Advertencia | Introducción | Cronología | Documentos | Índices | Bibliografía | Colaboradores

Teología de la liberación
y contexto literario

Steven Casadont

“Por el Camino de la Pobreza”

Gustavo Gutiérrez. “Por el Camino de la Pobreza”. Cuadernos Americanos 12.6 (1988): 71-100.

Gutiérrez revisita en este estudio un tema desarrollado previamente en su libro Teología de la Liberación: el concepto de la Iglesia hispanoamericana definiéndose como “iglesia de los pobres”. Gutiérrez apoya su posición, que la Iglesia debe ser un sacramento de la salvación universal con preferencia a los pobres, con varias interpretaciones de documentos eclesiales y, también, con una serie de citas de teólogos del campo de la teología de la liberación. Esta renovación de su discurso después de diecisiete años pudiera haber sido en reacción a los pensamientos en “ciertos círculos” de que la Iglesia se había politizado demasiado y corría el riesgo de “desvirtuar su misión” (97). Gutiérrez responde en este artículo, escrito “desde la problemática que se nos presenta en América Latina” (71), mediante un reexaminar el diálogo que abre Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, y las motivaciones y significado de la decisión de repensar la misión de la Iglesia en el contexto del mundo moderno.

El artículo está divido en dos partes: “Salvación e Iglesia” y “La Iglesia de los pobres”. La primera parte empieza con una mirada a los desafíos que la Iglesia enfrentaba al convocar el Concilio Vaticano II en 1962, lo más serio era que la Iglesia había perdido contacto con el mundo moderno. Para que no perdiera su relevancia, el Papa Juan XXIII afirmaba que la Iglesia “debía abrirse al mundo contemporáneo y saber reconocer los valores presentes en él” (72). Gutiérrez empieza a construir su argumento al enfocarse en la crisis eclesial de esa época y validar las decisiones del Concilio de reexaminar los “aspectos institucionales y comunitarios” de la Iglesia (74). Las posiciones eclesiales hacia otras confesiones cristianas, su entendimiento de la acción salvífica universal, y la “cuestión social” hacen parte de esta apertura al mundo. En cuanto la actitud eclesial hacia otras confesiones, Gutiérrez cita a Congar: “La rigurosa identidad entre el cuerpo místico y la Iglesia católica romana, y por consiguiente la idea de que solamente los católicos son miembros del cuerpo místico, los no-católicos sólo pueden ser considerados como ‘ordenados a él’” (74).

En su análisis del entendimiento eclesial de “el plan de salvación”, Gutiérrez escribe: “Para la mentalidad ilustrada un Dios que salva a unos y condena a otros, independientemente de su libertad personal, aparece como un tirano, como un Dios ‘no democrático’” (75).

Su uso de términos políticos para expresar su percepción de la salvación concuerda con su visión de una Iglesia adaptándose a las realidades del mundo moderno. El problema de la “cuestión social” establece las bases para hablar de la pobreza. Con un lenguaje con tinte marxista, Gutiérrez escribe sobre la situación producida por el “desarrollo industrial y su contrapartida de inhumana explotación de los trabajadores necesarios en ese nuevo modo de producción” (76). Cita varios documentos eclesiales para señalar la preocupación en la época sobre “el divorcio entre la fe y la vida” (76). Al presentar este tema, Gutiérrez demuestra que existían problemas nuevos producidos por los cambios en la sociedad, problemas a los cuales “la reflexión teológica no habían respondido todavía suficientemente” (73); y añade, “la noción de la Iglesia como sacramento se constituyó en la piedra angular de una nueva reflexión para hacer frente a los desafíos del mundo moderno” (82).

En la segunda parte del artículo, Gutiérrez trata el significado que este sacramento universal de salvación adquiere cuando “hace su ruta histórica por el camino de la pobreza” (72). Intitula esta sección “La Iglesia de los pobres”, aunque él había escrito en Teología de la Liberación que esas palabras son “susceptibles de una interpretación de sabor paternalista” (356). Gutiérrez no aclara aquí las ambigüedades inherentes en el significado de la palabra “pobreza” (como lo había hecho en Teología de la Liberación), dejando al lector asumir su significado convencional, lo de la pobreza material.

Esta sección del artículo está dividida en dos partes: “Ante la pobreza” y “Fíjense a quiénes llamó Dios”. La primera investiga el tratamiento de la pobreza en materia de eclesiología con interpretaciones de documentos del Concilio Vaticano II y de las conferencias episcopales latinoamericanas de Medellín (1968) y Puebla (1979).

Gutiérrez emplea una cita del Papa Juan XXIII de 1962 para dar una voz histórica y poderosa a la preferencia por los pobres: “Frente a los países subdesarrollados la Iglesia se presenta tal como es, y quiere ser, como la Iglesia de todos y particularmente la Iglesia de los pobres” (83). Gutiérrez halla valor significativo en “la confrontación con los países pobres”, porque “se trata de la pobreza real de las grandes mayorías de la humanidad” (84). Una vez establecida la necesidad de abrir las puertas de la Iglesia al mundo externo, Gutiérrez presenta la realidad hispanoamericana: la de la pobreza. Aquí añade la preferencia por el pobre que expresan los documentos de Medellín y que los de Puebla “confirman dicha óptica” (88). “Medellín”, escribe Gutiérrez, “hace de la preferencia por el pobre y de la solidaridad con su liberación integral e centro de su manera de concebir la Iglesia y su tarea” (88). El lenguaje eclesial de Puebla se ha considerado más ambiguo en cuanto a su diálogo con la teología de la liberación, pero Gutiérrez subraya la exigencia en su preferencia por el pobre: “Afirmamos la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral” (Puebla, 1134).

Los cuestionamientos presentados por sus opositores llevan a Gutiérrez a la segunda parte de su defensa. A los que preguntan si la iglesia no ha perdido su misión, Gutiérrez contesta desde la perspectiva del Reino de Dios. Aquí él continúa el diálogo que introdujo en Teología de la Liberación, donde había interpretado las palabras “Bienaventurados los pobres porque de vosotros es el reino de Dios” para significar que “el reino de Dios trae necesariamente consigo el restablecimiento de la justicia en este mundo” (367). Gutiérrez nos dice que “el Dios que Jesús anuncia es el Dios del Reino. Reinado de amor, vida, paz, justicia, libertad, compasión, perdón, amistad, como nos lo enseñan las diferentes parábolas y gestos de Jesús” (91).

Citando La práctica de Jesús, de H. Echegaray (Lima,1980), Gutiérrez señala que “los pobres ocupan un lugar preferente en el Reino” y, en sus propia palabras, “percibir y discernir este lazo entre Dios y el pobre es responsabilidad esencial de la Iglesia” (92). Recalca igualmente la idea del “Reino de vida anunciado por Jesús” (93). Y afirma que el contraste entre las condiciones en que viven “la mayoría de la humanidad”( y la muerte prematura que resulta de esas condiciones) y el Reino de vida es bastante claro (93). La reinterpretación del Reino de Dios provee una “ganancia” de la identidad de la Iglesia, según Gutiérrez, pero no viene sin pagar un precio. Este precio es “el de la libertad personal, la reputación, la integridad física y mental, la presencia en su propio país y en algunos casos la propia vida (96).

Para concluir, y dar una cara a estos sacrificios personales, él cita las palabras de Monseñor Romero, dos semanas antes de ser asesinado:

Convertirse, pues, en este lenguaje del evangelio de hoy, es un caminar doloroso entre llanto y luto, entre sufrimiento y penas, coronas de espinas, latigazos, torturas, pero que terminan en una victoria final: la resurrección del Señor que es la resurrección del Señor que es la resurrección de todos nosotros. (99)

Steven Casadont
Abril de 2003

[Referencia: Gustavo Gutiérrez. “Por el Camino de la Pobreza”. Cuadernos Americanos 12.6 (1988): 71-100.]

 


© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

PROYECTO ENSAYO HISPÁNICO
Home / Inicio   |    Repertorio    |    Antología    |    Crítica    |    Cursos