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Rafael V. Orden Jiménez

Sobre los métodos empleados en el análisis
del Sistema de la Filosofía de Sanz del Río
Respuesta a Rogelio García Mateo

En su obra de 1982, El pensamiento alemán y la España moderna, Rogelio García Mateo había dedicado un apartado a un análisis comparativo entre la obra del krausista español Julián Sanz del Río, el Sistema de la Filosofía. Metafísica. Primera parte: Análisis (1860), y la que cabía dar como su fuente, las Vorlesungen über das System der Philosophie (1828) del filósofo alemán Karl Christian Friedrich Krause[1], una comparación ésta que volvió a realizar en un artículo publicado en 1989[2]. Casi diez años después, una vez concluidos mis estudios sobre el Panenteísmo de Krause[3], llevé a cabo un nuevo análisis de la obra española en el que contemplé otra serie de fuentes y documentos, tanto impresos como inéditos[4], y obtuve unos resultados distintos a los hasta entonces ofrecidos, ya no sólo sobre la valoración del conjunto de la obra española sino también otros puntuales que resultaban cruciales en dicha valoración como, por ejemplo, el hallazgo de una fuente foránea desconocida que Sanz del Río empleó en la redacción de los primeros capítulos, el Essai sur la génération des connaissances humaines (1844) del krausista belga Tiberghien; o la curiosa omisión en la versión definitiva del texto castellano del único párrafo de la obra alemana en el que Krause empleaba la expresión “Panenteísmo”. Esta serie de resultados los publiqué en 1998 en mi obra Sanz del Río: traductor y divulgador de la Analítica del Sistema de la Filosofía de Krause[5], en cuyas primeras páginas hice un breve balance de los estudios y opiniones que habían precedido a mi trabajo. Era, precisamente, el método de análisis empleado en tales estudios el que yo consideraba que había hecho preciso repetir dicha comparación, pues se había demostrado ya en esos momentos, como enseguida explicaré, que había resultado erróneo en su aplicación al análisis de otra obra de Sanz del Río, el Ideal de la Humanidad para la vida. Tal método era el de quienes, con un conocimiento insuficiente de la obra y el pensamiento de Krause, habían basado sus análisis, fundamentalmente, en las declaraciones del propio Sanz del Río sobre el modo como gestó sus obras.

La revista Gregorianum publicó en su número 80 del año 1999 una recensión de mi obra firmada por García Mateo[6], a la que le siguió de este mismo autor la publicación de una Nota también en Gregorianum, en el número 83 del año 2002, titulada: “J. Sanz del Río, intérprete de Krause según la hermenéutica de Gadamer”[7]. En ambos trabajos viene a considerar que no he interpretado adecuadamente las opiniones que él expresó en sus escritos con ocasión del balance que hice de los mismos en mi obra, en un caso al dar por salida de su pluma una expresión, la de “camino propio”, que él asegura no haber plasmado en ninguna de las páginas de su artículo de 1989; y en otro caso por atribuirle una opinión que él entiende que no es tanto suya cuanto de Jiménez-Landi, cuando yo afirmo que la “modernización del lenguaje filosófico español llevada a cabo por Sanz del Río” en el Sistema de la Filosofía, Análisis, fue “uno de los resultados al que mayor relevancia” él le concedió en su obra de 1982.

Creo, en tal caso, que es conveniente que el lector de Gregorianum conozca los textos que yo aduzco como prueba de que García Mateo ha hecho uso literal de esa expresión en su artículo de 1989 y expuesto y tomado como suya en la obra de 1982 la idea que le atribuyo, todo ello con el fin de que, una vez conocidos tales textos, juzgue y concluya ese mismo lector lo que estime oportuno. Dejo, en cambio, para un trabajo posterior una relación detallada de aquello en lo que yo discrepo del método analítico empleado por García Mateo en sus estudios krausológicos y de los resultados obtenidos con él, un método ése que entiendo, además, que él siguió aplicando indebidamente al estudio del Sistema de la Filosofía, Análisis después de que en 1988 se hubiese probado que había resultado erróneo en lo que concierne a la comparación que él había realizado también en 1982 entre la otra obra de Sanz del Río, el Ideal de la Humanidad para la vida (1860), y una obra de Krause de título similar, Das Urbild der Menschheit (1811)[8], obra ésta que en ese año de 1988 se comprobó que no era su auténtica fuente alemana, como había dicho Sanz del Río y en lo que había confiado García Mateo para realizar su investigación[9], sino otra distinta, a saber, unos artículos del propio Krause insertados en la revista Tagblatt des Menschheitlebens (1810), que son los que de un modo notablemente literal había traducido, en efecto, el krausista español[10]. Fue este hallazgo el que obligó a aplicar un nuevo método analítico a la obra de Sanz del Río, el cual exigía, por un lado, contar con un conocimiento exhaustivo de la obra y el pensamiento de Krause así como de los krausistas alemanes y belgas, y, por otro lado, requería también poner en entredicho las afirmaciones del propio Sanz del Río sobre la manera como gestó sus obras hasta que unos análisis más rigurosos de las mismas determinasen el modo preciso como las elaboró y las fuentes exactas que utilizó[11].

Comencemos con la más reciente de las declaraciones de García Mateo, la hecha en la Nota mencionada. La frase de mi obra que ha sido motivo de singular reproche por su parte es la siguiente:

“El deseo de García Mateo en su trabajo de 1982 de conceder a Sanz del Río un gran mérito como acomodador español de la obra metafísica del alemán [esto es, de las Vorlesungen über das System der Philosophie de Krause] lo conserva a pesar del descubrimiento [en 1988] del engaño [sobre la fuente alemana de la otra obra de Sanz del Río, el Ideal de la Humanidad para la vida], y asegura en 1989 que Sanz del Río emprende con el Sistema de la filosofía, análisis un camino propio guiado por sus antecedentes filosóficos [A continuación, en nota a pie de página: “R. García Mateo (1989), 441”]”[12]

Sobre esta opinión mía expresa García Mateo en dicha Nota lo siguiente:

“ni en la página 441 que cita Orden, ni en ninguna otra de mi artículo de 1988 [sic] aparece nada que diga que Sanz del Río emprende un “camino propio” guiado por sus antecedentes filosóficos. La única frase que yo encuentro que pudiera dar pie a esta libérrima interpretación es la que dice: “La acción traductora de Sanz del Río requería la maduración propia que es necesaria para comprender un autor del nivel filosófico del idealismo alemán” (pág. 441). Se necesita mucha fantasía para sacar de esta frase lo que afirma Orden incluso como cita literal, poniéndolo en cursiva”[13].

En mi texto expresaba una opinión relacionada con el artículo que García Mateo publicaba en 1989, y, efectivamente, tal y como se comprueba en la frase que he reproducido, yo insertaba en cursiva la expresión “camino propio” para dar a entender que se trataba de una utilizada literalmente por el autor, la cual representaba un enfoque sobre la génesis del krausismo español que yo estimaba que ya no cabía ser defendida en el momento en el que publicaba su artículo. Su reproche viene motivado porque tal expresión no se halla “ni en la página 441 que cita Orden, ni en ninguna otra” de tal artículo, sino que se trata de una expresión que yo le atribuyo indebidamente como resultado de una interpretación mía que él considera que no se adecua a lo que, realmente, defendió en ese momento.

Pues bien, no tengo inconveniente en admitir que me equivoqué al transcribir el número de la página, y que no era la 441 en la que se hallaba tal expresión, pero fue a eso a lo que se limitó mi error, pues en la 439 de ese mismo artículo podrá encontrar el lector el siguiente texto de García Mateo que incluye no sólo la expresión “camino propio” que él asegura que no “aparece” en su artículo, sino también otras dos utilizadas por mí en aquel entonces, las de “guiado” y “antecedentes”, que procedían del mismo párrafo de ese artículo suyo y las cuales no me entretuve en poner en cursiva pudiendo haberlo hecho:

“Tal es el modo como Sanz del Río actúa en la génesis del krausismo español. Su conocimiento de Krause estaba condicionado por los antecedentes creados por Ahrens. Guiado por ellos inicia él un camino propio. En el prólogo a la Analítica describe cómo entiende su modo de proceder. [Sigue cita del Prólogo de Sanz del Río al Sistema de la Filosofía, Análisis]”[14]. 

No atiende mi interpretación, por tanto, a la cita que él facilita como posible fuente sino a esta otra de su propio y mismo artículo. Decida ahora el lector si fue la mía, cuando puse en cursiva la expresión “camino propio”, una “libérrima interpretación”, producto de “mucha fantasía”, o si se trataba, en cambio, de la reproducción literal de una expresión que cabe comprobar empíricamente. Y, de paso, si le apetece, decida también ese mismo lector el calificativo que merece quien asegura que nunca escribió lo que, efectivamente, escribió.

Vayamos ahora con el segundo de los reproches, que viene motivado por una frase que en este caso ha merecido de su parte incluso dos advertencias sucesivas:

“Uno de los resultados al que mayor relevancia concede García Mateo [en su trabajo de 1982] es la modernización del lenguaje filosófico español llevada a cabo por Sanz del Río en la obra castellana [A continuación, en nota a pie de página: “R. García Mateo (1982), 160”]”[15].

Sobre esta afirmación, García Mateo se expresaba en la recensión de mi obra con las siguientes palabras:

“observo en el enjuiciamiento que se hace de mi posición (12-15) un claro reduccionismo, errando al citar la pág. 160, en la que no se encuentra lo que se afirma: “Uno de los resultados al que mayor relevancia concede García Mateo es la modernización del lenguaje filosófico español llevada a cabo por Sanz del Río en la obra castellana” (12). Esta valoración no es mía, sino de A. Jiménez-Landi, célebre historiador del Krausismo y de la Institución Libre de Enseñanza (cf. pág. 162 de mi libro [de 1982] antes citado)”[16].

Sobre este mismo asunto volvía a manifestarse García Mateo en la reciente Nota de Gregorianum; en este caso se trata del siguiente texto, el cual puede aprovechar el lector para dirimir si su opinión ha variado o no entre la expresada en la recensión, cuando escribió que “esta valoración no es mía”, y la plasmada ahora en la Nota, cuando parece defender sólo que “no he sido yo el primero” en proponer la tesis que nos ocupa:

“Al comienzo de su enjuiciamiento se dice: “Uno de los resultados al que mayor relevancia concede García Mateo es la modernización del lenguaje filosófico español llevada a cabo por Sanz del Río en la obra castellana”. No he sido yo el primero en ver en el modo de traducir de Sanz del Río algo más que un galimatías, como lo calificaba don Marcelino Menéndez y Pelayo. Fue A. Jiménez-Landi, reconocido historiador de la Institución Libre de Enseñanza y del krausismo, en quien yo me baso y cito: “Pero el tal galimatías ha de producir, cincuenta años más tarde, y gracias a los seguidores de don Julián, sobre todo, un lenguaje ya apto para la expresión filosófica, y abriría camino a los grandes literatos del 98, y aun a los pensadores de la generación siguiente. Este mérito no debe negársele”“[17].

Al margen del contenido de la afirmación de Jiménez-Landi, la cual, en mi opinión, no trata directamente del tema que nos ocupa, a saber, no se refiere al modo como Sanz del Río vertió al castellano la obra alemana, cuanto de lo que el estilo literario de la producción filosófica de Sanz del Río aportó en el futuro a la expresión filosófica española, al margen, señalaba, de tal cuestión, lo que sí sigo creyendo es que yo expresé adecuadamente con mis palabras uno de los resultados del análisis comparativo entre la obra española y su fuente alemana al que García Mateo concedió en su publicación de 1982 una gran importancia, y que, por tanto, no me refería a esa cita de Jiménez-Landi que él, efectivamente, introduce al final del apartado donde realiza dicha comparación -en concreto, en la página 162, como muy bien señala- cuanto de un resultado de su análisis expresado reiteradamente en varias de las páginas anteriores a donde se halla tal cita, en cuyo caso, por tanto, mi error, si es que lo hubo, fue en esta ocasión el haber limitado mi referencia en nota a la página “160” y no haberla ampliado a la práctica totalidad del apartado en el que realiza tal análisis, esto es, no haber puesto “155-161”.

Dado que he expresado en mi libro que se trata de un resultado al que García Mateo concedía especial relevancia, creo que, aunque no es preciso recopilarlas todas, sí que es conveniente recoger varias citas sucesivas donde lo plasma con el fin de probar no sólo que tal tesis fue suya sino, además, la notable atención que le mereció durante el análisis comparativo entonces realizado. El apartado donde se despliega tal análisis se extiende de la página 154 a la 163. La primera de las ocasiones que voy a citar la hallará el lector inmediatamente en la página 155; es expuesta como resultado del análisis realizado sobre los modos de traducir una serie de términos y expresiones alemanes vinculados con la voz “Ich” [Yo] así como con la idea de “Grund” [fundamento]:

“Enseguida se comprueba que Sanz del Río se permite una explicación ampliada con respecto a la literalidad del original. Eso significa, a la vez, una cierta autonomía ante el texto fuente, la cual ha alcanzado Sanz del Río mediante un radical autofamiliarizarse con el pensamiento de Krause; de esta manera dispone de una terminología filosófica propia -aunque basada también en Krause- que se encuentra en la lengua española por primera y única vez. Con esto, Sanz del Río amplía a la vez el propio espacio lingüístico en tanto que se apropia de nuevas formas y posibilidades de expresión foráneas”[18].

Los ejemplos en el modo de plasmar en la lengua española la terminología y el contenido de la obra alemana se suceden en las páginas siguientes, y en la 158 expresa la siguiente opinión sobre la intención de Sanz del Río de lograr un lenguaje científico español más riguroso de acuerdo con lo que venía traduciendo de Krause:

“La creación terminológica de Sanz del Río se manifiesta especialmente en el intento de reproducir en español las formaciones terminológicas de Krause. Con ello intenta él, al igual que Krause, crear una terminología científica más rigurosa”[19].

Le siguen a estos análisis sobre términos una serie de tablas comparativas de textos alemanes de Krause con sus equivalentes en el castellano de Sanz del Río, tras las cuales llegamos a la página 160, a la que yo remitía en nota no tanto porque era con la que avalaba la opinión expresada en el texto, que de ello yo consideraba que ya se ocupaban suficientes páginas del apartado en cuestión, sino porque García Mateo empleaba en ella una idea, la de la “adaptación” referida al modo como fue traduciendo Sanz del Río, a la que yo tenía que reprocharle que la hubiese mantenido en su trabajo de 1989 sin haberla sometido entretanto a una profunda revisión conceptual que aclarase en qué consistía exactamente semejante adaptación[20]. En mi opinión, esa revisión era inevitable después de que había quedado probado en 1988, tal y como he señalado, que había resultado errónea su descripción hecha en 1982 de la forma como Sanz del Río gestó el Ideal de la Humanidad para la vida y que él había equiparado en ese mismo trabajo con la forma como fue elaborado el Sistema de la Filosofía, Análisis[21]:

“A pesar de toda su fidelidad al original, Sanz del Río se ve permanentemente obligado a utilizar el método de adaptación con el fin de atender a los hechos de la lengua final. De esta manera, uno se encuentra en su caso tanto con pasajes traducidos literalmente, que dejan traslucir las construcciones y palabras del original en la lengua de partida, así como también pasajes orientados según la lengua final, los cuales están traducidos libremente para acomodar el texto semántica y gramaticalmente a la lengua final”[22].

Por último, en la página siguiente a donde se encuentra este texto, la 161, plasma el siguiente párrafo como conclusión de las distintas comparaciones que ha venido realizando y las cuales él ya ha dado ahí por concluidas:

“El conjunto tiene como resultado una obra que, tal y como se ha señalado, aparece en español desde un punto de vista lingüístico y filosófico por primera vez y única, pues Sanz del Río ha comenzado a formar por vez primera una terminología filosófica que no existía en español. La filosofía y la teología fueron hechas en España casi sólo según el método latino-escolástico. La filosofía de la Ilustración y del Idealismo alemán eran, por otro lado, prácticamente desconocidas. De esta manera, Sanz del Río se vio completamente obligado a formar por vez primera en español una abundante cantidad de términos filosóficos nuevos que, en Krause y a pesar de sus peculiares formaciones terminológicas, se remontan a la Ilustración y al Idealismo alemán. Esto supone una ampliación y nueva adquisición de espacio lingüístico, una adquisición, así pues, de posesión intelectual y formación estilística mediante la apropiación de posibilidades expresivas del alemán”[23].

Se trata este último de un párrafo al que aún le siguen tres más con textos de Martín Buezas, Wuthenow y Ortega y Gasset, antes de llegar a la cita de Jiménez-Landi que García Mateo declara que es la fuente de la idea que yo le atribuyo indebidamente. Juzgue ahora el lector, tras conocer la serie de textos recogidos, si uno puede entender a partir de ellos que “uno de los resultados al que mayor relevancia” concedió el autor de los mismos “es la modernización del lenguaje filosófico español llevada a cabo por Sanz del Río en la obra castellana” del Sistema de la Filosofía, Análisis al traducir las Vorlesungen über das System der Philosophie, o si, en cambio, esa “valoración no es mía”, esto es, del responsable de tales textos.

 


Notas

[1] R. García Mateo: Das deutsche Denken und das moderne Spanien. Panentheismus als Wissenschaftssystem bei Karl Chr. F. Krause. Seine Interpretation und Wirkungsgeschichte in Spanien: Der Spanische Krausismus, Frankfurt am Main, Verlag Peter Lang, 1982. El apartado correspondiente abarca de la página 154 a la 163.

[2] R. García Mateo: “La relación Krause/Krausismo como problema hermenéutico”, en: Pensamiento 45 (1989) 425-445.

[3] Los resultados de esta investigación están publicados en R. V. Orden Jiménez: El Sistema de la Filosofía de Krause. Génesis y desarrollo del Panenteísmo, Madrid, Universidad Pontificia Comillas, 1998.

[4] Algunos documentos inéditos vinculados con esta cuestión los he publicado en R. V. Orden Jiménez: Sanz del Río en la Universidad Central: los años de formación (1837-1854). Con un anexo documental, Madrid, Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, 2001.

[5] R. V. Orden Jiménez: Sanz del Río: traductor y divulgador de la Analítica del Sistema de la Filosofía de Krause, Pamplona, Cuadernos de Anuario Filosófico, 1998.

[6] R. García Mateo: “R. V. Orden Jiménez, Sanz del Río: traductor y divulgador de la analítica del sistema de la filosofía de Krause (Cuadernos de Anuario Filosófico. Serie de Filosofía Española). Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 1988 [sic]; cm 21 x 14, pp. 144”, en: Gregorianum 80 (1999) 393-394. Se trata de una errata la fecha facilitada de la publicación de mi libro, pues no es del año 1988 cuanto del de 1998.

[7] R. García Mateo: “J. Sanz del Río, intérprete de Krause según la hermenéutica de Gadamer”, en: Gregorianum 83 (2002) 165-174.

[8] El análisis se encuentra en R. García Mateo: ob.cit. supra n. 1, pp. 163-169, y entre sus resultados se cuenta el que la obra española fue una “creación propia” [Neuschöpfung (p. 166), eigene Schöpfung (p. 169)] de Sanz del Río y “en modo alguno una traducción” [auf keine Weise eine Übersetzung (p. 169)], obra ésa que asegura que fue elaborada según un proceso de gestación específico aplicado a la obra alemana mencionada: vid. infra n. 21.

[9] En el mismo artículo de 1989 donde analizaba por segunda vez la composición del Sistema de la Filosofía, Análisis, García Mateo reconocía su error metodológico en el estudio del Ideal de la Humanidad para la vida, si bien rehusaba ahí mismo a pronunciarse sobre el contenido y las consecuencias de tal hallazgo: R. García Mateo: art.cit. supra n. 2, pp. 443 s.

[10] Tal hallazgo se debe a E. M. Ureña: “El fraude de Sanz del Río o la verdad sobre su “Ideal de la Humanidad”“, en: Pensamiento 44 (1988) 25-47.

[11] Tal método ha permitido averiguar la fuente foránea de otros textos atribuidos a Sanz del Río, como, por ejemplo, uno de Filosofía de la Historia publicado de modo póstumo, del cual sabemos ahora que se trata, en realidad, de la traducción del índice de una obra de Krause; véase al respecto, R. V. Orden Jiménez: ob.cit. supra n. 5, p. 111.

[12] R. V. Orden Jiménez: ob.cit. supra n. 5, p. 14.

[13] R. García Mateo: art.cit. supra n. 7, p. 171. Se entiende que es una errata el año que facilita de su artículo y que no es 1988 sino 1989, pues de entonces es, efectivamente, el artículo al que yo aludo y del que procede su propia cita.

[14] R. García Mateo: art.cit. supra n. 2, p. 439.

[15] R. V. Orden Jiménez: ob.cit. supra n. 5, p. 12.

[16] R. García Mateo: art.cit. supra n. 6, pp. 393 s.

[17] R. García Mateo: art.cit. supra n. 7, p. 174.

[18] R. García Mateo: ob.cit. supra n. 1, p. 155. La traducción es mía y atiende al siguiente texto: “Man merkt gleich, dass sich Sanz del Río eine erweiternde Erläuterung zum Wort des Originals erlaubt. Das besagt zugleich eine gewisse Selbständigkeit gegenüber dem Ausgangstext, die Sanz del Río durch gründliches Sich-Einlesen in das Krausesche Denken erreicht hat; so verfügt er über eine, wenn sie auch auf Krause zurückgeht, eigene philosophische Terminologie, die in der spanischen Sprache erst- und einmalig ist. Somit erweitert Sanz del Río zugleich den eigenen Sprachraum, indem er sich neue Formen und fremde Ausdrucksmöglichkeiten aneignet”.

[19] R. García Mateo: ob.cit. supra n. 1, p. 158. La traducción es mía y atiende al siguiente texto: “Wortschöpferisch zeigt sich Sanz del Río besonders bei dem Versuch, Krausesche Wortbildungen auf spanisch nachzubilden. Dabei versucht er auch wie Krause (siehe oben S. 56) eine strengere wissenschaftliche Terminologie zu schaffen”.

[20] Así se lo reprocho en R. V. Orden Jiménez: ob.cit. supra n. 5, p. 14. La idea de la adaptación la mantuvo en el artículo de 1989, R. García Mateo: art.cit. supra n. 2, p. 442, así como en uno posterior de 1996, recientemente reeditado en el 2001: R. García Mateo: “Krausismo, lenguaje y literatura”, en: Miscelánea Comillas 54 (1996) 439-450, p. 446.

[21] Sobre los tres puntos de vista utilizados por Sanz del Río en la elaboración de ambas obras, véase R. García Mateo: ob.cit. supra n. 1, pp. 163 s.

[22] R. García Mateo: ob.cit. supra n. 1, p. 160. La traducción es mía y atiende al siguiente texto: “Bei aller Treue zum Original sieht sich Sanz del Río immer wieder genötigt, die Methode des Adaptierens zu verwenden, um den zielsprachlichen Gegebenheiten zu entsprechen. So findet man bei ihm sowohl wortwörtlich übersetzte Stellen, die ausgangssprachliche Konstruktionen und Wörter des Originals durchleuchten lassen, als auch zielsprachlich orientierte Stellen, die frei übersetzt sind, um den Text semantisch und grammatisch an die Zielsprache anzupassen”.

[23] R. García Mateo: ob.cit. supra n. 1, p. 161. La traducción es mía y atiende al siguiente texto: “Das Gesamte macht ein Werk aus, das im Spanischen sprachlich und philosophisch, wie gesagt, erst- und einmalig ist; denn Sanz del Río hat eine philosophische Terminologie, die es im Spanischen nicht gab, erstmals zu bilden begonnen. Die Philosophie und Theologie wurden in Spanien fast nur nach der lateinischen scholastischen Methode getrieben. Die Philosophie der Aufklärung und des deutschen Idealismus waren andererseits so gut wie unbekannt. So sah sich Sanz del Río durchaus genötigt, die Fülle von neuen philosophischen Termini, die bei Krause trotz eigenwilliger Wortbildungen auf die Aufklärung und den deutschen Idealismus zurückgehen, zum ersten Mal auf spanisch zu bilden. Das besagt eine Erweiterung und Neuerwerbung von Sprachraum, eine Erwerbung also von geistigem Besitz und Stilbildung durch Aneignung deutscher Ausdrucksmöglichkeiten”.

 

[Fuente: Publicado en la revista Gregorianum vol. 84 (2003): 193-203]

Madrid, junio de 2002.

Rafael V. Orden Jiménez
Universidad Complutense de Madrid
e-mail: rorden@filos.ucm.es

 

© José Luis Gómez-Martínez
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