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Panenteísmo

Panenteísmo

Con el concepto de panenteísmo el pensamiento krausista buscaba superar el panteísmo y el dualismo al armonizar aspectos que consideraban válidos en ambos. Pero al presentar el mundo de las presencias finitas como contenido de la suprema esencia, Dios, no llegan a articular con precisión cómo lo individual, lo finito, al estar en Dios, puede distinguirse esencialmente. Este concepto, fundamental en el racionalismo armónico krausista adquirió gran relevancia en la España de los años setenta, no por su importancia dentro del krausismo español, que no la tenía, sino precisamente por destacar hasta qué punto la metafísica krausista dejó de tener relevancia a la muerte de Julián Sanz del Río en 1869.

He estructurado este breve desarrollo en tres partes. En la primera recojo unos texto de la “Polémica sobre el panenteísmo” (1875), que surgió con la publicación de un prólogo de Ramón de Campoamor a un libro de Manuel de la Revilla, con textos de Canalejas, Campoamor y Revilla. Estos textos nos proporcionan un precioso contexto de la oposición en España al concepto del panenteísmo y de la dificultad de los discípulos de Sanz del Río en articular una exposición clara del concepto. En la segunda parte incluyo un texto ya clásico de Juan López de Morillas sobre el panenteísmo. Finalmente en la tercera parte anoto una expresión gráfica de Tiberghien según la adaptación de Antonio Jiménez

a) La polémica

A continuación se anotan cuatro textos, uno de Canalejas, dos de Campoamor y el último de Revilla. Los textos de Canalejas y Campoamor presentan bien el desarrollo del debate. El texto de Revilla es posterior, corresponde a una carta escrita en 1881 con motivo de la segunda edición de su libro; no añade nada al debate. Lo incluyo como testimonio de lo rápido que deja de tener actualidad la dimensión filosófica del krausismo, o mejor dicho su metafísica, pues en el campo jurídico, estético y sobre todo su filosofía de la educación, tuvieron una fuerte repercusión en el desarrollo de la intelectualidad española, como se desarrolla en el apartado dedicado a la Institución Libre de Enseñanza.

Francisco de Paula Canalejas:
“Que las cosas sean en Dios, no es decir que todas las cosas son Dios, es sencillamente el in qua sunt omnia. Porque está en Dios esencialmente, no es panteísta. Porque sean por Dios y se siga una relación de dependencia entre Dios y aquello que es mediante Dios, no brota el dualismo, que consiste en la afirmación cabalmente opuesta, consiste en negar la inmanencia de Dios en las cosas y la trascendencia de las cosas como siendo esencialmente en Dios.
Dios da la esencia a los seres, y todas las escalas y grados de seres posibles por actuales corresponden a las escalas y grados de las esencias que están en Dios como en su fuente. Dando Dios la esencia a los seres en la diversidad infinita en que están en él, se alejan los temores de panteísmo y de dualismo que sin razón asaltan a usted.” (Campoamor, 70-71)

Ramón de Campoamor:
“Dice el panteísmo: el mundo es una emanación necesaria de Dios.
Dice el dualismo: el mundo es una creación voluntaria de Dios.
Aquí no cabe término medio, la conciliación de estos dos términos irreconciliables es un imposible de toda imposibilidad. El armonizar la afirmación panteísta con la negación dualista es echar abajo una de las bases fundamentales de la metafísica, que es el principio de contradicción, que enseña que “es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo”.
Sin embargo, faltando a este principio elemental, viene Krause y asienta esta fórmula armónica: “Unir sin confundir y distinguir sin separar”. Y echando a perder la completa e incomparable fórmula de Espinosa, “la substancia se desarrolla por medio de atributos infinitos, infinitamente modificados”, resume su sistema armónico en el siguiente guirigay: “Todo es en, bajo, mediante Dios”; embrollo en el cual lo vago del fondo compite con lo antigramatical y escabroso de la forma. Todo es en… ¿cómo? ¿embebido? Pues panteísmo; ¿sólo adjunto? Pues dualismo. Bajo… ¿en categoría inferior, sólo por posición, pero en igualdad de esencia? Pues panteísmo; ¿En desigualdad de esencia y en diferencia de situación? Pues dualismo. Mediante…¿En relación de igual a igual? Pues panteísmo; ¿en relación de superior a inferior? Dualismo. Todo esto puede ser o panteísmo o dualismo, pero nunca panenteísmo, porque ya he dicho que esto es un imposible metafísico.
Las cosas bien pensadas siempre son bien comprensibles.
Panteísmo: El mundo y Dios son de una esencia misma. Comprendido.
Dualismo: El mundo y Dios son de esencias diferentes. Se comprende.
Panenteísmo: El mundo y Dios por medio de la esencia, se unen sin confundirse y se distinguen sin separarse. No lo entiendo y el señor Canalejas no nos lo sabe explicar, porque él no lo entiende tampoco.
Dice uno de los doctores más claros de la escuela krausista: “la relación de Dios y el mundo no es ni una relación de identidad panteística ni una relación de dualidad, no hay entre el mundo y Dios ni identidad ni separación”. Vuelvo a repetir que no lo entiendo” (Campoamor 105-106).

Ramón de Campoamor:
“La manera más leal de explicar las ideas metafísicas es hacerlas perceptibles por medio de imágenes.
El papel sobre el que estoy escribiendo se compone principalmente de una substancia que se llama celulosa, lo mismo que aquella de que se compone un hueso de dátil, que no es más que celulosa condensada. Esta celulosa de que se componen el papel y el hueso de dátil, ¿es una y varia? No., Es una en realidad, pero varia en la apariencia. Si el papel y el hueso pensasen, se creerían distintos, pero ambos son la misma cosa, celulosa más o menos condensada. Variedad de determinaciones de una misma esencia.
Krause dice “que la vida es la manifestación de la esencia divina, de que forman parte todas las cosas finitas, dependientes entre sí como entre miembros de órganos de un mismo ser”. Esto quiere decir que, efectivamente, la esencia es una y varia, pero una en realidad y varia en la apariencia, que todas las cosas son miembros de órganos de un mismo ser. La esencia divina es la faz permanente de las cosas; la vida no representa más que la faz mudable.
Por eso este panenteísmo de ustedes no es más que él nexopanteísmo, renovado elocuentemente por Espinosa, cuya substancia única es varia al hacerse atributiva, y muchísimo más varia al modificarse infinitamente. Pero estas infinitas variedades se unifican en la substancia única: lo vario es siempre aparente; lo real es invariablemente siempre lo uno.
Esa esencia de usted, una en sí y varia en cada ser, no es más que la substancia de Espinosa, una en sí y modificada en cada ser. El dúo que cantaba solo el truchiman del teatro. La celulosa simple del papel, que en el hueso de dátil es celulosa condensada. La unidad real y la variedad aparente. Panteísmo, y panteísmo materialista puro” (Campoamor 164-165).

Manuel de la Revilla:
“En primer lugar toda la parte del prólogo que se refiere al krausismo ya no es necesaria, por dos razones: la primera, porque esa doctrina está ya en el periodo de la decadencia, por no decir en la agonía; la segunda, porque hace ya tiempo que he renegado públicamente del krausismo, ingresando en las filas del ejército positivista, o lo que es igual, ha conseguido usted lo que quería” (Campoamor 172).

 

b) El panenteísmo

Juan López Morillas:
“La relación entre Dios y el mundo a que aspira el panenteísmo representa una ilustración puntual del método dialéctico de Krause. La doctrina de todo en Dios es la síntesis en que se resuelve y traspasa la oposición histórica entre el panteísmo y el deísmo. Es menester, en opinión de Krause, poner a salvo el fondo de verdad que alimenta a una y otra doctrina, a saber, la inclinación, por un lado, a divinizar el mundo y la aseveración, por otro, de la independencia de los actos morales del hombre. A la visión panteísta del mundo propuesta por Schelling le reprochaba Krause la inevitable consideración del acontecer universal como un sencillo proceso natural, como una especie de “determinismo divino” en el que no podrían hallar cabida las nociones de libertad y responsabilidad humanas. Para sortear este obstáculo el panenteísmo echa mano de la fórmula siguiente: ‘el mundo no está fuera de Dios…, ni tampoco es Dios mismo, sino que es en Dios y mediante Dios’. Esto parece significar: a) que el mundo no agota, ni siquiera contiene la total esencia de Dios; b) que el mundo ocupa, en relación con Dios, un lugar subordinado pero no independiente o, dicho de otra manera, que Dios libremente piensa, siente y quiere el mundo, que Dios pone el mundo como un momento de la esencia divina; c) que lo que llamamos mundo es el conjunto de manifestaciones de la esencia divina en el tiempo y en el espacio; y d) que el conocimiento del mundo es el conocimiento de la divina esencia y sus manifestaciones. Es conveniente apuntar que Krause, en su determinación del nexo entre Dios y mundo, se ve precisado a distinguir en Dios dos formas de causalidad: la causalidad interna (Dios-principio), que reconoce la inmanencia del mundo en Dios, y la causalidad temporal (Dios-causa), según la cual Dios es trascendente, supremo y libre creador del universo. La consideración de lo que se llama “vida” como “un momento en Dios” constituye, a los ojos de los discípulos de Krause, el mérito sobresaliente del panenteísmo” (López-Morillas 38-39).

 

c) Una interpretación gráfica

Antonio Jiménez García:
“Se pueden representar gráficamente los tres sistemas filosóficos analizados por Krause para comprender mejor sus diferencias. Sigo aquí la exposición que hace Tiberghien en el volumen II de su Logique.

Fig. 1: Panteísmo. Sistema de la unidad absoluta o de la confusión: equivalencia entre Dios y el mundo. Se representa por dos círculos con el mismo centro y de igual radio: el círculo de Dios y el círculo del mundo, que son idénticos.

 

Fig. 1

Fig. 2: Dualismo. Sistema de la variedad absoluta o de la separación: coordinación de Dios y el mundo. Su representación consiste en dos círculos exactamente iguales que no se tocan en ningún punto para significar que están totalmente separados y el uno fuera del otro.

 Fig. 2

Fig. 3: Panenteísmo. Sistema de la armonía: unión y distinción entre Dios y el mundo. Su representación simbólica es bastante más compleja que la de los dos sistemas anteriores. La constituyen cuatro círculos: uno para la tesis, dos para la antítesis y un cuarto para la síntesis:

Fig. 3

  • 0: Círculo de Dios como Ser uno y entero.

  • 1: Círculo de Dios como Ser supremo.

  • 2: Círculo del espíritu.

  • 3: Círculo de la naturaleza.

  • 4 Unión del espíritu y de la naturaleza: la humanidad.

  • 5: Unión de Dios con el espíritu.

  • 6: Unión de Dios con la naturaleza.

  • 7: Unión de Dios con la humanidad.

El círculo de la tesis, que comprende todos los demás círculos, es el de Dios considerado como esencia una y entera. Los dos círculos de la antítesis se presentan coordinados entre ellos y subordinados a Dios: son el espíritu y la naturaleza que se cruzan y se penetran en Dios a causa de la unidad de la esencia divina. La parte central o común de los dos círculos expresan la unión del mundo de los espíritus y del mundo de los cuerpos, unión que en su grado más alto se manifiesta en la humanidad. El espíritu, la naturaleza y la humanidad forman el mundo que se desarrolla en Dios; pero Dios, como Ser uno y entero, permanece distinto y ajeno a todos los ámbitos de la realidad, cosa que se puede comprobar perfectamente en la figura al no tener ningún punto de contacto los círculos 1, 2 y 3 con el círculo 0; y esto es así porque la unidad de la esencia divina está por encima de (transciende a) todas sus determinaciones interiores, salvándose con ello de caer en el panteísmo. Por ello el cuarto y último círculo, Dios como Ser supremo es superior a los términos de la antítesis (espíritu y naturaleza) y se une con todas las partes del mundo (espíritu, naturaleza y humanidad), salvando así la separación entre Dios y el mundo, típica de la concepción dualista. Finalmente, el sistema armónico de Krause defiende a la vez la inmanencia y la trascendencia” (Jiménez García 57-58).

 

Bibliografía

  • Campoamor, Ramón de. Polémicas sobre el krausismo [1875]. En Obras completas de Campoamor. Tomo Tercero (Polémicas filosóficas y literarias). Madrid: Editorial San Rafael, 1902.

  • Jiménez García, Antonio. El krausismo y la Institución Libre de Enseñanza. Madrid: Editorial Cincel, 1986.

  • López Morillas, Juan. El krausismo español. Perfil de una aventura intelectual. México: Fondo de Cultura Económica, 1956.

JLG-M
Actualizado: marzo de 2005

 

© José Luis Gómez-Martínez
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