Gumersindo de Azcárate

Minuta de un testamento

X
[Legados]

1. La primera persona que el deber y el corazón me recuerdan al hacer la distribución de mis bienes, es mi querida mujer, la inseparable compañera de mi vida; y en recuerdo de la completa felicidad que yo he gozado a su lado, la lego todos mis muebles, alhajas, enseres y ropas, a fin de que quede intacto el hogar, testigo de nuestra dicha[1]; y la lego asimismo toda la existencia en metálico que obre en mi caja el día que yo fallezca, como justa recompensa a su discreta e importante participación en la conservación y acrecentamiento de nuestros bienes; y para que sirva de aumento a la dote que aportó al matrimonio y al caudal que heredó de sus padres, los cuales son de su exclusiva propiedad[2].

2. Lego a mi hijo mayor el reloj que yo uso y que heredé de mi padre. El tiempo que midió, mientras le poseyeron sus ascendientes, no fue perdido para el bien, y espero que él pueda decir lo mismo cuando lo legue a sus descendientes[3].

3. Lego a mi hijo segundo el anillo que llevo desde que me casé con su bondadosa madre, para que cuando contraiga matrimonio, que deseo y espero sea pronto[4], le sirva para el mismo objeto, y pueda recordarle siempre que la fidelidad conyugal ha de ser tan pura e inalterable como lo es el metal de que está formado, y como lo ha sido la que mantuvieron constantemente sus padres.

4. Lego a mi hija el cuadro que está en mi dormitorio y que tiene pintada la cruz en que murió Jesús con la inscripción que resume su santa doctrina: “amaos los unos a los otros”. Si alguna vez asaltan dudas a su espíritu católico, pensando en las creencias religiosas de su padre, este cuadro servirá para recordarle que el autor de sus días murió siendo cristiano[5].

5. Lego a N... en justo recuerdo a su constante y cariñosa amistad, a que he debido tantos consuelos y consejos en circunstancias críticas de mi vida, las obras del ilustre Channing[6], que leímos juntos más de una vez, y cuyo espíritu, verdaderamente piadoso y cristiano, tanto nos embelesaba a ambos, no obstante permanecer él aún en el gremio de la Iglesia católica[7].

6. Lego a mi amigo C... el estuche de instrumentos de cirugía de mi uso. Consérvelo en recuerdo de este su antiguo compañero, que supo hacer justicia a la sinceridad de sus convicciones, sin que fueran parte a enfriar su cariño las diferencias entre sus ideas y creencias y las mías. Tengo la esperanza, y con ella moriré, si antes no se convierte en realidad, de que mi buen amigo encontrará lo que hasta ahora no le han permitido hallar defectos de educación y ciertas preocupaciones científicas[8]; y lo creo, porque él practica lo que Malebranche consideraba como primer precepto de la 1ogica: “ser hombre honrado”[9].

7. Lego a M... viuda del que fue durante tantos años mi fiel servidor, el derecho a una pensión vitalicia de tres reales diarios, que percibirán sus hijos menores de edad, si ella falleciese; a S... y su mujer el derecho de habitar el cuarto que hoy ocupan en la casa de mi-propiedad; a R… y S... mis actuales criados, dos mil reales al primero y mil al segundo, si estuvieran prestando servicio el día de mi muerte; y además los trajes de luto que es costumbre en tales casos[10].

8. Lego a mi estimado pariente T... treinta mil reales, que percibirá en cinco plazos anuales, con destino a dar carrera a su hijo X…, ya que presenta tan singulares disposiciones para la ciencia[11], y que serían perdidas por el estado precario de la fortuna de sus padres.

9. Lego al Hospital del pueblo en que nací y me crié sesenta mil reales, que se invertirán en una inscripción intrasferible de la Deuda pública, para atender con el producto de su renta al sostenimiento de ancianos incurables que no tengan hijos[12]. Para procurar el exacto cumplimiento de esta manda, nombro una junta, que compondrán el alcalde, el titular de la parroquia en que me bauticé[13] y mi hijo mayor, sucediéndole en esta intervención sus descendientes en la forma de las vinculaciones ordinarias.

10. Lego al Hospicio del pueblo en que vivo, y en que espero morir, cuarenta mil reales, que se invertirán asimismo en Deuda pública, con destino a los niños expósitos, siendo mi deseo que, a ser posible, se emplee su producto en mejorar paulatinamente las condiciones higiénicas de aquel establecimiento[14]. Se creará una junta igual a la anterior, ocupando mi hijo segundo el lugar que en aquella toca al mayor.

11. Lego a la provincia de... ochenta mil reales, para que con lo que produzcan, una vez convertidos en Deuda pública, se atienda al fomento de la Escuela de artes y oficios [15] recientemente establecida. De esta fundación cuidarán el director del Instituto, el de la Escuela de artes y oficios, un diputado provincial, un concejal de la capital y uno de mis descendientes en la forma establecida en el penúltimo legado.

12. Lego a la Nación veinte mil reales para que con ellos se conceda un premio de catorce mil y un accesit de seis mil a los autores de las mejores Memorias sobre establecimientos penitenciarios, debiendo concederse al efecto un plazo de tres, cuatro o cinco años, y entendiéndose que ha de declararse en los trabajos la forma y modo de modificar los establecimientos penales existentes en el sentido que reclaman los adelantos científicos y las experiencias hechas en los más de los pueblos cultos[16]. Para llevar a cabo esta manda se creará una junta, que compondrán: el Director del ramo, el profesor de Derecho penal de la Universidad de Madrid, un individuo del Ateneo científico y literario, nombrado por su Junta de gobierno, otro de la Academia Matritense de Legislación, designado por su Junta Directiva, y mi hijo mayor.

13. Lego otros veinte mil reales a la Asociación para el progreso del Derecho internacional, para que los destine al logro de sus humanitarios y levantados propósitos[17].

14. Lego ochenta mil reales a la Iglesia católica y a la anglicana, por partes iguales[18], los cuales se han de destinar exclusivamente a las misiones que una y otra comunión mantienen en Asia, África y Oceanía, para contribuir por mi parte de algún modo a la difusión del Cristianismo por el mundo, y ayudar así a la obra santa de los que en nombre de una u otra Iglesia sacrifican su reposo y su vida por arrancar a pueblos incultos o salvajes de brazos de la ignorancia y traerlos a1 seno de la civilización moderna[19].

15. Lego a la Universidad de..., en recuerdo de haber sido profesor en ella, todos mis libros correspondientes a las ciencias médicas, los cuales deseo se conserven en su biblioteca en un estante o armario que lleve mi nombre[20].

16. Lego a la facultad de Medicina de la Universidad de Madrid la cantidad de cuarenta mil reales, para que una vez invertido en títulos de la Deuda pública, con su producto se conceda cada cinco años un premio al autor de la mejor Memoria sobre un tema de Fisiología o de Histología, de ésta con preferencia[21]. Al efecto se creará una junta compuesta del Decano de la facultad, de los profesores de Fisiología y de Histología, de un individuo de la Academia de Medicina nombrado por la misma y de una persona entendida que designará mi hijo mayor, y en su defecto el descendiente a quien corresponda en la forma en otro lugar dicha.

17. Lego a la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid otros cuarenta mil reales, para que con el producto de la Deuda que con ellos se adquiera, se conceda cada cinco años un premio al autor de la mejor Memoria sobre un tema de Filosofía o Historia de la Religión [22]. Constituirán la junta correspondiente, el Decano de la facultad, los profesores de Metafísica y de Historia universal, un individuo del Ateneo científico y literario nombrado por su Junta de gobierno, y mi hijo mayor o quien él designe, sucediéndole sus descendientes en la forma ya expresada[23].

Las juntas nombradas para el cumplimiento de los legados precedentes quedan ampliamente facultadas para modificar lo que dejo dispuesto, según lo exijan las circunstancias y teniendo siempre en cuenta el móvil general en que me he inspirado al hacer cada uno de aquellos[24]. Todos los legados de cantidad gravarán la herencia de mis hijos en proporción de lo que a cada uno corresponda, según la división que sigue a continuación.


Notas

[1] ¿Quién ha dejado de sentir pena al ver deshacer una casa a la muerte de un cónyuge sin respeto al que sobrevive? “Suplico al Rey mi señor, decía Isabel la Católica en su testamento, que se quiera servir de todas las joyas e cosas, o de las que a Su Señoría más agradaren, porque viéndolas puede haber más continua memoria del singular amor que a Su Señoría siempre tuve; e aun para que siempre se acuerde de que ha de morir, e que le espero en el otro siglo, e que con esta memoria pueda más santa e justamente vivir.”
En el mismo testamento se leen estas palabras: “Si el Rey mi señor prefiriese enterrarse en algún otro lugar, en tal caso es mi voluntad que mi cuerpo sea trasladado a él, y colocado a su lado, para que la unión que hemos gozado en esta vida, y en que por la gracia de Dios espero han de continuar nuestras almas en el cielo, se represente por la unión de nuestros cuerpos en la tierra.”

[2] Al parecer, el principio a que obedece esta disposición, es el que sirve de fundamento al sistema de gananciales, que es sin duda el más racional de los modos de organizar la propiedad de la familia, y una composición del sistema de separación y del de comunidad. Estos dos parten de un error: el primero, en cuanto desconoce que con el matrimonio nace una nueva personalidad, que debe de tener su propiedad; el segundo, en cuanto supone que desaparecen con el matrimonio la personalidad de los dos que lo contraen. El sistema de gananciales afirma a la par la personalidad de los contrayentes y la del matrimonio, y en consecuencia la propiedad de aquellos y la de éste.
El régimen, en virtud del cual el marido hace suya, al casarse, la propiedad del otro cónyuge, como sucedía en los primeros tiempos en Roma y hoy en Inglaterra, aunque relajado en este país el principio por excepciones y medios indirectos que está creando constantemente la ley en favor del sexo femenino, nace del supuesto erróneo de considerar que con, el matrimonio desaparece la personalidad de la mujer, la cual queda sometida al marido. El sistema dotal nació en Roma de circunstancias puramente históricas, y ni se funda en principio alguno, ni responde a este o aquel concepto que del matrimonio se forme.

[3] Tiene algo de misterioso y de inexplicable esté cariño que tenemos a las cosas que usaron de continuo las personas queridas de nosotros, así como el que la sociedad muestra por las que sirvieron a los hombres ilustres y que cuidadosamente guarda y conserva en sus museos.

[4] Más adelante, en la parte consagrada a dar consejos a sus hijos, se encontrará la explicación de esta frase.

[5] Véase también la parte citada en la nota precedente, donde se encuentra justificado este temor del testador.

[6] “A medida que voy envejeciendo, decía el ilustre Channing pocos meses antes de morir, me apena el ver las cadenas que pesan sobre el espíritu humano y las artes de que se valen los hombres para subyugar a la muchedumbre. Desconfío cada día más y más del influjo y del espíritu de secta. Me reconozco más libre fuera de todas las comuniones particulares y me esfuerzo por hacer más íntimos los vínculos que me unen con la Iglesia universal y con todos los hombres excelentes y santos.... Me mantengo alejado de todos, excepto de aquellos que buscan y piden, orando, una luz más explendorosa, una manifestación más pura, más efectiva, de la verdad cristiana.” Le Christianisme libéral, precedido de una introducción de M. E. Laboulaye; pág. xxvii.

[7] Este legado revela el empeño del testador en mostrar cómo sus nuevas creencias religiosas no han entibiado la estimación y el cariño que profesa a sus amigos católicos, de quienes se conoce deseaba vivamente ser correspondido con una tolerancia igual y el mismo espíritu cristiano; así como muestra, en la alusión que hace a las obras de Channing, el gozo que encontraba en comulgar en ciertas ideas con los demás hombres a pesar de la diversidad de creencias.

[8] Tan comunes en los médicos, los más de los cuales siguen la dirección del pensamiento denominada empírica, sensualista o positivista, la cual lleva a algunos de ellos al materialismo y consiguientemente al ateismo.

[9] Aunque el testador no lo dice claro, no es difícil comprender cuáles eran las doctrinas de este su antiguo compañero. Resulta al parecer que los amigos más queridos que aquel tenía eran un católico y un ateo; pero aquel sin duda cristiano de verdad; éste de aquellos que, habiendo perdido la fe en el Dios que adoraron cuando niños, atienden en su conciencia a la voz del real y verdadero, sin llegar todavía a reconocer la existencia del Ser que llevan sin embargo siempre presente en el espíritu. En esto se fundaba seguramente el testador para esperar confiado que su amigo encontraría lo que hasta entonces no había podido hallar, a Dios.

[10] Es preciso reconocer que en punto a las relaciones entre amos y criados, hemos retrocedido. No se crean, hoy, por lo general, entre unos y otros aquellos duraderos vínculos de cariño de otros tiempos, y que tan naturales parecen tratándose de personas que viven en el mismo hogar y forman en cierto modo parte de la misma familia. Este legado muestra que el testador entendía rectamente la obligación que le imponía este género de relaciones. En los tratados de moral y en los de derecho que se publican en Inglaterra suele darse a esta relación de amos a criados la debida importancia, y sino recordamos mal, el ilustre Vacherot, en su conocida obra La Democracia, hace lo propio.

[11] Con esta frase el testador ha querido sin duda dar a entender que no le ha movido, al dejar este legado, sólo el deseo de hacer posible la realización de un deseo de su pariente, sino el deber de contribuir por su parte a que no fueran perdidos los frutos que podría procurar a la sociedad, consagrándose a la ciencia, quien tan buenas disposiciones presentaba para ella.

[12] Se comprende el motivo de esta condición; pero ¿y los ancianos que sean padres de hijos desnaturalizados? se dirá quizás. Sin duda repugnaba al testador suponer posible el caso, como repugnaba a ciertos pueblos de la antigüedad suponer posible el parricidio.

[13] Dado el espíritu tolerante del testador, no debe extrañarse esta participación que da al sacerdote católico. Tenía en cuenta sin duda que en su pueblo no había otro representante de la Religión, y que el párroco, cuando es celoso cumplidor de sus deberes, está en aptitud de conocer mejor que nadie las necesidades del género de la que inspira este legado.

[14] No es extraño, siendo médico el testador, que le preocuparan las deplorables condiciones higiénicas que tienen muchos de nuestros establecimientos de beneficencia, y cuyas tristes consecuencias se hacen sentir más dolorosamente en los destinados a albergar las inocentes criaturas engendradas por el crimen o la pasión.

[15] El haber sido profesor de facultad no quitaba al testador conocer que, más que estudios superiores, necesita nuestro país estos de aplicación, para que la actividad individual se comparta entre la ciencia y la industria y el comercio.

[16] Es en verdad doloroso que algunos escritores extranjeros citen nuestros establecimientos penales como los peores del mundo, como lo es que prediquen en el desierto todas las voces generosas que se han levantado en nuestra patria para procurar el remedio a este gravísimo mal. ¡Parece imposible que, teniendo en la capital de la Nación la muestra del Saladero, tristemente célebre en España y en el extranjero, ni el individuo, ni la sociedad, ni el Estado hayan consagrado a este problema tan trascendental algo de la actividad que levanta en seis meses una plaza de toros!
Puede discutirse si debe preferirse este o aquel sistema, aunque la tendencia que revela el movimiento de la ciencia y de la legislación positiva es manifiesta; pero no se puede poner en tela de juicio la conveniencia de que nuestros establecimientos penales dejen de ser un foco de corrupción y de que concluya el escándalo, incomprensible para los extranjeros como lo será para nuestros descendientes –pues es cosa que hay que verla para creerla– de que se estén fraguando y cometiendo constantemente delitos dentro de una cárcel, como está sucediendo en el, por este y otros conceptos, harto célebre Saladero.

[17] El progreso del Derecho internacional, así el de paz como el de guerra, puede llegar a sustituir éste por aquel si consigue unir todos los Estados civilizados en un organismo, haciendo así posible la realización de lo que fue ensueño generoso de ilustres pensadores y hoy aspiración latente en el espíritu de los pueblos cultos.

[18] En esto el testador es consecuente con lo que en otro lugar ha dicho respecto de las distintas comuniones cristianas, y no es extraño por lo mismo este recuerdo en que van unidas dos Iglesias, ninguna de las cuales es la suya en estricto sentido, aunque ambas lo son en otro más amplio y racional.

[19] La civilización moderna, que no la constituye sólo el Cristianismo, pero de la que es éste un elemento esencialísimo y principal, por más que los cegados por la preocupación en uno ú otro sentido desconozcan, ya el valor de la obra real producida por los nuevos principios filosóficos, jurídicos, políticos y económicos, ya el valor, no menos evidente, de los principios tradicionales, singularmente los religiosos y morales, que constituyen en gran parte el fondo de la conciencia social.

[20] En esto el testador sigue el ejemplo dado en estos últimos años por varios profesores de la Universidad de Madrid, cuya biblioteca se ha aumentado con las particulares que aquellos le han donado. Excusado es encarecer las ventajas de este proceder, que tanto aprovecha al fomento de la instrucción y de la enseñanza. Además, este género delegados de parte de un profesor responde a un elevado sentido, pues parece que, a la vez que con la muerte de aquel se ve privada la Universidad del fruto de su trabajo y actividad, deja a ésta los instrumentos y medios que utilizara en vida, para que continúe la obra común de la enseñanza, a que viene de esta suerte a seguir asociado después de muerto.

[21] Preferencia que llanamente se explica teniendo en cuenta la merecida importancia que ha alcanzado la Histología, cayos adelantos y descubrimientos pueden trascender de la esfera del estudio de la Naturaleza a problemas más graves y más arduos, como que importan al modo de concebir la realidad toda y el principio absoluto de la misma.

[22] Este legado y el que le precede muestran las cuestiones que más interesaban al testador como profesor y como hombre. Después de atender al progreso de las ciencias a que vivió consagrado, piensa en la cuestión religiosa, que tanto le preocupara en vida, como lo revela este mismo testamento. Por lo demás, es de notar el igual valor que da a la filosofía de la Religión y a la historia de la misma; creyendo sin duda que ambas pueden y deben contribuir a la solución de este trascendental problema; aquella, investigando los principios racionales que han de servirnos de guía; ésta, mostrándonos el valor sustancial de la obra realizada hasta hoy en esta esfera por la humanidad, y en la que han de encarnar las ulteriores exigencias del espíritu religioso.
Que la unión de estos dos elementos es necesaria, muéstralo el punto de conjunción en que han venido a encontrarse el Racionalismo teísta y el Cristianismo liberal.

[23] Como se ve, el testador ha tenido presentes en la distribución de sus legados, a su mujer, sus hijos, sus parientes, sus criados, sus amigos, su pueblo, su provincia, su Nación, la Humanidad, la Ciencia y la Religión. Por esto decíamos en la breve introducción que precede al testamento, que se recordaba, al leerlo, el homo sum, et nihil humani a me alienum puto. Parece que ha querido morir proclamando su unión con todas las sociedades, instituciones y fines de la vida humana. Hicieran todos lo mismo, y no habría que recordarles estas palabras del ilustre Balmes: “Pasaron aquellos tiempos en que las familias opulentas se esmeraban a porfía para fundar algún establecimiento duradero que atestiguase su generosidad y perpetuase la fama de su nombre: los hospitales y demás casas de beneficencia no salen de las arcas de los banqueros, como salían de los antiguos castillos, abadías o iglesias. Es preciso confesarlo, por más triste que sea: las clases acomodadas de la sociedad actual no cumplen el destino que les corresponde; los pobres deben respetar la propiedad de los ricos; pero los ricos a su vez están obligados a socorrer el infortunio de los pobres; así lo ha establecido Dios”. El Protestantismo comparado con el Catolicismo, t. III, cap. x, lec. vii.

[24] Con esto se previene un inconveniente real que tiene este género de fundaciones, cuando el testador pretende imponer a las mismas un régimen fijo y cerrado, que puede llegar a hacerse incompatible con las nuevas condiciones que revisten la vida social y que por este motivo no debe consentir la ley; aunque consagre, como es justo, la más amplia libertad de testar.
De este modo es posible la creación de esta clase de instituciones con carácter permanente, mientras que de otro, no sólo, la, organización establecida por el testador puede hacerse impracticable, sino que hasta se daría el caso de que no tuviera objeto, como, por ejemplo, si el fin de aquella fuera la curación de una enfermedad especificada en la fundación y que con el tiempo dejara de existir.

 

© José Luis Gómez-Martínez
Gumersindo de Azcárate. Minuta de un testamento. Madrid: Librería de Victoriano Suárez, 1876. Reproducimos íntegramente esta edición de la Minuta de un testamento. En la preparación de la versión digital hemos actualizado el uso de los acentos. Para los comentarios que Azcárate añade a su texto, hemos optado por incluirlos, al igual que su autor, como notas a pie de página. Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

28 de julio de 2005.

 

 

 

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