Teoría, Crítica e Historia

 

Dos caminos ante la pobreza: Los padres Gabriel y Néstor en la novela Nicodemus

Steven Casadont

 

Gonzalo Canal Ramírez: Nicodemus

En nuestro estudio principal, no presentamos los personajes y eventos de la novela en el mismo orden cronológico que ellos aparecen en la novela: a ellos hemos hecho referencia según el tema que representa, de acuerdo con la contextualización de la novela en su época. Para el lector no familiarizado con la novela, presentamos aquí una breve reseña de su anécdota, para que así se puedan colocar las múltiples referencias a lo largo del texto, en el contexto de la totalidad de la novela.

Los dos protagonistas, los padres Néstor y Gabriel, son los proponentes más visibles en su país del espíritu del Concilio Vaticano II. Clasificados por el gobierno como subversivos contra el orden establecido, y vistos con recelo por la jerarquía de la Iglesia, los dos representan la esperanza de un cambio político y religioso en el país (se trata de un país latinoamericano indeterminado). Néstor encabeza el grupo Acción Católica, contando con 70,000 miembros y, por tal razón, lleva una voz poderosa entre la juventud del país. Su carácter y personalidad (genial y pensativo) contrastan con la figura de Gabriel, el más radical y impetuoso de los dos. Gabriel es el líder de un grupo de estudiantes universitarios que están en contra del gobierno dictatorial del General Vivas Cristancho. Siente el lector un nivel de compromiso semejante en los dos sacerdores, pero la calma de Néstor le hace parecer como el más racional y menos impulsivo entre los dos.

La historia empieza con los dos caminando por la calle después de una de sus reuniones con el grupo Nicodemus. Los dos sacerdotes, aparentemente sin donde quedarse por la noche, pasan por una parroquia, y Gabriel intenta, sin éxito, abrir con la llave la puerta de la casa cural. No consiguió hacerlo porque estaba trancada por dentro. Esta Iglesia hispanoamericana todavía no era una “Iglesia de todos”, como quería Juan XXIII. Los dos curas iban a la casa del hermano “materialista” de Néstor, pero por sus posiciones ideológicas radicales, Néstor ha perdido su aceptación. Explicándole a Gabriel su situación en cuanto a su hermano, la fuente del problema de Néstor refleja la situación de los curas revolucionarios iberoamericanos de la época: “mi posición de resistencia a la alianza de la dictadura militar y de la dictadura religiosa no favorece los convencionalismos que él cultiva” (18). Néstor había escrito un artículo en la revista de Acción Católica que provocó furia en el presidente, General Vivas Cristancho (un nombre simbólico de la amistad entre las dos dictaduras) porque, en el espíritu de Medellín de reinterpretar las Sagradas Escrituras, analizó el testimonio cristiano con su énfasis en “Dios Creador y Redentor que atestiguamos no se puede confundir con el dictador de la tierra que quiere ponernos a su servicio” (19).

Los dos curas, sin donde quedarse, entran en una discoteca, simbólico de la Iglesia joven queriendo ponerse en contacto con el mundo moderno. Allí continúan su diálogo, esta vez con comentarios dirigidos al Vaticano II. Cuando un estudiante universitario les reconoce a ellos en el club, él les dice: “Mi padre es de la Acción Católica, padre Néstor [...] sus retratos de la prensa los conoce todo el mundo.” Y a Gabriel: “Yo soy universitario, padre Gabriel. Usted es nuestro guía. A nadie más seguimos, aunque parece que esto no les está gustando ni al primado ni al presidente.” Cuando sus amigos empiezan a gritar “¡Viva el Padre Néstor!, ¡Viva el Padre Gabriel!”(26), el dueño del club, un simpatizante al gobierno, cierra el club y hace un informe al gobierno, lo cual el gobierno distorsiona y al día siguiente, el periódico, controlado por el gobierno, imprime un artículo sobre dos curas borrachos que atraería la atención de la jerarquía eclesial.

Los dos curas deciden quedarse en la Iglesia de las Hermanas, ubicada en un barrio muy pobre de la ciudad. En esta iglesia pobre, encontramos la personificación del concepto de la pobreza como un estado que impide que el hombre realizara su capacidad como sacramento de Dios: encuentran a un pobre, sin dientes, y no puede masticar la hostia sin ellos.

Una protesta del clero, con el intento de rectificar las mentiras publicadas en la prensa sobre los acontecimientos en la discoteca estaba circulando por el país, pero consiguió solamente noventa firmas.

Las noticias sobre Gabriel y Néstor captan la atención de la jerarquía de la Iglesia, y el autor nos presenta a dos obispos que representan dos perspectivas distintas de la Iglesia tradicional. Monseñor Corinaldi, cuyo apellido italiano surgiere una relación a la Iglesia tradicional, es un personaje agradable con simpatías a lo nuevo en la Iglesia. El otro obispo presente en la novela encarna la amistad lujosa entre la Iglesia y el gobierno. Monseñor Becchini era amigo de Cristancho y, por consiguiente, consideraba a Cristancho amigo de la Iglesia.

Los dos curas empiezan a seguir dos caminos distintos en su compromiso con los pobres. Gabriel se hace laico para seguir su sendero, ahogado en “este pozo de inautenticidad en que se ha convertido la Iglesia en muchas diócesis” (109). Gabriel propone a Néstor una alianza, pero la violencia no es el camino que Néstor quiere seguir. Sus charlas ante el grupo de Acción Católica, con temas como “la necesidad de ser responsables, de fortalecer la responsabilidad como defensa de la libertad”(154), no tenían el matiz romántico de una vida revolucionaria en las montañas con los guerrilleros. Pero los métodos pacientes de Néstor, exitosos en promover a una lenta transformación, daban resultado y él tenía setenta mil miembros en su organización. Néstor elige no aliarse con la causa de Gabriel.

En la última parte de la novela, Gabriel se va a las montañas para aliarse con los guerrilleros y para ser uno de ellos. La realidad no era tan romántica como le parecía de lejos, como lo veía cuando era un cura urbano, alabado por los radicales universitarios:

“Aquellos horribles vehículos públicos, tan detestados por él, por su olor y apestosa compañía, constituían, hasta ahora, el más grande sacrificio de su vida” (243). Gabriel no funciona bien como combatiente, y tiene mucha dificultad para adaptarse a la vida dura de un campesino revolucionario. Se siente desilusionado con los otros cuando descubre que muchos de ellos no se interesan en la ideología ni en la justicia: son criminales y bandoleros que gozan de una vida de mujeres, bebida y violencia. La realidad de su nueva vida se le presentó cuando un grupo de soldados del ejército pasaban enfrente de los guerrilleros escondidos, y le tocó a Gabriel matar uno de ellos.

“Distinguía en ellos las mismas facciones de aquellos campesinos con uniforme a quienes había absuelto y bendecido tantas veces durante su transitoria capellanía militar, cuando los llamaba hijos, les daba medallas y caramelos y les explicaba los mandamientos” (319).

En la parte final de Nicodemus, Gabriel muere a manos del ejército, como mártir desilusionado. Néstor recibe el nombramiento de obispo que le otorga Monseñor Becchini, honor que Néstor en principio rechaza. Lo aceptó solamente cuando Becchini consintió a su deseo de que lo mandara a un lugar lejano, con cuatro mil habitantes, sin agua ni luz, para seguir con su compromiso con los pobres.

 

Bibliografía citada

  • Canal Ramírez, Gonzalo. Nicodemus. Bogotá: Congreso Eucarísto Internacional, 1968.

 

© Steven Casadont,
Dos caminos ante la pobreza: Los padres Gabriel y Néstor en la novela Nicodemus. 2005.

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