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Fátima Coca

Krausismo y literatura:
fundamentos estéticos en la teoría literaria
de
Francisco de Paula Canalejas

 

Nuestro trabajo se inscribe en el marco de un proyecto de investigación que el profesor Dr. J. A. Hernández Guerrero y la profesora Dra. Mª C. García Tejera iniciaron hace ya algunos años y que ha dado ya algunos frutos. El propósito de dicho proyecto es el análisis del numeroso caudal de tratados y de manuales de Literatura General, Retórica, Poética, Preceptivas, etc. que se editaron en España a lo largo del siglo XIX. Dicho análisis permitirá descubrir las bases filosóficas en que se apoyan, sobre todo las de índole estética y epistemológica.

Estos profesores denuncian cómo la escasa o nula atención prestada por la crítica a este ingente corpus, derivada de los juicios generalizados sobre la escasa calidad y originalidad de las mismas, ha dejado un gran vacío en la historia de las ideas literarias.[1]

En nuestro trabajo nos hemos propuesto el análisis crítico de los fundamentos estéticos de las nociones de teoría y crítica literarias formuladas por Francisco de Paula Canalejas (Lucena 1834 - Madrid 1883) en su Curso de Literatura General, preparado para la cátedra de Literatura General que ostentaba en la Universidad de Madrid. Este análisis nos ha permitido descubrir una fundamentación plenamente krausista desde el mismo planteamiento que hace de la disciplina que ha de impartir, la actitud a un mismo tiempo racional y espiritualista que domina en toda su exposición, hasta la explicación y definición de las nociones de teoría literaria que nos ofrece.

El conocimiento de la filosofía krausista proviene en Canalejas de los contactos directos que mantuviera con Sanz del Río, principal difusor de las ideas krausistas en España y a quien nuestro tratadista profesaba gran admiración.[2] En 1860 advertimos su presencia en los círculos filosóficos que se formaron en las reuniones organizadas por Sanz del Río en Madrid, iniciadas a su vuelta de Alemania en 1845, primera fuente de difusión del pensamiento krausita en nuestro país.

A este dato hemos de añadir, que la cátedra de Historia de la Filosofía que regentara Sanz del Río y que le sirviera como tribuna para la exposición de su sistema krausista, fue ocupada tras su muerte por su discípulo predilecto, Francisco de Paula Canalejas, en 1874. Si bien, como ha señalado José Luis Abellán, habría que estudiar con detenimiento las obras de Canalejas para ver una posible evolución y apartamiento del ideario krausista, podemos apuntar por nuestra parte que encontramos su Curso de Literatura imbuido aún de este pensamiento.[3]

El análisis que hemos efectuado de esta obra nos ha permitido descubrir que las nociones de teoría y crítica literaria se fundamentan en los conceptos claves que definen el sistema krausista de Sanz del Río, el denominado “racionalismo armónico”, el “realismo racional” y la fundamentación teológica racional, panenteísta de todo su pensamiento.

 

Literatura General o Ciencia de la Literatura:
una “filosofía de la historia”

Canalejas plantea en su curso un estudio filosófico histórico de la Literatura, presentado como “novedoso” en el campo de los estudios literarios. Su libro trata de presentar “filosófica e históricamente las leyes generales del Arte o de la Poesía, manifestándose a la vez el enlace y relaciones de la historia y literatura de los pueblos”.[4]

Canalejas nos propone con este planteamiento una “filosofía de la historia”, una ciencia de la literatura a la que ha dado el nombre de Literatura general. Concibe, siguiendo a Krause, tres ciencias fundamentales, superiores a todas las demás, correspondientes a tres estados del ser: La filosofía, la historia y la filosofía de la historia. La filosofía es la ciencia de los principios permanentes, la historia estudia los hechos o los seres afectados por mutaciones de tiempo, y la filosofía de la historia es la ciencia que tiene por objeto la explicación de los hechos por los principios.[5]

La teoría es entendida como ciencia racional, y la historia es contemplada desde la nueva perspectiva de la ciencia experimental. Considera que en la realidad la teoría es la causa de los hechos, y que éstos la expresan; la historia por su parte influye en los hechos, auxilia la teoría y en ocasiones se la sustituye con la tradición, erigiéndose en ley natural en la Literatura. Canalejas entiende pues que teoría e historia son complementarias —la historia da cuerpo a la teoría y la teoría muestra la razón y el significado de la historia—, y que ambas constituyen las leyes de la vida propia de la Literatura (Canalejas, 10-11).

Afirma pues la existencia de unas leyes o reglas de la literatura las cuales no han de ser entendidas como principios abstractos, establecidos a priori sin tener en cuenta la producción literaria a lo largo de la historia. Canalejas rechaza la concepción clasicista que entiende las reglas del arte como un dogma preestablecido, y entiende que las reglas se forman atendiendo a la evolución que la humanidad ha tenido a lo largo de la historia.

Amén de atender a la evolución de la humanidad en la historia, las reglas habrán de extraerse sobre la idea de la unidad que aglutina la gran diversidad de manifestaciones artísticas que se han producido. El principio clásico de la variedad dentro de la unidad que Krause emplea como eje vertebrador de su sistema y entendido como teoría orgánica del todo y las partes[6], se revela igualmente en Canalejas como el esqueleto sobre el que se construye toda la disciplina de la Literatura General.

El conocimiento de la historia universal del arte y de la poesía permitirá descubrir las leyes de dicha historia y las grandes formas empleadas por la humanidad para la manifestación del ideal artístico.

 

Fundamento teológico-racional de la Literatura

El estudio histórico de la Literatura conlleva asimismo para Canalejas un estudio psicológico de las facultades humanas, de las facultades universales del hombre, pues todas las observaciones sobre la materia se hallan en el hombre mismo, en su conciencia y en su reflexión.[7] Estas facultades universales son la razón, el entendimiento y la voluntad, las cuales son concebidas como dones divinos por los que Dios ha distinguido al hombre de todo lo creado. De ellas emergen las restantes facultades y las aptitudes determinadas del hombre. El hombre, entendido como individuo y como ser humano, es —según afirma explícitamente Canalejas— un ser “hecho a imagen y semejanza de Dios” (p. 12).

Esta afirmación del hombre como imagen de Dios realizada por Canalejas es similar a la que encontramos coronando el Ideal de la Humanidad de Sanz del Río:

“El hombre, imagen viva de Dios, y capaz de progresiva perfección, debe vivir en la religión unido con Dios, y subordinado a Dios; debe realizar en su lugar y esfera limitada la armonía de la vida universal, y mostrar esta armonía en bella forma exterior; debe conocer en la ciencia a Dios y el mundo; debe en el claro conocimiento de su destino educarse a sí mismo.”[8]

Canalejas, al igual que Sanz del Río, reconoce tanto en la vida como en la ciencia una base teológica. Dios es considerado el origen y el fundamento permanente del mundo. Dios es el infinito absoluto que funda y da razón de ser a todas las cosas finitas. Todo lo que existe está en Dios, pero no se identifica ni se confunde con él. Aquí se halla la raíz panenteísta que caracteriza el krausismo, que proclama la trascendencia y la inmanencia de Dios a un tiempo. Dios es el “Ser” y la “Esencia” de todo lo creado.[9]

En virtud de la semejanza que el hombre mantiene respecto a Dios, el krausismo afirma la perfectibilidad moral del hombre y de la sociedad. El proyecto ético del hombre es alcanzar su alianza con Dios, el hombre ha de realizar esta comunión con sus semejantes, con los hombres de todas las épocas, pasadas, presente y futuras.[10] Una de las claves del Ideal de la humanidad es la búsqueda de la perfección del hombre, del individuo y de la humanidad toda a través de la voluntad del hombre mismo. Esta es la idea que claramente expresa la cita anterior del Ideal.

El hombre, como individuo y parte integrante del ser humano, —afirma Canalejas— está sometido a la ley de Dios. A lo largo de la historia la tradición literaria manifiesta cómo el género humano ha educado y educa las facultades naturales de su espíritu, y cómo a esta educación la preside la ley divina (p. 12).

En conclusión podemos afirmar que el estudio de la literatura tiene para Canalejas una base teológica en tanto que Dios es fundamento de todo lo creado y como tal fundamento tiene proyección científica y vital. Dicha concepción explica que las facultades humanas, donde está incluida la razón, sean consideradas como dones divinos.

Esta fundamentación teológica sustenta el ideario estético y literario de Canalejas. En este trabajo detenemos nuestra mirada en dos ideas claves: la creación literaria y la naturaleza de la literatura y de la poesía.

 

La creación literaria

Tras haber realizado una lectura detenida de sus reflexiones sobre la literatura en general (véanse especialmente los capítulos I y II.5), podemos descubrir que su actitud ante el proceso creativo responde al espíritu krausista de superación y conciliación armónica entre la concepción clasicista y romántica.

Aunque Canalejas otorga primacía al genio libre y espontáneo, la creación artística no queda solamente sujeta, como entendieran los románticos, al único dictado de la inspiración. El genio ha de tener en cuenta ciertas leyes naturales que surgen de la misma obra literaria en su desarrollo a lo largo de la historia (Canalejas, p. 14). Lejos queda ya la concepción clasicista de reglas servilmente imitadas de los antiguos, o la concepción normativista que, aun siendo empírica en su punto de partida, dispone unas normas a seguir a partir de unos modelos ejemplares, quedando ajena al devenir histórico.[11]

El genio o inspiración supone para Canalejas un primer conocimiento sensorial e intuitivo. Su fuente de inspiración es la belleza ideal o absoluta, que se identifica con Dios. Del estado puramente pasivo de la percepción y sentimiento de la belleza en el espíritu, de la belleza concebida y amada, la facultad de la imaginación interviene transformándolo en acto, individualizando la belleza vista y sentida: presenta a la razón los objetos individuales y determinados bajo la forma de imágenes. No forma imágenes del mundo real tal cual es, sino que influida por la razón, las presenta como debieran ser, atendiendo a una idealidad de perfección.

El genio es definido como aquella facultad, capacidad o propiedad que tiene el ser racional de ver y sentir la belleza. Domina en él “el grado superior y excelente de la fantasía, que permite individualizar en forma sensible a la belleza vista y sentida por el espíritu” (p. 47).

Canalejas sitúa krauseanamente en la inspiración y el entusiasmo, en el genio, la primera condición del artista para producir la belleza:

“El genio, impulsado por su espontaneidad, fantasea libérrimamente, sin otra norma ni más ley que su ley propia, que es crear belleza. [...] En el genio todo es espontaneidad, y su estado habitual es la inspiración” (p. 48).

En la creación artística, como en todo acto o manifestación del espíritu intervienen conjuntamente las tres facultades humanas: la razón, la voluntad y el sentimiento, predominando cada una de ellas en los actos que le son propios. Este principio se apoya en las afirmaciones de la psicología acerca de la influencia que cada una de estas facultades ejerce sobre las otras dos, cuyo fundamento último está en la unidad orgánica del espíritu (p. 37). La creación artística no es por tanto operación exclusiva del genio, pues “ningún acto ni manifestación alguna del espíritu humano es puro y exclusivo efecto de una facultad o de una propiedad aislada de nuestra naturaleza.

Podemos afirmar que Canalejas entiende, al modo krauseano, que toda obra de arte requiere el concurso armónico de todas nuestras fuerzas intelectuales y sensitivas. Krause las reduce a tres: razón, entendimiento y fantasía:

“La primera de aquéllas es la razón, como facultad de conocer las ideas. [...] A la razón sigue el entendimiento, órgano esencial que, dando a la intuición de las ideas determinación interior, desplegando su contenido ordenadamente y reconociendo las relaciones de aquellas entre sí, constituye la bella variedad y armonía de la obra y dirige por tanto su composición. Pero el verdadero principio vital de la producción estética, la actividad psíquica inmediatamente necesaria para ella, es la fantasía, o poder de informar libremente según ideas lo completamente finito e individual en el tiempo. En la idealidad, riqueza, energía y vigor de esta facultad es donde ante todo se revela el genio artístico; siendo, para la individualización de la obra, la primera.” (Krause, 1995, pp. 85-86)

La obra de arte es pues producto, en su punto de partida, de la inspiración, pero también de las restantes facultades, razón y entendimiento. El artista, reconocida la individualidad de su genio creador, ha de sujetarse además a las leyes objetivas del arte; a la realización en forma singular e individual de la belleza vista y sentida (Canalejas, pp. 50-51). El poeta no ha de faltar a las reglas naturales de la literatura, “prescripciones nacidas de las maneras esenciales del ser y de existir de los géneros literarios” (p. 14).

La creación artística es entendida como un acto más de la vida espiritual, siendo por ello una actividad compleja, donde siempre se descubre la obra de la belleza unida a la inspiración individual, y la del individuo unida a la de la especie o género humano. (Canalejas, p. 32).

 

El “ser” de la Literatura:
entre la realidad del hombre y el ideal de la humanidad.

La Literatura —afirma Canalejas— expresa espontáneamente el estado de creencias y sentimientos en que se encuentra el hombre o en que se ha encontrado la especie humana en el transcurso de su existencia, el cual a su vez influye en la existencia del hombre, según permiten sus instituciones, leyes, tradiciones históricas y el poder político o moral de la raza o pueblo al que pertenece (p. 18).

Esto explica la concepción de la Literatura como reflejo de la civilización, como expresión de la vida espiritual de un pueblo; que fiel depositaria de sus creencias y aspiraciones descubre el alma misma de las civilizaciones. En este sentido, entiende Canalejas que la Literatura completa el estudio de la historia y de la ciencia. La Literatura es un espejo fiel que “retrata con exactitud y verdad el ánimo, la existencia interior y espiritual de las edades pasadas” (p. 19).

Canalejas recoge en esta idea el espíritu que mueve a Sanz del Río y que le lleva a ver la poesía como compañera inseparable de la historia, “de ésta —afirma— toma aquella (la poesía) materia siempre nueva para obras originales, así como en el desarrollo de la vida, creciendo la historia, e intimándose la humanidad en la naturaleza, la poesía se enriquece también en dureza de inventiva y en elevación de idea. En este ejercicio se educa y se caracteriza el genio poético de los pueblos, del cual, como de fuente secreta, se alimentan las artes y obras artísticas” (Ureña, 125).

De forma similar un contemporáneo de Canalejas, Manuel de la Revilla, cuyo ideario es fundamentalmente krausista también, afirma que la literatura, especialmente la poesía, expresa el ideal de la sociedad en que vive, lo que explica a su vez que la literatura sea el fiel reflejo de la vida de los pueblos. Al ser la poesía representación sensible de las ideas, las difunde y propaga, llevándola a todas las esferas sociales. Por esta razón, la poesía se convierte en un poderoso instrumento de propagación del ideal, y por tanto en un popularísimo medio de educación, influyendo decisivamente en la vida de los pueblos (Revilla, 182).

 

Literatura y poesía

Canalejas divide la literatura, siguiendo los pasos de Krause, por su esencia y fin de belleza en las obras puramente bellas: la poesía y las bello útiles: la oratoria y la didáctica (Krause, 35, 95).

Canalejas extrae y deduce su definición de poesía de las explicaciones dadas por estéticos contemporáneos. Recoge citas de Hegel, Chaignet, Lamartine, Leveque, Voitouron, Vischer, Courdaveaux y Schelling. Se opone decididamente a la definición que reduce la poesía a ser imitación de la naturaleza o a la que la identifica con el lenguaje de las pasiones, volviendo la espalda a postulados clasicistas y románticos. La poesía es definida como “manifestación de la belleza en forma particular y determinada, y que emplea la palabra como instrumento y medio adecuado para expresar la belleza concebida en una forma sensible”. Gracias a su instrumento es el arte por excelencia, el arte universal, que “cumple la misión de expresar el Ideal, de manifestar la belleza, que el espíritu del hombre alcanza a concebir y que le es dado realizar” (pp. 72-78).

Esta consideración de la poesía como arte universal, como arte que aglutina a todas las artes particulares, fue común al pensamiento krausista español, funcionando así la poesía como un organismo natural que en virtud de un ideal superior da unidad a todas las bellas artes. Sanz del Río lo expresó con claridad en su Ideal de la Humanidad:

“Nacidas de una fuente común y alimentadas por una vida superior, están llamadas las bellas artes a realizar una efectiva armonía artística-social en grupos ordenados, hasta formar un organismo artístico-humano, y en este organismo completar luego cada arte su idea particular. La poesía, propiamente llamada, junta todas las artes con el lazo de la palabra métrica, y estrecha esta unión mediante el canto, el baile y el drama.” (Ureña, 125)

Los elementos a tener en cuenta, según Canalejas, en una definición completa de poesía o arte son los siguientes:

  • 1. La existencia real de la belleza como idea absoluta, y su existencia en diferentes grados, en el espíritu, en la naturaleza y en Dios. La belleza ideal, objetiva y absoluta se identifica con Dios, ésta es la fuente de inspiración de la poesía.

  • 2. Que esta belleza, que existe real y sustantivamente, es inteligible o visible para el hombre, y tiene por lo tanto una existencia subjetiva. La determinación de la belleza subjetiva se relaciona con la facultad intelectual, con la facultad de sentir y con la de desear. Podemos decir que la belleza, en este sentido, replanteando la idea kantiana, produce un libre juego de la razón, del entendimiento y de la fantasía.[12]

  • 3. Que la belleza entendida o vista por el hombre, en virtud de sus facultades, la reproduce en forma finita y limitada, dotándola de una vida independiente y de una existencia particular e individual.

  • 4. Que es factible esta exteriorización de la belleza concebida en forma particular y determinada, gracias a la imaginación y a la facultad del lenguaje, que son propias del hombre (p. 79).

De lo expuesto se deduce que la belleza existe objetiva y subjetivamente. En la creación poética o artística la belleza real (objetiva) y la belleza percibida (subjetiva) conforman una unidad armónica al ser manifestada en una forma determinada. La Poesía, o el Arte en general, es una arte objetivo-subjetivo, por lo que consigue realizar en formas sensibles y particulares, toda la belleza concebida, o vista y amada por el hombre (p. 81).

Las ideas expuestas por Canalejas acerca de la poesía como realización de la belleza no difieren sustancialmente de la explicación dada por Krause sobre el ideal del arte estético: “El arte bello es realización de la belleza. [...] Su objeto no es la belleza en general sino la temporal o viva, cuya base es ciertamente la absoluta.” (1995, pp. 81-82).

 

Lo ideal como realidad esencial: el “realismo armónico”

Canalejas explica que para llegar al conocimiento de la forma en que se especifica e individualiza la belleza, la poesía no sigue el modelo de la naturaleza, la poesía no imita la naturaleza. La imitación, entendida como un procedimiento servil y puramente mecánico, impediría la espontaneidad del artista. El estudio de la naturaleza no es causa sino ocasión externa de la inspiración del artista. El artista, juzgando con arreglo a un tipo de belleza, elige las formas que la naturaleza le ofrece en conformidad con aquel tipo, rechazando lo que se aparta de él. Ese tipo es la idea de lo bello, existente en el espíritu humano. El juicio que emite el artista resulta de la comparación del objeto natural con la idea bella que posee. Es posible este juicio porque el espíritu conoce lo esencial de cada ser, esencialidad pura y completamente percibida que le permite conocer la idea y formar la idealidad de cada ser u objeto, oponiéndolo a la existencia actual, grosera, accidentada, por relaciones e influencias que el artista no estima, al contemplar sólo en su idea, en su esencialidad, el objeto o ser que la vida y existencia natural le ofrecen (p. 99).

El ideal expresado por la poesía no es una abstracción, es entendido como “realidad esencial, lo que crea y mantiene la individualidad diversa y característica de los seres” (pp. 99-100). Con este significado remite Canalejas al que le diera Platón, a su etimología. Ideal significa la realidad del ser, su pura sustantividad; idea es lo típico, lo genérico o específico que el espíritu conoce a través de toda variedad y accidente individual. Como sustantivo, ideal es la perfección mayor de un ser (p. 100).

Esta relación que mantiene el ideal con la realidad finita responde a la concepción krausista del arte que se aleja del puro ideal abstracto, del puro racionalismo cartesiano, y que no acepta la pérdida de la realidad exterior. Esta exigencia de realismo, de no encerrarse en la pura idea del yo, enfrenta el pensamiento krauseano con el idealismo de Fichte y de Hegel. Esta vinculación de lo ideal con la realidad exterior hizo que Sanz del Río denominase el sistema krausista con la fórmula de “realismo racional”, a pesar de circunscribirse en el marco del idealismo alemán (Martín Buezas, 78-88).

“El arte -explica Canalejas- no imita la naturaleza, sino que expresa el ideal concebido, pidiendo sólo a las formas naturales la ocasión para que se produzca la forma artística en que se ha de transparentar el ideal divino, en que ha de realizarse la belleza, es decir, lo semejante a lo divino” (p. 100)

La imitación de la naturaleza no es pues el medio de que se sirve el arte para expresar la belleza. Su medio no es la imitación sino la expresión. El arte acoge todos los medios de expresión que la naturaleza y el espíritu le ofrecen. Esta elección de medios tiene un fin, la de manifestar la belleza. Pero el arte no consiste sólo en la expresión. Si así fuera tanto lo bueno como lo malo, lo digno como lo indigno tendrían cabida en el arte, contrariamente a la idea defendida por Canalejas. El arte no es sólo algo externo que cubre o decora la idea, fondo y forma son una unidad. La forma es la determinación natural del fondo, y el fondo la ley determinante de la forma. La forma artística depende absolutamente de la idea de belleza (p. 101).

Concebida la poesía como realización de la belleza absoluta, cumple para Canalejas un fin similar al de la Ciencia o la Religión: acercar el hombre a Dios. La belleza manifestada por el arte es de esencia divina, por ello —afirma— lleva a través de la materia al conocimiento del espíritu, elevando el espíritu humano, como la ciencia o la religión, a la contemplación de las perfecciones divinas:

“La religión nos enseña la idea de Dios, la ciencia nos demuestra las verdades que en Dios se fundan y contienen, la Poesía es el infatigable obrero que restablece continuamente por medio de sus creaciones el ideal divino, dándole forma universal y permanente. Con razón puede decirse, que es el Arte o la Poesía un nuevo lazo, que establece la bondad de Dios entre el Criador y la criatura, una misteriosa escala por la cual asciende el espíritu humano hasta sumirse en la contemplación de la belleza infinita.” (p. 103)

Arte, Ciencia y Religión contribuyen en este sentido al progreso de la humanidad, tal como lo había expresado Sanz del Río:

“Ciencia, arte, estado, religión, todas estas instituciones fundamentales miran últimamente a la realización de toda la humanidad en la tierra como un hombre interiormente culto, y al complemento igual de este hombre en todas sus partes, órganos y fuerzas.” (p. 61)

Años más tarde, cuando ya Canalejas ostentaba la cátedra que dejara Sanz del Río, en su Discurso leído ante la Real Academia Española en la sesión pública inaugural de 1875[13], explicaba con claridad la función social que posee la poesía. Concibe en el arte una función social, de mejora y progreso de la misma. Advierte una relación mutua entre el arte y la sociedad: “el arte influye en la sociedad, pero la sociedad influye en el arte” (56).[14] Al atender a lo que nos dice acerca de la representación dramática, no podemos pasar por alto cómo la idea del progreso de la humanidad —uno de los ideales krausistas— está directamente relacionada con el efecto que el drama causa en el espectador. El deleite que produce la representación va dirigido al espíritu del hombre, ennobleciéndolo y dirigiendo su conducta moral. El arte cumple a un tiempo una función estética, divina y social. Alimenta la virtud y lo aleja de la vida material:

“Las emociones causadas por un espectáculo bello son enternecimientos religiosos, y tienen las lágrimas que nos arrancan la poesía virtud purificadora y divina para estas míseras almas aprisionadas por los apetitos y los intereses que se cruzan y se tejen en la vida vulgar” (p. 89).

En el fondo de esta idea late la exaltación a los valores del espíritu y el desprecio a los apetitos corporales. El arte, afirma, “es una revelación constante de la belleza espiritual y humana; es una revelación continua de lo divino, y sólo de esta suerte concurre con la religión y con la ciencia a los fines y designios providenciales que lo ennoblecen en el concierto y ordenamiento del mundo moral” (p. 86).

El arte, igual que proclamara Sanz del Río, es revelación divina, revelación de la belleza infinita, la cual se identifica con el Ser Supremo, con Dios.

 

Conclusión

Desde el marco de una Ciencia de la Literatura entendida krauseanamente como estudio filosófico (ciencia racional) y estudio histórico (ciencia experimental), Canalejas nos revela la raíz krausista de su pensamiento estético y literario.

Hemos delimitado en este trabajo el fundamento teológico panenteísta que domina en el acto de la creación literaria. La obra de arte, como ya hemos analizado, es producto del genio, cuya fuente de inspiración es la belleza absoluta que se identifica con Dios. Desde el “racionalismo armónico” que caracteriza al krausismo, la creación literaria es obra del genio libre y espontáneo, el cual debe además dominar y tener en cuenta las leyes objetivas del arte.

La poesía ha de manifestar la belleza ideal, divina, y al mismo tiempo ha de ser fiel reflejo de la vida de los pueblos. Idealidad y realidad han de conjugarse en la obra poética. Esta armonía entre lo ideal y lo real propia del krausismo, el denominado “realismo armónico”, explica la naturaleza de la poesía. El artista toma la realidad exterior juzgándola y eligiendo sus elementos según el tipo de belleza ideal que tiene en su mente. La poesía será manifestación de la belleza ideal en forma sensible, idealidad que descubre la “realidad esencial de las cosas”.

Desde este punto de vista, Canalejas otorga a la poesía una función estética, divina y social. La poesía ha de llevar a la perfección del hombre, al ideal de la humanidad. Como Sanz del Río expresara en su Ideal de la humanidad, el hombre, la humanidad está llamada a reunirse en una sociedad fundamentalmente religiosa, que aspira a ser digna de Dios y a merecer unirse con Dios. Este es el espíritu que domina en las ideas de Canalejas, en su concepción de la literatura y de la poesía.

Con esta breve exposición, hemos intentado mostrar la filiación krausista de las ideas estético-literarias de Francisco de Paula Canalejas, cuyos pilares se asientan en la fundamentación teológico racional de la literatura, entendida como ciencia y como arte, así como en la especial vinculación que se establece entre la realidad y el ideal expresado en la obra poética.

Creemos que con esta breve síntesis hemos mostrado que la obra de Canalejas es merecedora de un estudio hermenéutico y valorativo que aún no ha sido llevado a cabo y que dicho estudio supondrá un eslabón importante en la historia de las ideas estéticas y literarias de España.

 

Bibliografía

  • Abellán, José Luis. Historia crítica del pensamiento español. Liberalismo y Romanticismo (1808-1874). Vol. IV, Madrid: Espasa Calpe, 1984.

  • Aullón de Haro, Pedro. “Idealismo y positivismo en estética: Krause”. En Yvan Lissorges y Gonzalo Sobejano (coords.), Pensamiento y Literatura en España en el siglo XIX: Idealismo, Positivismo, Espiritualismo. Toulouse-Le Mirail: Presses Universitaires du Mirail, 1998, pp. 265-272.

  • Canalejas, Francisco de Paula. Curso de Literatura General. La poesía y la palabra. Parte primera. Madrid: Impr. de la Reforma (a cargo de D. Benigno Carranza), 1868.

  • García Tejera, María del Carmen. “Presencia de las corrientes europeas de pensamiento en las Retóricas y Poéticas españolas del siglo XIX”. En Investigaciones Semióticas III, Actas del III Simposio Internacional. Madrid: UNED, 1988, pp. 449-457.

  • Hernández Guerrero, José A. “Supuestos epistemológicos de las Retóricas y Poéticas españolas del siglo XIX”. En Investigaciones Semióticas III, Actas del III Simposio Internacional. Madrid: UNED, 1988, pp. 537-544.

  • Jiménez García, Antonio. El krausopositivismo de Urbano González Serrano. Colección Historia, Badajoz: Publicaciones de la Diputación de Badajoz, 1996.

  • Kant, E. Crítica del juicio. Ed. García Morente, Madrid: Espasa-Calpe, 1991.

  • Krause, Karl C. F. Compendio de Estética. Trad. Giner de los Ríos, ed. P. Aullón de Haro, Madrid: Verbum, 1995.

  • López Morillas, Juan. Krausismo, estética y literatura. Barcelona: Lumen, 1973.

  • Martín Buezas, Fernando. La teología de Sanz del Río y del krausismo español. Madrid: Gredos, 1977.

  • Revilla, Manuel de la. Principios de generales de literatura. Madrid: Iravedra, 1872.

  • Ureña, Enrique, José Luis Fernández y Johannes Seidal. El “Ideal de la Humanidad” de Sanz del Río y su original alemán: Textos comparados con una introducción. Madrid: UPCO, 1992.

  • Zuleta, Emilia. “La crítica del realismo y del naturalismo”. Historia de la crítica española contemporánea. Cap. IV, Madrid: Gredos, 1966, pp. 94-105.

 

Notas

[1] Cf. José A. Hernández Guerrero, “Supuestos epistemológicos de las Retóricas y Poéticas españolas del siglo XIX”, en Investigaciones Semióticas III, Actas del III Simposio Internacional, Madrid, UNED, 1988, pp. 537-544; y Mª del Carmen García Tejera, “Presencia de las corrientes europeas de pensamiento en las Retóricas y Poéticas españolas del siglo XIX”, ibid., pp. 449-457.

[2] Canalejas se refiere a Sanz del Río como “el más grande de los pensadores españoles de este siglo” en su discurso sobre “La poesía dramática en España”, pronunciado en el Ateneo de Madrid el 27 de mayo de 1876, Madrid, Imprenta de V. Saiz, pp. 1-45, p. 25.

[3] Abellán señala que Canalejas, a pesar de su estrecha vinculación con el maestro, pronto se desvió del krausismo, iniciando una evolución hacia doctrinas místicas muy influidas por Schleiermacher, e inclinándose posteriormente hacia el lulismo. No obstante, apunta sólo como probable la apreciación de dicha evolución en su producción escrita, la cual, considera que aún no ha sido estudiada con el rigor y detenimiento requerido. Véase su estudio Historia crítica del pensamiento español. Liberalismo y Romanticismo (1808-1874), vol. IV, Madrid, Espasa Calpe, 1984, p. 470.

[4] Canalejas pretende situar esta disciplina de estudio de la Literatura diferenciándola de un tratado de Estética —disciplina en la que propone como modelo el conocido de Núñez de Arenas- y de los tradicionales tratados de Retórica y Poética. El estudio filosófico-histórico de la Literatura ha de comprender la esencia del Arte, el carácter de sus géneros y su poderosa influencia en el espíritu humano. Léase la Advertencia al Curso de Literatura.

[5] Krause entiende por ciencia “el todo ordenado del conocimiento cierto”, por lo que abraza todo lo cognoscible y pensable, y, por tanto, comprende la belleza y el arte bello. La divide en tres partes principales: “ciencia de lo absoluto, infinito, eterno, universal (Filosofía); ciencia de lo condicional, finito, efectivo en el tiempo, individual (ciencia empírica, Historia), y ciencia compuesta de estas dos partes (filosófico-histórica). Véase Karl C. F. Krause, Compendio de Estética, trad. Giner de los Ríos, ed. P. Aullón de Haro, Madrid, Verbum, 1995, p. 35

[6] El conjunto de la doctrina de Krause está regido por el principio de Unidad. La Belleza y el Arte tienen su categoría fundamental en el principio de unidad, unidad de esencia que penetra íntegramente el objeto y se muestra en todas sus partes. Superando el clasicismo racionalista de las teorías de las proporciones, Krause considera que la unicidad, la pluralidad y la variedad que poseen entre otros los objetos estéticos, poseen a su vez una unidad superior que forma en su conjunto la Belleza del Universo. La unidad orgánica de la Belleza es —según Krause— la que configura la unidad del Arte. Véase la explicación de esta idea en Krause, Compendio de Estética, 1995, pp. 42-51. Cf. Pedro Aullón de Haro, “Idealismo y positivismo en estética: Krause”, en Yvan Lissorges y Gonzalo Sobejano (coords.), Pensamiento y Literatura en España en el siglo XIX: Idealismo, Positivismo, Espiritualismo, Toulouse-Le Mirail, Presses Universitaires du Mirail, 1998, pp. 265-272, especialmente 266-270.

[7] A diferencia de otras artes, como la arquitectura, la escultura o la pintura, donde Canalejas considera necesario el estudio de leyes extrínsecas al arte -tal ocurre con el necesario estudio de las leyes físicas en estas artes- y que por lo tanto precisan del estudio reflexivo -educación que resulta del hábito y de la práctica-, la literatura sólo precisa de las facultades inherentes al espíritu humano. La creación literaria se hace depender fundamentalmente de las facultades humanas. Véase el Curso de literatura general de Canalejas, p. 11.

[8] Enrique Ureña, José Luis Fernández y Johannes Seidal, El “Ideal de la Humanidad” de Sanz del Río y su original alemán: Textos comparados con una introducción, Madrid, UPCO, 1992, p. 2. Esta obra, una de las de mayor relevancia para el krausismo español, logró ver la luz en 1860, tras los fallidos intentos llevados a cabo por su autor, que puso fin a la misma en 1851. Uno de ellos fue la propuesta realizada a Canalejas, como artículo de la revista “La América” en la que éste colaboraba. Fue considerada esta obra, tanto en España como en Alemania, una adaptación libre de una de las obras más significativas de Krause: Das Urbild der Menschheit (El Ideal de la Humanidad) que su autor publicara por primera vez en 1811. Esta idea fue difundida oralmente en los círculos relacionados con el krausismo del momento, en las cartas que Sanz del Río dirigiera a Manuel Ruiz de Quevedo y a Canalejas para su publicación, así como en el mismo prólogo del autor a su obra en 1860. Menéndez Ureña ha descubierto que no se trata de tal adaptación, sino de una traducción de otro texto de Krause, correspondiente a uno de sus artículos publicados en la revista Tagblatt des Menschheilebens, editada en 1811. Véase la introducción de la obra citada, pp. IX-XIX.

[9] El krausismo español rechaza explícitamente el panteísmo, pues supone la identificación y confusión, en consecuencia, de la realidad finita con la infinita. Asimismo, se opone a la concepción de estos dos planos en total independencia sin relación. Con el panenteísmo plantea una síntesis de estas dos posturas antagónicas: salvar la distinción sin negar la relación que nace del fundamento y lo fundado. Cf. Martín Buezas, La teología de Sanz del Río y del krausismo español, Madrid, Gredos, 1977, pp. 90-93.

[10] Abellán ha puesto de relieve el antagonismo existente entre esta concepción krausista del hombre capaz de hallar la perfección moral, y la idea católica tradicional que concibe al hombre como un ser caído por el pecado, con la inevitable inclinación al mal. El krausismo dio especial importancia a los conceptos de libertad, responsabilidad, autonomía espiritual, dignidad del cuerpo y del alma, tolerancia y respeto a los demás, para llegar a este ideal de perfección. Dichos conceptos incidieron de forma notable en la reforma educativa que Giner de los Ríos y sus colaboradores llevaron a cabo en la Institución Libre de Enseñanza. Cf. J. L. Abellán, vol. IV, 1984, pp. 485-486.

[11] Esta misma actitud ante la creación poética, deudora de la influencia operada por las ideas krausistas, la podemos ver en un tratadista contemporáneo suyo, Manuel de la Revilla, quien a pesar de defender el genio libre y espontáneo, considera que éste ha de dominar las técnicas propias de su arte, así como las leyes que surgen de la misma naturaleza de la obra literaria. Véanse sus Principios de generales de literatura, Madrid, Iravedra, 1872. Cf. La revisión crítica hecha sobre este autor por Emilia de Zuleta en su Historia de la crítica española contemporánea, “La crítica del realismo y del naturalismo”, cap. IV, Madrid, Gredos, 1966, pp. 94-105.

[12] Cf. Kant, Crítica del juicio, ed. García Morente, Madrid, Espasa-Calpe, 19915, 1ª parte, párr. 9.

[13] “Del carácter de las pasiones en la tragedia y en el drama”, extraído de la obra de Juan López Morillas, Krausismo, estética y literatura, Barcelona: Lumen, 1973.

[14] En Canalejas, como ocurriese en Sanz del Río en su Ideal, existe una preocupación por lo social en cuanto a la función de la poesía y el arte se refiere. Puede afirmarse que dicha preocupación late en el krausismo mucho antes de que éste experimentase una evolución hacia el positivismo en los años 70. Canalejas, como Sanz del Río, es declaradamente antipositivista. El valor sociológico que concede a la poesía, el arte, tiene aún un marcado sentido idealista y metafísico, lejano al sentido positivo que adquiriría en autores posteriores krausistas: Giner, Azcárate, Sales y Ferré. Sobre el krausismo y la sociología véase Antonio Jiménez García, El krausopositivismo de Urbano González Serrano, Colección Historia, Publicaciones de la Diputación de Badajoz, Badajoz, 1996, especialmente el capítulo VIII, pp. 249-277; y J. L. Abellán, cap. XXI, pp. 512-534.

Fátima Coca
Universidad de Cádiz
Febrero 2005

[Fuente: Fátima Coca. “Krausismo y literatura: fundamentos estéticos en la teoría literaria de Francisco de Paula Canalejas”. José Antonio Hernández Guerrero (ed.), Isabel Morales Sánchez y Fátima Coca Ramírez (coords.), Emilio Castelar y su época. Ideología, Retórica y Poética. Actas del I Seminario Emilio Castelar, Cádiz: Fundación Municipal de Cultura y Universidad de Cádiz, 2001, 405-420.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
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