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C. Chr. F. Krause
Julián Sanz del Río

 

Ideal de la Humanidad para la vida

VI.

Idea de la humanidad en sus sociedades fundamentales

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Considerando nuestra humanidad como el sugeto de su destino individual y social llaman nuestra primera atención las personas fundamentales humanas, como otros tantos sugetos de vida libre, propia en cada uno y relativa entre todos. Distinguimos estas personas descendiendo con el pensamiento desde la total humanidad en el mundo por grados subordinados y coordinados, hasta el individuo, la última indivisible persona humana. Todas las personas humanas son otros tantos sugetos de una misma naturaleza y vida, del espíritu reunido con la naturaleza, en el mundo, bajo Dios. El individuo espiritual (el genio) vive en nosotros como una potencia particular a manera de un rayo y rayos de un sol espiritual; el individuo corporal (el sentido) vive como un sugeto y órgano interior de la naturaleza, y juntamente como parte viva de una generación continua humana (linaje) en el mundo. La anticipada unión de los espíritus humanos se muestra en el amor mutuo (simpatía, amor humano), y la anticipada unión en la naturaleza se manifiesta en el amor del sexo y en la descendencia continua de las generaciones humanas dentro de un mismo linaje.

El que no sepa deducir estas verdades en la ciencia, oiga la voz del amor dentro de su pecho y la voz del presentimiento religioso. Esta anticipada unidad de todos los hombres, como miembros de una humanidad en el mundo y en la tierra exige: que cada individuo pueda manifestarse en propiedad de vida y de actividad, esto es, con libertad, como un sugeto y una entera persona humana, y que al mismo tiempo se mueva sobre todo motivo o interés particular, a unirse libremente, esto es, según su naturaleza, con personas inmediatas y mediatas, hasta fundar bajo esta forma legítima un hombre y una persona superior histórica.

85.

Primer género de sociedades fundamentales. Sociedades personales
El matrimonio - Primera sociedad personal

Hemos considerado ya arriba la idea del matrimonio. Sobre lo dicho allí añadimos aquellas comunes exigencias que la ley de la humanidad hace al matrimonio. La sociedad matrimonial debe fundarse en todo lugar sobre el amor personal de los individuos; esta sociedad debe constituirse y regirse en forma de libertad moral y de concertada mutua armonía; después de esto debe conformar con el carácter y las costumbres del pueblo respectivo, y guardar las condiciones naturales para una generación sana, robusta y fecunda. Estas exigencias conciertan entre sí, se ayudan unas a otras, y en estados imperfectos históricos ha dañado a veces la falta de una de ellas a las restantes. El matrimonio debe extender la influencia de su amor individual y de la intimidad, sobre este amor fundada, a toda la familia; debe educar los hijos, bajo todos aspectos, como personas humanas que son parte también de personas inmediatas y mediatas superiores, hacia las cuales están llamados; debe por tanto respetar el derecho de los hijos, la libertad de su persona y su relación a fines ulteriores humanos en el pueblo. La familia debe extender su interés y su influencia educadora sobre todo el destino de la humanidad. Unidos por el amor y comunicando unos con otros en las más secretas interioridades, deben los miembros de la familia asociarse entre sí para un culto doméstico (prácticas religiosas), para un estado y derecho doméstico (costumbres domésticas, respetos personales), para una doméstica cultura en ciencia y arte y en libre comercio interior. La familia debe realizar en toda la tierra, en el grado inmediato sobre el individuo, el primer hombre superior.

86.

La Amistad - Segunda sociedad personal

Después del matrimonio es la amistad (la sociedad de hombres amigos) el vínculo personal más íntimo y el más fecundo en bellos frutos. Así como el matrimonio junta los opuestos sexos, la amistad junta los opuestos caracteres. Las quejas sobre las faltas de leal amistad en nuestros días y la falta efectiva de ella consisten, no en que falte en los hombres la susceptibilidad para este vínculo humano, sino en la imperfección del estado y gobierno doméstico y de las instituciones superiores, en particular las relativas al derecho y estado económico. Porque ninguna cosa desamora y enfría más los corazones, ninguna apaga más de raíz la delicada simpatía entre los hombres que el codicioso afán de riqueza y de la posesión de bienes temporales; y cuanto más engendra esta codicia la doblez y el artificio, tanto más se aleja la cariñosa amistad de los mercados de Pluto. Una forma más digna y moral del estado doméstico, una constitución más segura del derecho y estado económico, la reanimación del sentido religioso en el pueblo volverán también a intimar y purificar la amistad entre los hombres. Y este noble fin humano se realizará a medida que los hombres y pueblos se junten en más llenas, más compuestas personas sociales, y que realicen con más verdad el amor humano en la tierra. Entonces serán las amistades, no menos que las familias, fuentes vivas de virtud, de religión, de belleza; entonces serán centros fecundos de ciencia y arte.

87.

El trato libre social. -Tercera sociedad personal

Las familias y las amistades reúnen otra vez sus miembros en una común esfera social, que de ordinario llamamos: Sociedad, - Trato social, - Círculos sociales. También hemos conocido esta sociedad personal como bienhechora a su modo para la renovación y reanimación de las dos anteriores. Un comercio social libre, vario y rico en relaciones, sólo es posible en un pueblo de cultura muy adelantada y múltiple, mediante la cual pueda alimentar su trato social con los frutos más delicados de una educación científica y artística. Infinitamente se reanimará y enriquecerá el comercio social mediante la comunicación de pueblos diferentes y diferentemente cultos; el carácter de los socios dentro de cada pueblo se enriquece asimilándose alguna parte del carácter extranjero; y el trato que, encerrado en los límites del pueblo, era en cierto modo sociedad y conversación privada, se eleva, con la admisión de caracteres extranjeros, a trato y conversación común-humana pública. Por eso goza nuestra Europa la esfera más extensa y más rica de trato social que conoce la historia, y esta sociedad, siendo hacia dentro bien caracterizada en cada pueblo, tiene en todos un carácter común, hasta llegar a establecer prácticas y usos generales en todo el Continente.

88.

El pueblo y los pueblos unidos. -El pueblo terreno

Una totalidad de familias, de amistades y de círculos libres sociales que hablan una lengua común, que observan comunes costumbres y usos, y cultivan en común la ciencia y el arte, forma un pueblo, esto es, una sociedad y hombre inmediatamente superior a las familias. Los pueblos se juntan unos con otros en sociedad humana, y para ello, y de semejante modo que los individuos y familias, se reúnen bajo un hábito de vida y pueblo común. Por lo tanto, repite aquí la ley de la humanidad a los pueblos las mismas exigencias de amor, de derecho y asociación libre y progresiva, que ha hecho a los individuos dentro del pueblo. Cuando la humanidad haya llegado a la plenitud de su historia terrena, deben coexistir unos al lado de otros tantos pueblos propios, e igualmente cultos, cuantos la naturaleza ha distinguido por los límites interiores geográficos y según la diferencia de las regiones climáticas y de las razas humanas.

Todos los pueblos, como sociedades parciales en la sociedad total, deben ser accesibles unos a otros en libre y omnilateral comunicación. Los pueblos de carácter opuesto bajo una semejante cultura, deben, como los individuos, fundar entre sí uniones o alianzas de pueblos y comercio libre de pueblos. Forman ligas (Estados-unidos) cuando los individuos de ambas partes se juntan en matrimonios, y cuando la vida social respectiva penetra recíprocamente de uno en otro pueblo, cuando real y verdaderamente forman los dos pueblos una nación y pueblo unido. Los pueblos forman amistades, cuando sus caracteres se comunican en libre, aunque más lejano contacto, viviendo en espíritu común así religioso como científico; por ejemplo, todos los pueblos de Europa entre sí y en oposición a los de Asia. Libre sociedad de pueblos forman, cuando se encuentran temporalmente en contacto en el medio social o sólo se reúnen para determinados fines de su vida, preparándose con esto de lejos para formar una sociedad de pueblos amigos; o cuando por natural ocasión pueblos amigos y semejantes en cultura fundan entre sí un libre comercio en todos los fines y tendencias humanas.

De este modo pues, cuanto más se elevan los pueblos en su civilización a un sentido común humano, se forman de grado en grado naciones más comprensivas, donde los pueblos al paso con su vida interior se educan unos en otros y por otros, primero bajo uniones de una parte de la tierra, y últimamente bajo una unión y sociedad definitiva, bajo un pueblo terreno (de toda la tierra). Entonces aquellos pueblos, que han conservado su libertad y su primitivo carácter sobre las vicisitudes de los tiempos, manifestarán el lleno de este carácter en multiplicadas relaciones, y realizarán su destino propio en el todo (su humanización), en concurso libre y pacífico, en relación con su historia y con la historia universal. Entonces la humanidad en la tierra habrá llegado a su mayor edad, y cumplirá en adelante, como un hombre mayor interiormente culto y libre, la totalidad de su destino.

C. Chr. F. Krause y Julián Sanz del Río. Ideal de la Humanidad para la vida. Con introducción y comentarios de D. Julián Sanz del Río. Segunda edición. Madrid: Imprenta de F. Martínez García, 1871 [En esta segunda edición se incluye también el "Discurso pronunciado en la Universidad Central", 1857. La primera edición es de 1860].

 © José Luis Gómez-Martínez
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