Ezequiel A. Chávez

 

Ezequiel A. Chávez ante la condición humana*

 

Ma. del Carmen Rovira Gaspar

Nació Ezequiel A. Chávez Lavista en la Ciudad de Aguascalientes el día 9 de septiembre de 1868, hijo del médico Don Ignacio T. Chávez quien fuera director del Colegio Preparatorio de dicha ciudad y también gobernador del Estado, y de la señora Guadalupe Lavista de Chávez. Fallece en 1946.

Su niñez transcurrió en la tranquilidad y el sentimiento religioso de la vida de provincia. Ya adolescente se traslada a la ciudad de México, se inscribe en la Escuela Nacional Preparatoria y más tarde en la Escuela de Jurisprudencia, recibiendo el título de abogado en el año de 1891. Entre sus maestros pueden nombrarse a Manuel Altamirano, Miguel Shultz, Miguel S. Macedo y Jacinto Pallares.

Antes de acabar sus estudios de jurisprudencia comienza a dar clases de geografía en la Escuela Nacional Preparatoria donde más tarde impartiría las materias de lógica, moral y psicología.

En 1895 Chávez presenta al ministro de Justicia e Instrucción Pública una iniciativa de reorganización de los estudios en las escuelas primarias y en la Escuela Nacional Preparatoria y un proyecto de ley constitutiva de la misma. El proyecto de reorganización de los estudios en las escuelas primarias dio lugar a la ley del 3 de junio de 1896 “que centralizó las escuelas de instrucción primaria elemental, que antes dependían de los ayuntamientos, en una Dirección General de la Enseñanza Primaria, la que se encomendó al Dr. Luis E. Ruiz”. La Ley del 7 de noviembre de 1886 “reorganizó la instrucción primaria superior”. Por último la ley del 19 de diciembre de 1896 reorganizó la enseñanza en la Preparatoria Nacional (Hernández, 1981: 48 ss.).

A instancias de Chávez se abrieron, en dicha escuela, las cátedras de psicología y de moral, según él mismo nos informa, “con enseñanza independiente de psicología y de moral y fui nombrado profesor fundador de ellas” (Chávez, 1968a: 20). Esto tenía una gran importancia pues se planteaba y realizaba una corrección pedagógica de carácter más definitivo, del que habían tenido otras propuestas anteriores, a los planes de estudio impuestos por Gabino Barreda. Chávez realizó otra innovación fundamental en la Preparatoria al introducir la Lógica de John Stuart Mill y en la cátedra de moral Los principios de moral de Spencer así como en la psicología la obra del psicólogo inglés E. Titchener.1 De este modo el pensamiento inglés y concretamente la línea spenceriana pasaba a sustituir a Comte en los programas de enseñanza media superior.

Chávez colaboró con Baranda como secretario de Justicia e Instrucción Pública de 1895 a 1905. Más tarde trabajó con Justo Sierra como subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, del 1 de julio de 1905 al 30 de marzo de 1911.

La unión que existió entre Sierra y Chávez y su trabajo conjunto en la reorganización de la educación en México, se muestra con toda claridad en la relación epistolar entre ambos:

Desde que a la simpatía y admiración que, sin hipérbole ni lisonja sentí siempre por V. [escribe Sierra a Chávez] se ha juntado la comunión de ideales, y la de sacrificios que sólo nosotros conocemos, en tres años de labor y de fatiga moral... He podido aquilatar su valor y el inestimable tesoro de conciencia y de ciencia, de fe cívica y de fe intelectual, de sentimiento alto y puro no el que sirve para sufrir, sino el que sirve para engendrar que constituye el alma de V. Yo con egoísmo he tomado casi posesión de ella; sin eso me hubiera faltado un ala para volar (Sierra, T. XIV, 1977: 23).

Y en carta del 1 de agosto de 1906, recurriendo a una metáfora muy en consonancia con su carácter, afirma Sierra: “Somos dos caballos, comparación audaz, uncidos a un formidable carretón sin ruedas que tiramos por senderos poderosos, pero Ud. es joven y los músculos que le faltan en el cuerpo los tiene en el espíritu, yo soy un viejo sin comentarios” (Ibíd.: 268).

Estando Chávez en EE.UU. buscando en las universidades modelos de programas y planes de estudio, para la que se pensaba fundar en México,2 escribe a Sierra, líneas que develan el recuerdo constante de su trabajo en México y su preocupación por la situación política:

Anhelo volver pronto, no solamente porque tengo una especie de nostalgia de la Secretaría y de las escuelas mexicanas, no sólo también porque quiero contar a usted lo que aquí he visto, que usted quizás pueda aprovechar en su grande obra redentora de organizar el futuro trazando las líneas más importantes de los caminos del progreso, sino porque me llegan vagos rumores de agitación política, de conmoción de aspiraciones, de difuso y sordo estremecimiento, y me imagino que allá puedo ser útil, en cualquier punto donde convenga hacer un esfuerzo para restablecer equilibrios vacilantes (Ibíd.: 599).

Movido por el interés que siempre tuvo en la enseñanza, Chávez elaboró el “Programa e instrucciones metodológicas para las escuelas primarias” que fue aprobado por la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes el día 27 de marzo de 1909. Los periódicos católicos se opusieron a la nueva ley de instrucción pública de 1909, ya que obligaba a las escuelas particulares e incorporarse al sistema oficial, a ser vigiladas por inspectores y a que siguieran en sus textos los principales lineamientos de la ideología del Estado.3

El 28 de septiembre de 1910 pronuncia la “Alocución” de clausura del Primer Congreso Nacional de Educación Primaria; en la mesa directiva estaba Sierra y el propio Chávez, este último planteó que la miseria en que se encontraban miles de mexicanos, primordialmente indígenas, era la causa principal por la que no podían educarse. Chávez dijo esto precisamente en las fiestas del Centenario en las que Porfirio Díaz pretendía presentar a México, ante el extranjero, como a un país que había logrado “el progreso” y la estabilidad en lo económico, social y político.

Ezequiel A. Chávez desempeñó una tarea principal en la fundación de la Universidad de México así como en la de la Facultad de Altos Estudios. El 18 de septiembre de 1910, por encargo de Sierra, pronuncia el discurso inaugural de la Facultad de Altos Estudios de la Universidad Nacional y el 15 de octubre del mismo año el discurso en la sesión inaugural del Consejo Universitario.

En el año de 1910 el Consejo de la Universidad Nacional de México le confirió el grado de Doctor Honoris Causa.4

Defendió a la Universidad de varios ataques de carácter político. El 7 de diciembre de 1914 presentó a la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, como consultor técnico de la misma, un Proyecto de ley de Autonomía de la Universidad Nacional.5

Chávez tuvo problemas con el gobierno de Carranza por ello se vio en la necesidad de ausentarse de México, llegando a Nueva York en marzo de 1916. En Estados Unidos recibió ayuda de algunos profesores norteamericanos con los que guardaba lazos de amistad. Un año después pudo regresar a México.

Desde enero de 1918 impartió de nuevo, sus clases en la Escuela Nacional Preparatoria, en la Escuela de Altos Estudios y en la de Jurisprudencia.

Al exponer el pensamiento de Chávez enfocamos dos aspectos principales: las posiciones, por cierto bastante distintas, que adoptó en torno al problema del laicismo en la enseñanza y los cambios de orientación y posición que se presentan al interior de su discurso filosófico.

Con relación al problema del laicismo en la enseñanza, presenta como hemos indicado dos posiciones opuestas: una la que mantuvo al colaborar con el ministro Baranda como secretario de Justicia e Instrucción Pública y que expone, primordialmente, en su “Discurso sobre la educación laica”, en “Concurso Científico” en el que afirma la necesidad de que la educación impartida en los niveles de instrucción primaria elemental e instrucción primaria superior fuera laica, y otra muy distinta la que ofrece en el “Voto particular de Ezequiel A. Chávez, Individuo Honorario de la Comisión Técnica Consultiva de la Secretaría de Educación Pública, acerca de cuestiones propuestas a dicha Comisión, el 26 de noviembre de 1931, por el Lic. Narciso Bassols, Secretario de la Educación Pública”. (Revisado y corregido por su autor el 3 de febrero de 1932).

En el “Voto particular... acerca de cuestiones propuestas a dicha Comisión”, Chávez se opone, al laicismo en las escuelas. En su oposición se refiere a varios conceptos señalando su significado y tomando como base lo dicho por Sierra, afirma que el laicismo o enseñanza laica, “significaba pura y únicamente enseñanza neutral en materia religiosa”, sin embargo, continúa, este concepto de neutralidad se ha falseado ya que “El concepto del laicismo considerado como neutralidad en materia religiosa ha propendido... constantemente a adulterarse... en vez del respeto que por las creencias religiosas supone dicho concepto, ha habido y hay escuelas en las que maestros, profesores y directores hacen mofa de los sentimientos religiosos, los ultrajan y vilipendian” (Chávez, 1968b: 13). Advierte que si en él funcionan conceptos distintos “de los que hace cuarenta años sostuviera, esto sólo probaría que ni ha estancado su pensamiento, ni el mismo ha muerto, sino que, como ser viviente, y mientras lo sea, por nadie, ni aún por sí propio, quiere dejar a sabiendas que se esclavice su alma” (Ibíd.: 43).

En cuanto al cambio que sufre el pensamiento filosófico de Chávez, pueden distinguirse en él tres épocas significativas. La primera comienza cuando de muy joven, tenía apenas 17 años, lee el tratado de Filosofía elemental de Paul Janet, “la excelente obra de Janet inició en mi la progresiva formación de un espíritu crítico orientado hacia la constante rectificación de mí mismo”; casi simultáneamente recibe la influencia de Comte, “dirigíame... al riguroso y, dentro del estrecho sistema de sus postulados, al implacablemente crítico talento de Augusto Comte” (Chávez, 1968a: 17).

Por esta época se produce su encuentro con Descartes; el Discurso del método, confiesa, “mas que otro alguno me salvó de mi posible naufragio espiritual: a medida que lo iba leyendo y meditando sentía que progresivamente iba saliendo del mar de impresiones contradictorias de las movedizas enseñanzas de la obra de Janet; para mí poco convincente, y que me acercaba a tierra firme, en la que al cabo me salvaría” (Ibíd.: 18).

Seguramente por influencia de Justo Sierra llega a Chávez el pensamiento spenceriano. Abandona la sistematización comtiana para abrirse a la influencia del pensamiento inglés. La obra Primeros principios, causó en él una profunda conmoción, “como si subiera con Spencer a la cima de la montaña más alta del mundo, desde la que pudiera contemplarlo todo; o mejor aún reiterando la impresión que don Justo Sierra había tenido y de la que él me había hecho partícipe, que el mundo entero había sido puesto por Spencer en nuestras manos: el mundo actual, el mundo ya pasado y el mundo que al cabo venga a ser el final” (Idem).

Estamos ante la segunda época del pensamiento filosófico de Chávez: no ha abandonadoa Descartes, el filósofo francés le ofrece el sentido íntimo y espiritual que siempre buscó; Spencer la reflexión sobre los fenómenos psicológicos que tanto le interesaron. Vive Chávez en la intersección de las ideas de tres filósofos y, como él mismo confiesa, le fue imposible conciliar a Comte con ellos:

Y no obstante mis esfuerzos, me fue, por supuesto, imposible conciliarlo, [a Comte] ni con el genio universalmente comprensivo constructivo de Herbert Spencer, ni con la clarividente, honda y serena visión del genio psicológico de Descartes. En medio de los tres, encontraba yo satisfacción en la honrada y noble compañía de John Stuart Mill, aunque mis creencias religiosas parecían con frecuencia a punto de desvanecerse.6

Años más tarde, Chávez, distinguirá dos sentidos en relación al término “positivismo”: uno “restringido e inconsecuente”, aquel según el cual “lo único que la razón humana puede aceptar son los hechos, niega los psíquicos como tales y cuanto de ellos se deriva”, dicho “positivismo”, según nuestro autor, llega a ser un idealismo materialista. El otro sentido asignado al término “positivismo”, es “total y consecuente... es el positivismo que sometiéndose a reconocer la existencia de los hechos, reconoce la de los psíquicos sin escamotearlos suplantándolos con suposiciones materialistas; con lo cual no sólo acepta la existencia de los fenómenos a cuyo reconocimiento llega por un andamiaje de demostraciones edificado sobre las intuiciones que de las cosas tiene, sino de las cosas mismas aprehendidas por intuición y se convierte, por tanto, en un realismo idealista” (Chávez, 1968c: 16).7

En el año de 1894 realiza una “Síntesis” de los Principios de moral de Spencer. Esto nos viene a confirmar su interés en el pensamiento spenceriano y en su divulgación. En el “Preámbulo” a dicha “Síntesis” indica los fines que se propuso al realizar el trabajo: “ha sido mi fin que todos, aun los que no tienen una preparación científica especial, puedan entender fácilmente las doctrinas del célebre filósofo evolucionista”, aclarando que su tarea ha consistido “en presentar en una forma muy breve, los pensamientos capitales del que, con justicia, es considerado como jefe de los filósofos evolucionistas”.

La admiración de Chávez por Spencer, quizá pueda explicarse, además de la referente al campo de la psicología, por las ideas de lo “absoluto”, lo “incognoscible”, que Spencer manejaba y que vinieron a coincidir, en cierta forma, con la inquietud, muy interna, que siempre existió en Chávez en relación a un “más allá desconocido”, inquietud, que por otra parte, hace eclosión en la tercera época del pensamiento de Chávez.

Unos años antes de la “Síntesis” escribió un “Ensayo sobre los rasgos distintivos de la sensibilidad como factor del carácter del mexicano”.8 Es muy probable que, dicho “Ensayo”, fuera conocido, más tarde, por Samuel Ramos influyendo considerablemente en él, aunque no citado por él, en sus reflexiones sobre el carácter del mexicano.

Chávez fue el primero que, en el México contemporáneo, trabajó este tema. Después de él muchos han dedicado sus reflexiones a tratar el carácter del mexicano, desde el ya citado Ramos al grupo “Hiperión” y otros estudiosos. Chávez marcó la pauta para los estudios sobre el mexicano y ninguno de ellos, hasta ahora, presenta la proyección pedagógica que se encuentra en su texto; su fin primordial fue, como él mismo lo señala, lograr la consonancia entre las instituciones educativas, concretamente en México, los pueblos y su carácter:

Por no tener en cuenta la cardinal observación de que el carácter, o lo que es lo mismo, la resultante de todas las condiciones psíquicas de los individuos, varían con los pueblos, se incide a veces en el absurdo de querer trasplantar, lisa y llanamente, a un país instituciones educativas, represivas o políticas que han florecido en otro, sin reflexionar en que acaso no sean aclimatables en el intelecto, en los sentimientos y en la voluntad de los pueblos a quienes se trata de mejorar... de aquí nace la lamentablemente consecuencia que tantas veces ha podido notarse, sobre todo en los pueblos de educación latina, de que, planes maravillosamente trazados sobre el papel, constituciones armónicas... se estrellan en las asperezas de la práctica (Chávez, 1901: 81).

Chávez no contempla todos los elementos del carácter del mexicano, se concreta a “los rasgos distintivos de la sensibilidad para sentir emociones como elemento constitutivo del mismo carácter” (Chávez, 2002: 3). En el rastreo del problema, expone, en relación con la sensibilidad, el “nacimiento del fenómeno, su caracterización, permanencia, efectos y término” (Idem).

En el maestro Chávez no hubo afán de lucimiento ni de elucubración, simplemente, con la sencillez que siempre lo caracterizó, quiso lograr un fin práctico, necesario y aclaratorio: la adaptabilidad de las instituciones educativas al carácter del mexicano.

Precisamente en este “Ensayo...”, puede distinguirse el interés de Chávez por la condición humana del mexicano. En el cuidadoso análisis de sus rasgos distintivos plantea un reconocimiento a ellos y por lo mismo una nueva orientación en el espacio pedagógico.

Es en la tercera o última época cuando el pensamiento de nuestro filósofo va a desembocar en una posición opuesta a cualquier forma de positivismo y cientificismo; Chávez llega a un trascendentalismo total, a un misticismo que le da la seguridad “de un mas allá del que siento que vengo y al que siento que voy, quiera yo o no quiera... Creo, al propio tiempo que el Cosmos está animado por un Infinito propósito vinculado en un Infinito Amor” (Chávez, 1968c: 13).

Mucho lo influyó en esta posición el espiritualismo francés, pero también es necesario reconocer en Chávez un pensamiento original, creativo que, obedeciendo a una íntima inquietud, lo conduce a proposiciones metafísico-religiosas.

A esta época pertenece su brevísimo estudio Mi credo9 en el que afirma, sin caer en un panteísmo, que en el Universo no existe el caos, todo se debe a un Supremo Propósito. El entendimiento humano, debido a sus limitaciones, imagina distintas causas para distintos fenómenos, sin embargo “si todo está relacionado con todo y todo cae sin cesar en nuevas y nuevas formas de suprema armonía... y hacer esa armonía incesantemente renaciente, ¿cómo explicarse este final y constante efecto, si no es reconocido que, en el Universo, todo está concertado y torna a cada instante a concertarse dentro de un mismo Plan Divino?” (Chávez, 1968d: 13).

Distingue entre los fenómenos externos y los internos, estos últimos pertenecen y se dan en la conciencia del hombre, tienen algo de peculiar: “una cosa externa no puede, en efecto, estar mas que donde está, pero mi pensamiento está en mi... si doy mis ideas, ninguna de ellas deja de ser mía”, lo cual lo lleva a afirmar que ello consiste y reafirma un proceso ideal existente (Ibíd.: 20).

Concede una gran “intuición”, una intuición directa e inmediata, fruto de la unidad mental del hombre y de su autonomía. Distingue en el hombre doce intuiciones:

  • La intuición de las cosas externas.

  • La intuición “de las contraposiciones y contradicciones internas de sus propios impulsos”.

  • La intuición “de una personal autonomía del yo”.

  • La intuición de nuestra autonomía porque nos damos cuenta de la posibilidad de preferir.

  • “La intuición, que en nosotros sentimos que se produce, de la preferencia efectuada en cada caso a favor de un impulso por nuestra propia autonomía que decide tal preferencia”.

  • “La intuición que en cada quien se impone, del restablecimiento de la unidad íntima, cuando concede preferencia a una cualquiera de sus encontrados impulsos”.

  • La intuición que todo el mundo tiene de que su unidad interna se aminora cuando rompe la armonía con aquellos seres con los que ha querido tener armonía.

  • “La intuición de desazón y disgusto” que sentimos “si alguna vez experimentamos... la voluptuosidad del mal”.

  • La intuición de que hubiéramos podido decidir hacer nuestro acto de otra manera de cómo le hemos realizado.

  • La intuición de que en nosotros hay “ansia perpetua de algo mejor, que define nuestra esencia íntima, porque nosotros mismos somos esa ansia perpetua del algo mejor”.

  • La intuición de “que hay una interna energía, inmanente y trascendente que trabaja por la belleza” (cita de Bradley).

  • La intuición “de un más allá interminable... la intuición de lo infinito y lo divino” (Ibíd.: 36).

A propósito del tema de la “intuición”, Chávez no olvida a Spencer:

... tenía la intuición de Lo Infinito aquel genio universal que fue Heriberto Spencer que en su libro sobre La Educación hablaba con ira de quienes “pasan de largo ante este gran poema épico que el dedo de Dios ha escrito sobre las capas de la Tierra”, y que recordando en la misma grande obra, al profesor Tomás Huxley, decía con él, que “la verdadera ciencia y la verdadera religión son dos hermanas gemelas que no se puede separar sin causar la muerte de las dos” (Chávez, 1968c: 151).

Chávez admite el total libre albedrío en el hombre; no hay que suponer un Dios “incapaz de evitar el mal, ni un Dios malvado que se complazca en producirlo, sino un Dios que quiere que cada cual se labre su propio destino, porque no impone nada; ni el bien mismo, y porque con respeto infinito por la libertad de cada cual, no deja más limitación a la libertad de cada cual que la que resulta de la interferencia recíproca de todas las libertades” advirtiendo que la externa libertad puede restringirse por la interferencia de las libertades ajenas, “por la naturaleza misma de las cosas... no por el Propósito Divino que en ellas se revela”. La libertad interna subsiste siempre (Chávez, 1968d: 40).

En relación al problema del mal, Chávez afirma, siguiendo a San Agustín y en general a la tradición cristiana que “el mal está esencialmente caracterizado por su irremediable caducidad; que por ser el mal está condenado a muerte, y que en un sentido profundo y cierto sólo vive el bien” (Ibíd.: 54).

Su obra Dios, el universo y la libertad, compuesta por siete ensayos, escritos entre 1933 y 1934, y un “Epílogo” en el que advierte sus coincidencias con Blondel y Alfred North Witehead, viene a ser una reafirmación de lo expuesto en Mi credo, únicamente, en ella trata más ampliamente la existencia del alma como entidad inmortal y en el “Sexto ensayo” se pregunta “¿Cómo puede explicarse la fealdad?” Concluyendo que la “fealdad” es obra del hombre y que la belleza de la Creación tiene una función ética ya que hace surgir en los hombres los sentimientos sublimes, inclinándolos a la perfección y a la armonía.

Bibliografía

Directa

  • Chávez, E. A. (1935). Siete ensayos de filosofía. Editorial Araluce. Barcelona.

  • ________. (1968a). ¿De dónde venimos y a dónde vamos?. Asociación Civil Ezequiel A. Chávez. México.

  • ________. (1968b). Acerca del laicismo en las escuelas particulares y en las oficiales. Asociación Civil Ezequiel A. Chávez. México.

  • ________. (1968c). Dios, el universo y la libertad. Asociación Civil Ezequiel A. Chávez. México.

  • ________. (1968d), Mi credo. Asociación Civil Ezequiel A. Chávez. México.

  • ________. (2002). Obra filosófica. Tomo I. El Colegio Nacional. Recopiladora Ma. del Carmen Rovira Gaspar. México.

Indirecta

  • Chávez, L. (1967) Breves notas acerca de la vida de Ezequiel A. Chávez (1861-1946). Asociación Civil Ezequiel A. Chávez. México.

  • Hernández Luna, J. (1981). Ezequiel A. Chávez. Impulsor de la educación mexicana. Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. México.

  • Sierra, J. (1977). Obra completa. Vol. XIV. UNAM. México.

*La versión impresa apareció en el libro: Alberto Saladino García (compilador), Humanismo mexicano del siglo XX, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, Tomo I, págs. 33-46.

 

Notas

1 En 1896 tradujo y publicó el Resumen sintético del sistema de lógica de Stuart Mill. Se publicó en París en 1897. Parece ser que hubo otra edición anterior en México en 1892 y otra en 1913. En 1894 publica la Síntesis de Principios de moral de Spencer, de esta obra se hizo una edición en París en 1898.

2 La primera vez que estuvo en Estados Unidos, comisionado por Sierra para estudiar el funcionamiento académico de la Universidades de California, Berkeley y Leland Stanford Junior, fue, según indica el propio Chávez, en 1903. Guardó siempre una estrecha amistad y colaboración con profesores norteamericanos.

3 En páginas siguientes nos referiremos a los problemas pedagógico-políticos a los que tuvo que enfrentarse a través de los años de trabajo, así como a las distintas posiciones que mantuvo en relación a ellos.

4 Los cargos que Chávez ocupó en la Universidad Nacional de México fueron los siguientes: Del 1 de marzo al 20 de noviembre de 1913; del 1 de julio al 22 de noviembre de 1921 y del 19 de diciembre de 1921 al 27 de agosto de 1923 fue director de la Facultad de Altos Estudios. Del 5 de diciembre de 1933 al 7 de abril de 1936 fue director honorario del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional. Del 10 de diciembre de 1913 al 2 de septiembre de 1914 y del 28 de agosto de 1923 al 8 de diciembre de 1924, fue rector de la Universidad Nacional.

5 Ya en marzo de 1912 había pronunciado dos discursos en la Cámara de Diputados en defensa de la Universidad Nacional y de la Facultad de Altos Estudios. En 1913 redactó un conjunto de “Observaciones preventivas” formuladas “en contra de toda especie de mociones que puedan tener por mira la desnaturalización o la supresión de la Universidad Nacional o de la Facultad de Altos Estudios”.

6 El lector podrá comprobar lo falso de las opiniones dadas por algunos familiares de Chávez y por la Asociación Civil Ezequiel A. Chávez, que en su afán por negar la época positivista de Chávez afirma que fue mal comprendido y que “no fue pues, Ezequiel A. Chávez el positivista que se ha pintado”, en Breves notas acerca de la vida de Ezequiel A. Chávez[sic]. 1868-1946. En verdad no sabemos cual ha sido o fue “el positivista que se ha pintado”, pero sí que Chávez fue, en un tiempo, figura representativa del positivismo mexicano, no sectario ni fanático.

7 Chávez se opuso a la tesis comtiana, de acuerdo con lo cual la psicología pasaba a formar parte de la biología y de la sociología. Recordemos que en el año de 1895 propuso la reorganización de los estudios en la Escuela Nacional Preparatoria y que en 1896 logra impartir “un curso autónomo de psicología”.

8 Este “Ensayo” lo presentó como “Memoria” en el Concurso Científico Nacional al cual asistió Chávez como delegado de la Sociedad Positivista de México, el día 13 de diciembre de 1900. Aparece dedicado “A mi excelente amigo y maestro el Sr. Lic. D. Miguel S. Macedo por cuya insinuación hice este estudio”.

9 Esta obra la concluyó Chávez el 24 de enero de 1930, sin embargo en la edición realizada por su hija Leticia en el año de 1968, que es la consultada por nosotros, aparece, en relación a las páginas finales, una redacción diferente, escrita también por Chávez, presentando al lector ambas redacciones. Unas y otras páginas finales, en ambas versiones presentan las mismas ideas. Las últimas páginas llevan la fecha de 27 de noviembre de 1931. Quizá se deba esta duplicidad de páginas a un afán perfeccionista del autor en cuanto a la exposición de sus ideas.

Ma. del Carmen Rovira Gaspar
Facultad de Filosofía y Letras/UNAM
Julio 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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