Vicente Lombardo Toledano

 

Vicente Lombardo Toledano ante la condición humana*

 

Alberto Saladino García

Vida

Vicente Lombardo Toledano nació el 16 de julio de 1894 en Teziutlán, Puebla, y murió en la ciudad de México el 16 de noviembre de 1968. Sus estudios básicos los realizó en su población natal; luego se trasladó, en pleno proceso revolucionario, a la ciudad de México donde cursó su bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria, el cual terminó en 1914, después hizo estudios profesionales en la Universidad Nacional de México: en la Facultad de Derecho concluyó la carrera de abogado el 15 de marzo de 1919; paralelamente cursaba filosofía en la Escuela de Altos Estudios, que terminó el 13 de junio de 1920. Su formación universitaria la continuó años más tarde pues el 18 de agosto de 1933 obtuvo el grado de doctor en filosofía en la ahora Universidad Nacional Autónoma de México. Por eso se le aprecia como el líder obrero mexicano más culto del siglo XX.

La vida profesional de Vicente Lombardo Toledano fue polifacética toda vez que desempeñó diversas y notorias actividades. Laboró como catedrático de la Universidad Popular, Universidad Nacional de México, Universidad Obrera de México; ocupó diversos puestos directivos en instituciones educativas, entre ellas: secretario de la Universidad Popular Mexicana, director de la Escuela Nacional Preparatoria, director de la Escuela de Verano de la Universidad Nacional de México, director de la Universidad Obrera de México; en el servicio público fungió como oficial mayor del gobierno del Distrito Federal, gobernador interino del estado de Puebla, regidor del gobierno municipal de la ciudad de México, diputado federal en dos ocasiones, candidato a la presidencia de la República, fundador del Partido Popular Socialista; fue también articulista de distintos diarios de circulación nacional, pero sobre todo destacó como líder obrero al organizar sindicatos, fungir como líder indiscutible y promover el internacionalismo proletario1, en particular porque había aprendido tempranamente de su maestro Antonio Caso la valoración de que el Manifiesto comunista de Carlos Marx era el documento filosófico más importante de todo el silgo XIX (Lombardo, 1975a: 14).

Dichos datos respaldan la pertinencia de revisar su pensamiento sobre la condición humana, más aún cuando es uno de los pocos intelectuales mexicanos explícitos en manifestar su “verdad respecto del universo, el mundo y la vida, sobre el hombre y su porvenir, de acuerdo con la filosofía que profeso [el marxismo] y con los últimos datos de la ciencia” (Lombardo, 1964: 15), según lo suscribe en su libro Summa, que podemos valorar como su testamento intelectual, publicado en 1964.

La esencia de la naturaleza humana

Para Vicente Lombardo Toledano “no hay nada más hermoso en el seno del universo que el hombre” (Ibíd.: 46), motivo por el cual despliega amplias y reiterativas ideas sobre el humanismo y la solidaridad, acerca de la libertad y explicaciones sobre la ontología y constitución del ser humano.

Respecto del humanismo pueden destacarse dos ideas rectoras, la primera referida a señalar la existencia histórica de diversos tipos y la segunda orientada a evidenciar la construcción del nuevo hombre con el advenimiento del socialismo y el comunismo.

Conjuntando planteamientos esparcidos en sus diferentes escritos se observa su conocimiento acerca de que el humanismo ha sido cultivado en distintas etapas históricas al grado de señalar como peculiaridades del humanismo de los antiguos griegos los siguientes:

El humanismo que los privilegiados proclamaron como objetivo de su vida se reducía a ellos mismos, y aun dentro de su breve grupo a los varones, ya que la mujer no era sino la depositaria del poder genésico de los hombres. Era un humanismo aristocrático con expresiones muy altas del arte y del saber; pero estrecho, que siguen ponderando todavía quienes sueñan con una sociedad semejante a aquella y querrían dirigirla sin más méritos que el de creer que nacieron superiores a los demás o que la clase social a la que pertenecen es la llamada a presidir la historia (Ibíd.: 51).

Asimismo, explica la existencia del humanismo renacentista, que incluso tuvo representantes en México como serían los casos de Juan de Zumárraga, partidario de Erasmo; Francisco Cervantes de Salazar, de Juan Vives, y Vasco de Quiroga, de Tomás Moro, pero cuyos intentos sucumbieron por causa del régimen colonial (Lombardo, 1963: 28, 32). También señala la codificación de ideas humanistas por parte de los filósofos iluministas, a quienes considera materialistas y que no obstante su mecanicismo, los aprecia profundamente humanistas puesto que “su propósito fue el logro de la felicidad del hombre” (Ibíd.: 47). Finalmente identifica la generación de un nuevo humanismo, el sistematizado por el marxismo que encomienda a los obreros “la misión de crear un mundo nuevo y los que, enriqueciendo los hallazgos científicos, prolongan la vida y contribuyen a formar un nuevo tipo de hombre más vigoroso, más sano, más capaz y más alegre que el de todos los tiempos” (Lombardo, 1964: 79)

Para Lombardo Toledano el nuevo hombre se está formando en plenitud en los regímenes socialistas, por lo cual arenga a la juventud latinoamericana para inmiscuirse en la lucha por transformar el régimen social que los humilla y así ascender a la felicidad material y espiritual, porque ese nuevo humanismo debe sustentarse en la filosofía del materialismo dialéctico y en los avances de la ciencia (Lombardo: 1975: 217-218). Su convicción al respecto la suscribió en los términos siguientes:

La mitad del mundo vive en un ambiente de alegría, de dominio cada vez mayor sobre la naturaleza para servicio de la sociedad, de descubrimientos más importantes... porque han revelado el contenido y el valor del microcosmos y del macrocosmos... y sientan las bases para un nuevo humanismo, al lado del cual el del mundo clásico no es sino un amanecer tímido, de luz para un pequeño grupo. Ese nuevo mundo se está construyendo por el regreso de la razón a la dirección del hombre, de la sociedad y de la historia. Sin la filosofía del Materialismo Dialéctico, el mundo nuevo, sin clases sociales antagónicas, sin crisis económicas, sin desocupados, sin ignorantes, sin pesimistas, no existiría (Lombardo, 1975a: 28).

Por lo que respecta la solidaridad, la considera como un valor social sustancial para propugnar ese nuevo humanismo, tanto como respaldo de la lucha clasista en el régimen capitalista por parte de los obreros como para compartir responsabilidades en el modo de producción socialista.

Por la praxis filosófica de Vicente Lombardo Toledano puede evidenciarse su interpretación mecanicista, esto es determinista de la comprensión histórica, del natural e ineludible paso del modo de producción capitalista al socialista, pues para él resulta necesario ese tránsito porque sólo así entiende la posibilidad de que el hombre alcance su plenitud.

Esa posición determinista sobre el curso de la historia, no le obnubila señalar que una de los rasgos del ser humano es su libertad, pues para él “el hombre es libre y es igual a sus semejantes; pero es preciso que sus semejantes lo respeten como a tal y lo ayuden a resolver su destino” (Lombardo, 1932: 102) toda vez que una de sus responsabilidades radica en “justificar su existencia con su pensamiento y con sus obras” (Lombardo, 1964: 12), por ello considera que la libertad tiene como condición su despliegue en la historia, a ella está ligada estrechamente y consiste “en destruir las barreras interiores y exteriores que impiden al hombre el pleno disfrute de su existencia” (Ibíd.: 39), en consecuencia la propala como un derecho irrenunciable.

De ese conjunto de apreciaciones se deriva la necesidad de apuntar la manera como conceptúa la libertad, que en sus propias palabras tendría la semántica siguiente:

La libertad consiste en conocer las leyes que rigen el universo, el mundo y la vida, y en manejarlas para aumentar el dominio del hombre sobre la realidad objetiva de que forma parte. La libertad estriba en descubrir las causas de la acción humana y en tomar decisiones para alcanzar metas asequibles. ¿Qué mayor orgullo para el hombre que el de sentirse forjador de su propio destino? Su libertad... puede consistir... en el poder de su conciencia sobre todo lo que le rodea (Ibíd.: 38-39).

De modo que la libertad es sobre todo responsabilidad de actuación con base en el conocimiento racional de la realidad, sustento para transformarla.

Consecuentemente le señala a la libertad como principal obstáculo la falta de ejercitación del pensamiento racional, de ceder su lugar a las creencias religiosas, por lo que más bien debe promover la emancipación clasista, reconvirtiendo el trabajo de un castigo a un honor, mecanismos con los cuales puede suprimirse la alienación humana (Ibíd.: 52) y así superar todo tipo de enajenación.

Para esbozar la ontología del hombre en el pensamiento de Vicente Lombardo Toledano, debe hacerse con base en la consideración de cuatro elementos, a saber: el origen del hombre, su capacidad racional, el ejercicio de la libertad y su formación social. Para él el hombre es fruto de la naturaleza, como todos los seres, concepción que respalda en su adscripción a la concepción materialista pues el “hombre es producto del devenir cósmico” (Lombardo, 1975a: 152, 245).

Si bien el origen del ser humano es semejante a todos los demás elementos constitutivos de la naturaleza, su diferencia estriba en primer lugar en haber desarrollado su capacidad racional, que suscribió en términos cartesianos para intentar su superación:

...el hombre, por ser racional –el único dentro de las especies dotadas de vida- puede conocer la naturaleza que lo rodea, el sitio que en su seno ocupa y actuar sobre ella como efecto que se convierte en causa y produce nuevos hechos imprevisibles. En esa facultad estriba su grandeza.

No utilizar ni pulir arma tan poderosa como el razonamiento, que eleva al hombre como si ascendiera desde el fango hasta la cumbre luminosa desde la cual el porvenir se le entrega sin reserva, equivale a sentirse desvalido poseyendo el más rico de los tesoros. El apotegma cartesiano: “Pienso, luego existo”, debe formularse así “Existo porque pienso” (Lombardo, 1964: 12-13).

Para él el ejercicio de la razón es el medio principal del proceso de humanización, mismo que se despliega a través de la práctica de la libertad, la cual debe considerarse como el siguiente rasgo constitutivo de hombre, en particular por ser el detonador de su destino.

Su misma posición ideológica lo lleva a cumplimentar su concepción del hombre como ser social, peculiaridad que le permitió ejercitar su razón y todo el progreso alcanzado, pues sostuvo: “El hombre siempre ha vivido y actuado como conjunto, desde la horda hasta nuestros días. Es un ser social” (Lombardo, 1975b: 246). Con tal respaldo teórico pudo explicar el origen socioeconómico del indio al mostrar que éste ha sido producto de la conquista y colonización padecida desde el siglo XVI a la fecha.

Tanto el origen natural del hombre como su capacidad racional sustentan las bases para profundizar la constitución de su sociabilidad. Lombardo Toledano lo sintetizó así:

...creemos que el hombre es un producto de la naturaleza; que el mundo exterior al hombre forma y guía su espíritu; que la conciencia es principalmente social y no individual; que no es el hombre el que crea a voluntad suya la historia, sino la historia la que crea las ideas humanas; que la libertad no consiste en desunir la naturaleza del hombre... sino en obrar racionalmente dentro del proceso dialéctico de las leyes históricas (Lombardo, 1975a: 268).

De ahí incluso se desprende la explicación que otorga al dualismo conciencia-cerebro, donde aquélla es concebida como una propiedad de la materia en movimiento, reflejo de la realidad (Lombardo, 1964: 31-32). Y mediante este planteamiento puede establecerse entonces que para Lombardo Toledano el hombre se hace, por lo que recuerdo que para él el hombre, en su origen, fue dependiente de la naturaleza, su esclavo (Cfr. Ibíd.: 9, 62), pero su epopeya consistió en hacer uso de la razón, la cual le permitió elevarse sobre la naturaleza (Ibíd.: 53) mediante la creación y uso de la ciencia y demás saberes racionales, de modo que gracias a los conocimientos generados y acumulados por el trabajo se ha convertido en un gigante, a pesar de su pequeñez ante la inconmensurabilidad del universo (Ibíd.: 22, 54, 62).

Plantea que ese status, fue posible por el forjamiento de su pensamiento: “De la atención que preste a su inteligencia depende todo, del acervo de su cultura, de su decisión de vivir con vigor, de su propósito de hacer de la vida una fuerza que crea en vez de un triste andar sin rumbo hasta que se apague su menguada luz” (Ibíd.:61). Naturalmente, se pronuncia por la inmortalidad del hombre como especie, pues la historia como obra colectiva sellará la eternidad y grandeza humana. (Ibíd.: 92-93).

Posturas gnoseológicas

Si bien Vicente Lombardo careció de preocupaciones por sistematizar la teoría del conocimiento marxista, no dejó de lado preocupaciones sobre cuestiones gnoseológicas y epistemológicas al grado de sustentar que: “La piedra angular de todo sistema filosófico es la solución del problema de la epistemología” (Lombardo, 1932: 31-32), según escribió en su primera obra filosófica, la Ética editada en 1922.

Una década después al adscribirse a la filosofía marxista, amparó toda explicación sobre problemas del conocimiento en el enfoque del materialismo dialéctico por lo que atiende prioritariamente tópicos sobre el fundamento del conocimiento, proceso de aprehensión, de construcción, su validación y los roles.

Acerca de su fundamentación establece que todo conocimiento deriva del mundo real porque “nada hay fuera de la materia, nada existe fuera del tiempo y del espacio, cualidades intrínsecas de la materia, del mundo y de la vida, del universo entero” (Lombardo, 1975a: 210). En consecuencia la aprehensión que de la realidad hace el cerebro mediante su actividad nerviosa sólo busca reflejarla idealmente, lo más apegada a ella (Lombardo, 1964: 33), es lo que se denomina conocimiento, que es la concreción del ejercicio de la razón, pues consigna:

¿Por qué el hombre ha podido penetrar tan hondo en el universo? Porque posee la facultad de razonar, de examinar críticamente las cosas, de descubrir las leyes que las rigen y vinculan entre sí, y de utilizarlos como punto de partida para llegar a los principios generales, a las nociones abstractas, válidas tanto o más que el conocimiento de los hechos concretos (Ibíd.: 21-22).

La validez del conocimiento radica en la verificación de contrastación con la realidad, en la praxis, por lo que relativiza sus verdades al considerarlas contingentes, por ser productos de momentos históricos (Cfr. Lombardo, 1975a: 60, 61, 70.), por lo cual le otorga mayor legitimidad a las forjadas en el presente que en el pasado. Por ello concibe al conocimiento con roles sociales bien tipificados al justificar su existencia para promover la transformación de la realidad y respaldar la liberación de los hombres (Lombardo, 1964: 13-15).

Realización, posibilidad y límites del hombre

La explicación que Vicente Lombarda Toledano da de la naturaleza parte de la explicación de su origen, la cual respalda en su concepción materialista y adscripción al socialismo, de modo que reitera en varias partes de su obra que: “La esencia del universo es la materia en constante movimiento. Es por tanto, infinita en el espacio y eterna en el tiempo. Nadie la creó, es indestructible y cada objeto material es inagotable en sus propiedades” (Ibíd.:20). Consecuentemente la naturaleza es dinámica, cuyos procesos y fenómenos no son sino formas diversas de la materia, pues “está integrada por partículas que se encuentran en constante movimiento y cambio, en un proceso ininterrumpido de formación y destrucción” (Ibíd.: 26), vale decir un proceso dialéctico.

El hombre ha sido capaz de comprender sus regularidades, determinar parte de sus leyes por su capacidad racional, es fruto y prueba del dinamismo de la naturaleza. Su capacidad de dilucidación lo ha llevado a sistematizar e impulsar el progreso de la ciencia y la técnica, instrumentos mediante los cuales explica la infinidad y eternidad de la materia, en el espacio y en el tiempo (Ibíd.: 20- 21), e incluso le permiten creer a Vicente Lombardo Toledano que en los países socialistas, mediante su desarrollo existe mayor dominio sobre la naturaleza para bien de sus sociedades (Lombardo, 1975a: 28), con lo que exhibe, por cierto, rémoras de la visión tradicional de que la naturaleza existe para aprovechamiento del ser humano en un proceso de separación casi antagónico entre éste y aquélla.

Así recusa la creencia ampliamente aceptada de que la naturaleza es una creación divina (Lombardo, 1964: 43) y de paso permite exponer sus ideas al respecto, que se reducen a negar su existencia y explicar que mediante el uso de la razón llegó a descubrir “que los dioses que crearon su temor y su fantasía ante la naturaleza dura e impenetrable para su mente en formación; nunca existieron” (Ibíd.: 30). Si en torno a los dioses es como se clasifican las religiones, para Lombardo tienen como cometido “subordinar la conciencia humana a Dios, en admitir la intervención divina en la conducta del hombre” (Lombardo, 1975a: 269) y cuyas iglesias enajenan la liberación de las masas porque:

Las religiones afirman que la felicidad es imposible en este mundo y que el hombre sólo la alcanzará en otro, después de su muerte. Y como ha sufrido tanto, la dicha ultraterrena sigue siendo una esperanza para muchos de los que padecen. Es una doctrina antihistórica de la evolución de la naturaleza y del hombre, porque descansa en la supuesta inmutabilidad de los seres vivientes, del individuo y de la sociedad humana, y en la predeterminación del universo (Lombardo, 1964: 62).

Por lo que el clero tiene como parte de sus roles imponer dogmas, incluso refiere cómo las épocas de mayor influencia y en consecuencia más sombrías para el progreso humano, la edad media y la época colonial.

En cambio su apreciación sobre el Estado, siempre fue benigna, sustentada en dos ideas, la primera consistente en afirmar en que es una institución liberadora, naturalmente se refería, en 1926, al Estado emanado del proceso revolucionario de 1910 pues para él: “La libertad sindical es, pues, en México, por el sentido gramatical de las Leyes, es un nuevo camino creado por el Estado para la emancipación integral del proletariado, y un derecho limitado a la defensa de sus intereses materiales, tratándose del capitalismo” (Lombardo, 1974: 25, 267), la segunda radica en concebirlo como tutelar, en particular por la responsabilidad que tiene de instrumentar la política social: “El Estado se vuelve, así, protector de las clases explotadas y defensor de sus derechos ante los patrones y ante sí mismo, porque el derecho social descansa para su aplicación, en la voluntad de los trabajadores, en su conciencia de clase, en las decisiones de la mayoría, libremente adoptadas” (Lombardo, 1975b: 115). Así desarrolló una concepción estatista, que reforzó con sus convicciones socialistas, pues el Estado de la dictadura del proletariado le pareció encarnar la misión más alta de tal institución. En este sentido estuvo más cerca de José Stalin que de Carlos Marx.

Con relación a la escuela puede palparse en los escritos y en la misma actividad educativa de Vicente Lombardo Toledano la importancia trascendental que le otorga como institución esclarecedora de la realidad y propugnadora de la transformación social al apuntar que la misión de la Confederación de Trabajadores de México estribará en luchar “...porque la escuela, en todas sus formas, sea un factor social al servicio de los intereses de las mayorías y por la aceptación de los valores de la cultura proletaria” (Lombardo, 1963: 82). Para el efecto recomienda el empleo de procedimientos metodológicos específicos porque los concibe como herramientas imprescindibles en la enseñanza, en particular “el método intuitivo, la mayéutica socrática, capaz de realizar esa idea. La interrogación hábilmente manejada”(Lombardo, 1932: 18). Por ende, sentencia que la escuela tiene la loable y necesaria responsabilidad de enseñar a pensar científicamente con el propósito de transmitir y forjar criterio, pues así argumenta su propuesta de que la Universidad Nacional de México debe regir sus funciones en docencia e investigación totalmente comprometidos con el cambio socialista (Lombardo, 1975a: 63).

A pesar de su concepción estatista y progobiernista, puede considerarse a Lombardo Toledano uno de los personajes que mayormente contribuyó, en la primera mitad del siglo XX en México, a posibilitar el surgimiento de la sociedad civil, de manera preponderante por su praxis sindicalista que lo llevó a identificar la existencia de grupos políticos que clasificó como radicales entre los cuales inventarió los de orientación comunista de 1921 y de organizaciones con fines académicos, científicos, mutualistas y de recreación como la Academia Nacional de Medicina, la Orden Mexicana de Abogados, la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos, La Sociedad Antonio Alzate, y la promoción de una Federación Nacional de Trabajadores Intelectuales (Lombardo, 1974: 182-183), pues tuvo como convicción: “que el único medio para que existan las libertades democráticas en nuestros países, es la organización cívica de sus masas populares y la participación legal y directa de todos las partidos en la gobernación de nuestras naciones”(Lombardo, 1975b: 99), según confesó en 1956.

Toda vez que no se puede esquematizar una concepción de género en la obra de Vicente Lombardo Toledano es posible sólo mostrar que las referencias sobre la mujer corroboran su crítica a las injusticias al señalar su exclusión de la toma de decisiones con la reproducción del dicho popular “son cosas de los hombres” (Lombardo, 1977: 61), además de relatar la explotación de que son objeto, porque si bien contribuye con su esfuerzo a la producción no es asalariada.

Sobre el asunto de las razas debe señalarse que en la obra y praxis política de Lombardo Toledano existe una abundancia de elementos para construir toda una doctrina indigenista, cuyo contenido se encuentra expuesto en el libro El problema del indio donde se muestra la exaltación de las culturas prehispánicas, la explicación del origen de la situación de postración de los integrantes de los grupos étnicos, planteamientos diversos sobre los instrumentos de su redención como la educación bilingüe, para su incorporación a la modernidad y al desarrollo del país, esto es a su mexicanización, pero también su propósito de aplicar en nuestra realidad las soluciones dadas en la desaparecida Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas al problema de las nacionalidades1 y así forjarles la conciencia proletaria.

También podemos referirnos a los derechos humanos en el pensamiento de Vicente Lombardo que considera como básicos e indeclinables, pues para él la igualdad debe ser tanto entre las personas de distinto sexo, entre las diferentes nacionalidades, entre el trabajo manual e intelectual y entre las religiones (Lombardo, 1974: 64) y si bien reconoce:

La doctrina del liberalismo... consideró a los hombres iguales... con los cuales movilizó a las grandes masas populares para destruir el sistema social del feudalismo... Formuló la Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano, que es uno de los documentos más hermosos de la historia política; pero que no toca el gran problema de la sociedad dividida en clases antagónicas. Por esta causa resultó inoperante como instrumento para darles a los hombres la misma categoría en la realidad (Lombardo, 1964: 7).

Consecuentemente, buscó enriquecerlos llamando la atención sobre la importancia de lo que hoy denominamos derechos sociales y propugnando su concreción mediante la lucha por el advenimiento del socialismo.

Significado de los valores

Su formación filosófica y su quehacer educativo lo llevan a reconocer tempranamente la importancia de la ética al señalarla como coronamiento de los estudios preparatorios y normalistas (Lombardo, 1932: 32), por lo cual justifica que su enseñanza resulta indispensable desde la educación básica para que los alumnos aprendan a aceptar juiciosamente sus actos y para corregirlos con rectitud tanto en su comportamiento individual como en lo social (Ibíd.: 63).

Por la evolución del pensamiento de Vicente Lombardo Toledano puede observarse en su obra, primero una posición subjetivista que cultivaría hasta principios de los años treinta y luego una interpretación objetivista de los valores. Los testimonios sobre su actitud subjetivista están contenidos en su libro Ética donde, entre otras referencias, pueden apreciarse que pone como modelos a grandes pensadores espiritualistas (Ibíd.: 18) y postula como principios éticos los valores, el placer y el dolor, considerando al bien como un acto meramente voluntario (Cfr. Ibíd.: 91-93, 100). Pero esta posición la abandona, reniega de ella, cuando luego de su aprendizaje del marxismo lo confiesa a su maestro Antonio Caso en un artículo periodístico del 10 de abril de 1935. A partir de entonces adopta criterios que pretenden ser objetivos, algunos de los cuales había concebido en el inicio de su producción filosófica como decir que el conocimiento de la ley es requisito para vivir bien (Ibíd.: 23), aunque será más tarde, ya como marxista, cuando sustentará que la cultura es creación de valores, que éstos tienen jerarquía y que su enseñanza permite forjar criterio, siendo el pensamiento el que los formula (Cfr. Lombardo, 1975a: 51, 55, 66, 67 y Lombardo, 1964: 56 -60).

Propuestas sociopolíticas y económicas

En el ámbito ideológico se advierte claramente en las obras de Lombardo Toledano dos fases, la idealista o espiritualista y la materialista o marxista-leninista. Por ejemplo en su tesis de licenciatura en derecho titulada El derecho público y las nuevas corrientes filosóficas se pronuncia anti-marxista y pone en tela de juicio los artículos 3°, 27 y 123 constitucionales, porque los interpreta como fuentes de futuras controversias internacionales. (Lombardo, 1974: 10) Y si bien puede citarse en el reconocimiento que hace del legado de Hegel en la Ética en 1922, la doctrina de Carlos Marx donde señala que las relaciones económicas determinan el desarrollo de la política y la moral y que el Manifiesto del Partido Comunista engendró el socialismo (Lombardo, 1932: 75-76), su adscripción filosófica corresponde al espiritualismo. Pero cuando adopta como concepción al materialismo dialéctico, a partir de la década de los años treinta, sus propuestas interpretativas tendrán tal fundamentación ideológico-filosófico.

Por ende, con su adscripción al marxismo en torno a sus propuestas políticas destaca su crítica a la deformación que de ellas han hecho los políticos quienes identifican “el concepto de la política como el botín... [por lo] que la acción política tenga a veces el carácter de explosión popular” (Lombardo, 1977: 62), propugnando su revaloración al remarcarle como definición: “La política es una ciencia. La ciencia que descansa en todas las ciencias. Es la arquitectura por antonomasia. La que construye la sociedad humana. Y la política revolucionaria, la que crea un nuevo tipo de hombre, superior a todos los del pasado” (Lombardo, 1975b: 220), con lo que le marca como fin de la praxis de la política transformar las condiciones de vida de la sociedad para superar los problemas y obstáculos que impiden la concepción de los valores y derechos humanos.

Su formación jurídica lo condujo a apreciar las leyes como la síntesis de las expectativas sociales e instrumento ineludible para su realización. En el caso de México en particular concibió a la Constitución Política como la garante y punto de apoyo para acceder a una nueva sociedad, incluso al socialismo en virtud de haber sido producto de “la Revolución [que] estableció un nuevo orden político y social cuyas normas fundamentales quedaron contenidas en una nueva Constitución” (Lombardo, 1963: 62).

De lo anterior se deriva que Vicente Lombardo Toledano manifestó una actitud positiva ante el progreso social por la convicción ideológica-política de propugnar la superación de las injusticias y desigualdades con base en el uso de la razón y de sus frutos: la filosofía, la ciencia, la técnica, el arte, pues resultan ser los motores de la lucha humana por su aventajamiento, son así fuerzas permanentemente revolucionarias (Lombardo, 1964: 86).

Identifica como el mundo de los antivalores al modo de producción capitalista, motivo por el cual presenta una multitud de referencias sobre él, sea para caracterizarlo como el último espacio de la lucha de clases, que tiene por razón de ser el estímulo y defensa de la propiedad privada y para efecto promueve la enajenación de la clase explotada pero, a la vez, para revelar su inevitable descomposición:

Dentro de la crisis general del capitalismo, que es una crisis histórica, se producen las crisis cíclicas, las periódicas, que tienen características bien conocidas y cuya causa principal consiste en la construcción entre la tendencia del capitalismo a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuvieran límite, y la limitación natural del mercado: acumulación de mercancías que no encuentran compradores; descenso del ritmo de la producción industrial; desocupación y baja de valores; medidas gubernativas para aplazar la catástrofe general; períodos de recuperación que nunca sobrepasan los niveles anteriores a la crisis y, años después, otra vez el fenómeno de la super-producción, del descenso de la producción, etc. Esto quiere decir que, dentro de la enfermedad crónica que padece el sistema capitalista, se presentan la economía de casi todos los países capitalistas (Lombardo, 1975b: 70).

A partir de tal radiografía que complementa con la explicación de los intentos del estado benefactor de Keynes, no obstante sus intentos por salvar las crisis capitalistas, señala Lombardo que persiste la agudización de las contradicciones provocando la intensificación de la lucha de clases, la rebelión antiimperialistas de los pueblos coloniales como las depresiones económicas (Ibíd.:71, 207). Precisamente ese conjunto de fenómenos económicos adicionados a los políticos como las dos guerras mundiales es por lo que el capitalismo se encuentra en proceso de liquidación, para lo cual recurre a pruebas como el triunfo de la revolución rusa en 1917, el establecimiento de la democracia popular en los países de Europa del Este, la instauración del socialismo en China y la proliferación de revoluciones de liberación nacional en Asia, África y que en América Latina la revolución cubana representa el mejor testimonio (Lombardo, 1964: 83-84), por ello resulta fundamental que la “lucha entre asalariados y propietarios no puede concluir sino con la expropiación de la propiedad privada, para reemplazar el sistema de la producción capitalista por el de la socialización de la producción” (Lombardo, 1975b: 228).

El tránsito del capitalismo al socialismo ha sido mediante el uso de las armas pero Vicente Lombardo Toledano respalda para México la vía pacífica. Su adscripción al socialismo pareció temprana en virtud de comprender su carácter justicialista y sindicalista según queda testimoniado en el recuento de su libro La libertad sindical en México (1926), pero su convicción socialista quedará sellada a partir de 1935 cuando sistematiza el racionalismo, igualitarismo y humanismo del socialismo, pues para él: “El socialismo no es una religión... El socialismo es humanismo puro, reivindicación del hombre, rescatándolo de las sombras de la ignorancia y de su temor religioso originarios” (Lombardo, 1975a: 269), porque representa el reino en la tierra (Lombardo, 1964: 63), donde quedan cubiertas las necesidades y expectativas en todos los planos de la vida humana:

Porque el socialismo ya no es una teoría sin comprobación ni una promesa, sino una realidad viva... Es una nueva visión del universo que ha descubierto la armonía y la unidad esencial de cada una de las partes que lo integran. Es una teoría válida sobre la historia, que ha explicado científicamente el cambio inevitable de todos los sistemas de la vida social basados en la explotación del hombre. Es el único régimen social en el que la libertad verdadera florece. Es un sistema político que ha concluido con la enajenación del hombre al convertir su trabajo en alegría. Es la única perspectiva que engrandece al hombre, porque coloca a su pensamiento en el campo del infinito (Lombardo, 1964: 90).

La explicable confusión entre la teoría -el marxismo- y la política -el socialismo- parece que fue motivado por su afán propagandístico. Sin embargo, contó con informaciones para el uso riguroso de los conceptos al grado de propulsar las transformaciones sociales considerando que existen dos etapas históricas, sucesivas, para acceder a la verdadera historia del hombre: “La primera, la etapa inferior, es el socialismo. La segunda, la etapa superior, es el comunismo. En el socialismo, la distribución de la riqueza... se hace de acuerdo con... el trabajo de cada individuo... En la etapa del comunismo... es diferente: a cada quien según sus necesidades independientemente de la importancia que su trabajo tenga” (Lombardo, 1975b: 419).

De la amplia gama de referencias al socialismo destacan dos planteamientos que sintetizan la práctica política de Vicente Lombardo Toledano. Una se refiere a la idea de que en la construcción del socialismo cada país tiene su propio camino o vía nacional al socialismo (Ibíd.: 422), de suerte que para el caso de México la revolución de 1910 por haber sido democrática, nacionalista y antiimperialista, es la base para acceder al régimen socialista por estar facilitando la organización de la clase obrera y de la clase campesina (Ibíd.: 35). El otro planteamiento delata su sectarismo al calificar a todas las tendencias, fracciones y corrientes social-demócratas y que no se plegaran al socialismo científico prosoviético de “deformaciones de la filosofía revolucionaria” (Ibíd.: 233).

Se entiende que al promover la vía de la revolución mexicana al socialismo sus opiniones son a favor de la paz y contra la guerra. Incluso fue un activo promotor para evitar la segunda guerra mundial y por el desarme debido a los efectos desastrosos para la humanidad entera. (Ibíd.: 21, 155, 160, 221, 287, 291).

Ideas sobre la ciencia

Vicente Lombardo Toledano desarrolla una visión positiva de la ciencia de modo que por apreciarla como esclarecedora de la realidad, la respalda para convertirla en eje de la educación universitaria al proponer: “Lo que queremos es que se tomen en cuenta los progresos de la ciencia, el estado actual de la cultura científica en el mundo, ya que las Matemáticas, la Física, la Química, la Biología, han realizado grandes hallazgos a favor de la cultura humana” ( Lombardo, 1975b: 64).

Lo encomiable, además, es su erudición científica y actualizada que lo lleva a citar científicos, literatura de primer orden e informaciones relevantes en los campos de la biología, la física, las matemáticas. Asimismo la destaca como un saber en permanente progreso, incluso en la creación de instrumentos para acelerarlo, y presentarlo como ilimitado (Ibíd.: 184, 207, 228 y Lombardo, 1964: 17, 18, 20 y 24).

Concepciones sobre la educación y el arte

Con relación a la educación, Vicente Lombardo Toledano la erige en instrumento de redención social toda vez que la concibe con contenido científico y medio para transmitir valores por lo cual critica el laicismo y se pronuncia por su orientación socialista que promovió de muy distintas maneras: como sindicalista, como catedrático y como político. Más aún fue fundador de instituciones como la Universidad Obrera de México con el propósito de coadyuvar a la concientización de la clase obrera. El carácter redentor de la educación lo orientó también al problema indígena (Lombardo, 1975b: 321).

Por promover la fundamentación marxista a la educación fue acusado de pretender batir la libertad educativa. Los argumentos al respecto están ampliamente desarrollados en la famosa polémica que tuvo con su maestro Antonio Caso y recogidos en su libro Materialismo versus idealismo...

Respecto al arte expone referencias donde quedan evidenciadas ideas de manifiestas conceptuaciones y sensibilidades sobre el alto valor humano que representan porque a través de él el artista expone tanto su ingenio como su concepción de la vida e incluso lo vincula con las racionalizaciones al sustentar: “La ciencia y el arte son... partes del mismo proceso, de la relación entre la conciencia y el mundo exterior... el arte produce imágenes ideales de lo concreto, en tanto que la ciencia... formula principios de carácter general” (Lombardo, 1964: 64). Así manifiesta que el arte tiene tanto fundamento material por reflejar la realidad pero también espiritual al grado de afirmar que es el que le otorga su sublimidad.

Interpretación de la filosofía

Resulta insustancial reiterar que en los años de juventud, Vicente Lombardo Toledano participó de la concepción idealista de la filosofía que lo llevó a citar a Wundt para definirla como la explicación sintética del mundo y la vida para satisfacer las exigencias de la razón y las necesidades del espíritu (Lombardo, 1932: 86), pero motivado por sus curiosidades intelectuales y exigencias políticas sindicales incursionó en lecturas de otras corrientes filosóficas como el marxismo, cuya adscripción le permitió realizar la crítica de su formación intelectual para situar a la filosofía, como síntesis y remate de la cultura, y formadora ideológica de los estudiantes, despojándose así de toda filosofía espiritualista (Lombardo, 1975a: 11, 13, 27, 143).

Su aprendizaje le llevó a comprender “que la filosofía no sólo es conocimiento de la realidad, sino medio para transformarla” (Ibíd.: 17) como lo sustenta el marxismo cuyo fundamento materialista permite mostrar la relación íntima entre los fenómenos de la vida (Ibíd.: 98) y que toda manifestación espiritual es producto de la naturaleza al exhibir el carácter dialéctico de las realidades tanto natural como social y del pensamiento (Ibíd.: 203 y 229).

Para justificar su condición marxista apela a la historia de la cultura y al avance de la ciencia con el fin de demostrar el porqué de su importancia:

Las especulaciones más importantes en el campo de la filosofía han sido coetáneas de las grandes épocas de la ciencia: el cartesianismo y los orígenes de la mecánica celeste y de la mecánica racional, el criticismo de Kant y la filosofía de Newton; la dialéctica de Marx apenas descubierta hoy en todos sus alcances, y la biología y la física contemporánea. El pensamiento verdaderamente filosófico hunde sus raíces en el conocimiento de la naturaleza (Ibíd.: 167).

Para seguir abonando en la idea de la superioridad del marxismo recuerda que “la única prueba para la validez de una doctrina filosófica es la práctica, la demostración de su eficiencia para mejorar la vida social” (Lombardo, 1963: 87).

En fin, Vicente Lombardo Toledano asume el contenido del marxismo y lo presenta como la filosofía revolucionaria pues prioriza su función social: ser instrumento de transformación y porque otorga sentido humano a la vida de las sociedades.

Bibliografía

Directa

  • Lombardo Toledano, V.(1932). Ética. Sistema y método para la enseñanza de la moral en las escuelas elementales y profesionales. Ediciones México Moderno. México.

  • ________. (1963). Las corrientes filosóficas en la vida de México. Universidad Obrera de México. México.

  • ________. (1964). Summa. Universidad Obrera de México. México.

  • ________. (1974). La libertad sindical en México (1926). Universidad Obrera de México. México.

  • ________. (1975a). Materialismo versus idealismo. Polémica Caso-Lombardo. Universidad Obrera de México. México.

  • ________. (1975b). Escrito sobre el movimiento obrero. Universidad Obrera de México. México.

  • ________. (1977). El llanto del sureste. Centro de Estudios Históricos del Movimiento Obrero Mexicano. México.

Indirecta

  • Chassen de López. (1977). Lombardo Toledano y el movimiento obrero marxista 1917-1940. Extemporáneos.

  • Millon, Robert P. (1976). Vicente Lombardo Toledano. (Biografía intelectual de un marxista mexicano). Universidad Obrera de México. México.

  • Saladino García, A. (1994). Indigenismo y marxismo en América Latina. Universidad Autónoma del Estado de México, 1994. Toluca.

*La versión impresa apareció en el libro: Alberto Saladino García (compilador), Humanismo mexicano del siglo XX, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, Tomo I, págs. 299-320.

 

Notas

1 “Apéndice” de Robert P. Millon, Vicente Lombardo Toledano. (Biografía intelectual de un marxista mexicano), 2ª edición, México, Universidad Obrera de México, 1976, pp. 342-348. [Millon, 1976: 342-348] Ver también Francie R. Chassen de López, Lombardo Toledano y el movimiento obrero mexicano 1917-1940, México, Extemporáneos, 1977, y Alberto Saladino García, Indigenismo y marxismo en América Latina, 2ª Edición, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 1994.

1 La sistematización de su indigenismo se encuentra en Alberto Saladino García, Indigenismo y marxismo en América Latina, pp. 103-160. (Saladino, 1994: 103-160)

Alberto Saladino García
Universidad Autónoma del Estado de México
Julio 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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