Manuel García Castellón
 
 

 

Capítulo I
teología de la liberación para un nuevo mundo

LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN ANTE LA CRÍTICA

Desde su aparición, la TL no ha dejado de verse confrontada desde frentes religiosos y políticos, por lo general conservadores. A nivel de institución eclesiástica, tanto las jerarquías locales cuanto la vaticana han emitido documentos que ponen en guardia respecto a esta tendencia, acusándola de “temporalismo”, o bien de disfrazado marxismo.

Como muestra de este estado de sospecha y desconfianza en el seno del conservadurismo de las Américas y de Europa, bástennos aquí las actitudes de ciertas entidades o personas que de algún modo han repercutido en el estado actual de la TL, tales como el político y escritor español Ricardo de la Cierva, decididamente integrista en su libro Jesuitas, Iglesia y marxismo: la teología de la liberación desenmascarada; Michael Novak, sociólogo norteamericano; Monseñor Ricardo Durand, obispo de El Callao, el Cardenal López Trujillo, presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana. Por último, referiremos algo de la ambigua actitud vaticana al respecto.

El libro de Ricardo de la Cierva, al ser publicado (en 1986) por la muy difundida Plaza & Janés, es posible que haya ejercido considerable influencia sobre el estamento conservador político-religioso del Continente. Acusa de parcialidad al “liberacionismo”, al no considerar la opresión y discriminación que el ateísmo oficial ejerce sobre los cristianos del Este europeo. Añade asimismo que el marxismo que sustenta la TL es somero, y que la pobre teoría económica de sus teólogos ignora que EE.UU., que debe exportar hasta materias primas a América Latina, no es en absoluto responsable de la indolencia y corrupción de sus cuadros, verdadero óbice al desarrollo. En esta acusación tomada de Novak, a quien luego nos referiremos, La Cierva contrapone la atonía económica y mala gestión latinas a las economías de Taiwan y Singapur, para él ejemplares por ser naciones sin apenas territorio ni recursos. Acusa a los teólogos de la TL de intemperancia y dogmatismo, y añade una peregrina crítica respecto a las motivaciones personales de éstos: la TL “Nace psicológicamente del temor de algunos clérigos a un futuro milenio comunista, al que quieren apuntarse para que no les elimine” (392).

Un ejemplo norteamericano de disidencia respecto a la TL lo constituye el citado Michael Novak, “scholar” de Harvard y profesor de Sociología en el American Enterprise Institute, asesor de asuntos religiosos en las administraciones Ford y Carter. Su artículo clásico, “The Case Against Liberation Theology”, de tono alarmante, fue difundido en octubre de 1984 mediante el dominical del New York Times. Allí presenta a los teólogos de la TL como “flirting with marxist thought and speech”, exhibiendo sin ambages su “hostility to the “North” (51). Critica la teoría dependentista que diera lugar a dicho planteamiento teológico cuando dice que aquélla no ha explicado “why Latin America has done so much worse with its own vast resources than stellar performers like Singapore, Hong Kong, and others with infinitely less” (86), y que si de estatalización se trata, no hay que olvidar que en América Latina hay casos de control autoritario (combinados con el consiguiente aparato de corrupción) en los que el gobierno controla hasta el 80% de la economía. Por último, acusa a estos teólogos de no conocer más que una “vulgata” del marxismo (87), incapaz de explicar cómo conseguir el bienestar espiritual y material que la TL preconiza. Por ejemplo, si en 1999 América Latina requerirá la creación de 79 millones de puestos de trabajo, más vale que dichos teólogos se ocupen de tan “subtle matter”, dice Novak con ironía (95).

Desde la jerarquía latinoamericana, las críticas más vehementes vienen de Monseñor Ricardo Durand. Su aversión a la obra de Gustavo Gutiérrez es manifiesta. Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y arzobispo de El Callao, Monseñor Durand teme que una iglesia “liberacionista” llegue a propugnar la eliminación de la misma jerarquía (318). Al igual que Novak o La Cierva, Mons. Durand ve en el movimiento de la TL la misma trama oscura, pero articulada y tendente a destruir la Iglesia y a servir América Latina en bandeja al marxismo (319).

Monseñor López Trujillo, arzobispo de Medellín y presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, cuando reporta sobre las conferencias de Medellín y Puebla, sitúa los orígenes del “liberacionismo” en la obra de Paulo Freire. Dice que es a éste a quien se deben los conceptos primordiales de que los pobres son su propio sujeto de liberación y de que “los hombres se liberan en comunión” (175). A partir de estas ideas, que le parecen peligrosas por eliminar el aspecto personal de la salvación, dice que no está clara “la relación tan íntima que se establece entre Historia política e Historia de la salvación” (261). Es decir, denuncia como insuficiente una cristología que desplaza a Cristo, centro místico, hacia la idea de Cristo como encarnación continuada en los pobres de la historia.

Finalmente, ya a partir de Puebla el Vaticano nunca dejó de emitir puntualizaciones e instrucciones. La primera refutación considerable vino en 1978 de una comisión teológica en la que participaban, entre otros, Urs von Balthasar, Karl Lehmann y González de Cardenal. Afirmaron entonces, contra las mediaciones socioanalítica y práctica de la TL, que la teología, en sí, “es incapaz de deducir de sus principios propios normas concretas de acción política, de la misma manera que el teólogo no está capacitado para zanjar con sus propias luces los debates fundamentales en materia social” (cita La Cierva, 220). Se infiere que la preocupación de la Iglesia oficial es de instar a los cultores del “liberacionismo” a que no olviden el sentido soteriológico o histórico-final de la liberación, y a que no reduzcan la religión a ética social tal como propugnaba la “teología de la muerte de Dios”, que en los años 60 tuvo un considerable impacto secularizante en la sociedad americana.

© Manuel García Castellón. Guamán Poma de Ayala: Pionero de la Teología de la Liberación. Madrid: Editorial Pliegos, 1992. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

 

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