Bernabé Navarro

 

Bernabé Navarro, humanista*

 

Laura Benítez

Introducción

Según lo refieren Mauricio Beuchot y Alejandro Herrera, Bernabé Navarro nació en Zapotilic, Jalisco el 19 de mayo de 1923 pero fue llevado de inmediato a Santiago Tangamandapio; él siempre me dijo que su tierra era Michoacán. Murió el 5 de diciembre de 1995.

Su formación fue humanista desde el inicio en el Seminario Conciliar. Discípulo de Méndez Plancarte, siempre nos comentaba cómo el profesor lo encauzó en las humanidades clásicas y en la cultura novohispana y cómo de él aprendió el gusto por la expresión más justa y pulida.

Bernabé fue humanista por vocación, no sólo por su interés los problemas humanos, sino por la entrega con que se dedicó al estudio de la filosofía clásica y de la filosofía novohispana, previo el conocimiento profundo del latín y el griego. Al igual que los humanistas del Renacimiento, para él, entender la filosofía era ante todo entender la lengua en que se ha expresado. En efecto, en sus seminarios de latín nos enseñó a amar el detalle de una sintaxis ajena que él quería que sintiéramos como propia. Ese encadenamiento correcto de las palabras era la base no sólo de una buena traducción sino, sin duda, de una justa interpretación que había de tomar en cuenta los giros de la lengua propios de cada autor.

En lo que sigue me referiré a los diversos aspectos de la labor humanista de nuestro siempre recordado maestro.

Humanismo y docencia

El Dr. Navarro no sólo sabía latín y griego a cabalidad sino que siempre me dijo que deseaba que sus conocimientos no murieran con él. Le preocupaba que, una vez que se retirara, no hubiera en todo el Instituto de Investigaciones Filosóficas un buen conocedor del latín y el griego. Por fortuna, la juventud inteligente sigue siempre los pasos de los buenos maestros así que el seminario de griego no está vacante y espero que en breve el de latín tampoco lo esté.

Bernabé sabía, como lo entendemos todos que la “quinta esencia” de las humanidades esté en el dominio de las lenguas clásicas, algo que siempre viene uno a averiguar con dolor cuando no se ha formado tempranamente en ellas. Así, el maestro Navarro sabiendo cuáles eran nuestras necesidades más ingentes, como estudiantes, investigadores y profesores, diseñó sendos manuales de griego y latín (Navarro, 1953) para lograr, no sin esfuerzo, pero sí por caminos probados y, diríamos hoy, de “alto rendimiento” leer los textos y comprenderlos previa la inmersión en las reglas gramaticales. Se puede decir que hace cincuenta años (1953) Bernabé inauguró el método de enseñar la lengua comenzando por la sintaxis y terminando por la gramática, método que hoy día es harto frecuente.

Su seminario iluminó nuestro que hacer cuando, sin tener que depender de traducciones ajenas logramos leer con sentido algunos textos de Fray Alonso de la Veracruz, de Descartes y de Bruno, claro, siempre bajo su muy cuidadosa tutela.

Humanismo y filosofía griega

La labor filosófica de Bernabé Navarro estuvo dominada, según lo recuerdan varios colegas (Beuchot, Stepanenko, Hurtado) por el tema del conocimiento. Dentro de esta búsqueda, como en cualquier humanista clásico, no faltó el cultivo de las filosofías de Platón y Aristóteles. Fue de Bernabé de quien aprendí que los “accidentes” en la filosofía aristotélica no son tan “accidentales” sino que más bien son “acompañantes” o “los que acompañan” a la sustancia.

Sus conocimientos del alemán y del griego se pusieron verdaderamente a prueba en su traducción del Aristóteles de Ingemar Düring (Düring, 1982) que el Instituto de Investigaciones Filosóficas publicó en 1987 y que favorece el estudio más profundo del estagirita.

Navarro me explicó que esta traducción le había tomado mucho tiempo en vista de las complejas notas del autor que a su vez él tuvo que ampliar para beneficio de los lectores.

En esta línea de la filosofía griega, debo a Bernabé una de la experiencias más notables de mi existencia, cuando al llevarnos al Fondo “Lafragua” en Puebla pude sostener en mis manos una segunda edición de los Diálogos de Platón traducidos por Marsilio Ficino. Texto del cual debe conservarse en el Instituto la copia que Bernabé puso a nuestra disposición.

Bernabé nos dejó además, interesantes artículos sobre Platón, algunos de los cuales publicó en Dianoia.

Humanismo y filosofía novohispana

Navarro sintió siempre un profundo interés por la filosofía novohispana; algo que me acercó a él de igual manera que a Antonio Gómez Robledo. Pero, lo que particularmente atrajo la atención de Bernabé fue la ciencia en Nueva España. Creo que durante una tarde entera me explicó la importancia de que en su primera lectura de cátedra, Carlos de Sigüenza hubiese leído la Esfera de Juan de Sacrobosco.

Desde luego que él iba mucho más lejos que yo, pues sus amplios conocimientos recorrían desde la Physica speculatio de Fray Alonso de la Veracruz, pasando por la Libra astronómica y filosófica de Sigüenza y la Physica particularis de Clavijero, hasta las Physicas de Díaz de Gamarra.

Cuando me comentó su interés por la cosmología y los tratados de física, le pedí que fuera el revisor de mi tesis doctoral sobre la filosofía natural de René Descartes, tarea que llevó a cabo con gran esmero y que le agradeceré siempre.

En esta misma línea, su estudio sobre La introducción de la filosofía moderna en México (Navarro, 1948) constituye un hito importante para cualquier historiador del pensamiento novohispano en nuestro país.

Humanismo y filosofía idealista

Una de las más interesantes facetas de la vida académica de Bernabé Navarro fue sin duda su estancia en Alemania donde se doctoró en la Universidad de Munich en 1975 con una tesis sobre Fichte: El desarrollo fichteano del idealismo trascendental de Kant (Navarro, 1975). En ese trabajo salta a la vista el empeño de Bernabé por comprender la filosofía contemporánea. Su idea es que el idealismo fichteano tiene gran influencia, vía el romanticismo, sobre diversas posiciones de autores más recientes como Husserl y Heidegeer. Tesis que documenta cuidadosamente.

Para algunos comentaristas esta obra de Navarro, donde la relación entre Kant y Fichte se expone con todo detalle a partir de la argumentación de cada autor, no nos deja ver el juicio de Bernabé, sin embargo, mi conocimiento de Navarro me permite decir que él estimó que esa era su labor, i.e. dejar en claro la relación entre Kant y Fichte sin acudir a interpretaciones propias que en su opinión no eran tan importantes, como dejar que las palabras hablen en boca de los autores. Tal afán de objetivismo, lejos de ser una postura insostenible, me parece fue una constante en el que hacer filosófico de Navarro. El ideal sería dar a conocer al autor en una lectura transparente. Sin duda parte de su afán filológico estuvo a la base de este compromiso. Esta misma actitud se hace presente en las múltiples reseñas que hizo de textos de autores alemanes donde el autor parece presentarse a sí mismo como en el caso de Kurt von Fritz en sus Escritos sobre lógica griega (Navarro, 1980).

Humanismo e investigación

Navarro entendió la labor filosófica como labor de investigación. La indagación lo llevó a los más recónditos acervos y bibliotecas. Si Bernabé “vivía “ en el Instituto es porque vivía en su biblioteca y casi ninguno de nosotros se sustrajo a la experiencia de ser llevado de la mano a la biblioteca para consultar las más diversas obras después de hacer alguna pregunta al maestro.

Bernabé no era superficial y así como medía y tasaba el peso de las palabras y las expresiones, sopesaba la fuerza de los argumentos y buscaba que las expresiones propias y ajenas tuvieran auténtico respaldo.

Por fortuna, las rutas de la búsqueda cuidadosa para las humanidades no se cerrarán mientras haya esos espíritus inquietos, “afanosos” de la verdad y el saber que nos develan las joyas de los archivos y las bibliotecas, que nos enseñan el arduo camino de la búsqueda y que nos corrigen hasta la puntuación de nuestros escritos.

Pero el afán de búsqueda de Navarro nunca fue para su gloria individual; en efecto, trabajó para poner a nuestro alcance los textos que hallaba, traduciendo o modernizando las grafías; incluyendo aparatos críticos, notas y apéndices para facilitar nuestra lectura.

Bernabé investigó arduamente para que todos nosotros pudiéramos comprender a esos autores de Nueva España que escribían con estilo barroco, incluían largas citas en latín y griego y usaban una extraña ortografía. Todo esto sólo puede superarse con una buena dosis de conocimientos y un amor muy especial tanto a los textos como a los lectores potenciales que habrán de nutrirse de la enseñanza del pasado.

Humanismo y trabajo de edición

Bernabé Navarro era un conocedor no sólo del contenido de la obra de los autores de su interés, sino de las diversas ediciones de una misma obra. Las conocía no sólo en sus detalles sino físicamente. Conocedor como era de los interesantes matices de la lengua de los autores, fue siempre muy estimado por bibliotecarios y eruditos.

Bernabé editó dos obras con especial gusto y cuidado: La libra astronómica y filosófica de Carlos de Sigüenza y Góngora para la UNAM y el De revolutionibus orbium coelestium de Copérnico para la SEP (este último según lo señala con todo detalle José A. Robles).

En ambos casos es la cosmología lo que se discute, asunto que atraía particularmente la atención de Navarro. Con todo, se trata de una labor harto ardua y prolija: seleccionar los textos, traducir “los latines”, suplementar los escritos con notas adecuadas; en pocas palabras, poner al alcance de todos, la sabiduría de los pocos.

De allí sus preocupaciones ¿deberían hacerse dos ediciones de la Libra una para legos y una para eruditos? ¿Debería modernizarse por completo el español?

Agradezco a Bernabé que haya modernizado el castellano y la ortografía pues aún así resulta bastante difícil hacerse del estilo barroco de Sigüenza y por supuesto agradezco aún más las múltiples notas aclaratorias que me despejaron muchas dudas.

La libra astronómica y filosófica de Carlos de Sigüenza y Góngora fue el segundo número de la colección: Nueva Biblioteca Mexicana cuya finalidad era rescatar los libros raros en peligro de desaparecer. A Navarro le pareció que no sólo por la cantidad exigua de ejemplares existentes sino, sobre todo, por su contenido el texto debía publicarse.

Sin embargo, se le presentaron múltiples problemas de edición, por la ortografía, las formas arcaicas de algunas palabras, el sistema de puntuación y de acentuación gráfica y el cambio de abreviaturas, entre otros. Ante estas dificultades Navarro tomó el criterio de corregir “lo externo” y de conservar “lo interno” para lo cual hubo de traducir las citas latinas que constituían más de una quinta parte del libro e ir a cotejar con las autoridades que Sigüenza cita. Con ello logró salvar “el contenido valioso” que era su meta, poniéndolo a la altura de nuestro tiempo.

Colofón

A modo de despedida quisiera referir dos aspectos más bien anecdóticos de la personalidad de Navarro según lo han escrito sus amigos Herrera y Robles. Uno su entusiasmo por la astronomía y la observación de los astros; el otro su profundo conocimiento del canto gregoriano. Navarro bien habría podido pararse en el dintel de la Academia Florentina, con un dedo señalando al cielo como el “Platón” de Raphaël Sanzio en su Escuela de Atenas.

Ave viro ilustrissimo

Bibliografía

Directa

  • Navarro, B. (1948). La introducción de la filosofía moderna en México. El Colegio de México. México.

  • ________ (1953). Manual de traducción latina. Imprenta Universitaria. México.

  • ________(1975). El desarrollo fichteano del idealismo trascendental de Kant. FCE/UNAM. México.

  • ________ (1980).“Reseña de Kurt von Fritz, Escritos sobre lógica griega. Lógica y teoría del conocimiento” en Dianoia. Anuario de filosofía. Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM/FCE. México.

  • ________ (1998). Filosofía y cultura novohispanas. UNAM. México.

Indirecta

  • Düring, I. (1982). Aristóteles. Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. traducción de Bernabé Navarro. México.

*La versión impresa apareció en el libro: Alberto Saladino García (compilador), Humanismo mexicano del siglo XX, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, Tomo I, págs. 339-346.

Laura Benítez
Instituto de Investigaciones Filosóficas/UNAM
Julio 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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