Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
.

 

CAPÍTULO 2.2

2. Un puente con la Edad de Plata.

 

El primer grupo de autores, el grupo del 36, fue seccionado por una Guerra Civil, que dio paso a más de treinta años de predominio de la filosofía tradicional más o menos enriquecida con erudición procedente de la historia de la filosofía occidental. Algunos autores pertenecientes a este grupo optaron por abandonar la España del General Franco, y marcharon al exilio, como Ferrater Mora, o María Zambrano, etc; otros, en cambio, permanecieron en España y realizaron un trabajo intelectual de apertura, no sólo cultural, sino también social y jurídico‑política, por lo que, dado el escaso margen de maniobra permitido por el régimen, vivieron no pocas tensiones y enfrentamientos, incluso llegaron a sufrir su propia forma de exilio, como en el caso, entre otros, de Aranguren[1].

En el año 1976 vuelve Aranguren [2] a la cátedra de Ética y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, de la que fue separado por su compromiso con el movimiento estudiantil en el año 1965. La docencia universitaria, su contacto con la generación joven de los sesenta, y la experiencia del exilio harán evolucionar los planteamientos de este autor desde su fondo tradicional aperturista Con el poder no caven compromisos, ni confianzas, enseñará siempre Aranguren, la misión del intelectual no puede ser otra que la oposición y la crítica. Con su vuelta a España, inicia un período de intensa actividad intelectual y de constante presencia en la cultura de la transición, hasta convertirse en el “filósofo de la polis”. Su labor intelectual en los medios de comunicación, y en distintos foros tanto filosóficos como literarios, ha sido extensa, difusa y conectada con la generación de filósofos jóvenes Salvador Giner le considera el “filósofo civil” de la Transición, que ejercía de conciencia crítica de la vida moral en la recién nacida democracia española. Si Muguerza le tuvo por su maestro, Ortiz-Osés le considera el “maestro de la transición política”.

En los años anteriores a su exilio, con sus escritos y su docencia contribuyó a la apertura en los enfoques de la filosofía práctica y de la religión cristiana. Su Ética, tan influyente, nos hace pensar en una reformulación formal de la filosofía práctica tradicional, que intenta echar sus raíces en la metafísica de Zubiri, pero también en la búsqueda de una filosofía práctica abierta a distintas perspectivas, tanto antropológicas como literarias, y receptiva ante corrientes filosóficas, por entonces deficitarias entre nosotros, como la analítica o el marxismo crítico. Contrasta el Aranguren continuista de los escritos, que conservará siempre elementos de su fondo tradicional, enriquecidos con aportaciones de la Escuela de Madrid en la Edad de Plata, y que en el período de transición se irá haciendo más sensible a enfoques del pensamiento social, con el Aranguren que favorece la actividad rupturista y receptora de la generación de jóvenes filósofos, en especial la de aquellos que van a institucionalizar el área de Filosofía del Derecho, Moral y Política.

En este periodo, sus libros publicados son recopilaciones de artículos que retoman, al mismo tiempo que aplican, elementos de su filosofía moral o de su filosofía del cristianismo. No hay distinción entre el Aranguren de los libros y el de sus artículos, ni en estilo, ni en preocupaciones. La influencia de su pensamiento moral y político, de su concepción de la labor intelectual, así como su impronta y su colaboración con la actividad de los filósofos jóvenes, obligarán en su momento a responder preguntas como ¿Hasta que punto ha tenido comprensión y ha sabido ser crítico ante el dinamismo social de modernización liberado con el establecimiento de la democracia en España?, ¿Hasta que punto supo conectar con esa dinámica radical elementos de la filosofía tradicional, o de otras incorporaciones filosóficas de la Edad de Plata, abortadas por la guerra civil, con las que tuvo contacto y de las que fue conocedor excepcional?

Julián Marías, discípulo de Zubiri, Morente y Ortega y Gasset, ha desarrollado la filosofía del Raciovitalismo y elaborado una breve historia de la filosofía desde esta perspectiva. En esta interpretación de la filosofía de Ortega, una particular formulación de corrientes como la Fenomenología, el Existencialismo y el Vitalismo, encontramos una propuesta continuista que enlaza en esa línea de pensamiento a los tres períodos de la filosofía española de este siglo. Así mismo, este autor ha desarrollado una amplia labor intelectual como conferenciante y publicista, activa en la formación de una opinión pública favorable a su concepción liberal conservadora de España Sin embargo, la abundante obra de este “intelectual defenestrado”, según expresión de Racionero, no ha encontrado arraigo en el periodo ni eco en la generación de filósofos jóvenes.

La Revista de Occidente, con una labor intelectual pluralista y democrática dentro del campo de la cultura, sin tensión ideológica ni política, intentó asimismo dar continuidad y difundir el pensamiento de Ortega. Sin embargo, son pocos, Sádaba y Trías, y de forma muy esporádica, los Filósofos Jóvenes que colaboraron en sus páginas. Ortega será uno de los filósofos que más publicaciones registra entre 1975 y 1985, tanto reediciones de sus obras como estudios sobre las mismas, lo que ni mucho menos permite poder hablar de una recuperación efectiva de su pensamiento en la Transición. Más bien, la obra de Ortega queda fuera de la reinstitucionalización de la filosofía acontecida en este periodo, recuperada principalmente por los historiadores de la filosofía española. Ya entrados los años noventa, Ortega aparecerá en los programas de la PAU de Historia de la Filosofía para COU o para 2º del Bachillerato LOGSE.

El profesor Tierno Galván representa una ruptura con la filosofía tradicional y un intento de recibir y asimilar tradiciones filosóficas contemporáneas como el marxismo y la analítica. Si en ¿Qué es ser agnóstico? utilizó la metodología del Neopositivismo lógico para deslegitimar la racionalidad metafísica y teológica de la filosofía tradicional, en su obra filosófica tal vez más ambiciosa Razón mecánica y razón dialéctica propone convertir la razón teórica en analítica y la razón práctica en filosofía de la praxis, como respuesta a la cuestión de la racionalidad, planteada en ese momento en los términos “analítica y/o dialéctica”. Su actividad política en el PSP, el mantenimiento de su orientación marxista, la influencia de su pensamiento jurídico‑político en la generación joven, su peculiar colaboración política con el PSOE, perfilan su grado de lucidez y compromiso político en los recientes acontecimientos políticos de nuestro país. Nunca abandonó la convicción, según parece, de que el socialismo o es marxismo o no es socialismo.

La extensa y profunda labor de Laín Entralgo como hombre de cultura e intelectual, como escritor, docente y científico, representa otro esfuerzo por dar continuidad a la cultura española del siglo XX. Me interesa recordar aquí su aportación a la historia de la medicina y de la ciencia, y sus importantes obras de antropología. No sólo son considerables sus trabajos de historia de la medicina, sino que parecen haber dejado escuela a través del grupo de José María López Piñero en Valencia. En lo referente a la antropología, este médico, teórico e historiador de la medicina (los médicos filósofos aparecen en la historia de la filosofía española desde Pereira o Valles hasta Marañón), plantea su pregunta por el hombre con generalidad y tensión filosófica, cuando no religiosa, y desarrolla una antropología de raíz biológica, con momentos fenomenológicos, abierta a la trascendencia. Se trata de un personalismo cristiano, que insiste en el momento de la esperanza, considerando propiamente tal a la religiosa. Su inspiración filosófica la toma del Raciovitalismo, del Personalismo cristiano de Zubiri, de la Fenomenología y del Existencialismo. En este autor confluye la base científica del médico y estudioso del cuerpo humano, con algunas corrientes contemporáneas de filosofía y la filosofía tradicional.

Algunos autores pensaron que la cultura filosófica española de la Edad de Plata no se había perdido por completo con la Guerra, sino que encontró posteriores desarrollos en los autores del exilio, de manera especial con los transterrados en países de la América hispana. Así, recuperar la cultura filosófica española en el exilio, se convirtió para estos autores en la manera de retomar el contacto con la cultura filosófica anterior a la Guerra Civil, y, por lo mismo, en la forma de dar una cierta densidad histórica a los acelerados procesos de la Transición Pero ¿Ofrecía el exilio filosófico americano vías de continuidad con la cultura de la Edad de Plata, fecundas para las aceleradas transformaciones de nuestra cultura filosófica a finales de los setenta y principios de los ochenta?. Los estudios sobre el exilio de estos historiadores del pensamiento español contemporáneo no lograron hacer efectivas, en la institucionalización filosófica del periodo, las obras de autores tan significativos, y tan influyentes en la América hispana, como José Gaos o Eduardo Nicol, etc.

María Zambrano[3], exilada ya en enero de 1939, está presente para algunos con sus obras en el periodo que nos ocupa, si bien no regresará a España hasta más tarde. Esta discípula de Ortega se inscribe en una tradición crítica con el avance de la Modernidad por sus contradicciones, por lo que tiene de pérdida y sacrificio de lo original. En su obra parece alentar la búsqueda de una razón poética, capaz de percibir lo sagrado y devolver a lo humano su armonía originaria, una razón poética contrapuesta en una especie de negativa dialéctica a la reducción impuesta por la razón técnica. La invitación y la aspiración a la mística, así como la inspiración poética, hacen fluir su prosa con una fuerza y rotundidad plenas de sentido. Claros del bosque, un libro muy pensado y, tal vez, su obra más importante de este período, lleva su razón poética a un máximo de intensidad y expresividad. En su discurso, al recoger el premio Cervantes, habló María Zambrano de la imagen blanca de España que nos dio Zurbarán, “en. la que el hecho de ser blanca se sobrepone a todo, a la creación y al fracaso, y nos mueve a quietud”.

La importancia de la persona y de la obra de Ferrater Mora, que se habla exilado en 1939, para la vida filosófica en la España de la Transición es de primer orden. Si bien la obra de Ferrater se desarrolla según exigencias y tensiones internas, en una circunstancia americana bastante distante de la española, ni ha roto completamente con su origen continental (fenomenología, existencialismo) y español (Unamuno, Ortega, d”Ors), ni su obra ha dejado de tener una difusión amplia entre nosotros, ni sus planteamientos dejaron de ejercer una considerable influencia en la generación de filósofos jóvenes. En Ferrater encontramos lo mejor de nuestra cultura filosófica de la Edad de Plata interaccionando de manera personal con las exigencias de la filosofía analítica. Ferrater pedirá y contribuirá a un “cambio de marcha” en la filosofía española de estos años, una recepción y una reinstitucionalización en los cauces de la analítica. A través de sus obras, pero en especial de su diccionario de filosofía y de sus estudios dedicados a la filosofía contemporánea, ha contribuido de manera importante a elevar el nivel de conocimientos de corrientes capitales del siglo xx, entre las que él destaca la filosofía analítica, el existencialismo y el marxismo. Ferrater intentó articular su propuesta en una filosofía canónica, una ontología en clave analítica que desarrolló en obras como El ser y la muerte (1962), El ser y el sentido (1967), y De la materia a la razón (1979), que es una de las obras más importantes del período que nos ocupa.

En una entrevista que le hizo Salvador Giner, preguntado por la situación de la filosofía española en el periodo de la transición, Ferrater[4] da una respuesta lúcida, acertada y relevante para la investigación que nos ocupa. En primer lugar, considera que ya por el año 1975 la filosofía tradicional, la Escolástica, estaba aislada y debilitada, si bien no reducida, por corrientes foráneas como la Analítica, los Marxismos y Neomarxismos, Estructuralismos y Postestructuralismos. Pero esta nueva filosofía es a su juicio sucursalista, ni está suficientemente arraigada en la propia tradición cultural, ni tiene reconocimiento internacional. Este sucursalismo no sólo depende de la tendencia a imitar y seguir de unos, sino también de la indiferencia y olvido con que responden los imitados y seguidos a sus sucursalistas. La vida filosófica se corresponde e interactúa con el momento económico, científico-técnico, jurídico-político y cultural de una sociedad, por ello Ferrater no percibió nuestro futuro filosófico con demasiado optimismo. Nuestro retraso en filosofía, ciencia y tecnología excede a su juicio con creces los cuarenta años, clara alusión al período franquista.

Los representantes de la filosofía tradicional eran conscientes y seguían con interés, ya a comienzos de los setenta, la transformación que se estaba gestando en la institución filosófica. Precisamente la revista Pensamiento dedicó un número [5] a las tendencias actuales de la filosofía, que no eran otras sino los autores y las corrientes que se venían traduciendo y estudiando desde los años sesenta. Aquí se incluyen trabajos de Carlos París sobre la Filosofía de la Ciencia, de Muguerza sobre el Neopositivismo lógico, de Carlos Díaz sobre los Marxismos, de Rubio Carracedo sobre el Estructuralismo, etc. El padre jesuita Luis Martínez Gómez incluía un artículo titulado Filosofía española actual, en el que informaba de manera acertada sobre los agentes y las recepciones que estaban empezando a transformar la cultura filosófica española. Este historiador de la filosofía española identificó a la generación de jóvenes filósofos y sus convivencias anuales como protagonistas de los cambios, a la vez que supo valorar la importancia de las recepciones de corrientes analíticas y marxistas en todo ese proceso. Su clasificación de las tendencias en pensamiento matemático, pensamiento eidético y pensamiento histórico era arbitraria y el tiempo se encargó de ponerlo de manifiesto.


Notas

[1] En El pensamiento español 1939‑1973, Elías Díaz se aproxima a la actividad intelectual de los autores relevantes en la tensión y el camino hacia las libertades desde el interior de la España franquista. El profesor Aranguren, Julián Marías, Tierno Galván, Laín Entralgo, entre otros, son los protagonistas de esa historia. Sin embargo, tal vez sea excesivo hablar de un exilio interior, sin por ello negar la importante labor de apertura realizada por estos autores.

[2] Ver la revista Anthropos nº80 de 1988

[3] Consultar el nº 70-71 de la revista Anthropos, dedicado a María Zambrano. Así mismo, el nº2 Suplementos de Anthropos publica textos de esta autora. La revista Cuadernos Hispanoamericanos le dedica el número de noviembre de 1984. Abellán, Ortega Muñoz, etc, tienen estudios básicos sobre esta autora. La Fundación María Zambrano centra los estudios zambranianos, que irán incrementando su presencia, de manera especial entre los estudiosos del pensamiento español contemporáneo. Ver J. I. Eguizabal, La huida de Perséfone. María Zambrano y e conflicto de la temporalidad, Biblioteca Nueva, Madrid1999.

[4] El nº49 de la revista Anthropos es un monográfico dedicado la figura de Ferrater. En este número se encuentra la entrevista citada de Salvador Giner; y, en concreto, el párrafo referido se encuentra en la página 10. Carlos Nieto, Abellán, P. Cohn (la mujer de Ferrater), etc., tienen estudios sobre este autor.

[5] el volumen 29 del año 1973.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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