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C. Chr. F. Krause
Julián Sanz del Río

 

Ideal de la Humanidad para la vida

Advertencia.

Agotada la primera edición del Ideal de la Humanidad, y deseando que se difunda por nuestro pueblo el puro y levantado espíritu en que este libro fue concebido y acabado[1], pidieron los fideicomisarios de Sanz del Río a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, legataria de esta obra, autorización para reimprimirla y destinar los productos de la edición a la publicación de algunos de los interesantes manuscritos del ilustre filósofo. El público sabrá apreciar el noble respeto a la memoria del compañero y la generosa devoción a la Ciencia que ha inspirado este acto de largueza al honorable Claustro de la Facultad de Filosofía y Letras; y obligado es en los fideicomisarios de Sanz del Río atestiguarle por ello su profundo reconocimiento.

Dos razones perentorias aconsejaban la reimpresión de este libro. Es la primera su inestimable valor para la dirección racional de la vida. Poner en viva y fecunda comunicación, como el autor dice, la razón filosófica con la razón natural, trayendo a un superior concierto la teoría y la práctica, cuya división ha engendrado la tormentosa utopía y el rastrero empirismo, que alternativamente precipitan y abaten a individuos y pueblos hasta reducirlos a la impotencia de transacciones eclécticas, a la servil complacencia del éxito, y en suma a la torpe pasión del egoísmo; levantar de semejantes torcimientos y postraciones al espíritu, infundiendo en él la firme y pura convicción de que el bien es el último destino de todos los seres en el Mundo, y de que conocerlo y practicarlo en todas las esferas de la vida es la ley moral del hombre, labrando en la conciencia la virtuosa y diligente resolución de redimirse con propio esfuerzo de los males presentes; y ofrecer a los demás en recto consejo y buena obra la parte que en la salvación común a cada uno toca: tal es, en breve, la intención de este libro que, gentes de todas clases, condiciones y aun cultura, pueden leer y consultar siempre con fruto, si bajo la letra muerta de un escrito quieren leer con el alma, pura de preocupación y despierta de la secular pereza, en el espíritu que lo ha dictado.

La segunda razón, de menor trascendencia, pero decisiva en el ánimo de los fideicomisarios de Sanz del Río, es el interés histórico del libro para quien desee conocer la vida del autor y aun las relaciones de la Universidad con el Estado antes del memorable decreto que afirmó para siempre la libertad de la Ciencia y la Enseñanza. -El ideal de la Humanidad mereció la reprobación de la Congregación del Índice romano; Sanz del Río fue despojado de su Cátedra porque no quiso renegar de su obra. No recordamos este hecho para acusar ni menos condenar a nadie. La historia dirá si obraron con justicia los que en nombre de la religión condenaron el libro, y los que destituyeron al Profesor en nombre de los principios fundamentales de la sociedad. Entre tanto, cumplimos un deber ofreciendo esta nueva edición al público. Que los hombres de recto pensamiento y puro corazón declaren si al repasar estas páginas se sienten heridos en su conciencia moral y religiosa, o edificados con el divino amor del bien y de la Providencia suprema.

Después de esto, no debemos omitir que, mientras las Universidades y los sabios extranjeros ofrecían sus puestos de honor y sus homenajes de respeto a Sanz del Río, su destitución atraía en nuestro pueblo el interés de los hombres políticos hacia la situación de la Universidad. El derecho de la Ciencia y de la Enseñanza no tardó en ser reconocido por la ley fundamental del Estado; y con razón pudo un distinguido profesor de Heidelberg, apellidar campeón científico de la libertad espiritual de España al filósofo que tales obras producía.

De su noble amor por el fin a cuyo servicio ofreciera un pensamiento inconmensurable, una abnegación sin límites, una voluntad inflexible, una conducta varonil y severa, y hasta el tributo de su modesto patrimonio, da testimonio magnífico el elocuentísimo Discurso que se pone por apéndice al Ideal, y que es considerado como una de las más bellas obras clásicas del habla castellana. ¡Plegue a Dios que, en honor de nuestro pueblo y en bien de la Humanidad, inspire en días no lejanos su alto sentido una nueva vida en el cuerpo desfallecido y exánime de nuestras instituciones docentes!

 

Los fideicomisarios de Sanz del Río:

Fernando de Castro[2]. – Manuel Ruiz de Quevedo. – Nicolás Ramírez de Losada. – Federico de Castro. – Nicolás Salmerón. – Francisco Giner. – Tomás Tapia.

 

Madrid 21 de Setiembre de 1871.

 

Notas

[1] Aunque Sanz del Río atribuye modestamente su Ideal a Krause, dando a entender es mera traducción del de éste (Urbild der Menschheit, 1.ª ed., Dresde, 1811; 2.ª ed., Gotinga, 1851), hay entre su libro y el del filósofo alemán esenciales diferencias (a más de las que señalan sus notas y comentarios), tanto en el plan, como en partes enteramente nuevas, que faltan en el segundo. Basta comparar los índices de ambos para convencerse de ello. El de Sanz del Río, si bien inspirado en la bella obra de Krause, es una exposición completamente libre de su sentido, acomodada al espíritu de nuestro pueblo y a las más apremiantes necesidades de su cultura.

[2] Nombrado fideicomisario en sustitución de nuestro benemérito y malogrado amigo D. Miguel Carmona y Aguilar, y conforme a las cláusulas del Testamento.

C. Chr. F. Krause y Julián Sanz del Río. Ideal de la Humanidad para la vida. Con introducción y comentarios de D. Julián Sanz del Río. Segunda edición. Madrid: Imprenta de F. Martínez García, 1871 [En esta segunda edición se incluye también el "Discurso pronunciado en la Universidad Central", 1857. La primera edición es de 1860].

 © José Luis Gómez-Martínez
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