en la arquitectura de Barragán confluyen varias tradiciones:

De la moderna dice: en particular al cubismo, es notoria la descomposición y recomposición de espacios de luz y sombra; de la prehispánica las grandes tradiciones arquitectónicas mediterráneas que florecieron con nuevos sentidos en el México de las épocas novohispanas, y la sabia humildad de la tradición vernácula [Litman, 1985: 7].

Efectivamente en la etapa madura de Barragán se percibe el enigma en la disposición de planos bien calculados, definidos y que dirigen el andar hacia lo desconocido.

Incursionó no sólo en la arquitectura, sino que se arriesgó y destacó en la creación de espacios llamados por Juan Acha exteriores transitables.

El humanismo de Luis Barragán

Su propuesta arquitectónica expresa el pensamiento de un hombre sereno, interesado en comprender y recuperar la tradición cultural mexicana sobre el espacio y la forma.

Desde siempre este arquitecto reconoció que México es un país con una gran tradición de arquitectura, he ahí entonces que bajo esta premisa e inspirado en la historia y cultura de nuestro país, Barragán no se aleja del campo creativo de nuestros antepasados y busca en la tradición una concepción teñida de modernidad, así sustentó:

Hay que recrear y renovar la nostalgia, volviéndola contemporánea, porque una vez que la arquitectura ha cumplido con las necesidades utilitarias y de funcionamiento, tienen todavía delante de sí otros logros que alcanzar: la belleza y el atractivo de sus soluciones, si quiere seguirse contando entre las bellas artes [Barragán, 1985: 10].

Barragán logra una traducción fiel, de la inspiración prehispánica y vernácula; su sello de ahora en adelante es reconocido por el mito que se genera en el marco de la composición y juego de formas, en las cuales se añade el tema de jardines y agua, porque para nuestro artista estos elementos no están divorciados de la arquitectura, por el contrario, son estos factores verdaderos estimulantes de los sentidos y los que imprimen una arquitectura musical.

En 1980 la arquitectura mexicana contemporánea es reconocida en la persona de Luis Barragán quien recibe el premio Pritzker. Lo relevante de este acontecimiento estriba en destacar e insistir que aunque la formación de Barragán fue la ingeniería, su talento creativo lo condujo no sólo a la perfección en la estructura sino a revolucionar e innovar en el ámbito de la arquitectura.

El discurso ofrecido por Barragán para tan especial acontecimiento, evidencia los valores que soportan y fundamentan su quehacer en la arquitectura. Reconoce que a lo largo de su vida se nutrió de expresiones, reflexiones y conceptos o máximas que provenían de pensadores, filósofos, de gente común o de la tradición popular, de las cuales recogió e hizo suyos para fundirlos y moldearlos a lo que su pensamiento le dictaba:

... me he dedicado a la arquitectura “como un acto sublime de la imaginación poética”... En mi se premia... a todo aquél que persigue la poesía y la belleza.

De la mayoría de las publicaciones de arquitectura y de la prensa diaria, han desaparecido las palabras belleza, poesía, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento. Las palabras, serenidad, silencio, misterio asombro, hechizo. Todas ellas muy queridas para mí. Por eso pienso que en mí se premia a quienes aman y persiguen estas hermosas palabras y la realidad que ellas reflejan. No pretendo haberlo logrado pero ese ha sido el principal interés de mi vida [Barragán, 1985: 12].

El mensaje directo que podemos traducir alude a un verdadero enamorado del arte, la inspiración de Barragán surte efecto en la lectura de las formas, del color que imprime a cada detalle de su arquitectura. La observación de Barragán y la capacidad de análisis sin duda alguna juega un papel preponderante, la referencia hecha a la naturaleza cuando dice: “En el jardín el diseñador invita a la naturaleza a que colabore con él. Un jardín hermoso es la presencia permanente de la naturaleza, pero de una naturaleza reducida a la proporción humana y al servicio del hombre” [Barragán, 1985: 111].

Barragán fue arriesgado al criticar los postulados de destacados teóricos de la arquitectura, la idea de la máquina para vivir fue reputada por Barragán en los siguientes términos:

No solamente es la disminución de la arquitectura, sino también la del ser humano. No le ayuda al hombre a aliviar su ansiedad –sobresaliente fenómeno de este siglo agitado – ni le desarrolla el uso placentero del pensamiento.

La función de la arquitectura debe resolver el problema material, sin olvidarse de las necesidades espirituales del hombre [Barragán, 1985: 12].

Concepción donde se resume paradigmáticamente su humanismo.

 

Bibliografía

Directa

  • Barragán, L. (1980). Capilla en Tlalpan. Sirio Editores. México.

  • Barragán, L. y R. Ferrera. (1985). Ensayos y apuntes para un bosquejo crítico. Museo Rufino Tamayo. A.C. México.

Indirecta

  • Artes de México. (Marzo-abril de 1994). 2ª edición, especial para el gobierno del Estado de Jalisco. México.

  • Díaz Morales, I. (1991). Conversando con Fernando González Górtazar. Universidad de Guadalajara. Guadalajara.

  • Noelle, L. (1996). Luis Barragán. Búsqueda y creatividad. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • Salas Portugal, A. (1992). Fotografías de la arquitectura de Luis Barragán. Gustavo Gilli. México.

 

Martha Rosas Vilchis
Universidad Autónoma del Estado de México
Actualizado, octubre 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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