Manuel García Castellón
 
 

 

Capítulo II

RAÍZ COLONIAL DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

 

CONCLUSIÓN

En el capítulo primero vimos la aparición de la llamada teología de la liberación como fenómeno latinoamericano reciente; en este capítulo segundo hemos considerado lo que la mayoría de los teólogos de la TL suele afirmar desde el primer momento del discurso: que la novedad de dicho modo de hacer teología es sólo relativa. A partir del inicio de la historia de América, los misioneros que optaron por el pobre indígena lo hicieron por haber visto en la Biblia las claves profundas de su liberación. Las Casas y Acosta saben que, para que pueda restablecérsele la gracia al indio —o sea, al pobre— es preciso restaurarle antes su propia dignidad. Esta restauración implica luchar contra tres alienaciones que le envilecen, a saber: a) sacarle de las fauces del encomendero, del funcionario corrupto o del clérigo simoníaco; b) restituir tierras y restablecer instituciones nativas coadyuvantes al “buen gobierno”, C) crear en él su propio sentido ético, es decir, rescatarle de la esfera del pecado, donde el pecado es no sólo personal, sino ambiental o social. Sólo así podrá instituirse legítimamente el Evangelio y la vida humana alcanzará plenitud.

En tanto no sea así, hasta el mismo virrey Toledo (haciéndose eco del sentir lascasiano), menosprecia a los curas que tienen “por muy gran caudal decir que han bautizado muchos millares de indios sin enseñarles primero a ser hombres” (Cf. Hanke, 1978, 131); Es preciso, pues, atender a la promoción del catecúmeno en su historia concreta. Cristo es “cabeza de la Iglesia y salvación de su cuerpo” (Ef. 5, 23). Este cuerpo místico, que posee concreción actual, formado por los “Lujos de la luz” u hombres nuevos, es constantemente edificado —progresivamente liberado en la historia— en espera de la parusía o segunda venida de Cristo, instauración definitiva del Reino (1 Tes. 4 & 5). Por la mera progresión histórica, un día serán los mismos indios —los pobres, entonces— quienes tomarán la iniciativa de su liberación; en este sentido, nuestro próximo capítulo será una lectura de Guamán Poma, primer indígena que pone por escrito su acusación de contratestimonio para con los españoles y la demanda de dignidad humana, cultural y religiosa para su pueblo.

Se ve, pues, que ya en los días coloniales hay una teología viva y evangélica que, cual hoy la TL, no aspira a ser “um movimento de Teología, mas a Teología em movimento” (Boff, 116). Por tanto, no es paradoja enunciar la vieja raigambre de este modo nuevo de tratar lo teológico, sino que, cual extrayendo vino nuevo de odres viejos, se descubre la frescura de un Evangelio liberador, secularmente mistificado. Gustavo Gutiérrez dice que ignorar esta doble condición de la TL

so pretexto que, de una manera u otra, el asunto estuvo siempre presente, es despegar peligrosamente de la realidad y arriesgarse a tomar el partido de las generalidades, de las soluciones poco comprometedoras y, finalmente, de las actitudes evasivas. Pero, por otra parte, no ver sino lo inédito del diseño actual es perder el aporte de la vida y de la reflexión de la comunidad cristiana en su peregrinar histórico (1987, 81)

Y Raúl Fornet Betancourt también afirma la verificabilidad histórica de la TL, como parte de una epistemología atenta a la vida profunda latinoamericana:

mirando la historia social y cultural de los pueblos latinoamericanos no es difícil constatar, desde los comienzos más remotos, esfuerzos de reflexión filosófica y teológica empeñados en marchar al ritmo de la historia real. (142)

Lo que acontece es que los hechos de TL, aparentemente asistemáticos —jirones de esperanza, de resistencia, de lucha— aguardan recopilación. Es doble tarea, tanto para el “teólogo de la historia” cuanto para el “historiador de la teología”, discernirlos en los acontecimientos de liberación física, cultural y espiritual que han afectado al continente desde los días de su invención.

© Manuel García Castellón. Guamán Poma de Ayala: Pionero de la Teología de la Liberación. Madrid: Editorial Pliegos, 1992. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

 

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