Jesús Silva Herzog

 

Jesús Silva Herzog: un economista mexicano

 

Humberto F. Rodríguez Pichardo

Hombre de realizaciones

A pesar de los detractores, la economía como parte de las ciencias sociales tiene un gran reto con la sociedad, la de generar nuevos conocimientos que posibiliten la solución de los problemas económicos más acuciantes de nuestro tiempo. Este compromiso crece más en países como México, donde las crisis pasan a ser parte de la cotidianidad, empobreciendo a la mayor parte de la población.

La creación de nuevos paradigmas económicos y sociales le corresponde a los economistas, quienes asumieron, desde siempre, la responsabilidad de dar respuesta a los requerimientos de los individuos y de su vida en común. Para ello, estudian la producción, la distribución, la circulación y el consumo de mercancías; con el fin de desentrañar ciertas leyes que las gobiernan en cada una de las etapas de la historia de la humanidad. También, como parte de la sociedad, los estudiosos de la economía tienen la obligación de asumir el papel que la sociedad les asigna. Por tanto, los economistas tienen una doble tarea, la de ser científicos sociales y la de fungir como actores de su tiempo participando en el quehacer que la posición misma les impone.

Jesús Silva Herzog es un claro ejemplo de las especificaciones antes mencionadas debido a que como economista y como hombre público, siempre fue una figura destacada, desempeñó su labor eficientemente sirviendo a los altos intereses de la nación mexicana.

Silva Herzog, el estudioso de la economía de México, siempre abordó los problemas de manera sistemática y con espíritu científico y crítico y, como servidor público, su actuación fue la de un hombre honrado, honesto, firme en sus convicciones y fiel a sus principios.

Robert T. L. Heilbroner escribe en la introducción de su libro Vida y doctrina de los grandes economistas, que estos pensadores de todos los tiempos son:

...un puñado de hombres que pueden alegar un extraño título a la celebridad. Si nos guiamos por las normas que rigen los libros de historia que sirven de textos en las escuelas, ese puñado de hombres fueron seres sin importancia: no estuvieron al frente de ejércitos, no enviaron hombres a la muerte, no mandaron imperios y tuvieron escasa participación en las decisiones que moldearon la historia. Algunos de ellos adquirieron nombradía, pero ninguno de ellos llegó a la categoría de héroe nacional; algunos fueron víctimas de duras agresiones verbales, pero a ninguno llegó a considerársele como una vergüenza nacional. Y, sin embargo, lo que ellos hicieron tuvo en la Historia influencia más decisiva que muchas acciones de los estadistas a quienes la gloria confirió su máximo brillo; produjo trastornos que fueron, con frecuencia, más profundos que el ir y venir de los ejércitos a través de las fronteras, y tuvo mayor eficacia, para bien o para mal, que muchos decretos y leyes promulgadas por monarcas y legislaturas. Lo que hicieron esos hombres fue moldear y regir las inteligencias humanas.

Y como todo aquél que recluta las inteligencias humanas adquiere un poder superior al de la espada y al del cetro” (Heilbroner, 1983:17).

Jesús Silva Herzog pertenece a este puñado de hombres, sus ideas han servido para construir a México y a muchos de los países latinoamericanos. Sus obras, conferencias, artículos y la docencia, fueron los medios para difundir su pensamiento durante el siglo XX. Ahora, en los albores del nuevo milenio y ante la incertidumbre que rige al mundo en todos los ámbitos y niveles del quehacer humano y en particular en nuestro país, resulta necesario e imprescindible regresar a nuestras fuentes generadoras de sabiduría y Silva Herzog es una de ellas.

El presente escrito tiene la finalidad de realizar una remembranza de la obra de este economista mexicano, que como todos los insignes fue multifacético; poeta, escritor, funcionario público, embajador, maestro; pero sobre todo, un científico social de su tiempo.

Primeros años

El maestro Jesús Silva Herzog vivió el México revolucionario, el institucional y el de la crisis. Su presencia fue tonificante en todos los lugares y tiempos que las circunstancias le permitieron estar.

Su peregrinar comenzó en los albores de la Revolución Mexicana, pasando por los primeros gobiernos posrevolucionarios, por la expropiación petrolera, hasta llegar al agotamiento del modelo de sustituciones de importaciones, en las décadas de los 60s y los 70s.

Escribió y publicó alrededor de treinta libros, más de 200 artículos, dictó una gran cantidad de conferencias por todo el mundo, impartió clases en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, en Chapingo, en su natal San Luis Potosí y en muchas universidades de América y Europa.

Por otra parte, fundó y dirigió varias revistas literarias, culturales, políticas y de economía. De todas ellas, destaca sin duda Cuadernos Americanos. Perteneció a una gran cantidad de organizaciones científicas y culturales del país, de América Latina y del mundo.

Al estudiar la obra y las acciones de Silva Herzog, su figura crece entre las virtudes y miserias de México del siglo XX. Como los personajes importantes de la historia nacional, se multiplicó, tal vez sin quererlo, asumiendo con dignidad y prestancia todos los papeles que le tocaron vivir; pero sobre todo, destaca el de hombre comprometido con las causas más sagradas del pueblo mexicano: la libertad, la independencia, el progreso, la defensa de la soberanía y del nacionalismo.

Su espíritu rebelde se forjó desde su juventud, luchando al lado de un pueblo con sed de justicia y libertad. Combatió con la pluma, desde la trinchera de los periódicos y las revistas literarias al porfirismo y al traidor Huerta, apoyó primeramente a Francisco I. Madero y después a una de las facciones revolucionarias, lo cual casi le cuesta la vida.

Años más tarde, escribió su versión de la revolución mexicana en el libro Breve historia de la Revolución Mexicana, ahí muestra devoción por los principios que dieron origen a este fenómeno social.

En esta etapa de marcada violencia, inicia la formación en lo que sería su principal pasión: la economía. Silva Herzog escribe al respecto que llegó a ser economista por las “furias del averno”. Precisamente en los años 20s, comienzó a tomar clases de economía política, a la cual dedicó el mayor tiempo y dejó atrás la literatura. Empezaron a desfilar por su mente los economistas clásicos, entre ellos Adam Smith y David Ricardo, obviamente no podía faltar Carlos Marx. Esto encaminó su acercamiento a las ciencias sociales.

Años más tarde, debutó como profesor de economía en la Escuela Nacional de Agricultura, conocida popularmente como Chapingo. En 1925, ingresó a la Universidad Autónoma de México para impartir el curso de problemas económicos y sociales de México.

Por ese tiempo, su fama de economista le permitió ser contratado por el gobierno federal: primero, como jefe de la Sección Técnica de la Dirección de Escuelas Centrales y de Cooperación y Crédito Agrícola, dependiente de la Secretaría de Agricultura y, después fue nombrado jefe de la Oficina de Producción, Distribución y Consumo del Departamento de la Estadística Nacional.

También por esa época, comienza junto con otros intelectuales mexicanos y latinoamericanos a organizar centros de estudios e investigación, donde abordan problemas de México en sus aspectos económicos y sociales, sin faltar los de América Latina. En 1928, el destino lo llevó a ser nombrado embajador plenipotenciario de México en la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, lo cual le permitió acercarse al análisis del socialismo. Se convierte en uno de los especialistas mexicanos más importantes de la problemática del primer país socialista del mundo. Su opinión se expresa en el libro Aspectos económicos de la Unión Soviética. Es uno de los primeros que difundieron, en México, el pensamiento de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimiro Ilich Ulianov Lenin. Fundadores y precursores del socialismo científico.

Su estancia en Europa y en Moscú, le brinda la oportunidad de conocer y trabar amistad con los principales economistas (contemporáneos suyos) de esa región del mundo. Asimismo, dirigió su atención a las universidades y bibliotecas europeas, donde amplió sus conocimientos de la ciencia económica.

Su cargo como embajador fue breve. Al regresar a México, se encargó de organizar la Universidad Obrera y Campesina. Con esto refrendó su apoyo a las acciones educativas que más adelante, junto con Narciso Bassols, generaron proyectos que sirvieron de impulso a la educación popular.

En 1932, Jesús Silva Herzog fue designado oficial mayor de la Secretaría de Educación Pública por el ministro Narciso Bassols, en sustitución de Samuel Ramos (quien renunció al cargo). Más adelante fue nombrado subsecretario de la misma dependencia, en este puesto pudo colaborar para sentar las bases de la conformación del actual Sistema Educativo Nacional, donde destacan los siguientes aspectos: realización de estudios y proyectos para la dotación de desayunos escolares a los niños más necesitados, matriculados en escuelas públicas, con el propósito de mejorar el rendimiento académico y físico de los mismos.

La otra aportación en este ramo, consistió en el proyecto de implantación de la educación sexual en los últimos años de instrucción primaria y los tres años de secundaria. Otro rubro que resulta interesante destacar es que participó en la elaboración del decreto que otorgaba la autonomía a la Universidad Nacional, hecho que facilitó la organización de las instituciones de educación superior de nuestra nación.

Tal hecho es de trascendencia para la vida universitaria mexicana, pues permitió que las universidades públicas del país se independizaran del gobierno y se organizaran autónomamente para cumplir sus funciones sustantivas que les son propias: la docencia, la investigación, la difusión y la extensión.

Faceta de madurez

Una de las facetas más importantes de Silva Herzog es, como ya se mencionó, la de investigador y autor de libros y escritos acerca de los problemas económicos de México. En 1932 organizó la Oficina de Estudios Económicos de los Ferrocarriles Nacionales de México en donde participó como director y asesor de varias investigaciones. Entre los libros resultantes como producto de su coautoría se encuentran: Los salarios y la empresa de los Ferrocarriles Nacionales de México, Un estudio del costo de la vida en México, México económico 1928 1930 y Los seguros sociales en el exterior.

Su labor de investigación económica se complementó con la docencia en esta rama del saber. A inicios de los años 30s ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México para impartir clases en la Sección de Economía que en aquel entonces formaba parte de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. El curso que impartió fue el de historia de las doctrinas económicas, el cual atendió hasta el año de 1963, en la Facultad de Economía de la misma institución.

La experiencia adquirida en este curso se escribió en dos textos denominados: Historia de las doctrinas económicas y la Antología del pensamiento económico, libros obligatorios para los estudiantes de economía en el país, por mucho tiempo. La importancia de estas obras para la preparación y formación de las nuevas generaciones de economistas fue fundamental y de gran relevancia.

Su prestigio como economista rebasó las fronteras nacionales, al escribir en revistas de economía de primer nivel de otros países, una serie de artículos relacionados con la problemática económica de México. Sin duda, la difusión de sus reflexiones y análisis al respecto, favorecieron su imagen, engrandeciendo su labor como científico social de renombre.

En 1935, apoyó la transformación de la citada Sección de Economía de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en la Escuela Nacional de Economía como organismo académico independiente dentro de la UNAM. Para 1940, el Consejo Universitario le otorgó a Jesús Silva Herzog, el título de Licenciado en Economía ex oficio y, meses más tarde, el nombramiento de director de la institución.

En la toma de posesión del cargo, Silva Herzog pronunció un discurso, del cual selecciono los siguientes párrafos: “México tiene numerosos problemas que resolver, problemas que se han ido acumulando a través de varias décadas, y a los cuales no ha sido posible hallarles la adecuada solución. El problema fundamental de México, lo he dicho no una sino muchas veces y no es malo repetirlo, el problema fundamental de México es hacerlo” (Silva, 1972: 100). y continuando con el mismo texto “Los problemas de México se pueden conocer no sólo a través de los libros escritos, sino a través del trabajo paciente, de laboriosas investigaciones directas, ¿Y quién puede hacerlo? Lo puede hacer el que tiene preparación cultural para ello, el que tiene anhelos superiores de servir a su país” (Ibíd.: 101).

Lo anterior manifiesta el profundo compromiso de este personaje por estudiar los problemas de México, que son los de siempre: la miseria de los campesinos, la falta de educación, la insuficiencia de los servicios públicos, la insalubridad, etc. Y no sólo se limitaba a realizar su diagnóstico, sino a proponer soluciones viables y pasar inmediatamente a la acción.

 Las aportaciones de mayor trascendencia en su gestión como directivo fueron: la fundación del Instituto de Investigaciones Económicas y la creación de la revista Investigación Económica, los cuales permanecen hasta nuestros días.

A inicios del año 1945, fue designado por el Consejo Universitario, miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM, que entre otras funciones tiene la facultad de nombrar al rector de la misma; en tal cargo, permaneció hasta finales de los años 60s, precisamente antes de que estallara el conflicto estudiantil de 1968.

Una de sus mayores contribuciones a la labor cultural-científica fue la fundación y edición de la revista Cuadernos Americanos, de la cual apareció su primer número en enero-febrero de 1942. En esta revista han participado los principales intelectuales de América Latina y de España, siendo Silva Herzog su primer director, cargo que desempeñó por 25 años.

Por reconocimiento a su obra científica fue distinguido como miembro de El Colegio Nacional en la Sección de Economía. Como tal dictó innumerables conferencias y presentó sus diversos libros, de gran impacto en la comunidad intelectual; asimismo fue nombrado integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, filial de la española.

En la década de los 50s, la labor habitual de Silva Herzog consistía en tres actividades básicas: la impartición de cursos en la Escuela Nacional de Economía, la dirección de Cuadernos Americanos y la elaboración de artículos. Esta situación se veía de vez en cuando interrumpida por los viajes en el interior de la república y al extranjero, entre estos últimos destacan sus visitas a Cuba, Argentina, Perú y Costa Rica. El motivo de estas salidas estuvieron relacionados con la disertación de conferencias y la conducción de seminarios, por invitación de universidades de prestigio.

Vocación nacionalista

Jesús Silva Herzog reafirmó su vocación nacionalista y revolucionaria, poniéndose al lado del pueblo mexicano y su gobierno ante la arremetida de las compañías petroleras extranjeras, que ávidas de poder y riqueza intentaron saquear los recursos petroleros del país. En 1934, durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas, ocupó la Dirección General de Ingresos, dependiente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; más adelante, fue nombrado asesor del secretario del organismo citado. Desde esta posición inició su intervención activa en el conflicto petrolero (aunque desde años atrás, Silva Herzog realizó estudios de la industria petrolera de México, a tal grado que se le consideraba un experto en la materia), donde destacó su participación al ser designado por el presidente Cárdenas para presentar un informe acerca del estado de la industria petrolera en todos sus órdenes.

El documento mencionado contenía un saldo favorable a los intereses de los trabajadores petroleros y de la nación, y una fuerte crítica a las empresas petroleras extranjeras. Estas últimas se declararon en rebeldía, lo que obligó al gobierno mexicano a declarar la expropiación de estos recursos, el 18 de marzo de 1938.

La reestructuración de la industria petrolera mexicana implicó que ésta se dividiera en dos partes: la primera de ellas se dedicó a la producción y la segunda, a las ventas y comercialización. Silva Herzog fue nombrado Gerente General de la última, conocida como la Distribuidora de Petróleos Mexicanos.

Una de sus principales tareas fue la de combatir el boicot organizado por las empresas extranjeras y la hostilidad de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra hacia México, a través de la búsqueda de nuevos mercados y mediante la adquisición de buques –tanque que transportarían el energético, puesto que los que pertenecían al gobierno eran insuficientes.

Como puede notarse, la participación de Silva Herzog fue muy importante para la industria petrolera mexicana en su desarrollo posterior. El estudio y análisis del proceso de expropiación lo expone de manera abierta y sin cortapisas en su libro Petróleo Mexicano. Historia de un problema, en donde reafirma su actuar de hombre comprometido con su nación y su calidad de acucioso investigador.

La carrera de funcionario público de Silva Herzog continúa hasta 1946, ocupando varios puestos en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, siendo el cargo de subsecretario el de mayor nivel. En estas encomiendas, su espíritu de luchador social no vaciló; por lo contrario, siguió sirviendo a las mejores causas del pueblo mexicano.

Hombre de servicio

Para terminar, resulta necesario mencionar la encomiable labor realizada por Silva Herzog, en beneficio del país y dirigida a los ámbitos de la educación, la investigación, la cultura y la administración pública; todo esto sólo puede ser posible en un hombre que ame con intensidad su trabajo, la ciencia y, sobre todo, a la patria. Para decirlo con sus propias palabras: “Desde que era joven se me metió México en la carne, en la sangre y en los huesos; una gotita de luz insignificante, me metí dentro de la patria. Por ella, quiero seguir viviendo, para servirla con amor, con un amor inmenso, para contribuir a hacerla cada vez más justa, más libre y respetada” (Silva, 1994: 621).

Jesús Silva Herzog es sin duda el máximo representante de los estudiosos mexicanos de la ciencia económica, que junto con la generación de intelectuales, filósofos, escritores pintores, científicos y políticos que surgieron durante y después de la revolución mexicana, forman la pléyade de hombres y mujeres que construyeron las bases del México moderno.

Para muchos, Silva Herzog prestó un gran servicio al país, puesto que llevó a efecto ¡la mexicanización de la ciencia económica!, sintetizó las diferentes corrientes del pensamiento económico universal, difundió en las aulas y en los centros de investigación, el producto de los trabajos y análisis realizados; colaboró además, en las investigaciones de los problemas económicos y sociales posibilitando políticas, propuestas y alternativas de solución.

Bibliografía

Directa

  • Silva Herzog, J. (1941). Petróleo Mexicano. Historia de un problema. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1961). Antología del pensamiento económico–social. De la antigüedad al siglo XVI. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1963). Antología del pensamiento económico–social. De Bodino a Proudhon. Fondo de Cultura Económica.

  • ________. (1964). El agrarismo mexicano y la reforma agraria: exposición y crítica. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1971). La Economía política en México 1810–1974. Cuadernos Americanos. México.

  • ________. (1972a). La larga marcha de un hombre de izquierda. UNAM. México.

  • ________. (1972b). Breve historia de la Revolución Mexicana. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1972c). El Pensamiento económico, social y político de México 1810 –1964. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1994). Una Vida en la vida de México. Siglo XXI Editores/El Colegio Nacional. México.

  • ________. (1999). Una historia de la Universidad de México y sus problemas. Siglo XXI Editores. México.

Indirecta

  • Heilbroner, R. L. (1985). Vida y doctrina de los grandes economistas. Ediciones Orbis. Madrid.

 *La versión impresa apareció en el libro: Alberto Saladino García (compilador), Humanismo mexicano del siglo XX, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, Tomo I, págs. 473-484.

Humberto F. Rodríguez Pichardo
Universidad Autónoma del Estado de México
Julio 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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