Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
.

 

CAPÍTULO 2.3

3. El grupo de profesores en la Transición.

 

El Grupo de autores de Postguerra, nacidos hacia el año 1925, se forma intelectualmente en los años más difíciles del régimen franquista, los cuarenta y los cincuenta, que son de pobreza informativa y aislamiento cultural, represión e intolerancia, escolasticismo falaz e intransigente, con una universidad entre “lo carcelario y lo cuartelero”, en correspondencia a una sociedad devastada, aislada de Europa, con una dictadura militar confesional por régimen político y con una cultura nacional católica presionando sobre las mentes. Jacobo Muñoz considera que este grupo de profesores constituye una generación autodidacta, la “generación de Rábade”. Carlos París también considera que su grupo es una generación, la “generación sin maestros”, autodidacta, diferente por esto mismo del grupo del 36 y de la generación de filósofos jóvenes: Así, escribe Carlos París en 1975:

No creo que hayamos sido una generación silenciosa y aplastada, sino, por el contrario, bastante combativa, es la generación que inicia el verdadero disconformismo. Nuestro rasgo primordial vendría dado por la soledad y la búsqueda de identidad... una generación más bien endurecida y austera, y como componentes negativos, con una cierta tendencia angustiada y envidiosa, hábitos consonantes con un sentimiento de escasez. Intelectualmente nos ha permitido rescatar bastantes cosas que habían sido perdidas, desconocidas o relegadas a un segundo plano por el pensamiento español. Así la filosofía de la ciencia, los planteamientos más rigurosos de la filosofía marxista, el interés por el pensamiento anglosajón. Creo que aún puede representar una generación creadora, ya que estamos entrando ahora en la madurez de ese grupo histórico...”.

Los hechos vendrían a confirmar parcialmente las expectativas de Carlos París para su grupo, que nosotros dudamos en considerar generación por su orfandad, su carácter autodidacta y su incapacidad para proyectar y desarrollar empresas en común. Tampoco se les puede atribuir la exclusiva de introducir la analítica, el marxismo, las ciencias sociales, porque ya había desarrollos en la España anterior a la guerra, notables en algunos casos, porque también lo hicieron autores del grupo del 36, y porque será la Generación de Filósofos Jóvenes quienes más impulso darán a estas líneas y quienes llevarán adelante su institucionalización.

Voy a insistir en el hecho de que se trata de un grupo de profesores, no de ensayistas o de escritores. El profesor y el escritor o ensayista no llegan al mismo tipo de libro, ni de la misma manera, porque su escritura es distinta. El profesor llega a su libro mediante la investigación propia y la docencia y, salvo raras excepciones, en orden a autorizar y ampliar su docencia. El profesor va elaborando su libro en interlocución con sus colegas y en la exposición a sus alumnos. El escritor llega mediante sus libros al gran público y, en algunos casos, a la docencia. El profesor necesita de la docencia, de la palabra en interacción con un auditorio comprometido y especializado, para completar su escritura en un proceso lento y continuado de recomposición. La escritura sale completa de la investigación del escritor, sin la mediación de la comunicación verbal, como si en él fuese primero la escritura que la palabra. La docencia está entre el profesor y sus libros, y más allá de estos.

En este periodo, de hecho, la presencia de los autores de este grupo ha sido especialmente importante en las universidades españolas (Montero y Garrido, en Valencia; Rábade, Caffarena, Abellán, López Quintas, C. Paris, Cruz Hernández en Madrid; Gustavo Bueno, en Oviedo; Muñoz Delgado, Alvarez Turienzo, Cencillo, en Salamanca; J.Mª Valverde, E. LLedó, Valls Plana, en Barcelona; Sánchez Mazas, en San Sebastián; etc). Como también ha sido importante su labor como directores de colecciones y revistas de filosofía.

Si exceptuamos algunos profesores del grupo con formación y, en algunos casos, docencia en el extranjero, y en campos como la historia de la filosofía o la lógica matemática, creo que estamos ante un grupo de profesores que rara vez plantea y formula filosofía contemporánea normalizada, su producción y su docencia no responde a los planteamientos y las discusiones internacionalizadas en el momento. Estas limitaciones son tal vez debidas al entorno socio‑cultural en que se formaron y desarrollaron su actividad, a la dinámica propia de sus planteamientos teóricos, o a los profesores y manuales de que se sirvieron para sus trabajos.

En su primera formación universitaria, casi todos los autores de este grupo recibieron un núcleo de filosofía tradicional, ante el cual reaccionan de distinta manera; si bien, por lo general evolucionan mediante conocimientos procedentes de la historia de la filosofía moderna y contemporánea, campo que tuvo un pronto y considerable desarrollo. Los académicos y continuistas permanecen y viven de aquel núcleo, con una asimilación erudita y falaz de datos históricos. Otros continuistas aprovechan los conocimientos históricos para reformular de manera más moderna la filosofía tradicional, como es el caso de los partidarios del tomismo trascendental, o el de los que replantean las cuestiones metafísicas desde corrientes como la Fenomenología o el Existencialismo Algunos autores académicos evolucionan teóricamente desde la historia de la filosofía moderna, pero sin llegar a planteamientos normalizados de las cuestiones, o bien reservando sus propias posiciones en sus trabajos históricos, como Montero Moliner, Valverde, Valls Plana, etc. Otros, en fin, que rompen con la filosofía tradicional, en ocasiones de manera parcial, bien para asimilar e incorporar en nuestro contexto corrientes y campos de investigación de la filosofía europea contemporánea (así, Sacristán, Garrido, Sánchez Mazas, Muñoz Delgado, etc, filosofía analítica y logística; Sacristán, Paris, Bueno, etc, marxismos; Emilio Lledó, etc, hermenéutica; etc), bien para actualizarse con las novedades del mercado filosófico internacional, que, si ya desde finales de los sesenta estaban entrando, ahora no encuentran más límites de recepción y traducción que los del propio negocio editorial.

Conviene resaltar que los autores de este grupo se han interesado por la filosofía española, aunque lo han hecho de distinta manera según su concepción más o menos académica de la filosofía y su particular valoración de la historia de la filosofía en España. Autores con un planteamiento antiacadémico y rupturista, como Sacristán, intentarán normalizar la cultura filosófica en España mediante una labor infatigable de traducción y prólogo, de recepción de corrientes y autores europeos contemporáneos. Los autores de alguna manera académicos y rupturistas han roto con la filosofía tradicional y han sentido la necesidad, bien de normalizar la docencia de la filosofía en España mediante la recepción de autores o corrientes contemporáneas, bien de desarrollar su propia filosofía desde las aportaciones actuales de la filosofía y de las ciencias: de manera que, en ellos, la conveniencia de recuperar nuestros pasado filosófico ha pasado a un segundo plano. Conocen los intentos de recepción y modernización de nuestra cultura filosófico científica, sucedidos desde la Ilustración, pero no siempre han estado convencidos de las virtualidades de este pasado, y, en todo caso, han tolerado una historia de la filosofía española como materia menor dentro del currículo. En este grupo de profesores encontramos autores académicos y continuistas, que, sin romper de hecho con la filosofía tradicional, han sentido ante todo la necesidad de dar continuidad y densidad histórica a nuestra cultura filosófica propia, mediante la recuperación de nuestro pasado relevante; incluso han contribuido a potenciar la investigación histórica especializada en este campo.

Entre los autores antiacadémicos y rupturistas, por su particular influencia en la generación joven, mencionaré a García Calvo y a Sacristán. Uno de los autores que con mayor intensidad y radicalidad ha investigado el tema de los lenguajes, utilizando recursos de la lingüística y de la filosofía del lenguaje, si bien situándose en un plano precientífico y prelógico ha sido Agustín García Calvo. Su pensamiento está como poseído de una negación radical, que ante todo se hace efectiva en sus peculiares experimentos de crítica lingüística, con los que pretende liberar al lenguaje de las categorizaciones que lo vinculan al poder establecido. Desde el lenguaje cotidiano, buscando sus usos con análisis, descripciones y etimologías, más o menos libres, pretende afrontar todo tipo de temas, como la felicidad, el número, la realidad, la sociedad y el Estado, etc; si bien, tal vez sea el propio lenguaje su tema más obsesivo. De nuevo estamos ante un autor autodidacta, con una peculiar asimilación de corrientes lingüísticas, existencialistas y marxistas, y con un importante círculo de seguidores entre los que destacaría a Fernando Savater. Ni que decir tiene que sus planteamientos radicales han estimulado las posiciones rupturistas en filosofía moral y política de algunos autores jóvenes, así como la necesaria tensión inicial por las libertades, pero no han contribuido en la institucionalización de las áreas de conocimiento filosófico, de la misma manera que sus planteamientos ácratas antisistema tampoco han contribuido a crear la cultura filosófica, requerida para la integración de la compleja y agitada sociedad democrática española.

La obra de Manuel Sacristán, rompe con la filosofía tradicional, se orienta al racionalismo del neopositivismo y al cientismo. Su labor en lógica y en metodología de la ciencia, así como en divulgación de la corriente crítica y analítica del marxismo, han sido pioneras y determinantes en nuestro contexto filosófico. Son notables también sus trabajos dedicados a la historia de la filosofía contemporánea, especialmente los dedicados al marxismo y al neopositivismo lógico; menos comprensión ha mostrado por el existencialismo y la fenomenología. Se comprende su compromiso político, si se tiene en cuenta su estrecho y cientista criterio de racionalidad.

La figura de Sacristán[1] será decisiva para aquellos autores de la generación de filósofos jóvenes, que desarrollaron la recepción de analítica y/o marxismo, en especial para quienes, mediados los años setenta, salieron con un marxismo analítico de la cuestión de la racionalidad. Sin demasiada definición, estos autores se proponían desarrollar la filosofía teórica en los cauces de la analítica, pero habiendo convertido la filosofía práctica en una filosofía marxista de la praxis; posición esta, como hemos visto, defendida también por el profesor Tierno Galván en Salamanca. Con su labor de prólogo y comentario de las corrientes centrales de la filosofía contemporánea, su recepción de los marxismos, su seguimiento de la lógica y la metodología de la ciencia, con su importante manual sobre esta materia, Sacristán aportó orientación y materiales a los jóvenes del marxismo analítico, y contribuyó, tal vez a su pesar, a la institucionalización de la analítica.

En su escrito del año 68 Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores, Sacristán negó la viabilidad de toda filosofía sustantiva, y reduce el lugar académico de nuestra materia a unos estudios de postgrado de filosofía adjetiva, reflexiva y crítica. La radicalidad de este planteamiento no podía menos de precipitar y hacer abortar la necesaria discusión sobre la institucionalización de la filosofía en la España democrática. La respuesta más conocida, y no menos radical, fue la propuesta de una filosofía académica por parte de Gustavo Bueno en El papel de la filosofía en el conjunto del saber (1970). De hecho, la institucionalización de la filosofía en España no será el resultado de la realización de algún proyecto, o diseño ideal preconcebido, sino que, más bien, parece haberse precipitado en la LRU como producto del choque de las concepciones y de la producción de los grupos de autores del periodo, en especial de la generación joven, con las formas de la institución filosófica anterior. La concepción adjetiva y antiacadémica de Sacristán ha pesado mucho sobre los jóvenes filósofos que protagonizaron la institucionalización de las áreas de “Lógica y Filosofía de la Ciencia” y de “Filosofía del derecho, moral y política”.

El lugar de estos autores antiacadémicos y rupturistas en la cultura filosófica española, importante en los años setenta, se va desvaneciendo a medida que avanzan los años ochenta. Entre los académicos y rupturistas con la filosofía tradicional, incluiré autores tan dispares como Carlos París, Emilio Lledó, Gustavo Bueno, Manuel Garrido, Miguel Sánchez Mazas, así como otros autores del grupo que, sin llegar a normalizar sus planteamientos, evolucionan desde los conocimientos de historia de la filosofía moderna. El hecho de que estos autores sean profesores universitarios y de que sean partidarios de una amplia institucionalización de la filosofía, no excluye que algunos desarrollen obra y actividades paralelas a la academia, o que se interesen y apoyen desarrollos filosóficos marginales de filósofos jóvenes. Con todo, parece que la influencia más considerable de estos autores no será sobre la generación joven, sino sobre algunos autores del grupo del 55, que se irán haciendo presentes en la escena más adelante, a medida que avanzan los años noventa.

También Carlos París, miembro capital dentro de este grupo de autores, parte de la filosofía tradicional, dentro de la cual, y sin superarla, realiza su conocida tesis doctoral Física y filosofía, para luego distanciarse de ella, no mediante un desarrollo intrínseco de las ideas de su primer trabajo, sino como consecuencia de sus lecturas y escritos a propósito de filósofos de la ciencia y de científicos contemporáneos, de Marx y de otros marxistas. Se mostró favorable a la recepción de filosofía analítica y de marxismo. Su influencia en el periodo ha sido considerable, tanto por sus escritos de filosofía de la ciencia, antropología, filosofía de la técnica, como por su docencia y su labor fundacional en la Universidad Autónoma de Madrid, que abrió a algunos autores del grupo posterior de jóvenes. Este autor, que concibe la filosofía como una reflexión personal sobre temas del conocimiento científico y de la acción, en diálogo con clásicos y contemporáneos, sin adscribirse a ninguna corriente, tiene como temática más importante la antropología, en la que concibe al hombre como animal cultural, e intenta integrar lo cultural en lo biológico (la biología de Portmann, S. J. Gould), con especial atención a la técnica. El compromiso político de izquierdas (marxista), la participación intelectual en la vida cultural a través de los medios de comunicación, forman parte de la tarea del filósofo tal como la entiende Carlos París[2].

Garrido es uno de los pilares del enorme desarrollo de la lógica y la filosofía de la ciencia en Valencia, entonces uno de los puntos de referencia para estas especialidades. En la recepción de filosofía analítica y, más en concreto, en lo que se refiere al desarrollo e institucionalización de los estudios de lógica y filosofía de la ciencia juega un papel importante la figura de este profesor, que influirá a través de su docencia, sus escritos y traducciones, y su labor editorial como director de la revista y la colección Teorema. Este autor da una orientación pragmática a la filosofía, a la que entiende como una labor epistémico‑ontológica y lógica, dentro de la empresa científico‑técnica de la Modernidad. Su manual de lógica matemática ha sido uno de los más influyentes.

Miguel Sánchez Mazas, que fundó la revista Theoria con Carlos París en 1952, ha seguido la línea de una filosofía científica y ha destacado por sus trabajos en la aplicación de la logística a los códigos morales y legales. La importancia de estos trabajos en lógica deóntica es grande. Destacaría su obra El cálculo de las normas. La importancia de la labor del padre Vicente Muñoz Delgado, como docente de la lógica formal en Salamanca e investigador de la historia de su desarrollo en la península ibérica, ha sido enorme. Mencionaré en este contexto a Roberto Samuels, que aportó claridad en filosofía e historia de la ciencia, más concretamente en algunas cuestiones relativas al surgir de la ciencia moderna.

Emilio Lledó, que encontró estímulo y enseñanza de Julián Marías, será de los autores de este grupo con formación y docencia en el extranjero. En Heidelberg tendrá contacto, entre otros profesores, con Gadamer, y la hermenéutica se convertirá en el cauce por el que discurrirá su obra. En 1978 publicará un libro importante para la historiografía filosófica en España Lenguaje e historia, donde empieza a plantear una historiografía filosófica de carácter hermenéutico y conectada con la vida. El lenguaje y su filosofía, la filosofía y su historia son los grandes temas de Lledó, que será uno de los guías en nuestra recepción de hermenéutica y que, en esa línea, aportará de manera considerable a la filosofía del lenguaje y a la filosofía de la historiografía filosófica.

En el catedrático de Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos de la Universidad de Oviedo, Gustavo Bueno [3], encontramos también una ruptura con la filosofía tradicional y el desarrollo de una filosofía materialista, resultado de una asimilación autodidacta de corrientes como el marxismo y la filosofía de la ciencia, o de aportaciones de las ciencias naturales y sociales contemporáneas, como la etnología, la lógica, la sociología, etc. Su estima de la ciencia, y de su método de conocimiento, no deriva en un cientismo que despoja a la institución filosófica de carácter sustantivo; más bien, entiende aquella desde la cultura, en conexión con las ciencias, como una “geometría de ideas”. El catedrático Gustavo Bueno es el único de los profesores de postguerra, que ha avanzado en la articulación de una propuesta filosófica propia, materialista y dialéctica, la Filosofía del Cierre Categorial, con originales desarrollos en la gnoseología de la ciencia, la filosofía de la religión, la antropología filosófica, la filosofía de la cultura, la historia de la filosofía, etc.

En estos autores académicos y rupturistas encontramos también el aprecio por nuestro pasado filosófico, en el que buscan ciertamente a los autores, recepciones y recuperaciones coherentes con la tarea de incorporar la racionalidad moderna en nuestra cultura filosófica. Entre los autores académicos y continuistas, que no llegan a romper con la filosofía tradicional, encontramos autores de tan distinta procedencia y desarrollo como Rábade, Caffarena, Álvarez Turienzo, etc.

Sergio Rábade[4] ha influido de manera considerable en los estudios de teoría del conocimiento y de historia de la filosofía moderna, tanto a través de su docencia y sus obras, como por su peso especifico en la selección de profesores. Estamos ante uno de esos autores que evoluciona desde la filosofía tradicional mediante el conocimiento de la historia de la filosofía moderna y contemporánea; en su caso, encontramos una elaboración de la teoría del conocimiento, que parte de Ockam, discute con clásicos de la filosofía moderna (Descartes, Hume, Kant, Hegel), y llega a tener presente autores contemporáneos de corrientes como la fenomenología y el existencialismo (en Husserl la “intencionalidad”, y en Merleau-Ponty la “corporalidad”). En teoría del conocimiento, Rábade sale de un realismo dogmático y plantea desde un sujeto corporal, tomado en toda su dimensión (abierto a lo irracional). Falta contemporaneidad en su obra, falta la analítica y, en realidad, una adecuada incorporación de la fenomenología. Tal vez se pueda decir que este autor representa a la filosofía tradicional asimilando el problema del conocimiento desde algunos autores clásicos de la filosofía moderna..

Aunque Rábade sea representante de la filosofía tradicional, no lo es a la manera de un Ángel González Álvarez, quien sigue haciendo metafísica tomista en los años sesenta, como si de un autor premoderno se tratase. La Editorial Gredos, por él dirigida, es un núcleo de filosofía tradicional. Los planteamientos de este autor evolucionan con su asimilación de la historia de la filosofía moderna..

En el padre jesuita José Gómez Caffarena tenemos un representante de la filosofía tradicional, enriquecido por sus conocimientos de historia de la filosofía moderna y contemporánea, que enseñó en universidades como la de Alcalá de Henares, Comillas, la Autónoma de Madrid, en la Gregoriana de Roma. Este profesor jesuita, director desde 1972 hasta 1996 del Instituto de Fe y Secularidad, juega un papel de intelectual cristiano, que da testimonio de su fe y su esperanza, tanto con su libros de divulgación, como en conferencias y artículos. En su labor como docente de metafísica ha seguido la senda del tomismo trascendental, abierta por el filósofo escolástico francés Marechal. Sus obras Metafísica trascendental, Metafísica fundamental y Metafísica religiosa son la expresión de esta preocupación metafísica. Su escrito dedicado al pensamiento de Kant, en especial a su teísmo moral, fue tomado en consideración por algunos autores jóvenes, por los cristianos, del revival kantiano.

El padre agustino Álvarez Turienzo es uno de los profesores que, en Salamanca, hizo evolucionar la filosofía moral tradicional desde sus conocimientos de historia de la filosofía moderna y contemporánea y desde su atención a las aportaciones de los filósofos jóvenes. Sus planteamientos han quedado reflejados en uno de los libros de filosofía moral más importantes del período El hombre y su soledad. Tiene valiosos trabajos de recuperación de nuestro pasado filosófico, en especial los dedicados a Fray Luis de León y al Siglo de Oro.

Entre los autores intermedios, que nacen entre 1930 y 1935, algunos son escritores y pertenecen por sus características a la generación joven, en la que por lo demás han ejercido liderazgo. Pero la mayor parte de estos autores son profesores e investigadores, se adscriben al área de “Filosofía”, y, por las características de su obra y actividad, parecen pertenecer más bien al grupo de profesores de postguerra, En el campo de la Historia de la Filosofía, se registran la actividad y las mejores aportaciones de estos profesores intermedios, de manera especial en la Historia de la Filosofía española, donde encontramos nombres como el de José Luis Abellán, Pedro Cerezo Galán, Gonzalo Díaz Díaz. Si bien su actitud efectiva ante la misma depende de afecciones propias de su formación. De manera que, mientras algunos, como Pedro Cerezo con sus trabajos sobre Ortega, Unamuno, o María Zambrano, por ejemplo, escriben de manera fructífera sobre nuestros autores, otros en cambio tienden a reducirlos en el fantasmagórico marco académico de una historia universal de la filosofía descontextualizada.

Muchos profesores del Grupo de Postguerra han escrito sobre nuestra filosofía científica o sobre nuestras filosofías literarias, si bien en la mayoría de los casos sobre los autores consabidos Unamuno, Ortega, Zubiri, etc, y, por lo general, a golpe ocasional de conmemoración y aniversario. Esta tendencia dominante en el grupo a la recuperación de nuestro pasado, se concreta en la actividad y en la obra del profesor Universidad Complutense de Madrid José Luis Abellán, quien, junto con el padre jesuita Luis Martínez Gómez, puso en marcha estos estudios en el período que nos ocupa. Sin olvidar al profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Manuel Cruz Hernández, que ha dejado una interesante concepción general de la historiografía aplicada a la historia de la filosofía en España, así como una importante obra en relación a la historia de la filosofía hispano musulmana Sin embargo, José Luis Abellán será el profesor más influyente en este campo, no sólo por sus numerosas publicaciones y por su docencia, sino también por su participación en seminarios y cursos, así como su dirección en distintos grupos y autores, tanto internacionales como nacionales, dedicados al pensamiento español.

El profesor Abellán disolverá la Historia de la Filosofía española en una particular versión de la historia de las ideas [5] fundamentales de nuestra cultura. Este influyente hispanismo dejó en un segundo plano a la historiografía académica escolástica de Guillermo Frayle en su Historia de la filosofía española (1972) y determinó que la Historia de la Filosofía y de la Ciencia en España pasara a un segundo plano en grupos de estudiosos de la filosofía en España, como el Seminario de Salamanca o los que se integrarán con posterioridad en la Asociación de Hispanismo Filosófico.

La obra de Gonzalo Díaz Díaz Hombres y Documentos de la filosofía española es de enorme importancia para la institucionalización de los estudios de historia de la filosofía y de la ciencia en España, a mi juicio una de las aportaciones generales más importantes del periodo a la historiografía filosófica ocupada con nuestro pasado.

En este campo de la Historia del Pensamiento español han confluido los intentos de recuperar y dar continuidad a elementos de la cultura de la llamada Edad de Plata, arrancados por la Guerra Civil, como la propuesta de cultura filosófica de Ortega y los Orteguianos, o como el krausismo, el Institucionismo, y el Socialismo, que interesó de manera especial a intelectuales y hombres de cultura deseosos de dar dimensión histórica a la izquierda democrática. Estos trabajos dan salida a corrientes que circulaban ocultas y atenuadas en el período Franquista. Sin embargo, la repercusión de estos intentos de recuperación ha sido prácticamente nula en la nueva institucionalización filosófica del periodo.


Notas

[1] Ver el trabajo de José María Ripalda Die spanische Philosophie. Eine Philosophie ohne Vergangenheit, que se encuentra en Beiträge zur Philosophie aus Spanien, hHg. Volker Rühle, Freiburg (Breisgau); Munchen:Alber. 1992. p. 238-242.

[2] Influirá en la formación de profesores de instituto: él mismo compondrá con Carlos Mínguez un texto de filosofía de tercero de BUP(1977). Tiene dedicado el nº 77 de la revista Anthropos de 1987. Tiene interés el homenaje publicado por la Autónoma de Madrid con el título Ciencia, Técnica y Cultura. Homenaje a la obra y la figura de Carlos París.(1997).

[3] La considerable influencia de este autor se ha desarrollado a través de la cátedra, la revista El Basilisco y la Editorial Pentalfa, así como a través de sus publicaciones. Del desarrollo y difusión de su obra, se encarga la Fundación Gustavo Bueno, sita en Oviedo, y que dirige su hijo Gustavo Bueno Martínez.

[4] Entre los galardones y puestos desempeñados por este autor durante este período, que nos puedan dar una idea de su peso específico dentro de la filosofía académica, habría que decir: recibe la Encomienda con Placa de la Orden Alfonso X el Sabio; en 1976 es decano de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid; en 1981 es presidente de la Sociedad Española de Filosofía.. Su perfil intelectual, su contribución a nuestra cultura de la transición es la de un profesor, un académico que, al margen de cuestiones personales, sociales o políticas, realiza una labor intrínseca a la historia de la filosofía por sí misma. Hay un número monográfico de la revista Anthropos ( nº 108 de 1990) dedicado al profesor Sergio Rábade

[5] José Luis Abellán, que había publicado en colaboración con el jesuita Luis Martínez Gómez una Historia del pensamiento español (UNED 1977), empieza a publicar en el año 80 su Historia crítica del pensamiento español, obra que representa una interpretación general de la historia de la filosofía española según una peculiar aplicación de la metodología de la historia de las ideas. Al hacer historia de la filosofía española, quiere recoger el hecho diferencial del filosofar español, no la aportación de los españoles a la “historia de la filosofía occidental”, o la “formación concreta” adoptada por la misma entre nosotros, etc. La filosofía se entiende como plenitud de la “conciencia intelectual de la cultura española”. Por otra parte, en oposición a la concepción aristocrática e ilustrada, prefiere caracterizar de manera genérica a la cultura en los siguientes términos “el conjunto de producciones mentales y materiales con que una determinada sociedad satisface las carencias biológicas de sus individuos, dando así continuidad a la naturaleza”. Si a esto le añadimos la aportación historiográfica de ciencias humanas y sociales, como la psicología y la sociología, y el interés semiótico por los “patrones arquetípicos”, ganamos una representación de la historia de las ideas en España que emprendió este autor a finales de los años setenta. En ella se experimenta una sensibilidad especial para la proyección americana de España y para sus diferenciales étnicos.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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