Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
.

 

CAPÍTULO 5.1

Grandes rasgos de la última recepción
de filosofía moral y política

El paso del Estado ético nacional católico, autoritario en sus instituciones y costumbres, al Estado de Derecho de una sociedad democrática, la dulcificación de las posiciones intelectuales (los marxistas se hicieron socialdemócratas y los anarquistas pasaron a ser libertarios), el regreso del carismático filósofo moral e intelectual, J. L. Aranguren, que pronto se convertiría para nosotros en algo así como el “filósofo de la polis”, un plantel amplio y brillante de ensayistas y conferenciantes entre los filósofos jóvenes, dedicados a este campo, con Muguerza y Savater a la cabeza, hicieron pronto de la Filosofía moral y política otro de los campos de notable aplicación filosófica.

La sociedad española desenraizada necesitaba una legitimación y un desarrollo teórico de su flamante Estado de Derecho, una crítica del nacionalismo antidemocrático y/o desintegrador, una teorización suficiente de las actitudes y valores democráticos, el desarrollo de morales aplicadas a asuntos de salud pública, a las profesiones, a la comunicación y la información, etc. No estoy seguro de que la abundante bibliografía en este área haya respondido de manera suficiente a esas necesidades de nuestra sociedad.

Este campo se constituyó pronto en un área de conocimiento. En la época de Franco se enseñaba Etica individual y Etica social desde manuales neoescolásticos (R. Jolivet, O. N. Derisi) sin que se diese una producción propia reseñable. De esa distinción neoescolástica surgió la cátedra de Etica y Sociología en los años setenta. En 1983 la Ley de Reforma Universitaria estableció el área “Filosofía del Derecho, Moral y Política”, que unía a los profesores de Derecho Natural con los profesores de Filosofía Moral; y esto por una propuesta, acertada desde el punto de vista científico de la investigación, pero ajena a los catedráticos del área procedentes de filosofía. Se produjo, sin embargo, un considerable problema gremial, entre otras cosas, porque los profesores de Derecho vieron una amenaza en los doctores procedentes de Filosofía, con formación filosófica, mejores expedientes, y, desde luego, más abundantes. En 1996 se dividió este área (en 1998 quedaban 13 profesores universitarios de “Filosofía del Derecho, moral y política”, cuatro de los cuales catedráticos), dando lugar al área de Filosofía del Derecho (con 171 profesores universitarios en 1998, 48 de los cuales catedráticos) y al área de Filosofía moral (con 62 profesores universitarios en 1998, 16 de los cuales catedráticos), que se ocupaba además de la Filosofía política en las facultades de filosofía. Pero algunos profesores de teoría política, como F. Vallespín, pretenden convertir la teoría política en un área de conocimiento científico.

Desde el punto de vista científico y de la investigación resulta difícil de comprender esta división, dado que moral, política y derecho están estrechamente relacionados en el tratamiento teórico de los textos clásicos, incluso en los autores contemporáneos más influyentes en este campo. Sin embargo, la realidad institucional impuso esta división, que se puede constatar en los mismos contenidos y enfoques de las obras de los filósofos morales.

Este área ha sido desarrollada, sobre todo, por autores de la generación de filósofos jóvenes, desde una compleja recepción de analítica, de teóricos de la justicia, de Eticas discursivas, de teorías de los valores, de autores utilitaristas, y de autores comunitaristas. En los años sesenta predominaba el emotivismo positivista y las éticas del compromiso, situacionistas, del existencialismo. En los años setenta se reciben los planteamientos morales analíticos, y el utilitarismo, a la vez que empiezan a introducirse las teorías de la Justicia y las éticas del discurso, predominantes en los años ochenta. Entre las teorías de la justicia más generalizadas, la kantiana y de carácter más social de J. Rawls, la lockiana neoliberal de Dworkin, y la hobbesiana del cálculo de intereses de Gauthier, predominó la primera, que, sin tener representantes específicos, se convirtió en un lugar común para los profesores y escritores de este área de conocimiento. La Etica mínima de Adela Cortina lanzó entre nosotros la ética discursiva de O. Apel, que ha ejercido una amplia influencia, no menor que el planteamiento discursivo de Habermas, cuya obra ha constituido otro de los lugares comunes en los desarrollos teóricos propios de este área. Cabe hablar, por tanto, de un revival kantiano en nuestros años ochenta, dado que tanto estas éticas discursivas, como la propia teoría rawlsiana de la justicia, son kantianas y deontológicas, aunque pretendan poder dar cuenta también de las consecuencias de la acción.

Avanzados los años ochenta se produjo entre nosotros una considerable reacción comunitarista, siendo discutida sobre todo la obra del neoaristotélico Alaislair MacIntyre. El comunitarismo no sólo interesó a los nacionalistas, sino también a autores populares o progresistas que desconfiaban del individualismo moderno por sus carencias en la vertebración de la sociedad democrática. En esta línea están algunos escritos de Victoria Camps, en especial su teoría de las virtudes, como también las éticas cívicas de los años noventa.

Javier Muguerza, autor preponderante en toda esta recepción, discutió de manera decisiva puntos centrales de las éticas analíticas en su recopilación de artículos del año 78, La razón sin esperanza, como lo hizo así mismo con las corrientes centrales del revival kantiano español en su recopilación de trabajos del año 90, titulado Desde la perplejidad. La situación presente, según se presenta en esta última obra, hace que los planteamientos éticos tengan que optar por la autonomía o por la universalidad, porque no cabe lo uno y lo otro. De ahí, según este autor, la perplejidad, una perplejidad esencial a la conciencia moral y desde la que, hoy por hoy, se impone hacer ética día tras día. Su lectura de los principales autores y corrientes recibidos es crítica radical y disolvente. Su posición es cuestión de maneras, una afirmación incondicional de la oposición y el disenso, de la negación, de la dialéctica negativa para decirlo con Adorno. La demonización del Estado, el individualismo libertario de este autor, ha sido uno de los elementos a tener en cuenta para entender por qué la última filosofía moral en España no ha sabido entender ni teorizar nuestro flamante Estado social y democrático de derecho. Contra esa actitud reaccionó M. A. Quintanilla, con Vargas Machuca, en La utopía racional; pero sin éxito, porque en ella planteaba la visión socialista utópica de un Estado social interventor y benefactor.

En los años noventa se incrementa el cultivo de las éticas aplicadas, y se atiende la necesidad de desarrollar teorías de la democracia (CSIC, F. Quesada, F. Carracedo, etc), éticas cívicas (V. Camps, S. Giner, A. Cortina, etc), y éticas de los valores, que siempre habían estado en alguna medida presentes. A la bioética dominante de inspiración cristiana, con autores como Diego Gracia, se añade una bioética más social, con autores como Victoria Camps, que dirige una escuela de bioética en la UIMP. En estos años se observa una mayor conexión con los problemas morales y políticos de la sociedad española.

Filósofos morales, como Savater desde los años ochenta, y Antonio Marina desde los años 90, se han convertido en los fenómenos editoriales de la Filosofía, auténticos superventas y colaboradores habituales en prensa. No se puede ya esperar ensayos científicos de estos autores mediáticos, que se han convertido en imágenes portavoces de las causas intelectuales, en divulgadores de los lugares comunes que amplios sectores de la opinión pública sienten, y de una u otra manera esperan de la “filosofía”. Para bien o para mal, estos autores dan la imagen publica del filósofo y sus opiniones.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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