Rafael Moreno Montes de Oca

 

La búsqueda de ideas liberadoras:
Un homenaje a Rafael Moreno Montes de Oca

 

Roberto Hernández Oramas

En el “Prólogo” que Mario de la Cueva hace a los ya clásicos, para los interesados en la elaboración de la Historia de la filosofía, Estudios de historia de la filosofía en México leemos “se decidió invitar a algunos de los mejores maestros y amigos de la casa de estudios, Miguel León-Portilla, Edmundo O`Gorman, José M. Gallegos Rocafull –de quién se publica el último ensayo, escrito días antes de morir-, Rafael Moreno, Luis Villoro, Leopoldo Zea y Fernando Salmerón. Para que redactaran estudios históricos de nuestra filosofía, como una ofrenda de simpatía y amor por el saber más alto y puro” [De la Cueva, 1973: 8]. Como se sabe estos escritos fueron publicados en 1963 por la UNAM con la clara intención de mostrar a los asistentes al XIII Congreso Internacional de filosofía y a través de ellos al mundo académico e intelectual un panorama somero del desarrollo de la filosofía en el joven y moderno México.

Como se deduce, para muchos de nosotros preocupados hoy por la noble tarea no sólo de difundir la actividad de nuestros filósofos, sino de construir una corriente historiográfica de la filosofía, Moreno Montes de Oca era ya el maestro. El mismo Francisco Larroyo rinde un reconocimiento, a su manera, a quien fuera su discípulo.

Al leer y releer los escritos del maestro Moreno su presencia se hace más que insistente; es imposible no imaginárselo a punto de interrumpir para puntualizar el origen, sentido y significado, como humanista, preciso sobre el enunciado que se está expresando, de lo que se quiere decir o de lo que y cómo debería decir.

Con la evocación de esta imagen, presente en todos aquellos que asistimos a sus clases ordinarias, seminarios o conferencias. Quiero subrayar una primera característica el Maestro Moreno. Señalamiento con lo que lo indicamos no porque pensáramos en un título académico, o una distinción formal, sino una realidad personificada, el Maestro. A más de uno le decimos “doctor”, como la designación de un título ambulante, sobre todo hoy cuando la nomenclatura escalafonaria lo requiere como exigencia de subsistencia. No, en el caso del Maestro lo hacíamos con la naturalidad del reconocimiento cotidiano. Con la habitual costumbre de sabernos sorprendidos y expectantes de que en cualquier momento apareciera e hiciera gala de la erudición adquirida por una constante y permanente formación. Oírlo a él era no sólo ampliar los conocimientos sobre la temática en cuestión, sino ampliar los horizontes conceptuales que se abrevan al contacto de los clásicos griegos, latinos y del propio castellano. Sin duda, escucharlo era siempre enriquecedor para el acerbo cultural personal.

Unida a esta cualidad resalta otra de sus características: su humanismo. Sin duda estar con el Maestro Moreno era estar con un humanista, de esos de antiguo y de nuevo cuño. De nuevo cuño por lo actualizado de su temática y su permanente preocupación por los hodiernos problemas educativos, sociales y políticos del País. Sirva, para ejemplificar, su conferencia dedicada a la Universidad Pedagógica Nacional “Esquema sobre el 3º Constitucional y la formación del hombre”, dictada en octubre del 94, en el contexto del IV Coloquio Nacional sobre Cultura Mexicana, y publicada en el anuario del Seminario de Cultura Mexicana en el 95. Inicia su intervención de esta manera: “en marzo de 1993 se promulga un nuevo artículo 3º; la norma suprema constitucional que prescribe cómo debe ser la educación nacional y cuál será el modelo de hombre por formar”. Con estas palabras empieza a exponer el primer párrafo o inciso al que intitula “Educarse o carecer de historia”, mismo que será completado por una exposición sobre “los valores para humanizar a los mexicanos”; “Unir la educación humanista y pragmática”; y “El deber: praxis armoniosa de fines y medios.” Dice Moreno, para resumir, en esta conferencia: “la lealtad a la identidad nacional es el camino para formar al mexicano del siglo XXI, un siglo de la era posindustrial...” “tal es el deber. La pregunta que inquieta es cómo cumplirlo. La respuesta absoluta resulta explícita: el deber se cumple en la armonía activa de fines y medios, de una praxis prudente de valores humanos y valores pragmáticos. Lo primero corresponde al educador; lo segundo, al político de la educación, al pedagogo y, naturalmente, al maestro en acción” [Moreno Montes de Oca, 1995: 10].

Es, a su vez, un humanista de antiguo cuño; lo que no significa necesariamente de viejo cuño; sino antiguo en sentido de clásico. Es, el Maestro, un humanista clásico, lo que significa su interés no sólo por las formas, no sólo por el retorno a, sino por el recobrar el verdadero sentido de lo humano, de la humanidad, de la humanitas. Es decir colocar como centro de interés y de preocupación, como centro del universo, natural o social; religioso o político al hombre mismo; no al ser metafísico o abstracto, sino al individuo concreto, real, ubicado en un tiempo y un espacio determinado, en un lugar específico y por ende en un país y/o una nación, con nombre y apellido donde se pueda conjugar lo general con lo particular, lo universal con lo nacional.

Comprobar esta afirmación nos obliga a introducirnos a una de sus obras más significativas, La filosofía de la ilustración en México; y a su complementaria La filosofía moderna en la Nueva España. Esto a su vez significa mencionar otra de sus grandes características, la de filósofo e historiador de la filosofía. A partir de Samuel Ramos y José Gaos, y por influencia de éstos, empieza a surgir esa nueva generación de pensadores que no sólo se preocupan por el rescate y la difusión del pensamiento filosófico en México, sino por la exigencia de hacerlo con oficio. Diría que empieza, en la historiografía filosófica mexicana, a sentirse la necesidad de hacerlo con “profesionalidad”; se inicia el surgimiento de esa raza de profesionales en los que de manera consciente, y no ya diletante, se conjuga el quehacer del filósofo y el profesional de la historia de la filosofía. Sin duda alguna hoy, gracias a Moreno, a Cardiel Reyes, a Carmen Rovira, a Leopoldo Zea, etc., existe una buena generación de profesionales dedicados a esta tarea, con presencia no sólo en las universidades de la Ciudad de México; sino también y de manera sobresaliente en Morelia, Toluca, Guadalajara y Puebla.

En La filosofía de la ilustración, a mi parecer, Moreno Montes de Oca, realiza una doble actividad. Por una parte, y esto de manera explícita, rescata y difunde la gran actividad realizada por los ilustrados del siglo XVII y del XVIII, jesuitas y no jesuitas. Francisco Javier Clavijero y Francisco Javier Alegre recobran en su pluma una nueva dimensión. Nos enteramos a su vez de la labor científica e intelectual de los también jesuitas: Campoy, el Sócrates de los innovadores; Agustín Castro, Fabri y Abad. La labor de estos introductores de la Filosofía moderna se ve ampliamente superada y desarrollada, libre ya de las trabas escolásticas, por un conjunto de jóvenes pensadores; “enciclopedistas en la acepción etimológica del término”, dice Moreno. Entre quienes hay que nombrar a Gamarra, Bartolache, Mociño, Morel, Velásquez Cárdenas, Gama, Velásquez de León, Andrés del Río, Agustín de la Rotea, Valdés, Alzate e Hidalgo.

Por otra parte, y esto me parece digno de subrayarse, Moreno se autoproyecta en la imagen e interpretación que da de sus pensadores, polemizando contra quienes se permiten dudar de la originalidad, autenticidad y calidad del pensador, y del filosofar en México. Su escrito, publicado por primera ocasión en 1962 se integra a la polémica en boga. El exponer las ideas de Clavijero, Alegre, Alzate o Bartolache le ofrece la posibilidad de plantear su postura de manera clara y consistente. En primer lugar, la inaceptabilidad de la idea de que “Hispanoamérica es y está condenada a ser un pueblo sin historia” [Moreno Montes de Oca, 2000: 41]. Pues esta imagen “no corresponde al conocimiento actual que tenemos de nosotros mismos” [Moreno Montes de Oca, 2000: 41]. Sor Juana y Sigüenza y Góngora son ejemplos ya de la seguridad metódica en que la experiencia y la razón son “caminos seguros para el saber” [Moreno Montes de Oca, 2000: 41]. La grandeza de los jesuitas, en su esfuerzo por reformar el método e introducir las nuevas doctrinas radica en su preocupación por colocar los estudios de México a la altura de los de Europa. Y en su nueva visión humanista, cimentada en Gabriel Méndez Plancarte, su maestro, dice Moreno:

... son humanistas porque lo mismo afirman los derechos y los valores perdurables del hombre, que descienden al estudio y remedio de las necesidades concretas. Con ellos el pensamiento antropológico, que parecía haber perdido valor después del siglo XVI, vuelve a ocupar el primer plano, con la diferencia de que ahora, gracias al influjo de la modernidad, el hombre empieza a ser considerado un fin en sí mismo [Moreno Montes de Oca, 2000: 44-45].

Esto, a su parecer, explica y justifica el interés por el pasado histórico, la reivindicación de los indígenas y de los criollos, su concepción sobre la autoridad, su rechazo a toda especie de esclavitud, y el establecimiento de la libertad como derecho inalienable. Esta es la visión que el Maestro nos trasmite de los introductores de la modernidad, pero es, a la vez sin duda, su convicción de que un humanismo en abstracto, sin influjo transformador en la sociedad carece de sentido.

La exposición de los sabios propagandistas y defensores de la ilustración, le ofrecerá la oportunidad para puntualizar su propia convicción humanista. Los ilustrados mexicanos no son sólo defensores de la ciencia sino algo más: “Filósofos que destruyen el orden antiguo con las ideas de la modernidad” [Moreno Montes de Oca, 2000: 47] y que actúan con la “firme voluntad de levantar la inteligencia novohispana” [Moreno Montes de Oca, 2000: 46]; por ello “establecen los derechos de la razón, la libertad de pensamiento y, después la imperiosa necesidad de reeducar con la cultura de las luces, de las buenas letras, del buen gusto” [Moreno Montes de Oca, 2000: 47]. Para el Maestro Moreno estos pensadores tienen un único objetivo e interés: la creación de la nacionalidad y de la cultura mexicana.

Volviendo a su artículo sobre el 3º Constitucional y la formación del hombre, es necesario repetir que el humanismo de Rafael Moreno Montes de Oca es un humanismo que no sólo tiene como centro al individuo concreto, sino que además es un humanismo nacionalista. Los mexicanos, dice:

... mediante las luces hicieron una revaloración de sí mismos, de sus potencialidades históricas y, por ese hecho, contribuyeron teóricamente a las doctrinas originales.

La originalidad de los pensadores de las luces radica: 1º en la renovación del pensamiento colonial con las ideas y actitudes que prevalecían en Europa, pero proyectándolas desde la tradición, los problemas y las necesidades propias. 2º En la introducción, no de tesis o teorías de un filósofo en particular, sino de las tesis fundamentales de un movimiento que era patrimonio del hombre. Y, 3º aplicar la nueva cosmovisión a las circunstancias mexicanas [Moreno Montes de Oca, 54].

Coherente con su pensar el Maestro Moreno realizó una gran actividad como difusor de la cultura. La formación y enriquecimiento de la cultura mexicana requiere no sólo de ideas sino también de acciones. Él fue, para muchos de nosotros, un ejemplo como organizador y promotor se seminarios, conferencias, coloquios. A instancias de él y con su apoyo instauramos e iniciamos, en Puebla, las actividades de la cátedra “Samuel Ramos”. De él recibió el Seminario de Cultura Mexicana un gran impulso y se vitalizaron las realizaciones de sus coloquios nacionales. Gracias a Cardiel Reyes, de quien era su brazo derecho, y a Rafael Moreno Montes de Oca obtuvo el Seminario de Cultura Mexicana la presencia de la que hasta ahora goza.

Cuando menos lo esperábamos, cuando teníamos en cartera varias actividades, proyectos, publicaciones por afinar, nos enteramos de su deceso. El permitirnos hoy hablar de él y sobre él es algo que no sólo agradecemos sino que nos halaga y satisface. Rendirle este homenaje engrandece y habla bien de los organizadores, quienes sin duda comparten con él y con nosotros la preocupación por la filosofía y la cultura mexicanas.

 

Bibliografía

Directa

  • De la Cueva, M. y otros. (1973). Estudios de historia de la filosofía en México. Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. México.

  • Moreno, R. (2000). La filosofía de la Ilustración en México y otros escritos. UNAM. México.

  • ________. (1995). Memoria, IV Coloquio Nacional sobre la Cultura Mexicana. Seminario de Cultura en México. México.

Indirecta

  • Larroyo, F. (1978). La filosofía iberoamericana. Editorial Porrúa. México.

  • Rovira, M. del C. (1977). Una aproximación a la Historia de las ideas filosóficas en México. Siglo XIX y principios del XX. UNAM. México.

 

Roberto Hernández Oramas
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Actualizado, octubre 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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