Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
.

 

CAPÍTULO 5.3

Y de nuevo con la distinción entre
ética utens y ética docens.

Habida cuenta de que se trataba de las perplejidades de la razón práctica, dentro de una perspectiva kantiana, su tratamiento había de llegar necesariamente al estudio de la filosofía jurídico política kantiana, en orden a replantear el clásico binomio de la filosofía idealista “Moralität- Sittlichkeit”. ¿Cómo realizar las exigencias de la conciencia moral en las costumbres, las instituciones, y las leyes?, ¿Cómo desarrollar las exigencias de la voluntad buena en el Estado justo?. Parece necesario superar la perplejidad mediante el replanteamiento de la mera moral individualista que la origina, y con la consiguiente proyección de un marco teórico suficiente para la razón práctica que devuelva a la moral su fuerza normativa y su conexión con la sociedad española. Sin embargo, la cuestión no ha sido desarrollado en este sentido. Más bien, se adoptó la vieja distinción replanteada por la Etica de Aranguren entre etica docens y etica utens, con distintas determinaciones, para justificar un espacio teórico y académico dedicado a los temas morales. Una cosa sería la moral vivida y otra la necesaria “reflexión” filosófica sobre aquella, cuya función se interpreta de distintas maneras según las corrientes.

En efecto, una reminiscencia escolástica planteada por Aranguren[1] en “El punto de partida” de su Ética, me refiero a la conocida distinción entre etica docens y etica utens, en principio sin mayores determinaciones, pudo servir, como de hecho ya había servido anteriormente, para dotar de un lugar académico a su esfuerzo de recepción y normalización. Una cosa es la moral vivida de todo hombre, sus convicciones morales y actitudes éticas ante la vida, escribía allí Aranguren, y otra la necesaria filosofía moral elaborada: aquella sería el cuarto principio, un principio prefilosófico, de ésta.

En un esfuerzo por precisar con cierta coherencia el sentido de esa distinción en esta generación joven del “revival kantiano”, constatado por Victoria Camps, tal vez cabría decir que la etica docens desarrolla las condiciones de posibilidad del discurso moral, según la corriente elegida: bien mediante el análisis del lenguaje moral, orientado a descubrir la lógica informal de su práctica, como en la vía analítica; bien elaborando la constitución y los procedimientos de una comunidad ideal de diálogo, como en la vía discursiva; bien determinando las condiciones originales de la justicia, que nos permitan decidir cuándo un sistema legal además de vigente y legal es legítimo, como en la vía de las teorías de la justicia. Sin embargo, esto es hablar por hablar. Un autor como Muguerza, maestro de ceremonias de toda esta recepción, interpretó esa distinción, según el Kant de los analíticos, en el sentido de reflexión ética y vida moral.

En su Ética mínima, la introductora de la ética del discurso de Apel, Adela Cortina recuperó esa distinción entre ética reflexiva y moral vivida, siendo aquella un momento teórico reflexivo sobre el factum de ésta. El factum moral a considerar podría ser la conciencia moral, o el hecho antropológico de la constitución moral del hombre, pero se prefiere con las éticas del discurso partir de la práctica lingüística de la argumentación y del diálogo. La ética se desarrollaría en un plano reflexivo y autorreferencial, filosófico, no cotidiano ni científico, y, desde luego, orientado a la fundamentación de aquella práctica lingüística. Esta fundamentación no ha de entenderse según la relación causa efecto, o según la relación axioma teorema, sino según el método sistemático coherencial del por entonces hegeliano y catedrático en München Bruno Puntel. Sin embargo, no se nos presenta un desarrollo suficiente de ese método de fundamentación.

En su Ética sin moral replantea esta relación siguiendo a Apel y entiende que la ética tendría dos partes: una parte A, más conceptual y fundamental, una metamoral que describe su objeto con ayuda de la ciencias y del análisis, lo concibe y expresa en conceptos, y da razón de él haciendo posible la argumentación; y una parte B, aplicada, que intenta poner en obra el concepto ganado hasta encarnarlo en la vida social y personal (así las éticas cívicas, las teorías de la democracia realistas e idealistas, la educación moral, la ética médica, la bioética, la ética ecológica, la ética económica, etc). En la misma obra redefine todavía un plano más allá de la ética, una metaética donde se trataría de decidir si la ética es una disciplina autónoma, si es ciencia, y de qué modo se relacionan distintos planteamientos éticos contrapuestos como naturalistas y no naturalistas, descriptivos y normativas, de motivos y de fines, formal y material, procedimental y sustancial, deontológica y teleológica.

Esperanza Guisán, por entonces partidaria del emotivismo moderado de Brandt, en su teoría de las actitudes cualificadas, y del utilitarismo hedonista, distingue tres partes de la etica docens: una moral descriptiva, que describe los valores morales vigentes; una moral normativa, que decide los valores preferibles; y una metaética, que intenta justificar los valores. El propio Savater, pese al enfoque egoísta de su concepción moral, plantea también cierta ética reflexiva a modo de ilustración del amor propio o voluntad individual. Ilustración que responde al ineludible esfuerzo de autoesclarecimiento de la propia vida. En cambio Victoria Camps, partidaria de una ética prudencial y retórica, renuncia a esa distinción; como también lo hace Rubert de Ventós por considerar que ningún tipo de análisis, o de consideración del lenguaje moral, puede ser aséptica, por lo que termina haciéndose moral en ambos planos. Su moral acaba siento precisamente un manifiesto.


Nota

[1] Aranguren J. L., Ética, 1965. 3ª; Moral y Sociedad. La moral española en el siglo XIX, 1982, 2ª; Ética y política, 1985, 2ª.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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