Aurora Thorgerson

Las mujeres en el movimiento de Jesús, el Cristo.

Tamez, Elsa. Las mujeres en el movimiento de Jesús, el Cristo. Quito, Ecuador: Departamento de Comunicaciones, Consejo Latinoamericano de Iglesias, 2003.

Elsa Tamez en el prólogo de uno de sus últimos libros Las mujeres en el movimiento de Jesús, el Cristo (2003), señala que quiere utilizar la voz de la narradora Lidia, un personaje femenino de la antigüedad que fue líder de la iglesia apostólica, para, a través de ella, contar las historias de las mujeres que siguieron a Jesús. Igualmente señala que quiere hablar del “movimiento de Jesús, el Cristo” y no el de Jesús como individuo por dos razones: la primera, porque hablar de Jesús como persona aislada no refleja la realidad histórica porque se le conoce como una persona que siempre va acompañada de sus discípulos y seguidores. La segunda razón, porque cuando se habla del movimiento de Jesús no se le debe ver como alguien que nos ama de forma individual, sino como el que nos ofrece un proyecto comunitario de vida nueva para que nos comprometamos en la transformación personal y social de la creación de Dios.

Elsa Tamez en este libro organiza las historias de mujeres partiendo de aquellas que permanecieron junto a la cruz para ilustrar el gran riesgo al que estas mujeres estuvieron expuestas en el contexto histórico de la sociedad romana. La autora elige el pasaje del evangelio de Juan en el que las mujeres representan los objetivos que la autora quiere ejemplificar: el valor, el amor, la lucha, la resistencia y el discipulado. Por medio de Lidia, como narradora imaginaria, hablando en primera persona y con un tono muy coloquial, Elsa Tamez puede enfatizar la continuidad del movimiento de Jesús fuera de Palestina.

Este libro consta de tres partes. La primera parte (27-58) está compuesta por tres capítulos y en ellos trata de las mujeres que aman y desafían. La segunda parte (59-90) consta de los capítulos 4 al 6 y en ellos narra historias de las mujeres anónimas que luchan y resisten. Por último, la tercera parte (91-118) consta de los capítulos 7 a 9 y tratan de las mujeres discípulas y maestras.

La primera parte del libro comienza con la figura de María, la mujer que trajo al mundo a Jesús. Lidia, la voz narradora, analiza y presenta la participación de María, la madre de Jesús, como líder del movimiento a partir de la muerte de su hijo. Según ella, el papel de María es de suma importancia porque fue la madre del Hijo de Dios. A Lidia le llama la atención cómo la historia describe a María y lo que significaría ser la madre de Jesús. Primero empieza detallando la historia de la Anunciación del ángel a María diciéndole: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1:28). Lidia interpreta esta situación de que Dios se identificó con una muchacha joven y sin importancia en la sociedad para ser la madre de su hijo. Y por tanto Dios al elegir a María se identificó con su clase social.

Mas tarde la voz narradora de Lidia analiza las costumbres sociales de su tiempo, sobre todo en cuanto a la situación del matrimonio y afirma que María todavía no se había casado con José porque de acuerdo con las costumbres sociales los padres tenían que hacer una especie de contrato de los arreglos del matrimonio y aún no lo habían hecho. Por consiguiente, según Lidia, María acepta el reto de ser una madre soltera a los ojos de la sociedad.

Analiza asimismo las penas y sacrificios que María vivió, desde el momento que tiene que huir y viajar embarazada desde Nazaret a Belén para dar a luz en un pesebre. Lidia con ello quiere demostrar la intención de que Dios quiso que su hijo viniera al mundo dentro del ambiente más pobre de entre los pobres y además quiere mostrar que Jesús vino al mundo en un medio familiar a muchos marginados y perseguidos. También expone la preocupación y el susto de María como madre, cuando Jesús a los 13 años se fue al templo y desapareció de casa durante tres días. Aunque a María le costó aceptarlo, entendió que su hijo tenía que encargarse de las cosas de su padre Dios. Más tarde narra la participación de María en el primer milagro que hizo Jesús en las bodas de Caná cuando le comenta a su hijo que se les ha acabado el vino a los invitados y dirigiéndose a los sirvientes les dijo: “Haced todo lo que Él os diga” (Jn 2:5). Lidia destaca que en este suceso se puede ver la autoridad de María como la de un líder cuando les dice a los sirvientes lo que deben hacer. Además de esto, Lidia, analiza la situación en la que María tuvo que dejar de ser la madre en exclusiva de su hijo porque para Jesús la familia era toda la comunidad en la que todos cumplen la voluntad de Dios. Lidia expone igualmente los sufrimientos que tuvo que pasar María al ver que las autoridades buscaban a su hijo Jesús para prenderlo y matarlo. Y termina narrando el momento de máximo dolor para María cuando su hijo Jesús fue crucificado.

Después de presentar y analizar a Maria, la madre de Jesús, la voz narradora de Lidia desarrolla la relación de Jesús con sus amigas Marta y María, las hermanas de Lázaro, y destaca cómo Jesús encontró refugio en la casa de Marta y María diciendo que tenía una fuerte relación de amistad con ellas y que les enseñaba. La narradora analiza la situación y dice que para estas mujeres el que Jesús les enseñe era algo nuevo porque no les era permitido estudiar a las mujeres dentro de la sociedad patriarcal en la que vivían. Afirma también que Jesús veía las cosas de modo diferente y por tanto daba cabida a las mujeres. Es más, Él no quería que las mujeres se quedaran en su rol tradicional de limpiar y ordenar la casa, sino que las preparaba para que fueran líderes en la comunidad.

Además, en este capítulo Lidia cuenta que Jesús era perseguido en Jerusalén y que las autoridades pensaban que acabarían con su movimiento si mataban a su líder. A pesar de esto, por la amistad que tenía con las hermanas (Marta y María), Jesús arriesgó su vida para resucitar al hermano de éstas. Para Lidia, Marta y María son unas mujeres valientes que aman y desafían porque a pesar del peligro que ello suponía para ellas, se unieron al movimiento de Jesús.

Al final de la primera parte, Lidia expone a las mujeres anónimas que desafían a la ley en “La mujer que, contrario a la ley, no fue apedreada”. Aquí Lidia cuenta que en la ley de Moisés a las mujeres adúlteras tenían que apedrearlas. Sin embargo, Jesús salva a una mujer adúltera de una muerte segura. Lidia analiza la situación patriarcal en que vive esta mujer y dice que la mujer es propiedad del hombre, ya sea del padre o del esposo. Entonces cuando una mujer comete adulterio, lo que más le molesta al hombre es que otro hombre tome su propiedad. En otras palabras, no es que el esposo tenga celos, sino el hecho de que otro hombre tome algo que únicamente a él le pertenece. De manera que, a pesar de que Lidia está en contra del adulterio, lo que critica es que a la mujer se le considere propiedad del hombre y no se la considere como una persona.

Tanto los escribas como los fariseos buscaban la manera de apresar a Jesús legalmente, entonces cuando llevaban a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y con intención de que cayera en la trampa, le preguntaron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en fragante adulterio. Moisés nos mandó en la ley apedrear a estas mujeres ¿tú que dices?” (Jn 8:4-5). Ante esta situación Jesús les contestó: “Aquél de vosotros que esté sin pecado, arroje la primera piedra” (Jn 8:7) De esta manera Jesús salvó a la mujer eludiendo a la vez la trampa.

Lidia critica que esta historia no es nada popular en las comunidades cristianas porque sus líderes son varones y normalmente la esconden. En la opinión de la voz narradora de Lidia, esta historia de la mujer adultera es muy importante porque Jesús se pronunció contra un sistema legal que era injusto y discriminatorio para la mujer. Y añade que hay que seguir orando y perseverando en la lucha por la justicia para todos, incluidas las mujeres.

Más adelante también analiza la parábola de una mujer que perdió una moneda y no descansó hasta encontrarla. Esta mujer es pobre y Lidia cuenta las angustias que pasó hasta poder encontrar la moneda. Cuando por fin la encontró, se llenó de una alegría tan grande que invitó a todos sus vecinos para celebrarlo: “Alegraros conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido” ( Lc 15:9). Según la narradora, con esta parábola, Jesús desafió a los fariseos y escribas que estaban allí para que miraran a los publicanos y pecadores como personas dignas.

En la segunda parte del libro Lidia narra varias historias de mujeres anónimas que luchan y resisten. Así, en “La mujer que le robó un milagro a Jesús”, Lidia se presenta como una mujer que ha superado muchos de los elementos patriarcales de la cultura grecorromana que la margina como mujer. Nos narra que cuando Jesús regresó a su barca lo esperaba una multitud de hombres y mujeres para escuchar su mensaje y hacerle peticiones. Jairo le pidió que fuera a curar a su hijo y, mientras Jesús iba a casa de Jairo, entre la multitud que lo seguía se encontraba una mujer enferma que perdía flujo de sangre desde los 12 años. En esta sociedad, a las mujeres que estaban menstruando se las consideraba impuras y, por tanto, no podían convivir con nadie. Esta mujer era considerada, pues, una enferma y pecadora porque el pecado y la enfermedad eran sinónimos. Sin embargo, esta mujer “anónima e impura” tenía mucha fe en Jesús y estaba convencida de que con sólo tocar su manto, su hijo sanaría. Con ello, esta mujer, demostró un gran coraje al tocar el manto de Jesús porque siendo impura trasgredió la ley sobre la pureza. Según la narradora, esta historia da una lección a las mujeres para que aprendan a ser atrevidas y desafíen las normas sociales para así poder cambiar el orden patriarcal que las discrimina.

Más tarde en “La mujer sirio-fenicia que le discute a Jesús”, vemos la perseverancia y atrevimiento de esta mujer hasta lograr su objetivo. En un principio, Jesús se dedicó a anunciar el Reino de Dios sólo a los judíos. Entonces, una mujer anónima sirio-fenicia hizo que Jesús dirigiera el mensaje de Dios también a los no judíos. La mujer de esta historia también necesita que Jesús sane a su hija. Es la primera mujer apóstol de los gentiles. Efectivamente, es una mujer atrevida que rompe con las normas de su cultura para encontrar lo que necesita debido al amor que siente por su hija, de tal manera que le hace enfrentarse a las reglas, tanto de su cultura como de otras culturas.

Veamos, en principio Jesús se negó a sanar a la hija de esta mujer sirio-fenicia porque había sido enviado únicamente para las ovejas perdidas de Israel (Mt 15:24). Sin embargo, la mujer siguió insistiendo a Jesús, y éste se negó por tercera vez, con lo cuál mostraba su prejuicio contra los no-judíos: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos” (Mt: 15:26). Lidia enfatiza que lo más importante de esta historia no es que Jesús se negara y al final aceptara curar a la hija de esta mujer, sino el diálogo que mantuvieron Jesús y esta mujer. En este diálogo se ve la entereza y atrevimiento que esta mujer demostró y que dejó a todos sorprendidos cuando contestó a Jesús diciendo: “Si, Señor, pero también los perrillos comen debajo de la mesa de las migajas de los niños” (Mr 7:28). Jesús se sorprendió muchísimo ante tal respuesta. Lidia concluye que la inteligencia de esta mujer y su habilidad para dialogar con Jesús lograron que Jesús cambiara su actitud. Por tanto, esta historia ejemplifica el poder de la palabra de la mujer: “por lo que tú has dicho” le contestó Jesús. Finalmente, Lidia exhorta a las mujeres para que se atrevan a desafiar a la sociedad cuando ellas estén seguras de que su causa es justa.

En la tercera y última parte del libro, Lidia habla de las mujeres que fueron discípulas y maestras. Así en “María Magdalena, una apóstol y amiga de Jesús”, Lidia narra la importancia de la presencia de las mujeres en el movimiento de Jesús.

La narradora enfatiza que María Magdalena era la discípula más importante del movimiento de Jesús en Palestina. Es más, la coloca a la misma altura que Pedro o incluso por encima de él. Lidia afirma que Jesús tenía tal amor por María Magdalena que los discípulos se llegaban a poner celosos de ella. En efecto, María Magdalena fue testigo de la resurrección de Jesús. En todas las historias aparece en primer plano (Mr 16:1-11; Mt 28:1; Lc 24:10; Jn 20:11-18). Incluso antes que a cualquier otro discípulo, Jesús se apareció a ella. No obstante, tras la muerte de Jesús se margina a María Magdalena por ser mujer y la narradora critica que hasta Pablo se olvidó de incluirla en su lista de apariciones del Señor (1 Co 15:5-8). Ante todo, a María Magdalena se la conoce como una pecadora pública porque era una prostituta. Sin embargo, Jesús la perdonó y no tuvo ningún prejuicio en ser visto en público con ella.

Como todas las mujeres anteriores, María Magdalena era una mujer valiente y siempre aparece en las historias como una líder. A pesar del miedo reinante tras la crucifixión de Jesús, ella y otras mujeres se atrevieron a salir de su escondite para tratar de saber dónde estaba el cuerpo crucificado de Jesús. Así pues lideradas por María Magdalena, las mujeres fueron las primeras testigos de la resurrección de Jesús y las encargadas de divulgar la buena nueva.

En aquel entonces María Magdalena era la apóstol más cercana a Jesús. Ella siguió y convivió con el movimiento de Jesús en Galilea, fue testigo de su muerte y resurrección, pero sin embargo se la excluye. Lidia problematiza las razones de la exclusión de María Magdalena y llega a la conclusión de que podría ser porque seguramente se fue a galilea y allí estableció una comunidad cristiana pero que los cristianos de Jerusalén no le dieron importancia. Por esta misma razón, Lidia se propone recordar siempre la importancia de Magdalena como discípula y maestra.

Después en “La mujer de Samaria, una misionera”, Lidia nos presenta otro ejemplo de mujer fuerte y valiente. En este capítulo Lidia cuenta que Jesús pasó por el pozo de una mujer de Samaria y le pidió agua: “Dame de beber: (Jn 4:7) y ella no se la dio a Jesús diciéndole: “¿Cómo tú siendo judío, me pides de beber agua a mí que soy samaritana?”. Lidia lo interpreta como que la mujer no muestra sumisión, contrariamente a esto, la samaritana, es valiente al contestar a un hombre de tal manera. No obstante, cuando Jesús le rebeló su identidad como el Mesías, ella cambió de actitud siguiéndole a la ciudad y, allí habló a sus vecinos de la experiencia que tuvo de conocer al Mesías. Lidia afirma que muchos de la ciudad creyeron la historia de Jesús porque ella la contó: “muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer” (4:39). Con lo cuál esta mujer se convirtió en la primera evangelista en Samaria.

Termina la tercera parte con “Priscila y Lidia, dos mujeres trabajadoras y líderes de las comunidades”. En este capítulo se narra la historia de estas mujeres y cuenta que Lidia era un líder y comerciante. Esta mujer se integró al movimiento de Jesús a través del apóstol Pablo. De tal manera que la casa de Lidia se convirtió en el lugar de reuniones para los cristianos. Ella era jefa de la comunidad y como tal tenía la responsabilidad de proteger a sus miembros. Mucha gente creía que era una mujer rica porque vendía púrpura. Lidia admite que no es pobre pero tampoco rica y que además tenía que pagar impuestos. De la misma manera Priscila también era comerciante artesana y tuvo que trabajar muy duro. En Corinto junto a Pablo y Aquila trabajaron haciendo tiendas y predicando el evangelio. Además Priscila fue testigo de varios conflictos que sucedieron en Éfeso debido a un problema con los plateros. A Pablo lo encarcelaron y Priscila y Aquila arriesgaron su vida para salvarlo y así como a otra gente de la comunidad. Una vez más, y como en las historias anteriores, la narradora enfatiza la valentía de estas mujeres, además de observar que las mujeres tienen las mismas cualidades que los varones para los negocios y el comercio.

El libro termina con un Epílogo “Que las mujeres no callen en la congregación”. En esta parte, a manera de conclusión, Elsa Tamez, toma la palabra para decir que ha contado e interpretado algunas historias de la Biblia por boca de la narradora Lidia. Sin embargo, señala también que la presencia de la mujer no fue siempre tan importante, porque a finales del siglo primero poco a poco se fue eliminando la participación de la mujer en la iglesia. Es más, dice que hay documentos bíblicos y extra-bíblicos que muestran cómo se fue silenciado a la mujer. Además, afirma que el excluir a las mujeres de las funciones de la iglesia tuvo repercusiones en toda la comunidad al nivel económico, cultural, ético y de género. La autora establece la conexión de que empezó la jerarquización y las estructuras de la sociedad imperial romana a la vez que disminuyó la radicalidad crítica y profética de Jesús y de Pablo contra cualquier tipo de opresión.

De modo que en la Biblia se pueden ver los valores de la sociedad patriarcal romana. Refleja el principio de las prohibiciones para que las mujeres enseñen, bauticen y dirijan la “Cena del Señor”. Elsa Tamez afirma que la actitud negativa frente a las mujeres obedece a la presión de la cultura grecorromana que veía las casas-iglesias como células subversivas.

Afortunadamente, las mujeres perseveraron y a pesar de las muchas prohibiciones continuaron actuando de acuerdo a como ellas percibieron el evangelio dentro del movimiento de Jesús en Palestina y lucharon por conservar los derechos que alcanzaron con Cristo. Tamez piensa que las mujeres cristianas de hoy día deben continuar la labor de llevar adelante el mensaje del Reino de dios y a la vez denunciar toda opresión y exclusión de la mujer en la comunidad.

En conclusión, este libro de Elsa Tamez ejemplifica la teoría feminista de la liberación porque toma ejemplos específicos de las mujeres de la Biblia para analizarlos y enfatizar el papel de las mujeres en el movimiento de Jesús. La autora se vale de un recurso literario diferente, al utilizar la voz de Lidia para contar a manera de “testimonio” las historias de varias mujeres en la Biblia y así poder destacar el valor, el amor, le lucha, la resistencia y el discipulado de estas mujeres.

Aurora Thorgerson
Agosto de 2004

[Referencia:  Elsa Tamez. Las mujeres en el movimiento de Jesús, el Cristo. Quito, Ecuador:  Departamento de Comunicaciones, Consejo Latinoamericano de Iglesias, 2003.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
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