Miguel León Portilla

 

Importancia del trabajo de Miguel León Portilla

 

Víctor Manuel Hernández Torres

Algunos datos biográficos

La vocación de Miguel León Portilla, parece provenir de la rama familiar. Es sobrino de Manuel Gamio, conocido por sus trabajos arqueológicos en Teotihuacán y por fundar la moderna antropología mexicana. Además, por rama materna, es familiar de Manuel Gutiérrez Nájera el iniciador del modernismo en México. El peso de tales nombres no es llevado como lastre, como en tantos casos en los que se queda condenado a jamás florecer ante la sombra del pariente célebre. En Miguel León Portilla se asimilan las vocaciones familiares: el gusto por el pasado prehispánico, el interés antropológico y la pasión por la literatura.

Miguel León Portilla nace el 22 de febrero de 1926 en la colonia de Santa María la Ribera de la Ciudad de México. Es hijo de Luisa Portilla Nájera y Miguel León Ortiz. Es Doctor en filosofía por la UNAM, miembro de las academias mexicanas de la Historia y de la Lengua, de El Colegio Nacional y de la National Academy of Sciences, Estados Unidos, Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es autor de múltiples publicaciones sobre historia, lengua y escritura de los pueblos del México prehispánico y del México indígena contemporáneo. Sin duda, uno de sus mayores títulos es el de guardián de la antigua palabra.

Trascendencia de la labor de Miguel León Portilla
en la historia de la filosofía en México

Miguel León Portilla es el continuador directo de la obra iniciada por el padre Ángel María Garibay. La importancia no es poca cuando, valorando los trabajos de Garibay, notamos que, para el ciudadano común resultarían completamente extraños los nombres de cantores y sabios nahuas, de no ser por el interés que tuvo el padre y, posteriormente, León Portilla, por el rescate y divulgación del tlatolli o la antigua palabra de los pueblos nahuas. El interés de Garibay será toda una revelación en Miguel León Portilla pues, mientras estudiaba filosofía y preparaba su tesis de maestría en California llegan a sus manos las traducciones de los cantos nahuas que Garibay había publicado en la revista Ábside, así como la Poesía indígena de la altiplanicie y la Épica náhuatl, obras que el padre Garibay publicó en la Biblioteca del Estudiante Universitario, con el único interés de iniciar o incitar a los jóvenes lectores en el estudio de la sabiduría del Anáhuac.

León Portilla se encontraba preparando una tesis sobre Dos fuentes de la moral y la religión en Henri Bergson, la temática según el maestro era de interés antropológico e histórico así que las traducciones de Garibay no resultaban ajenas. Desde California León Portilla escribe a Manuel Gamio, su tío, contándole el encuentro con los textos nahuas, a lo que Gamio responde: “Debes hablar con Garibay”. Al retornar a México, en 1952, León Portilla se pone en contacto con el padre Ángel María a quien pide le haga partícipe en su proyecto de rescate de la antigua palabra. Garibay responde: “Lo primero que tiene usted que hacer es estudiar náhuatl”. León Portilla aprende el náhuatl en seis meses y se incorpora a trabajar con él. Pero dejemos que el padre Garibay nos cuente cómo fue el encuentro:

Cuando enviado por la Universidad se me presentó a preguntar si me hallaba en disposición de dirigir su tesis sobre la filosofía nahua, con que tenía la pretensión de hacer el doctorado, yo le hice esta pregunta: “¿Conoce usted la lengua mexicana de los antiguos?” No, fue la respuesta.

-Amigo mío, le dije: Bien me sé que hay quien habla de filosofía platónica, sin saber dos palabras del griego, y de la filosofía kantiana, sin conocer el alemán. Pero la seriedad científica de un doctorado pide algo muy distinto. Tiene usted que saber náhuatl. De otra manera, o niega lo que no conoce, como hacen tantos, o hará una preciosa novela de fantasías, como hacen muchos más, a base de datos incoherentes y vagos [León Portilla, 1984: 16].

La habilidad con que Miguel León Portilla aprende el náhuatl puede parecernos sorprendente, pero recordemos que sabe latín y griego, conoce el hebreo, habla francés, inglés, alemán e italiano. Talento que comparte con el padre Garibay. A partir del primer encuentro, León Portilla continuará trabajando al lado del padre Ángel María en lo que más tarde será su tesis doctoral: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes. El trabajo doctoral de Miguel León Portilla sigue el camino de Garibay, demostrar, en este caso, que existió una filosofía entre los antiguos nahuas. La tesis doctoral se presenta en agosto de 1956 alcanzando el calificado de summa cum laude, a petición del doctor Larroyo presidente del tribunal de examen.

El antecedente de la tesis de Miguel León Portilla, como ya se dijo, parece encontrarse en uno de los proyectos del padre Garibay: demostrar la existencia de una literatura náhuatl [Garibay K., 1954]. Pero también lo encontramos en el planteamiento, que hace Samuel Ramos, en 1943, al publicar su Historia de la filosofía en México. La intención de Ramos es contar con los documentos para impartir el primer curso de Historia de la filosofía en México, así que la pregunta o preguntas que surgirán en la planeación del curso serán: ¿Hubo filosofía entre los antiguos mexicanos? [Ramos, 1976], ¿en qué momento inicia la filosofía en México?, ¿con la introducción o implantación de la filosofía, llevada a cabo por el hispano? o ¿se puede hablar de una filosofía anterior a la conquista española?, de ser así ¿qué características tuvo? Iniciemos comentando, brevemente, los antecedentes.

Con la publicación en 1940 de su Poesía indígena de la Altiplanicie y la Épica náhuatl de 1945, Garibay se cuestiona sobre la posibilidad de que, entre los antiguos nahuas, existiera una literatura. Labor por demás difícil; afirmar tal existencia implicaba la presentación de pruebas y la inevitable comparación con otras grandes literaturas. El padre sale avante en su empresa, en 1953 presenta en su Historia de la literatura náhuatl las pruebas que le permiten afirmar que existió una literatura náhuatl. El problema que el padre entreveía, en la afirmación de la existencia de una literatura náhuatl, va a acompañar al trabajo de Miguel León Portilla, esto es, afirmar que existió una literatura de los pueblos nahuas, o que existió una filosofía náhuatl, siguiendo el caso de León Portilla, implica que se da por hecho la existencia, en algún momento, de ese objeto. Y si existió, como un objeto real creado y cultivado por muchos hombres, posee una historia y un término por el cual puede ser nombrado. Aquí encontramos la gran problemática que enfrentarán planteamientos como el de León Portilla: los Términos y los Conceptos.

La problemática de Garibay en 1940 era: ¿cómo llamar literatura al cuícatl nahua si literatura viene de letra y los nahuas, anteriores a la conquista, carecían de letras o alfabeto? Y la problemática de Samuel Ramos, por esos días, será: ¿cómo se debe iniciar una historia de la filosofía en México?, ¿dando por hecho que la filosofía comenzó a ser, en América, a partir de una implantación? El problema es agudo, reconocer que fue implantada implicaría que la posibilidad de hacer filosofía sólo es exclusiva del que la implanta: en un principio la nada absoluta, de pronto, la palabra.

Samuel Ramos se encontrará ante un problema agudo, es evidente, nos dirá, siguiendo la opinión de José Vasconcelos [Ramos, 1976], que un pueblo con arquitectura revela una forma de pensamiento y una filosofía, las características de las formas arquitectónicas revelarán la forma en que se concibe un pueblo y la forma en que resuelve su existencia. Pero la dificultad del investigador se encuentra en la carencia de fuentes y en la desaparición de los lenguajes especializados de las elites indígenas. Es evidente, Samuel Ramos no cuenta con las fuentes suficientes (también Garibay padecía la carencia de fuentes para sostener la existencia de una literatura nahua en 1940 [Garibay, 1940]), su análisis se fincará en las tesis de Levy-Bruhl y Frazer que lo llevarán a concluir, sin mucha firmeza: no existió filosofía en el México prehispánico, ni ciencia [Ramos, 1976]. Ramos no parece dar una respuesta definitiva, sólo es un instigador ante la problemática, Miguel León Portilla sí enfrentará directamente el problema.

Pero revisemos el panorama que se presentaba ante León Portilla: afirmar que la filosofía, la literatura y la historia fueron fundadas, introducidas o implantadas en el mismo instante en que América fue creada, inventada, equivale a decir que las tres ciencias no fueron practicadas por los hombres que habitaron estas tierras antes de la llegada del hispano, sino que vinieron a ser gracias a la irrupción de occidente. El problema se advierte mayor cuando se observa que los pueblos nahuas dejaron constancia de su paso por el mundo, tenían preocupaciones éticas, buscaban reglas para regir el comportamiento de la persona, preguntaban por el origen y destino del mundo y se conmovían ante lo bello. ¿Cómo se ha de llamar a todos estos intereses humanos?

Parece que León Portilla advertía el problema de fondo, los términos con que se nombra a las cosas aparentemente son propiedad exclusiva del pueblo que los utilizó originalmente, y más, la posesión del término lleva a la posesión del ser de la cosa. ¡El gran pecado de occidente!

La filosofía, en América viene a ser con América, se implanta [Navarro, 1983], se dijo líneas arriba, en una nueva realidad en un Nuevo Mundo. Filosofía es un término griego, es una tradición, una historia sagrada inamovible, los pueblos prehispánicos no la conocieron, no la practicaron, no poseían el término ni la tradición. Según esto concluiríamos al modo de Ginés de Sepúlveda: Hombre y persona son términos que no existían en los pueblos prehispánicos antes de América, términos de la tradición occidental, ¿se puede hablar del hombre antes de América? o ¿el hombre comenzó a ser con la invención de América y la llegada del hispano? [Sepúlveda, 1996].

León Portilla resolverá la cuestión al modo de Ortega y Gasset: una ciencia no existe si no es necesaria, si no hay un hombre o hombres a los que sea menester [Ortega y Gasset, 1968]. Pero, cuando las necesidades apremian, las ciencias se hacen, independientemente de los términos. La pregunta de Ramos se transformará en León Portilla de: ¿Hubo filosofía entre los antiguos mexicanos? A ¿existió en el hombre prehispánico la necesidad de filosofía? Por supuesto, responderá León Portilla y esa necesidad se satisfacía con los medios que estaban al alcance del hombre prehispánico.1

La trascendencia de La Filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, radica en que responde a la pregunta que había sido formulada por Samuel Ramos: una Historia de la Filosofía en México puede iniciarse repasando los logros y preocupaciones del hombre prehispánico.

La valía del trabajo sobre la filosofía náhuatl es mucha, pues tiene una continuidad. León Portilla no considera la sabiduría de los pueblos nahuas como un simple hecho del pasado, el estudio de la historia carecería de sentido si no se contemplara el presente. Los antiguos nahuas no son esas enormes estatuas de cuerpos estilizados al modo griego, sino hombres de carne y hueso que nos legaron su muy peculiar manera de verse a sí mismos y al mundo. La documentación está ahí, una, venida del interés del fraile por rescatar la sabiduría antigua, para limpiar lo idolátrico y rescatar lo que se podría aplicar para educar a españoles e indígenas. Recordemos que los huehuetlatolli recogidos por fray Andrés de Olmos y Sahagún se utilizaron para aleccionar a los miembros de su escuela. Tenemos la visión de los españoles ganadores como Cortés y Díaz del Castillo, pero también la Visión de los vencidos. La visión del otro, que desde aquí narraba la historia y su percepción de los hombres y las cosas. El otro, el indio, según el español, es para Miguel León Portilla un nosotros [León Portilla, 1997], y ese nosotros se aplica a todos los hombres del mundo.

Continuidad

Cuando se le pregunta al maestro León Portilla por sus principales influencias, nos dirá que sus lecturas van desde la obra de Emmanuel Kant (que ha leído en alemán), hasta los clásicos griegos y latinos. Pero es en la Colección de Cantares de la Biblioteca Nacional donde encontró un “remedio para los extremos racionalistas”. En el cuícatl descubrió la flor y el canto, la visión estética nahua y, por supuesto, el cómo una dualidad antagónica en el occidente socrático-platónico existe, en el mundo prehispánico, como una dualidad vivificadora: la poesía y la filosofía como una sola cosa.

He ahí la continuidad nos dirá el maestro León Portilla: en la flor y el canto. El arte también es un camino de conocimiento. El problema del mexicano radicará en su constante negación y menosprecio hacia lo propio que lo hace negarse a recorrer, de un modo pleno ese camino. La negación es hermana del desconocimiento, se niega lo que no se conoce, si el mexicano desconoce su historia vivirá negando sus posibilidades presentes y futuras.2 Ya José Vasconcelos había dicho que los mexicanos somos seres estéticos, por eso no hacemos filosofía al modo del pueblo alemán o inglés.3 No percibimos el tiempo, la vida y la muerte o el amor del mismo modo que otras naciones. Aquí se hace evidente la continuidad, los símbolos del pasado sobreviven en la memoria del mexicano contemporáneo, es por eso que amamos y hablamos a nuestro modo. Eso lo percibimos fácilmente cuando viajamos a otra nación. Para León Portilla hay una continuidad de lo prehispánico en el México actual, que va de los aspectos obvios como la alimentación y los muchos nahuatlismos que utilizamos, hasta las expresiones y la forma de responder a los problemas. Al respecto nos dice:

Un mexicano que desconoce ese legado está imposibilitado para conocerse, o se encontraría en la disyuntiva de decir que su cultura es totalmente occidental... Un ejemplo es cuando un mexicano viaja a España, entra en un restaurante y habla con el mesero (que ahí llaman camarero) exactamente igual a como si estuviera en México. El otro se sorprende al ver la forma tan cortés de decirle: “Señor, querría usted ver si pudiera traerme un poquito de agua, por favor.” El español diría simplemente, como mandando: “Sirva usted agua a todos”. Es un mundo diferente [León Portilla, 1997: 12].

Las ceremonias tan comunes en los momentos importantes del mestizo y el indígena, el gusto por las ceremonias que se hacen manifiestas en la forma de hablar es uno de los legados más evidentes, según León Portilla, del mundo prehispánico. Pero es absurdo, nos dirá, pensar que toda la raíz es indígena.

La forma en que León Portilla ve la continuidad de lo prehispánico se entiende cuando le preguntamos por su escuela de historia, el maestro dice no pertenecer a alguna, pero sí seguir al historicismo. De ahí su afirmación: “un mexicano que desconoce ese legado (el prehispánico) está imposibilitado para conocerse” [León Portilla, 1997: 12].

La escuela de historia de Miguel León Portilla parece es continuadora de la que, en su tiempo, proponían Samuel Ramos y José Gaos. Se estudiará al pasado para la comprensión plena de lo que se es en el presente, en esta circunstancia. Los hechos que determinaron la realidad mexicana o americana corresponden sólo a esta realidad. Ocultar o desaparecer de tajo al pasado es imposible. Si se oculta se hará manifiesto de la manera más absurda, revelando que no se es completamente un mundo ni otro. El encuentro de dos mundos,4 cobra sentido aquí, León Portilla lo entiende como el mestizaje, algo que se es. Somos dos mundos encontrados, la historia, las dos historias, constituyen dos espejos que al final, llevarán al mestizo que las contempla a una catarsis. El mestizo descubre al contemplar su rostro en los dos espejos su origen, el sentido y su rumbo. No contemplar equivale a padecer amnesia, ir por el mundo sin conocer: ¿quién se es?, ¿qué se es?, ¿a dónde se va?

Los especialistas afirman que, juntos, los tiempos prehistóricos y la historia antigua del México central abarcan por lo menos diez mil años. Comparado este lapso con los trescientos años de vida colonial y el siglo y medio de moderna nación independiente, se verá que resulta apropiado llamar a los milenios prehispánicos “subsuelo y raíz del México actual” [León Portilla, 1961: 13].

¿Hay una continuidad del mundo prehispánico en el mexicano contemporáneo?, por supuesto, responderá León Portilla. La prehistoria y la historia antigua de lo que ahora es México tienen una duración de, al menos diez mil años. Siglos que, sin duda determinaron rasgos de carácter, costumbres alimenticias, esperanzas y temores. Los siglos de colonia hispana y México independiente son muy pocos en comparación con esa carga de siglos que determina la memoria colectiva.

Al llamar “subsuelo y raíz del México actual” a esos diez mil años, León Portilla hará hincapié en La Memoria. En la literatura y la historia prehispánicas la memoria es el centro motor, la raíz que permitirá tomar rumbo a los hombres y pueblos. Un hombre sin raíz, sin fundamento o memoria, es para la tradición náhuatl, algo parecido al animal silvestre.

Una memoria forjada durante siglos no desaparece, se niega, se dijo ya por desconocimiento, y el desconocimiento nos lleva también al menosprecio. Recordemos que mucho hay de menosprecio cuando se descalifica la antigua sabiduría de Anáhuac, agregando que no es filosofía sino religión primitiva (tampoco Religión con mayúsculas), cosmovisión. El menosprecio implicará descalificar a los hombres y pueblos que forjaron esa filosofía, quedarse en un mundo que no se es sin alcanzar a observar los dos espejos.

La Visión de los vencidos, nos dirá León Portilla cobra importancia cuando activa la memoria dormida, se leerá pensando también en la visión del vencedor. El vencido ya no tiene una nacionalidad u origen racial específico, es el nosotros que observa sin importar los términos con que se auto proclama en el mundo. La memoria nos dirá que la confrontación con el otro es una cuestión de términos: los nombres con que cada pueblo enuncia a los dioses, a los hombres, a lo justo e injusto. No es un ejercicio inútil recuperar la memoria y encontrar, en nuestro origen, la curación de muchos males.

 

Bibliografía

Directa

  • León Portilla, M. (1956). La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes. Instituto Indigenista Iberoamericano. México.

  • ________. (1961). Los antiguos mexicanos. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1972). Nezahualcóyotl poesía y pensamiento. Gobierno del Estado de México. Texcoco.

  • ________. (1997). Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • ________. (2001). Rostro y corazón de Anáhuac. Asociación Nacional del Libro A. C. México.

Indirecta

  • Gaos, J. (1980). En torno a la filosofía mexicana. Alianza Editorial Mexicana. México.

  • ________. (1990). Pensamiento en lengua española, en Obras completas, Tomo VI. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • Garibay K., Á. M. (1940). Poesía indígena de la Altiplanicie. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • ________. (1945). Épica náhuatl. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • ________.(1954). Historia de la literatura náhuatl, Tomos I y II. Editorial Porrúa. México.

  • ________. (1984). “Discurso pronunciado en ocasión del Ingreso de Miguel León Portilla a la Academia Mexicana de la Lengua”, 27 de julio de 1962, en Varios, Miguel León-Portilla: Imagen y obra escogida. Universidad Nacional Autónoma de México, Colección México. México.

  • Ginés de Sepúlveda, J. (1996). Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. Fondo de Cultura Económica. México.

  • Navarro B., B. (1983). Cultura mexicana moderna en el siglo XVIII. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • Ortega y Gasset. J. (1968). Unas lecciones de metafísica. Alianza. Madrid.

  • Ramos, S. (1976). Historia de la filosofía en México, en Obras completas, Tomo II. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • _________. (1976). El perfil del hombre y la cultura en México. Espasa-Calpe Mexicana. México.

 

Notas

1 La respuesta de Miguel León Portilla tiene mucho de la propuesta que hace José Gaos en Pensamiento en lengua española. El mismo León Portilla citará el planteamiento de Gaos en las primeras páginas de La filosofía náhuatl.

2 Aquí hay una clara relación con las preocupaciones de Samuel Ramos en Perfil del hombre y la cultura en México.

3 Miguel León Portilla comulgará más con la propuesta del maestro José Gaos: Hace falta una definición de filosofía, acorde a la lengua. No se puede juzgar la existencia de una filosofía usando el concepto de filosofía aplicado para la lengua y la circunstancia sajona.

4 Recordemos que Miguel León Portilla acuña esa frase, tan vituperada por algunos.

Víctor Manuel Hernández Torres
Universidad Autónoma del Estado de México
Actualizado, octubre 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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