Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
.

 

CAPÍTULO 2.1

TRANSICIÓN POLÍTICA Y RENOVACIÓN FILOSÓFICA

La Transición fue un proceso de “ruptura pactada” desde el poder político, en el que nuestra sociedad abandonó las formas autárquicas y autóctonas del régimen de Franco, para integrarse de manera plena en el orden económico y político de Estados democráticos; es decir, un momento pacífico de ruptura con el pasado inmediato y de apertura incondicional a las formas económicas, políticas, y culturales modernas de los Estados con los que queríamos converger. En este proceso, la sociedad española dejó atrás de manera plena un largo periodo de aislamiento, en el que una cultura nacional católica venía a nacionalizar el Estado autárquico y a configurar nuestra sociedad con la forma de “pueblo español”. Neoescolástica, sistemas y fundamentos dominaban nuestro pensamiento filosófico en esta cultura de raíz religiosa. Ahora bien, la apertura económica de los años sesenta fue preparando nuestra sociedad y nuestra cultura para el cambio político decisivo y esperado; de hecho, mediados los años sesenta empiezan a actuar los protagonistas que sentarán las dinámicas culturales consolidadas en la transición.

En la Transición a la Democracia la cultura nacional católica oficial del franquismo (esquema 1) se desvaneció de la escena española como un espectro al amanecer, quedando sometida nuestra cultura a un doble proceso de transformación: por un lado, la estetización resultante de las puertas abiertas a la cultura global y, por el otro, la regionalización retroalimentada por la politización nacionalista de los diferenciales étnicos.


Esquema 1

En efecto, desgajada de la raíz ético-religiosa y carente de toda función doctrinal y nacionalizadora, la cultura española se fragmentó en mil mercados de espectáculos de ocio para el consumo de las masas (esquema 2). La producción cultural dejó de responder a criterios ético religiosos, para quedar reducida a espectáculos en el momento lúdico de lo privado y del consumo. Los productos culturales dejaron de ser valores, para convertirse en mercancías que tienen un precio. De representar el signo de identidad de un pueblo, de tener un sentido ético, nuestra cultura pasó a ser mero entretenimiento del ocio de masas de consumidores. Una cultura estetizada y estetizante, determinada por el principio de rentabilidad, donde vale todo lo rentable que no choca demasiado impúdicamente con la ley, y que no puede ofrecer los principio del orden racional a la economía o a la política, sino tan sólo imágenes y simulación, estilización y diseño. Cualquier mercancía, cualquier político, necesitan de lo espectacular del diseño y del simulacro, de la imagen, para venderse o conquistar el poder. En este contexto cultural el discurso filosófico deviene necesariamente literatura, narración, ensayo en el mejor de los casos, y texto fragmentario siempre.


Esquema 2

Por otra parte, el título VIII de la Constitución española del 78 estableció a las diferencias lingüísticas y culturales como fundamento del derecho a la autonomía política (esquema 3). Los partidos políticos nacionalistas han venido capitalizando el diferencial étnico en orden a conquistar autonomía política, bien en el sentido de constituirse en Estado federado (redefinir nuestro Estado autonómico como Estado federal), bien en el de establecerse como Estado nación independiente. En las regiones autónomas españolas dirigidas por movimientos nacionalistas vuelve a repetirse, pero a escala regional, el modelo de una cultura ético religiosa, o bien ideologizada, y nacionalizadora (esquema 3), del régimen anterior. En este contexto hemos asistido al resurgir del pensamiento catalán, del pensamiento vasco, del pensamiento gallego, etc.

 
Esquema 3

La transición política a la democracia, entre otros procesos de transformación en el mundo de la cultura y de la educación, liberó el desarrollo y la consolidación de una serie de rupturas y recepciones que habrían de conducir a la renovación de las instituciones filosóficas y a la construcción de una nueva cultura filosófica en España. Unos procesos de transformación filosófica que se gestaron, mediados los años sesenta, desde las obras y la docencia de algunos profesores y escritores, en especial los pertenecientes a la generación de jóvenes filósofos, Pero, ¿Quienes son los protagonistas de este proceso?, ¿Han dado continuidad a la filosofía tradicional predominante en el Franquismo, o a alguna de las recepciones desarrolladas en la Edad de Plata de nuestra cultura? ¿Qué ruptura o rupturas filosóficas se han producido en el periodo, y quienes han sido sus protagonistas?, ¿Qué recepción o recepciones, realizadas por estos autores, han sido decisivas en el periodo?, ¿De qué manera se ha reinstitucionalizado toda esta renovación filosófica? ¿Cuales son las nuevas aplicaciones y funciones de la cultura filosófica y qué lugar ocupa en el conjunto de la cultura de la sociedad española actual?

Cuando hablamos de filosofía y de filósofos no nos referimos a los cultivadores del saber con tensión teórica y por el saber mismo, se apliquen a la ciencia o al campo del saber al que se apliquen, sino más bien a los profesionales de la filosofía, que no siempre son representantes de la filosofía académica, pero sí de lo que oficialmente se entiende por filosofía. Hace siglos que esta filosofía de profesionales viene siendo la filosofía sin más. Pues bien, la nómina de los protagonistas, que han dado vida a la cultura filosófica del periodo, incluye autores pertenecientes a varios grupos diferenciados.

En primer lugar, encontramos dos grandes maestros[1], procedentes de la edad de plata, Zubiri y García-Bacca, cuyas obras principales se publican en este periodo, aunque su lectura inmediata está muy alejada de la realidad histórica del momento, sin duda víctimas de la involución cultural aludida. Como víctimas de nuestra Guerra Civil fueron también los autores nacidos hacia el año 10, la llamada Generación del 36 [2], residuo último de la Edad de Plata, dispersados en el exilio exterior o aislados en el nacional catolicismo interior. Un tercer grupo de autores [3] del periodo son los profesores autodidactas, el Grupo de Postguerra que, nacidos hacia el año 25, se formaron en el periodo más angosto del nacional catolicismo, completando sus estudios en fuentes inglesas o alemanas, algunos con formación y docencia en el extranjero. Y, por último, hay que mencionar a la Generación de “Filósofos Jóvenes”[4], la versión española de la generación europea del 68, que, nacidos hacia el año 40, son escritores y ensayistas rupturistas, carentes de sentido histórico, que van a dominar la escena académica y científica de la filosofía a partir de los años ochenta, habiendo protagonizado desde el punto de vista científico y docente el establecimiento de las nuevas áreas de aplicación filosófica.

Para establecer esta clasificación de los autores del periodo he utilizado, a mi manera, el método de las generaciones. En primer lugar identifiqué la fecha de nacimiento de los verdaderos protagonistas del periodo, y comprobé que, en la mayoría de los casos, nacían en torno al años 1940. Luego intervine sobre esta fecha siguiendo la consabida concepción de Ortega, Marías, Abellán[5], etc., según la cual las generaciones se suceden en periodos de 15 años, con lo que establecí las fechas de 1925 y 1910, que resultaron ser confirmadas por las comprobaciones biográficas. Lo acertado de esta consideración, se pone de manifiesto por el hecho de que, mediados los años noventa, ha empezado a protagonizar la vida política y cultural un nuevo grupo, pasivo en la transición, el de los nacidos en torno a 1955. Me parece que esta manera de proceder resultó operativa y clarificadora, porque el periodo estudiado, al ser un momento de ruptura y de nuevo comienzo, permite identificar a su generación decisiva. Algunos autores relevantes nacen entre esas fechas, y con frecuencia responden a características intermedias, de tal manera, que, en principio, podrían pertenecer lo mismo a un grupo que a otro. Pero de la consideración de la biografía y de la obra de esos autores se pueden extraer una serie de elementos que permiten situarlos en uno o en otro grupo, aunque no siempre de manera inequívoca.

En cuanto parte pasiva de todo ese proceso de Transición política y transformación cultural, la institución filosófica del Tardofranquismo tampoco podía tener continuidad (ni en sus disciplinas y enfoques, ni en sus pedagogías, ni en su función), y parecía imponerse un punto y aparte y una recepción normalizadora. Autores del Grupo del 36 como Aranguren, Tierno Galván, Ferrater Mora, los profesores rupturistas del Grupo de Postguerra, y, sobre todo, la Generación de Jóvenes Filósofos, expósitos intelectuales que se consideraban libres de tradición filosófica propia, que buscaban incorporar las formas de hacer filosofía en el bloque occidental y/o en el bloque soviético, pasarán ya en los años ochenta a protagonizar el proceso de recepción y reinstitucionalización del pensamiento filosófico en España. Porque su actitud rupturista, además de situarse en el contexto europeo de los hijos del 68, tenía razón en lo fundamental: ni desde nuestro pasado inmediato, ni siquiera desde las ruinas aparentes de nuestra Edad de Plata, era posible responder al reto de desarrollar la producción filosófica correspondiente a una sociedad con economía de mercado y tecnología, Estado de derecho y mercados culturales de espectáculos

1. La obra de dos maestros en la Transición.

Los últimos veinticinco años de vida filosófica en España han conocido la publicación de un número amplio e importante de obras, en algunos casos tardías, de los maestros Zubiri y García Bacca. En la formación y en los escritos filosóficos de estos autores encontramos una relación directa entre la filosofía y las ciencias. Ambos se han ocupado con mayor o menor profundidad de las principales teorías matemáticas y físicas de la primera mitad del siglo XX, para intentar desarrollar desde ellas concepciones metafísicas y antropológicas a la altura de los tiempos. Entre la reducción positivista del pensamiento a conocimiento científico, y el irracionalismo de las filosofías al margen de la ciencias, ambos autores pretenden desarrollar el pensamiento filosófico que corresponde a las teorías científicas establecidas.

En estos tiempos de transición se empiezan a publicar obras claves, increíblemente tardías del maestro Xavier Zubiri, quien además continúa sus cursos en el grupo un tanto esotérico de la fundación que lleva su nombre. La trilogía de la inteligencia, la reedición de Sobre la Esencia, y algunos despuntes de su antropología, que poco más adelante sería preparada para el gran público con el título El hombre y Dios. Su obra ha sido muy esperada en círculos de filosofía tradicional o moderadamente progresista; en cambio, ha resbalado sin dejar huella en todos aquellos ámbitos que no tienen ni comprensión ni tiempo de estudio para unos tratados que, por su planteamiento y temática, por su rigor conceptual y por su tensión religiosa, no parecen pertenecer a la época de que nos ocupamos. En efecto, Zubiri plantea una filosofía científica, conceptual y sistemática, con proyección metafísica y teológica cristiana al tratar el tema de la realidad y del hombre. Este tipo de ciencia filosófica tiene sentido para un grupo reducido de profesores del área “Filosofía” y para sus seguidores en torno a la Fundación Xavier Zubiri [6]; pero carece de conexión con el sistema de ciencia y tecnología español, no tiene sentido en relación a lo considerado científico por los grupos de autores que forman la comunidad científica y filosófica en la España de ese periodo, ni siquiera ha convencido decisivamente a los partidarios de la filosofía cristiana (Jesuitas, Agustinos, Dominicos, Opus Dei, etc).

Con todo, la filosofía tradicional parece encontrar en la obra de Zubiri una importante reformulación propia y canónica, la Filosofía de la Realidad, ganada desde clásicos de la escuela, con la recuperación de elementos neoescolásticos contemporáneos, de fenomenología (Husserl, Scheler, Heidegger), del vitalismo (Bergson, Ortega), y el estudio profundo de las grandes aportaciones del pensamiento científico contemporáneo (ciencias de la materia y de la vida). Su renovación filosófica parece de inspiración fenomenológica, tiene raíz cristiana y se apoya en una elaboración personal de las teorías matemáticas, físicas y biológicas más significativas de la primera mitad del siglo XX. Desde la fenomenología se empeña en un reencuentro del pensamiento con lo real. En la obra publicada por estos años, encontramos una teoría de la realidad, una teoría de la inteligencia y una antropología cristiana. Sus trabajos de historia de la filosofía son de una calidad admirable. En su obra no he encontrado desarrollos de la filosofía analítica, ni de los marxismos, ni de los estructuralismos, ni se registran impactos relevantes de los desarrollos de las ciencias histórico sociales.

Zubiri separó su actividad filosófica del contexto sociopolítico, en el que no escenificó ningún papel como intelectual. Por lo demás, su obra publicada por estos años parece centrada en la filosofía teórica, sin presentar escritos para una filosofía práctica, o para una filosofía del arte. En años posteriores, sin embargo, el médico y filósofo Diego Gracia, uno de los principales representantes de la Fundación Xavier Zubiri, aglutinará con su docencia y con su obra una de las líneas más consolidadas de bioética en España.

La editorial Anthropos[7], que participó de manera decidida en la tarea de reincorporar las obras de los autores del exilio, ha impulsado la publicación y difusión de la obra del maestro David García Bacca, exilado, que por entonces era poco conocida (Carlos Gurméndez, Izuzquiza, Aranguren, Abellán, etc) en nuestro contexto. En 1936, cuando abandona España, ya había contrastado su formación clásica y escolástica con la filosofía de la primera analítica, y había cursado estudios de matemática y física. Alrededor del año cuarenta, ejerciendo docencia en la Universidad de Quito, rompe ya con la filosofía escolástica. Su interés por la filosofía de Hegel y, en especial, por el pensamiento de Marx, que estudia y asimila de manera humanista, le llevan a interesarse por ciencias histórico‑sociales como la sociología o la economía, con cuyo estudio completa su formación. La asimilación y elaboración personal de estos elementos, en el contexto socio‑cultural hispanoamericano, han dado de sí una filosofía contemporánea y humanista con incursiones autorizadas en casi todos los campos de la reflexión filosófica actual. El núcleo de filosofía tradicional, que recibe por su formación, ha sido pulverizado por los choques con la filosofía analítica, el marxismo y la fenomenología, así como con las ciencias naturales y, sociales. Su lenguaje, pero más claramente aún su antropología, manifiestan la vinculación de su obra al contexto hispano americano, todavía hoy no al español.

David García Bacca ha reconocido siempre la profunda influencia que ha ejercido su formación científica sobre el desarrollo de su pensamiento filosófico. Hasta el punto de que el núcleo de conocimientos científico-técnicos permanecerá constante en el paso de su pensamiento filosófico por la fenomenología, por el raciovitalismo, por las sendas perdidas, y por la crítica a la economía política, incrementándose y aumentando su influencia, hasta ocupar un papel central en sus últimos escritos. La teoría de conjuntos y los números transfinitos, las axiomáticas de los formalistas y los fundamentos de las matemáticas, la logística, la teoría de la relatividad, y la mecánica cuántica, con sus correspondientes discusiones filosófico-científicas, no sólo son objeto explícito de su pensamiento filosófico, sino un núcleo determinante en su evolución y constitución. La propuesta de García-Bacca es una filosofía propia y canónica, que resulta de una elaboración postrera con sentido antropológico de las creaciones científicas y artísticas, reveladoras del enigma de la acción humana en el universo.

La Guerra Civil y su consecuencia impidieron la difusión en España de los primeros trabajos de Bacca dedicados a la lógica matemática y a la filosofía de la ciencia. Pero a principios de los años cincuenta pondrá algún artículo en la revista Theoria, a comienzos de los años setenta lo hará en la revista Teorema, y publicará su trabajo Filosofía y teoría de la relatividad en el nº20 de Cuadernos Teorema. Desde el año 1982 la revista y la Editorial Anthropos ha venido reeditando en España sus obras y divulgando su pensamiento.

El lenguaje filosófico de García Bacca, que por su propia concepción filosófica renuncia a ser conceptual, es español americano, con sus audaces y vivas metáforas; lo que unido al lugar social de su pensamiento y a la aridez de sus temas dificulta de manera considerable su lectura y difusión en España. Sin embargo, los enfoques y temas de investigación de sus obras contribuyen de tal manera en campos vigentes como la historia de la filosofía y de la ciencia, la lógica y la epistemología de la ciencia, la filosofía moral, la estética y la teoría de las artes, la antropología y la filosofía de la técnica, que la recepción de su obra entre nosotros ha de tener sin duda una notable proyección.

La obra de Zubiri representa una reformulación de la filosofía tradicional escolástica, que ha desaparecido por completo de la obra de García Bacca. Si estamos ante obras que dan de sí o dan continuidad a alguna tradición filosófica en nuestro contexto, no es cuestión decidible de antemano en un papel; sin embargo, parece incuestionable la total desconexión de estas filosofías con el sorprendente dinamismo experimentado por la sociedad española tras la muerte de Franco.

La apertura democrática promovida por la UCD de Suárez liberó un proceso de modernización (integración plena en la Comunidad Europea) que, liderado por el PSOE de Felipe González, ha transformado desde el tejido productivo y el sistema financiero hasta la concepción del ocio de los españoles, su Estado y la organización territorial de su nación, su derecho y sus costumbres, su sistema educativo y la posición ante la religión, que había venido siendo la religión de su Estado. El mundo de la vida que esperaba a un español a comienzos de la década de los setenta no tiene mucho que ver con las previsiones de que se depende en los comienzos de la década de los noventa. Porque la consolidación de todo este cambio forma parte de un futuro, que no parece depender ni entera ni principalmente de nosotros, porque los instrumentos de investigación social no siempre se libran de los intereses partidistas, no se puede ver más allá de los cambios institucionales efectivos; pero parece tratarse de una transformación económica, jurídico‑política y sociocultural profunda e irreversible, con la consiguiente des‑realización de la filosofía tradicional.


Notas


[1] Grandes maestros procedentes de la Edad de Plata: Xavier Zubiri, David García-Bacca

[2] Autores del “Grupo del “36”“ que, nacidos en torno al año 10, son el último residuo de la Edad de Plata,: J. L. Aranguren, J. Ferrater Mora, P. Garagorri, P. Laín Entralgo, J. Marías, Sánchez Vázquez, E. Tierno Galván, M. Zambrano, etc.

[3] Autores del grupo de “profesores de postguerra”, que son profesores autodidáctas, nacidos en torno al año 25 y formados en el periodo más angosto del nacionalcatolicismo, completando sus estudios en fuentes francesas, inglesas o alemanas, algunos con formación y docencia en el extranjero: J.L. Abellán, S. Alvarez Turienzo, M. Álvarez, G. Bueno, A. García Calvo, J.M. García Gómez-Heras, M. Garrido, F. Montero Moliner, J. Gómez Caffarena, E. LLedó, V. Muñoz Delgado, R. Panikker, C. París, S. Rábade Romeo, M. Sacristán, M. Sánchez Mazas, Sánchez Zavala, J.Mª Valverde, R. Valls Plana, etc, Incluyo en este grupo de postguerra a algunos importantes profesores y escritores, como José Luis Abellán, o Pedro Cerezo, que, nacidos entre 1930 y 1935, se asemejan más al mismo, a pesar de que tanto su actividad, como su obra, presentan también caracteres comunes con el grupo joven.

[4] Autores de la Generación de “Filósofos Jóvenes” nacidos en torno al año 1940, hijos españoles del 68, ensayistas y profesores rupturistas, decisivos en la última institucionalizació4n de la filosofía en España: J. Muguerza, A. Deaño, E. Trías, X. Rubert de Ventos, V. Camps, J. Muñoz, J. Mosterín, M.A. Quintanilla, J. Sadaba, Carlos Díaz, J. Hierro, A. Escohotado, F. Quesada, Navarro Cordón, Martínez Marzoa, Ortiz-Osés, etc. A los desarrollos de esta generación se incorporan autores nacidos entre 1945 y 1950 como F. Savater, J. Echeverria, J. J. Acero, José Sanmartín, R. Argullol, J.L. Molinuevo, A. Cortina, Javier Sanmartín, etc., que irán afirmando su presencia editorial y sus propios desarrollos en las distintas áreas de conocimiento filosófico a medida que avanzan los años ochenta Se suman incluso autores nacidos en 1951, como José Jiménez, que han hecho efectiva su influencia desde los años ochenta.

[5] En su reciente libro Ortega y Gasset y los orígenes de la Transición Democrática, José Luis Abellán ha presentado un estudio de las generaciones decisivas en la Transición hacia la democracia. El aplica el punto de vista del historiador de las ideas y de la cultura en general, y habla de generaciones de hombres de cultura e intelectuales, no exclusivamente de filósofos. Además, más que tomar en cuenta las fechas de nacimiento de los miembros de la generación, toma como referencia la fecha del “acontecimiento decisivo” que dota al grupo de autores de su conciencia generacional. Abellán (n. 1933) entiende que la Generación decisiva para la democracia fue la generación del 56, la suya, en la cual se incluirían los veinteañeros que habrían tomado conciencia generacional en los sucesos universitarios de ese año, generados en buena medida por el malestar que causó en los estudiantes la muerte de Ortega en la infame circunstancia del Régimen. Además, habla de la Generación del 68, que habría tomado conciencia generacional en la crisis universitaria de 1965, y, que en sus mejores representantes, continuaría la línea democrática abierta por la Generación decisiva. Este valioso testimonio de un importante miembro del grupo de autores intermedios, nacidos entre 1930 y 1935, entre los Profesores de Postguerra y la Generación de Filósofos Jóvenes, no se si sea acertado desde el punto de vista general de la cultura y de la vida intelectual; pero desde el punto de vista estrictamente filosófico tiende a confundir el grupo de profesores de postguerra con la generación de Jóvenes Filósofos y no acierta a discriminar y a valorar la aportación de los autores nacidos en torno a 1948. Por ejemplo, Javier Muguerza en 1955 tenía 16 años, Jacobo Muñoz 13 años, José Hierro 17, Jesús Mosterín era también un adolescente, etc.

[6] La Fundación Xavier Zubiri, que dirige el historiador de la medicina, y bioético Diego Gracia, constituye el principal impulso y el punto de referencia de los estudios sobre este autor, entre otras cosas, porque es al vía para acceder a su obra inédita. Esta Fundación publica unas Noticias y la revista Realitas.

[7] Así mismo, la revista Anthropos dedicó un número monográfico a la figura de Bacca en el nº 9 de 1982, y una selección de textos en Suplementos nº 14 de 1989. En otros números de la revista, que no cito aquí, su obra recibe atención o se publican algunos de sus escritos breves. En la actualidad Izuzquiza y Beorlegui son los especialistas que mejor han escrito sobre García Bacca.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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