Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
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CAPÍTULO 5.2

La perplejidad moral de una generación rupturista

El restablecimiento de la Democracia y la incorporación al Mercado Común Europeo, ya lo hemos dicho, trajo consigo el desenraizamiento ético religioso de la vida ciudadana. En una sociedad española, como la que procedía del franquismo, donde la vida moral y cívica de los individuos y las instituciones disponía de raíces ético religiosas, semejante proceso había de traer consigo una inevitable crisis moral y jurídico política. Entre nosotros se hizo necesaria una filosofía práctica integradora que contribuyera teórica y críticamente no sólo a cimentar la conciencia moral ciudadana, sino también a edificar las instituciones y las leyes de nuestro Estado social y democrático de Derecho. Entre otras cosas, porque en nuestra desenraizada sociedad las leyes vinieron a desempeñar desde bien pronto una función pedagógica de constitución de costumbres y actitudes, que aquellas sólo son capaces de cumplir desde una Filosofía del Derecho revitalizada por la estimulación filosófica del Derecho.

La necesidad de los tiempos imponía la exigencia de un trabajo conjunto entre la experiencia política, la técnica jurídica y la ideación filosófica, tanto en el ámbito de la enseñanza como en los de la investigación y la creación. La filosofía práctica tenía que dotar de racionalidad tanto a las conciencias y a las actitudes de los ciudadanos, como a las formas jurídico políticas justas para los nuevos poderes económicos y políticos liberados. El punto de vista moral debía de proyectarse a través del Derecho y las instituciones en una labor de configuración e integración social justa.

La concepción de la ética o filosofía moral, que se hizo corriente en la Transición, fue la distribuida por la producción de los autores de la generación de jóvenes filósofos, muchos de los cuales vieron en la ética un campo principal de aplicación filosófica. Sin embargo, no cabe hablar de grandes proyectos o teorizaciones sobre lo moral y lo jurídico político en una generación de autores que hizo suya la bandera de lo joven, de la imaginación frente a la memoria y la razón, de la ruptura frente a la tradición, de la crítica radical y el experimentalismo frente al sistema establecido de respuestas y señales. Si nos preguntamos por la génesis y el aire común de este grupo, tal vez se podría hablar de la búsqueda conjunta en un sistema de relaciones vivas, a través de la docencia, las publicaciones, los congresos y seminarios. El profesor Aranguren era un punto de referencia para estos autores, encabezados por Javier Muguerza, y con la afinidad de autores como Fernando Savater o Javier Sádaba, entre otros.

La carencia de conexión con la propia realidad socio histórica española, característica de esta generación joven, fue sustituida por un enorme esfuerzo de recepción, que llenó nuestro mercado editorial con traducciones y comentarios académicos de autores analíticos, de las éticas del discurso, o de las teorías de la justicia, o de las éticas de los valores, etc. Esta notable tendencia normalizadora, acertada por lo contemporáneo de las corrientes elegidas, sin embargo, no parece haber pasado de ser una recepción sucursalista y académica. Sucursalista, según el sentido acuñado por Ferrater Mora, porque no se consiguen desarrollos propios con proyección internacional, que sean tomados en consideración por los creadores o representantes de las corrientes recibidas. Académica, en cuanto que no ha tenido una repercusión considerable en el momento jurídico político e institucional de nuestra sociedad.

Por otra parte, a finales de los años ochenta, parece que esta recepción de filosofía moral y política desembocó en un estado de perplejidad y de anomía, tal vez por su individualismo y su falta de conexión con la realidad socio histórica española. Muguerza dictó la pauta para expresar la perplejidad en términos kantiano analíticos en su obra Desde la perplejidad: la razón práctica debe ser autónoma y universal; pero si es autónoma entonces no es universal, y si es universal entonces no es autónoma, es decir la razón práctica o es autónoma o es universal. Donde hay un “o” tendría que haber un “y”, de ahí la perplejidad. En la mencionada obra, lejos de considerarse la perplejidad como un estado imperfecto de la conciencia, y de proyectarse alguna vía de superación, se la reconoce como el estado originario de la “razón práctica” a la vez que se nos propone hacer ética desde la perplejidad. Aunque algunos autores del grupo habían asumido la perplejidad impuesta por su propio planteamiento desde el comienzo, lo cierto es que tras el escrito de Muguerza se quedaron perplejos incluso aquellos que no habían perdido de vista el problema de la fundamentación. En algunos casos, la perplejidad se producía, más bien, por la imposibilidad de decidir entre distintos posicionamientos morales inconciliables entre sí.

Frente a esta generalización de la perplejidad, con la consiguiente opción por la vía individualista y subjetiva en el tratamiento de lo moral, reaccionó M. A. Quintanilla proponiendo una utopía racional, que adoptaba la vía del compromiso político: “Es como si toda la esencia del pensamiento progresista europeo, que siempre supo aunar la crítica de la realidad presente al proyecto para su transformación, estuviera a punto de disiparse y se fuera reduciendo al desencanto antiutópico, resignado o desesperado. Si hace unos años pensar desde la izquierda era cuando menos un ejercicio de creatividad y de vitalidad intelectual, hoy parece más bien una tarea abocada a la perplejidad y a la contradicción. La izquierda parece atrapada entre los deseos y la realidad, entre lo que se continúa declarando en las grandes ocasiones y lo que en realidad se iría haciendo en el trabajo político de cada día”[1]. Algunos autores del grupo, afines a la izquierda socialista, adoptaron con posterioridad esta vía del compromiso político, que, como los hechos se han encargado de poner de manifiesto, no es la vía filosófico científica.


Nota

[1] Quintanilla M. A., La utopía racional, 1989, p. 26.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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