Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
.

 

CAPÍTULO 4.3

Los profesores de lógica del grupo de postguerra

En el grupo de profesores autodidactas de postguerra, encontramos algunos autores, cuya presencia en la universidad facilitó la recepción de filosofía analítica y el interés por el pensamiento anglosajón. Aunque la aportación más relevante de este grupo de profesores ha tenido por objeto la historia de la filosofía, algunos de ellos contribuyeron de manera decisiva en la recepción de la lógica matemática y la filosofía de la ciencia a través de sus traducciones, artículos, y manuales, así como mediante su docencia universitaria, sostenimiento de simposios y dirección de publicaciones. De esta manera contribuyeron en el avance de la concepción analítica de las relaciones entre la filosofía y las ciencias.

En 1950, y a instancias de Julio Rey Pastor y Laín Entralgo, se había establecido en el Instituto de Filosofía “Luis Vives” del CSIC la sección de Filosofía e Historia de la Ciencia. Su primer director fue el matemático Rey Pastor, que pretendía la colaboración de filósofos y científicos, interesados en cuestiones de historia y fundamentos de las ciencias, para desarrollar aspectos de la lógica formal, la epistemología y la filosofía de la naturaleza. Carlos París fue su primer secretario, puesto en el que le sucedió Miguel Sánchez-Mazas a los pocos meses. Desde 1953, este autor animó en esta sección un seminario de lógica formal que tuvo un impacto considerable. Este mismo autor había fundado en 1952 la revista Theoria, que dirigirá con la colaboración entre otros de Carlos París, Gustavo Bueno y José Luis Pinillos, además del propio Rey Pastor, Ferrate Mora y el mismo García Bacca. La revista Theoria, primera publicación periódica española dedicada a la historia y teoría de la ciencia, representa un hito en los orígenes de la recepción de la filosofía de la ciencia en España[1].

Manuel Garrido, catedrático de lógica en la Universidad de Valencia desde 1962, se ha referido [2] a la institucionalización de la lógica y la filosofía de la ciencia en España durante los años 60. El propio Garrido desde su departamento en la Universidad de Valencia, por su labor docente y editorial, por sus escritos y traducciones, junto con la Revista y los cuadernos Teorema, y los Simposios de lógica y filosofía de la ciencia, organizados en aquella desde finales de los 60, fueron uno de los centros del avance y consolidación de la interpretación analítica de las relaciones entre filosofía y ciencia desde los años setenta hasta mediados de los años ochenta.

La Lógica simbólica (1974) de Manuel Garrido, que ha conocido sucesivas ediciones revisadas, es uno de los manuales de lógica más influyentes entre nosotros. Destacaría su rigor al desarrollar el método de deducción natural en la lógica de primer orden, tanto de enunciados como de predicados, su tratamiento de los sistemas axiomáticos y de las propiedades metateóricas, su exposición de la concepción de la verdad de Tarsky, su tratamiento de los métodos de decisión, etc. No ocultó su simpatía por el constructivismo, que estará muy presente en Teorema y en la facultad de Valencia.

Sus artículos de los años setenta[3] documentan su interpretación analítica de las relaciones entre filosofía y ciencias, si bien entrevió una posible complementariedad entre razón analítica y razón dialéctica en el plano de la metodología de las ciencias naturales y en la esfera de la práctica y de la realidad histórica. La filosofía de la ciencia, que tiene en la lógica formal un instrumento analítico muy importante, alcanza a cuestiones conceptuales epistemológicas y categoriales u ontológicas. Profundo conocedor de los métodos de análisis lógico contemporáneos, así como de las cuestiones epistemológicas y ontológicas por ellos suscitadas, se ha mostrado partidario de darlos preeminencia en el estudio de las teorías científicas y de mantenerlos en las cuestiones conceptuales y categoriales filosóficas. En su trabajo La racionalidad de las revoluciones filosóficas, y al tratar de la cuestión del aumento del conocimiento, no renuncia a las concepciones de Popper y Kuhn, pero encuentra la hipótesis evolucionista, darwiniana, como extraordinariamente útil y económica, en cuanto que explica mediante ensayo-error y sin necesidad del principio teleológico. Garrido se inclina al materialismo y al mecanicismo.

La revista Teorema, fundada por Garrido desde su cátedra, quiso suceder y continuar la tarea de Theoria. Sin duda, Teorema cumplió su objetivo de ofrecer “un cauce, con perspectiva internacional, al desarrollo de la filosofía científica y de la lógica matemática en España”[4]. Si bien la revista Aporía contribuyó en la misma dirección desde mediados de los años sesenta, Teorema destaca por la nómina de sus colaboradores[5] y la calidad de sus artículos, por la actualidad de las discusiones y la riqueza de información, tanto nacional como internacional [6], por la serie de Cuadernos Teorema dedicados a la lógica y filosofía de la ciencia. Resulta significativo que el final de esta revista, con Garrido ya en la Universidad Complutense de Madrid, hacia mediados de los ochenta, coincida practicamente con la segunda singladura de la revista Theoria de Sánchez-Mazas en San Sebastián, y con el nuevo rumbo de la revista Arbor a través de la dirección de M. A. Quintanilla.

El filósofo de la matemática y lógico Miguel Sánchez Mazas volvió a España, con una obra ya reconocida[7], a finales de los años setenta y a partir de 1979 se establece en la cátedra de Lógica de las Normas, fundada para él en la Universidad de San Sebastián. En 1985 relanzó la revista Theoria[8]. Para estimular y centrar el trabajo interdisciplinar de lógicos, informáticos, lingüistas y filósofos del derecho, fundó el Centro de Análisis, Lógica e Informática Jurídica (CALIJ) y puso en marcha una serie bianual de Jornadas de Lógica e Informática Jurídica entre los años 1982 y 1988, que suscitaron notable interés. Los trabajos más importantes de este autor están dedicados a la lógica deóntica y jurídica, pero tiene notables trabajos de filosofía de la matemática y estudios dedicados a la filosofía de la lógica de Leibniz. Su notación aritmética comprensiva, aplicada a diferentes sistemas lógicos factuales y normativos, ha tenido un impacto considerable[9].

En los años anteriores a su lamentable muerte, en 1995, intensificó la labor de CALIJ y Theoria. En 1994 esta revista del CALIJ se convirtió en órgano de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España (SLMFCE), constituida en 1993 con Javier Echeverría como presidente. Buena parte de los autores españoles interesados en lógica y filosofía de la ciencia se agrupan en ella. Así mismo empezaron a editarse los cuadernos universitarios de Theoria con una serie A, de textos interdisciplinares, con el primer número dedicado al lógico, jurista y pionero de la lógica deóntica y de las normas Georges Kalinowski La lógica deductiva: intento de presentación a los juristas, y una serie B, dedicada a investigaciones interdisciplinarias, cuyo número 1º es el trabajo de Miguel Sánchez-Mazas Actualización de la característica numérica universal de Leibniz.

El interés de Víctor Sánchez Zavala por la metodología de las ciencias[10], por la lógica y la filosofía de las ciencias ha ido decantándose del lado de la filosofía del lenguaje y, finalmente, de la linguística[11]. Su labor docente, tardía, se ha desarrollado también en la Universidad de San Sebastián.

El profesor de lógica y filosofía de la ciencia de la Universidad Pontificia de Salamanca, Vicente Muñoz Delgado, publicó sus lecciones de Lógica[12] en dos volúmenes en la primera mitad de los setenta. En el III Simposio de lógica y filosofía de la ciencia, realizado en Valencia en 1971, presentó una ponencia con título El formalismo como método auxiliar de la historia de la lógica[13], significativa de su aplicación de los métodos lógicos en su labor como historiador de la lógica en España. La gran obra de este pionero de la historia de la lógica en España, tras su lamentable muerte en 1996, queda sin continuidad, dispersa en múltiples revistas y con algunos trabajos sin publicar[14].

Carlos París se interesó en los años cincuenta por la relación entre filosofía y ciencia moderna[15], así como por problemas de epistemología y de filosofía de la naturaleza. En sus trabajos de ontología del mundo físico, de los años sesenta, acude a Whitehead, Hartmann y Russell, y también a Amor Ruibal e incluso al Zubiri de Sobre la esencia [16]. Sin embargo, desde finales de los cincuenta desarrolla una praxis intelectual crítica de la sociedad y de la cultura científico técnica del capitalismo[17], que ha terminado por disolver su tratamiento analítico de la filosofía de la ciencia en una compleja teoría crítica de la cultura versus antropología biocultural. La filosofía es una actividad de segundo orden que tiene por objeto otros productos culturales, como la ciencia, con la que tiene una relación dialéctica. No se puede hacer filosofía al margen de la ciencia, y a la filosofía compete examinar críticamente las condiciones socioculturales de la ciencia e iluminar radicalmente a ésta desde la totalidad cultural. Tal sería a su juicio la tarea de la filosofía de la ciencia tal y como la entendió García Bacca en Historia filosófica de la física y de las matemáticas.

Su praxis intelectual, que se ha desarrollado de manera personal, ha terminado por centrarse en una teoría crítica de la cultura que pretende articular lo biológico y lo cultural en una teoría del hombre, una antropología cultural[18] que integre de manera más acabada anteriores investigaciones sobre la técnica, la información, la proyectividad y la programación humana. Esta antropología pretende iluminar la concepción biocultural del hombre y recomponer los distintos aspectos de la cultura, entre ellos los científico tecnológicos, en un modelo de interpretación de la historia humana más satisfactorio que el materialismo histórico.

El filósofo marxista Manuel Sacristán, fallecido prematuramente en 1985, compuso uno de los tres manuales de lógica de los años sesenta, Introducción a la lógica y al análisis formal[19]. Desarrolló una importante labor de recepción de obras de lógica y filosofía de la ciencia. Aunque no dio entidad a la historia de la filosofía, mostró una preocupación constante por comentar las últimas tendencias de la filosofía, no desde un punto de vista historiográfico, sino desde su contemporaneidad, e. d. desde su actualidad social o capacidad de recoger los problemas de su mundo. Hacerse actual y vigente implica para el marxismo ser filosofía de la praxis y para la filosofía teórica occidental hacerse reflexión crítica sobre el conocimiento positivo de las ciencias naturales y sociales, de las artes, la moral y el derecho. Reflexión crítica que se hace pensamiento concreto, dialéctica, en la filosofía de la praxis. Desde finales de los años setenta tiene algunos comentarios de tendencias reflexivas en relación a las ciencias sociales, en especial la economía.

Para Sacristán las ciencias positivas, entre las cuales hay que contar a la lógica matemática, son fragmentarias y abstractas, y han de ser integradas como instrumentos de una dialéctica entendida como filosofía de la praxis[20]. Dialéctica no se contrapone a análisis, sino a fragmentación y abstracción, y a teoría. El análisis lógico y la metodología de la ciencia son abstractos y meramente instrumentales.

Reaccionó contra la filosofía teórica, por considerar ideológico cualquier programa o realización de un sistema racional, aunque fuese una teoría de inspiración científica, desde el que determinar la experiencia y la acción humana: fuese la escolática o el hegelianismo, fuese el evolucionismo o el racionalismo de Dialéctica o Ratio. Doblemente ideológica, por teórica y por académica, le parecía la filosofía institucionalizada en la universidad, contra la que tiene un escrito polémico[21], que proponía la eliminación de la licenciatura en filosofía, así como de la aplicación que la sostiene, la enseñanza de la filosofía en el bachillerato. Pues no hay, ni debe haber ninguna teoría filosófica, necesariamente y en el mejor de los casos ideológica, que enseñar-aprender.

Que no tenga sentido ni deba existir una filosofía sustantiva, pensaba Sacristán, no implica sofocar la reflexión sobre los qués, los porqués y para qués de las teorías científicas y de las decisiones económicas y políticas. La filosofía sustantiva debe desaparecer para dar lugar a esta filosofía adjetiva, reflexiva y crítica, de científicos naturales y sociales, artistas e intelectuales, historiadores y metafilósofos, de políticos, empresarios, sindicalistas y activistas libertarios de todo género, que desde las distintas facultades o, sencillamente, desde sus despachos o desde la calle, ejercitarían una reflexión fundada, que habría de venir canalizada hacia el Instituto general de filosofía. Este centro, establecido con unos pocos principios de estructura y funcionamiento, reconocerá los méritos de esas reflexiones con el título de doctor. Licenciados en teoría filosófica no, pero sí doctores en reflexión. Nada se dice aquí de la dirección de ese instituto, ni de la forma en que se hará concreta esa multiplicidad interdisciplinar de reflexiones, ni de la independencia de la filosofía de la praxis. Lo cierto es que el planteamiento de Sacristán fue interpretado mayoritariamente en términos analíticos, y en esos términos sedujo a la vez que suscitó una amplia discusión, protagonizada entre otros por Gustavo Bueno[22].

Claro está, sin embargo, que se trata de un escrito inseparable de su época, el 68, cuando la crítica quiso seducir revestida de utopía realizable, en el que se utilizan de manera indiferenciada elementos antimetafísicos del neopositivismo lógico y del marxismo, y donde no se reconoce la entidad de la historia de la filosofía. Como claro está también, para el más elemental sentido común, que la aplicación de los dictados de este oráculo imposible habría llevado al barrido institucional de toda filosofía y de su historia, con su consiguiente destrucción, que es al fin y al cabo un objetivo claro para el filósofo de la praxis, resulte lo que resulte de la reflexión crítica en su doctoral destino. Y el destino de la reflexión crítica si interesaba a la mayoría de los autores que coincidían, con Sacristán, en entender la actividad filosófica como de segundo orden, ocupada con los resultados de las ciencias, las artes, y el resto de los productos culturales, aún en el caso de que no aceptaran la aplicación retórico-descalificadora de categorías aritotélicas, sustantivo-adjetivo, abandonadas hasta por la lingüística, y no vieran la necesidad, ni siquiera la pertinencia, de un harakiri filosófico colectivo.

El catedrático de Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos de la Universidad de Oviedo, Gustavo Bueno, partidario de la vuelta hacia una auténtica filosofía académica, ha discutido por extenso los temas y los métodos analíticos de las filosofías científicas contemporáneas, contribuyendo de esta manera a la recepción de la lógica y la filosofía de la ciencia. Fundó la revista de Filosofía, Ciencias Humanas, Teoría de la Ciencia y de la Cultura, El Basilisco[23], de la que fue director, y promovió los Congresos de Teoría y Metodología de las Ciencias, que tuvieron lugar en Oviedo en la primera mitad de los ochenta. Mario Bunge asistió al primero en 1982. Aquí se pretendía crear un foro académico amplio para el intercambio interdisciplinar entre científicos, teóricos de la ciencia y filósofos, en oposición a una filosofía de la ciencia endogámica. Bueno se ha mostrado siempre crítico con las concepciones analíticas de la filosofía, terminando por oponerse al predominio incesante de estas corrientes, a su juicio “escolástica degenerada”, en la universidad española de los últimos años.

Para Gustavo Bueno la filosofía ha sido y sigue siendo dialéctica por ocuparse de las ideas, sus conexiones y su posible sistematización, por tomar en consideración y contraponer las distintas posiciones alternativas en el estudio de las ideas. No se trata de ideas eternas en un mundo inmaterial, o en la mente de Dios, o en la razón del sujeto; sino de ideas objetivas que, brotando de los conceptos, desde los distintos saberes políticos, científicos y religiosos acumulados históricamente, se conforman en el terreno de las “categorías”. El núcleo mismo de la ciencia son ideas, es filosófico. Lejos de ser las ciencias hijas y sucesoras de la filosofía, como si el conocimiento positivo de aquellas hubiese sustituido las ideaciones metafísicas de ésta, los conocimientos positivos se convierten en teorías científicas cuando dejan el plano experimental y artesanal y se cierran categorialmente en torno a un núcleo de ideas filosóficas. A juicio de Gustavo Bueno, la filosofía es una actividad de segundo orden, que se aplica a las categorías ganadas desde los distintos saberes, pero con un contenido doctrinal propio que son las ideas y su conexión.

Porque son varias las alternativas doctrinales pensables, esta filosofía, inmersa en la historia y en su mundo, tiene que ser crítica. Crítica, desde luego, también, con filosofías ahistóricas (escolásticas, hermenéuticas historistas, etc) y con filosofías meramente analíticas, adjetivas. Según se nos dice, esta filosofía opta por el materialismo filosófico, porque responde a “los resultados de la crítica filosófica más radical”[24]. Este materialismo estaría en función del espacio antropológico[25], que abarca el mundo integralmente conceptualizado de nuestro presente, y comprendería un materialismo cosmológico, que incluye el materialismo gnoseológico, (eje radial)[26] procedente de los saberes científicos, una especie de materialismo histórico (eje circular)[27] desde los saberes políticos, y un materialismo religioso (eje angular)[28] desde los saberes religiosos. Esa actividad de segundo grado, que es la filosofía, ofrece así un saber sustantivo consistente en los sistemas de coordenadas que permiten analizar el “estado del mundo”. El desarrollo de estas concepciones, marginadas por los analíticos, han tenido en Oviedo su círculo de seguidores con Hidalgo a la cabeza.

En la discusión suscitada por la política cultural estatal, generalizadora de la cultura científico técnica, en detrimento de la cultura humanística, debate que ha llegado a la opinión pública en relación a la reforma del sistema educativo y de la ley resultante, la LOGSE, sobresale entre otros el planteamiento hermenéutico de Emilio LLedó. Este profesor propone elaborar el “sentido heredado”, desde la historia de la filosofía, en una antropología hermenéutica capaz de suministrar elementos humanizadores para todos los ámbitos de la cultura, incluidas la ciencia y la técnica. Se trata de un planteamiento filosófico contrapuesto a la propuesta cientista de una tercera cultura. LLedó critica el lugar de la ciencia en la tecnocultura, dominada por los poderes económico tecnológicos, instrumentalizada por los poderes políticos, y replantea la necesidad de volver a una cultura filosófica que fundamente en el hombre (antropología hermenéutica) y en la historia de su logos (historia de la filosofía), todos los conocimientos y creaciones, las experiencias y acciones de los hombres, incluida la actividad científico técnica.

Los autores aperturistas de este grupo, y, sobre todo, la entrada en la universidad de la generación de filósofos jóvenes, hicieron que, como constata Alfredo Deaño[29], el análisis filosófico anglosajón y el materialismo dialéctico fueran las corrientes predominantes, al menos tendencialmente, en el panorama filosófico de los primeros años de la Transición democrática. Sin negar, por supuesto, la presencia de otras corrientes filosóficas europeas, como la Fenomenología, el Existencialismo, el Estructuralismo, la Hermenéutica, así como la existencia de ciertos desarrollos autóctonos (la Escolástica).


Notas

[1]Muy recomendable es en este punto la lectura del artículo de Elena Ronzón “La revista Theoria y los orígenes de la Filosofía de la Ciencia en España”, en el Basilisco, donde estudia pormenorizadamente y contextualiza la breve (1952-5) pero significativa aventura de aquella revista. Completado en algo más acerca de Theoria, Theoria VII, núms. 16-17-18 (1992): 623-44. Ver así mismo Vicente Muñoz Delgado, Para la historia de la lógica en España e Iberoamérica (1939-1969), Actas del II Seminario de Historia de la Filosofía Española, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 1982.

[2] Manuel Garrido, “La lógica matemática en España 1960-1970”, Teorema, Junio (1972) pp.119ss. En los años sesenta se introduce la enseñanza de la logística en la universidad española y se dispone de tres manuales de españoles: el ya mencionado de Ferrater; el de Manuel Sacristán (1964, que él recomienda todavía en 1972; y el de Mosterín, “que aventaja en precisión y dominio técnico a los anteriores”. Ver la presentación del Filosofía y Ciencia en el pensamiento español contemporáneo, Tecnos, Madrid, 1973.

[3] Metafilosofía del racionalismo (1971), El teorema de Gödel y la filosofía (1971), La lógica del mundo (1972), Biología y mecanicismo (1973), Ego cogito (1974), El principio de indeterminación en semántica de Quine (1976), La lógica de la existencia (1977), La racionalidad de las revoluciones filosóficas (1979?).

[4] Manuel Garrido, La Lógica Matemática en España (1960-1970), Teorema, Junio (1972), p.123.

[5] La nómina de colaboradores de Teorema es el núcleo de la comunidad de lógicos y filósofos de la ciencia que terminarán por hacer predominar en España la interpretación analítica de las relaciones entre la filosofía y las ciencias. En ella participan, además de García Bacca, representantes de los tres grupos de autores aquí mencionados, predominando en número los jóvenes filósofos: García Bacca, Ferrater, Dou, Garrido, Sánchez Mazas, París, Bueno, Muñoz Delgado, Sánchez Zavala, De Lorenzo, Mosterín, Ulises Moulines, Quintanilla, J. Lluis Blasco, Sanmartín Esplugues, Medina, Velarde, García Suárez, J. Hierro, Carlos Solís, etc.

[6] Encontramos referencia a las discusiones de finales de los sesenta e inicios de los setenta entre nosotros por el lugar de la filosofía en el conjunto de los estudios, o entre analíticos y dialécticos. Las principales corrientes y discusiones de la lógica y filosofía de la ciencia anglosajona se encuentran reflejados en ella. Presenta información de publicaciones y congresos sobre el tema. A partir del año 1975 se convierte en revista de revistas y desde 1976 fue órgano de la publicación en español de la Internacional Division of Logic.

[7] Tanto el diccionario de Ferrater Mora, como el de Quintanilla le dan entrada con un reconocimiento de su obra. Ferrater anota sus obras Formalización de la lógica según la perspectiva de la comprehensión, CSIC, Madrid, 1955; Fundamentos matemáticos de la lógica formal, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1963; “Cálculo aritmético de las proposiciones”, Teorema Sept.(1971); Cálculo de las normas, Ariel, Barcelona, 1973.

[8] ) En el editorial del núm. 1 (1985) de Theoria, de la segunda época, escribe Sánchez-Mazas que la tarea de esta revista son cuestiones interdisciplinares, “la búsqueda de perspectivas lógicas y metodológicas y vías de solución comunes o análogas y haciendo ineludible la comunicación interdisciplinaria”. Voy a reproducir los nombres del Consejo de Redacción, del Consejo Asesor y de los Redactores de esta revista, tal como estaba en 1992 en el número conmemorativo de sus cuarenta años, porque son la institución de lógicos y filósofos en España desde la segunda mitad de los años ochenta: CONSEJO DE REDACCIÓN: Dr. Miguel Sánchez-Mazas; Subdirectores M.A. Quintanilla, V. Sánchez Zavala; Secretarios F. Broncano, J. Echeverría. CONSEJO ASESOR: (Anoto sólo autores españoles) S. Barberá (Barcelona), G. Bueno (Oviedo), G. Castilla del Pino (Córdoba), F. Cordón (Madrid), E. Díaz (Madrid), A. Dou (Barcelona), Jaime Echarri (F), Ferrater Mora (F), J. D García Bacca (Quito), M. Garrido (Madrid), A. Hernández Gil (Madrid), P. Laín Entralgo (Madrid), J. Muguerza (Madrid), Carlos París (Madrid), R. Rodríguez Delgado (Madrid), M. Sacristán (F), E. Trillas (Madrid). REDACTORES: J. J. Acero (Granada), J. R. Alvarez Bautista (León), J. Aracil (Sevilla), M. Atienza (Alicante), R. Beneyto (Valencia), E. Bustos (Madrid), C. de Castro (Pamplona), F. A. del Val (Madrid), V. Demonte (Madrid), R. Drudis Baldrich (Madrid), J. Ezquerro (San Sebastián), R. Fernández González (Madrid), E. García Camarero (Madrid), A. García Suárez (Oviedo), V. Gómez Pin (San Sebastián), M. A Granada (Barcelona), J. Hierro S-Pescador (Madrid), J. de Lorenzo (Valladolid), E. Lledó (Berlín), Mª Manzano (Barcelona), C. Mínguez (Valencia), J. Mosterín (Barcelona), V. Muñoz Delgado (Salamanca), G.Olavide (Ginebra), J. J. Olives (Barcelona), J. Ordoñez (Madrid), J. Palacios (Vitoria), F. Parra Luna (Madrid), L. Peña (Madrid), J. Pérez Ballestar (Salamanca), A. Pérez Vargas (Madrid), J. Pérez Laraudogoitia (Vitoria), A. E. Pérez Luño (Sevilla), F. Pérez Navarro (Nottingham), D. Quesada (Barcelona), A. Rivadulla (Madrid), A. Sánchez García (Valencia), J. M. Sánchez Ron (Madrid), J. Sanmartín Esplugues (Valencia), V. Sierra (Madrid), C. Solis (Madrid), J. F. Tobar Arbulu (Bilbao); J. Urrutia (Bilbao), J. M.Valderas (Barcelona), J. Velarde (Oviedo), P. Verdejo (Barcelona).CONSEJO EDITOR: Por parte de San Sebastián, entre otros, Sánzhez-Mazas, Sánchez Zavala, Nicanor Ursua, J. Mª Larrazabal; por parte de Salamanca M. A. Quintanilla, F. Broncano; por parte de Madrid, García Camarero, L. Peña, J. De Lorenzo; M. Atienza, por parte de Alicante.

[9] Para una bibliografía consultar el “Miguel Sánchez-Mazas Ferlosio, In memeriam” hecho por Díez Ausín y Lorenzo Peña y publicado en Isegoria, núm. 12 (1995): 233-7; ver el Calculemos. Homenaje a Miguel Sánchez-Mazas, de Echeverría, De Lorenzo y L. Peña, en Trotta, Madrid, 1996.

[10] Presentó el trabajo “Sobre las ciencias de ‘complexos”, en el Simposio de Burgos de 1968 Ensayos de Filosofía de la Ciencia. En torno a la obra de Sir Karl R. Popper, Tecnos, Madrid, 1970.

[11]Sobre la historia reciente y la metodología de la semántica” en Teoría y sociedad. Homenaje al profesor Aranguren, Eds. J. Muguerza, F. Gracia, V. Sánchez Zavala, 1970; “Perspectivas actuales de una praxeología lingüística” en Presentación del lenguaje, ed. F. Gracia, 1972; Hacia una epistemología del lenguaje, 1972; Indagaciones praxiológicas sobre la actividad lingüística, 1973; su tesis doctoral de 1976 Bases praxiológicas para una psicolinguística; Funcionalismo estructural y generativismo, Alianza, Madrid, 1982; Ensayos de la palabra y el pensamiento, Trotta, Madrid, 1994; “Towards a Less Simple but Sounder (Psichological) Pragmatics, I. Preliminary Steps”, Theoria 10:22 (1995): 1-37; II: “Central Notions and Methods”, Theoria 10:23 (1995): 81-108; III: “Updating and Elaborating Notions”, Theoria 10:24 (1995): 12-22.

[12] Editadas en Salamanca por la Universidad Pontificia. EL primer volumen salió en 1972 y el segundo en 1974.

[13] Editado en Tecnos, Madrid, 1973. Ver también “Consideraciones sobre la lógica y su historia”, Basilisco núm. 6 (1979): 86-96.

[14] Una bibliografía completa hasta 1979 se encuentra en el monográfico homenaje a Muñoz de Cuadernos Salmantinos VI (1979): 7-31. En la revista de los padres mercedarios de Madrid hay un número dedicado a Muñoz donde se pueden completar esos datos.

[15] Su tesis doctoral, prologada por Rey Pastor, Física y Filosofía. El problema de la relación entre Ciencia Física y Filosofía de la Naturaleza. CSIC, Madrid, 1952. Y la obra Ciencia, conocimiento y ser, Universidad de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 1957, en la que recoge también trabajos históricos.

[16] Hombre y naturaleza, (Incluye otros ensayos), Tecnos, Madrid, 1970.

[17] Mundo técnico y existencia auténtica, Guadarrama, Madrid, 1959.

[18] El núm. 77 (1987) de Anthropos, titulado Carlos París. Los proyectos sociales de la cultura científica: Visión crítica, recoge un trabajo de Javier Sanmartín en él que se incluye la bibliografía básica de la antropología de París que reproduzco a continuación: “Antropología y epistemología”, Theoria, núm. 3-4 (1952-3), Ciencia, conocimiento y ser (1957), “Programme et position historique d`rationalisme humaniste”, Dialectica II (1957), Mundo técnico y existencia auténtica (1959), “Técnica y Filosofía”, Revista de Información del INI núm. 5 (1962), “Hombre y naturaleza”, Anales de la Universidad de Valencia, Valencia, 1964, “El trabajo, configurador de la situación humana”, Cuadernos para el Diálogo, núm. 28 (1966), Ser y evolución (en el colectivo La evolución), BAC 1966, Unamuno, estructura de su mundo intelectual, Península, Barcelona, 1968. Hombre y naturaleza (1970), Filosofía, ciencia y sociedad, Siglo XXI, Madrid, 1972. “Hacia una antropología filosófica”, Actas del III simposio de lógica y filosofía de la ciencia en Valencia, Tecnos, Madrid, 1973, El rapto de la cultura, Mañana, Madrid, 1978, Prólogo (en Antropología y racionalidad), Sálvora, Santiago de Compostela, 1980, Biología y cultura en la realidad humana, (en Antropología filosófica: planteamientos, Muga J. y Cabada M.), Luna, Madrid, 1984, Crítica de la civilización nuclear, Ediciones libertarias, Madrid, 1985.

[19] Introducción a la lógica y al análisis formal, Ariel, Barcelona, 1964.

[20]La interpretación de Marx por Gramsci”, Realidad, núm. 14 (1967); “La tarea de Engels en el Anti-Dühring” (prólogo a la traducción española de la obra de Engels), Méjico, 1968; “¿Por qué leer a Labriola?”, Prólogo de Sacristán a su traducción de Discorrendo di socialismo e di filosofia, Alianza Editorial, Madrid, 1969; “Lenin y el filosofar”, Conferencia en La Universidad Autónoma de Barcelona, 23, 04,1970, Realidad, núm. 19 (1970); “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel”, introducción de Sacristán a la versión de Miguel Candel del cuaderno 11 de Gramsci, Crítica, Barcelona, 1985.

[21]Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores, Nova Terra, Barcelona, 1968; Corrientes principales del pensamiento filosófico, Suplemento de la Enciclopedia Labor, 1968. Sacristán fue profesor de Historia de la Filosofía, Metodología, Lógica y Filosofía de la Ciencia en las facultades de Filosofía y de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona. Expulsado de la Universidad a mediados de los sesenta, por sus actividades políticas con el PSUC, fue readmitido como docente a principio de los setenta.

[22] El papel de la filosofía en el conjunto del saber lo escribió en Mayo del 68, aunque fue publicado dos años más tarde en Madrid, 1970, en Editorial Ciencia Nueva. El autor advierte que no ha tenido en cuenta: La entrevista a Manuel Sacristán en Cuadernos para el Diálogo, Agosto-Septiembre (1969), el folleto de Althusser Lénine et la Philosophie, Maspero, Paris, 1969; el libro de Tierno Galván Razón mecánica y razón dialéctica, Técnos, Madrid, 1969; y el libro de Eugenio Trías La Filosofía y su sombra, Seix Barral, Barcelona, 1969. Estas publicaciones repercutieron sobre la argumentación del libro, hasta el punto de que Bueno lo ve insuficiente, y necesitado de revisión antes de publicarse.

[23] El Basilisco en su primera época, 1978-1984, publicó 16 números. En su segunda época viene editando desde 1989. Las Actas de los tres primeros congresos de Teoría y Metodología de las Ciencias están publicadas en Pentalfa.

[24] Estas ideas las estoy recogiendo de dos escritos breves, El lugar de la filosofía en la educación y El papel de la filosofía en el conjunto del saber constituido por el saber político, el saber científico, y el saber religioso de nuestra época, recogidos bajo el título ¿Qué es filosofía? en Pentalfa, Oviedo, 1995.

[25]Sobre el concepto de ‘espacio antropológico’”, Basilisco, núm. 5 (1978); Etnología y utopía, Jucar, Madrid, 1987 (en especial el Epílogo), El sentido de la vida, Pentalfa, Oviedo, 1996.

[26] Teoría del cierre categorial, Pentalfa, Oviedo, 1992. Esta obra que está previsto que ocupe quince volúmenes está dividida en cinco partes. (I. Proemial, sobre el concepto de teoría de la ciencia; II. El sistema de las doctrinas gnoseológicas; III. La idea de ciencia desde el materialismo gnoseológico; IV. La clasificación de las ciencias; V. Dialéctica e historia de la ciencia). Están ya publicados los cinco primeros volúmenes que contienen la I parte, precedida de una introducción general, y la II parte.

[27] Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas, Biblioteca Riojana núm. 1, Cultural Rioja, Logroño, 1991.

[28] El animal divino, ensayo de una filosofía materialista de la religión, Pentalfa, Oviedo, 1995; Cuestiones Quodlibetales sobre Dios y la religión. Mondadori, Madrid, 1989.

[29] Alfredo Deaño, “Análisis y dialéctica: la razón de unas páginas”, Revista de Occidente núm. 138 (1974):129-149. En las p.132-3. El padre jesuita Luis Martínez Gómez hacía una constatación semejante en la revista Pensamiento vol. 29 (1973), p.147.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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