Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
.

 

CAPÍTULO 4.2

El grupo del 36 y el cambio de
marcha en la Filosofía

Nos referimos a una serie de autores, formados en los años filosófica y científicamente más fecundos de la Restauración, o en la Segunda República, que vieron truncados sus desarrollos en España por la Guerra Civil. Seccionados y trasplantados en plena juventud, el exilio es marca característica en la vida y en la obra de algunos de ellos, como también resultaron determinantes las condiciones culturales y sociales de la España de Franco para los autores de este grupo, que permanecieron en suelo español. Nuestra perspectiva pondrá en primer plano la obra de Ferrater Mora y de Laín Entralgo

En efecto, el pensamiento poético de María Zambrano, que creció filosóficamente desde la historia de la filosofía, en especial desde el pensamiento de Ortega, se nutre de la vida, su poesía y sus mitos, y se da con independencia de la ciencia. Además el interés por esta autora, que está siendo objeto de tesis y tesinas, se limita a círculos de estudiosos del pensamiento español. Menor eco ha tenido aún entre nosotros la obra de Eduardo Nicol[1], autor de una antropología fenomenológica e intersubjetiva donde la expresión caracteriza de manera constitutiva al hombre y la ciencia es una forma de expresión.

El pensamiento de Julián Marías, surgido también desde la historia de la filosofía, en especial desde el Raciovitalismo de Ortega, ha ejercido de observatorio intelectual de nuestra vida política y cultural. Su recreación del Raciovitalismo es una filosofía autosuficiente que, llegado el caso, da dictados a las ciencias. Por su parte, el pensamiento moral del profesor Aranguren, otro referente intelectual de nuestra transición, es exponente del sentido común y encuentra sus fuentes en la historia del pensamiento religioso, moral y político, así como en la historiografía y en la literatura.

El médico e historiador de la medicina, Pedro Laín Entralgo, que desarrolló una importante labor intelectual en los últimos años del franquismo[2], es decano de historiadores de la medicina en España y autor de numerosos estudios de antropología médica[3]. En los aspectos filosóficos de su concepción del conocimiento, de la ciencia, como también en su antropología, este autor remite de continuo a la filosofía de la realidad, de la inteligencia y del hombre de Xavier Zubiri.

Las cátedras de historia de la medicina, y Laín ocupó la de la Universidad Complutense de Madrid hasta su jubilación, en 1978, explican un doble fenómeno peculiar en nuestro mundo académico y cultural. Me refiero, por un lado, a la institucionalización de la figura del médico humanista y filósofo, que incluso se manifiesta en publicaciones periódicas como la revista Jano, y, por el otro, al predominio de los médicos y los historiadores de la medicina en la comunidad de historiadores de la ciencia en España. Si son pocos los científicos de formación que se han dedicado a la historia de la ciencia, menor es aún el número de autores con formación filosófica integrados en ese campo de investigación. Baste para recalcar la influencia de Laín Entralgo en este campo, recordar su vinculación con el grupo de historiadores de la ciencia de José María López Piñero en Valencia

El matemático jesuita Alberto Dou, miembro del departamento de análisis matemático de la Universidad de Madrid, se ha ocupado de cuestiones de fundamentos de las matemáticas, y ha colaborado con la comunidad de lógicos y filósofos de la ciencia. A su participación activa en congresos, se añade su labor como editor[4]. Le debemos algunos títulos de lógica y filosofía de la matemática, entre los que destacaría, por su influencia, su escrito Fundamentos de la matemática, un librito de carácter introductorio editado en la nueva colección labor.

El profesor Tierno Galván, filósofo del derecho, partidario de los nuevos métodos lógicos de análisis y de la filosofía científica del primer Wittgenstein y de los neopositivistas lógicos, contribuyó con su docencia, sus escritos y su labor editorial al desarrollo de la interpretación analítica de las relaciones filosofía y ciencia. Su dirección de la colección “Estructura y función”, en la editorial Tecnos, o su traducción del Tractatus, fueron sus actuaciones más decisivas en la recepción de filosofía analítica. En su obra Razón mecánica y razón dialéctica (1969), encuentra una antítesis entre la lógica analítica, el conocimiento científico y la inteligencia dialéctica, que sólo se puede resolver, si se entiende la dialéctica como una práctica que reúne la ética y la metodología de acción política.

Especial atención merece el José Ferrater Mora filósofo, que no sólo se aplicó a la lógica y a la filosofía de la ciencia, y propuso adoptar la tradición analítica, sino que por su idea de la filosofía ha planteado una ontología y una filosofía de la acción basadas en las ciencias. Su aportación a la filosofía española en este periodo ha sido considerable, por su diccionario y por sus escritos filosóficos, por su apoyo y participación activa en proyectos importantes desde finales de los años 60.

Destaca su presidencia del III Simposio de Lógica y Filosofía de la Ciencia, que, organizado por el grupo de Garrido en torno a Teorema, tuvo lugar en Valencia en 1971, y contó ya con la participación de los departamentos de filosofía de las universidades de Barcelona, Madrid, Oviedo y Valencia, además del grupo “comunicación” de Madrid. Ferrater identificó ahí con razón una comunidad de lógicos y filósofos de la ciencia en marcha. Mencionaré también su participación en el congreso anual del Institut International de Philosophie celebrado en Alicante en 1981 y dedicado a la filosofía de la mente.

En su concepción de la filosofía se mantiene una continuidad e interacción compleja y difícil de precisar entre la filosofía y las ciencias. La filosofía no es exactamente una ciencia, pero tampoco es una ideología. La filosofía, que carece de objetos propios, consiste en una actividad y un punto de vista crítico, analítico, conjetural, orientado en fin a categorizar las estructuras conceptuales de los lenguajes científicos y naturales[5]. Esto no quiere decir que la filosofía quede reducida a tareas adjetivas, pues le correponden algunas cuestiones sustantivas y puede llegar a categorizaciones propias; desde luego, siempre en continuidad con las ciencias, la experiencia y lenguajes cotidianos, y con sometimiento al control por estos y por ella misma.

Su obra De la materia a la razón incluye una ontología y una filosofía de la acción, proyectadas para completar sus escritos El ser y la muerte: bosquejo de una filosofía integracionista (1962) y El ser y el sentido (1966)[6]. Se trata de una ontología que da lugar a una filosofía de la acción. Esta ontología da una visión materialista que integra en un continuo emergentista los distintos planos: el físico, el orgánico, el social y el cultural. Sin embargo, esta concepción no será considerada en la discusión sobre la racionalidad práctica, a la que aludiremos más adelante, y suscitada por la concepción instrumental de Mosterín, autor éste que recensionó con dureza esta aportación de Ferrater, por considerarla falta de gracia y de rigor[7]. Si bien, el rechazo afectaba , más que a la concepción del materialismo emergentista, al método integracionista y su peculiar manera de destensar y contraponer los términos. En cambio, el método analítico utilizado por Bunge en su materialismo emergentista, pese a su carencia de toda gracia, será más estimado por autores como Quintanilla o Mosterín por su rigor lógico. Incluso lo sería el emergentismo de Popper.

La construcción filosófica de una ontología desde las ciencias de la materia responde sin duda a la idea de ganar la concepción racional de la realidad que fundamente de manera apodíctica la teoría racional determinante de la libertad humana, por lo menos en los grandes rasgos. Y tal idea se inscribe en el proyecto moderno de una filosofía científica, ganada desde las ciencias y compatible con éstas, que haga efectiva la racionalidad científica en la vida humana. Esto es lo que dio prestigio al kantismo o al positivismo. Ser racional implicaría tomarse en serio los resultados teóricos de las ciencias a la hora de organizar la experiencia y decidir la acción humana. Y, sin embargo, tal proyecto carece de sentido en las condiciones sociales de la ciencia actual, y, esto, suponiendo que las presentes teorías científicas permitieran su realización.

De la Materia a la razón es la última obra española que intenta un proyecto de esta características, aunque no reduce el análisis en sentido neopositivista a análisis lógico, ni pierde de vista el entronque de la filosofía en la vida cotidiana del hombre.

A Ferrater le debemos una serie de escritos de lógica e historia de la lógica[8]. Su manual Lógica matemática (1955), escrita conjuntamente con Hugues Leblanc, fue el primero de los tres disponibles de autor español hasta los años setenta, y sirvió de andadera para algunos de nuestros pioneros en este campo. También tiene escritos de filosofía de la ciencia en los que hace objeto de consideración teorías o conceptos científicos[9].

En el año 1974 su obra Cambio de marcha en filosofía planteó la necesidad de adoptar la corriente analítica de filosofía en el contexto español, precisamente en el mismo año que Fernando Savater [10] publicaba sus Ensayos politeistas, donde ya se reconoce a la filosofía analítica como una línea de fuerza en nuestro contexto filosófico del momento, a la vez que se adelanta el recelo ante ella por sus rasgos característicos: escolástica, académica y conformista.


Notas

[1] Mencionaré las siguientes obras de Eduardo Nicol La Vocación humana (1953), Metafísica de la expresión (1957), Los principios de la ciencia (1965), El porvenir de la filosofía (1972), La reforma de la filosofía (1980), La revolución de la filosofía. Crítica de la razón simbólica (1982). Ver José Luis Abellán, “Eduardo Nicol: De la ‘metafísica de la expresión’ a la ‘filosofía de la ciencia’”, En Filosofía española en América (1933-1966), 1966, pp.57-81.

[2] Me refiero a su estudio dedicado a los intelectuales de la generación del 98,a su Las cuerdas de la lira: Reflexiones sobre la diversidad de España (1955), a su El problema de la Universidad: reflexiones de urgencia (1968), a su ¿A qué llamamos España? (1971).

[3] La antropología en la obra de fray Luis de Granada (1946), Hombre y cultura en el siglo XX (1957), La espera y la esperanza (1957), La empresa de ser hombre (1958), Teoría y realidad del otro (1961), Sobre la amistad (1972), El cuerpo humano. Teoría actual (1989).

[4] El profesor Dou ha editado algunas actas de las reuniones interdisciplinares José Acosta que, desde 1974, desarrollan un grupo de jesuitas, ocupados con temas científicos y aspectos éticos de la tecnología, y que, para promover el diálogo cultura cristianismo, establecieron la Asociación José Acosta a partir de 1984. Últimamente el profesor Dou está en el CEHIC fundado y dirigido por el profesor Manuel García Doncel en la Universidad Autónoma de Barcelona. Estas publicaciones de la Asociación interdisplinar José Acosta han sido editadas por Editorial Mensajero, salvo la primera Ciencia y humanismo editado por la Universidad Pontificia de Comillas. Sus títulos Configuración de la sociedad futura (1977), Religiosidad postsecular (1978), Ciencia y anticiencia (1979), Lenguajes científicos, místico y religioso (1980), Aspectos éticos del desarrollo tecnológico (1980), Sobre la violencia (1981), Evolucionismo y cultura (1983), Centro cultural e imagen del hombre (1984), Fragmentariedad de las ciencias (1985), Mente cuerpo (1985). Ciencia y Poder (1987), Ecología y culturas (1988, Experiencia religiosa (1989), Progreso y final de Epoca (1990), La comunicación (1991), El Dolor (1992), Después de las Utopías (1993), Europa. Raíces y Horizontes (1994), El tiempo (1995), Evaluación social de la ciencia y la tecnología (1996).

[5] La cita está tomada de La filosofía actual, Alianza, Madrid 1986, p.120. La referencia es a las obras, respectivamente Cambio de marcha en la filosofía, Alianza, Madrid 1974, p.151 y ss., y De la materia a la razón, Alianza, Madrid 1979, p. 16 y ss., y 194 y ss.

[6]Ver Carlos Nieto Blanco, La filosofía en la encrucijada, Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, 1985, pp.65-71, 171-209.

[7] La recensión que hace Mosterín de la obra de Ferrater se encuentra en Revista Teorema, IX/2,1979. En un escrito en homenaje a Ferrater Mora, publicado en Perspectivas actuales de lógica y filosofía de la ciencia, Siglo XXI, Madrid, 1994, donde alude a que el Materialismo emergentista de Ferrater, aunque expuesto con su método integracionista, coincide en gran parte con el de Mario Bunge, Mosterín modera su recensión del 79 en Teorema:” Ese mismo año 1979 escribí una extensa y algo crítica recensión de De la materia a la razón, que pareció en Teorema IX, y que Ferrater se tomó muy en serio. Yo le echaba en cara la falta de precisión de los nuevos conceptos que introducía (sistema, nivel, etc) y que no figuraban en su Diccionario, a la vez que alababa el alcance del libro, la renovación de su pensamiento y sus tesis fundamentales” (p. 501).

[8]Esquema para una historia de la lógica”, Asomante, v. 4, núm. 4 (1948): 5-16. “¿Qué es la logística?”, Notas y Estudios de Filosofía, v. 1, núm. 1 (1949): 2-10. “Dos obras maestras de historia de la lógica”, Notas y Estudios de Filosofía,v. 4, núm. 14 (1953): 145-158. Lógica simbólica, Fondo de Cultura Económica, México, 1955, ¿Qué es la lógica?, Col. Esquemas, Buenos Aires, 1957, Indagaciones sobre el lenguaje, Alianza, Madrid, 1970. “Sobre el llamado compromiso ontológico”, Dianoia v. 13 (1967): 185-220. “Lógica y razón”, Crítica núm. 15 (1971): 29-44. Pinturas y modelos. Filosofía y ciencia en el pensamiento español contemporáneo, Tecnos 1971. Fictions, universals, and abstract entities”, Philosophy and Phenomenological Research, v. 37, núm. 3 (1977): 353-367.

[9]Digresión sobre ‘ciencia natural y filosofía’”, La Torre núm. 28 (1959): 85-96. “Sobre la naturaleza de lo orgánico”, Philosophia núm. 26 (1962): 1-23. “Diversity of views on the same subjet: Objectively justifiable limits”, Pacific Philosophy Forum, v. 2 (1963): 54-59. “Experiencia, lenguaje y realidad”, Revista de Occidente, v. 9, núm. 27 (1965): 292-315. “Ontología y marcos lingüísticos”, Convivium, núm. 21 (1966): 135-146. “Sobre el conocimiento”, Diálogos, núm. 5 (1966): 63-81. “Sobre la noción de ciencia”, Anthropos, núm. 45 (1985): 25-27.

[10] Fernando Savater, Ensayos politeistas, Madrid, 1974, p.214-9. (Esto lo hace comentando el libro de J. Lluis Blasco, Lenguaje Filosofía y conocimiento, Ariel, Barcelona, 1973).

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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