Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
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CAPÍTULO 7.1

Luces y sombras de la última Historiografía filosófica en España.

El área de Filosofía, que mantuvo las restantes cátedras residuales de la facultad de filosofía anterior a la LRU, incluye la Historia de la Filosofía y otros campos de aplicación filosófica, que tuvieron vigencia en el pasado, y todavía hoy son necesarios para reconstruir la historia de la filosofía. Me refiero a materias como “Filosofía de la naturaleza”, “Fundamentos de filosofía”, “Fundamentos de filosofía e historia de los sistemas filosóficos”, “Metafísica”, “Metafísica crítica”, “Metafísica (Ontología y Teodicea)”, “Metafísica (teoría del conocimiento)”, “Teoría del conocimiento”, etc.

En 1998 había 339 profesores universitarios en esta área de ‘Filosofía’, de los cuales 79 eran catedráticos. Estos filósofos historiadores y/o historiadores filósofos hicieron subir el nivel de conocimiento de la Historia de la Filosofía contemporánea, tanto continental como analítica, y favorecieron con ello la evolución de las aplicaciones canónicas hacia su presente contexto filosófico. En efecto, algunas materias entraron en el dique seco, como la Filosofía de la Naturaleza, mientras otras adoptaron formulaciones contemporáneas, como la Metafísica, que ya no es Neoescolástica y, desde alguna radicalización de la Fenomenología, o de la Hermenéutica y de sus críticos, se replantea en la forma de una Ontología hermenéutica, como la Epistemología o teoría del conocimiento, que se ha confrontado con los planteamientos analíticos y con la sociología del conocimiento, como la Filosofía de la Historia, que ha abandonado las grandes teorías de la historia, para convertirse más y más en una filosofía del conocimiento histórico y de su metodología, como la Teodicea, que ha dejado paso a la Filosofía fenomenológica o analítica de la Religión, como la Antropología filosófica, desarrollada desde la Fenomenología o desde la Hermenéutica, etc. La Historia de la Filosofía, incluidas las corrientes analíticas y continentales contemporáneas más influyentes, como Fenomenología, Hermenéutica, Filosofía Analítica, Escuela de Frankfurt, Postestructuralismos, etc, constituyen el núcleo de esta área, donde la filosofía canónica sigue nutriéndose de su propia historia, de sus clásicos.

Estas aplicaciones filosóficas fuertes, que carecen de proyección económico tecnológica, jurídico política y estético artística en las sociedades del presente, forman parte de la historia de la filosofía canónica, que sigue siendo imprescindible en la formación de los profesionales de estas materias. Su evolución en las distintas universidades ha sido diferente, dependiendo de la dinámica general de sus planes de estudio y de la orientación propia de sus catedráticos y titulares.

El predominio de filósofos historiadores, que, en lugar de situar en su contexto histórico a las aplicaciones filosóficas del pasado, se empeñan en convertir la Historia de la Filosofía en el reducto académico de sus pretendidos renacimientos, contrasta con el hecho institucional de las tres áreas autónomas de conocimiento filosófico promovidas por la LRU, la Lógica y Filosofía de la Ciencia, la Filosofía moral, y la Estética y teoría de las artes, exponentes actuales de la filosofía teórica, la filosofía práctica y la filosofía del arte y de la belleza. Hasta el punto de que ha surgido una discontinuidad académica entre la filosofía desarrollada en estas tres áreas y la Historia de la Filosofía desarrollada en relación a las interpretaciones fuertes pretendidas en el área de Filosofía. Esta discontinuidad académica en los estudios superiores se ha transmitido de manera automática a la educación filosófica en el bachillerato.

Pero no voy a entrar a discriminar las cosas en esta compleja área, cuya producción científica, aunque se mueve en el marco de la historia de la filosofía, parece responder a distintos centros de atención, en correspondencia a las distintas materias que la integran. Me limitaré a resaltar algunos rasgos de la evolución de la última historiografía filosófica entre nosotros, después de haberme detenido un tanto en una materia menor como es la ‘Filosofía de la Religión’.

1. De la Teología natural a la ‘Filosofía de la Religión’

La historia de la religión en la cultura española ha estado dominada casi por completo por el Catolicismo, una religión, por cierto, que ha impregnado todos los ámbitos de nuestra cultura durante largos periodos de su historia. Por otra parte, la sociedad española acababa de salir de un Estado confesional católico. Sin embargo, el pensamiento filosófico español, en su vertiente académica, ha dejado un tanto de lado el problema de la religión, se ha limitado en algunos casos a sustituir la Teología natural o Teodicea de los años setenta por una filosofía de la religión, buscada desde la fenomenología o desde la analítica, que sólo ha tenido implantación como materia optativa en los planes de estudios de algunas universidades. A la falta de implantación académica le ha seguido una producción científica limitada con un reducido círculo de cultivadores. El padre jesuita J. Gómez Caffarena y M. Fraijó han publicado obras colectivas, con selecciones de textos clásicos, a modo de materiales para la materia ‘Filosofía de la religión’, cuyo origen ellos sitúan en la Ilustración alemana, de manera especial en Kant, Hegel, Schleiermacher, etc., y que alimentan desde la historia de las religiones.

En la mitad de los años ochenta, sin embargo, se publicaron una serie de libros importantes dedicados al objeto religioso, aunque con escasa proyección académica. Xavier Zubiri publicó El hombre y Dios, un planteamiento ontologista que concibe al hombre como experiencia de Dios, porque su ser personal se fundamenta en el poder de lo real (Dios). Anthropos publicaba Qué es Dios y Quien es Dios de García Bacca, una obra en la que se cuestiona la capacidad de las religiones monoteistas para seguir respondiendo al problema de Dios, al problema del fondo de la realidad, que viene siendo desvelado por la ciencia y la música modernas. Esta religiosidad atea de Bacca, considera como única persona divina al individuo humano creador, que transforma la naturaleza en civilización y, de esta manera, humaniza el universo y diviniza lo humano.

En los noventa se reeditó el libro de María Zambrano El hombre y lo divino, que aborda el tema desde una perspectiva poético-filosófica y existencial. Tampoco ganó proyección académica esta perspectiva existencialista, centrada en el dios de los filósofos, que enraíza el hecho religioso en el delirio de persecución, propio del vivir humano. Especial atención recibe el delirio de divinización, última y más radical forma del delirio de persecución, en la que el hombre moderno, desde la soledad en que le ha dejado la muerte de Dios, lo sacrifica todo a un futuro (inalcanzable). María Zambrano propone una filosofía que libere la cultura occidental de su insaciable sed de futuro.

Entre los autores del grupo del 36, destacaría los escritos de tema religioso y los posicionamientos de Aranguren. Este autor, que buscó siempre un cristianismo acorde a las exigencias del pensamiento y de la vida moderna, ha contribuido a comprender el cristianismo de manera más histórica, abierta y moderna. Aranguren, como Laín, Marías y otros autores de este grupo, con profesores y escritores del grupo de postguerra, como Valverde, Jiménez Lozano, etc., se habían opuesto en su momento a la imposición del catolicismo como religión de Estado.

Entre los profesores de postguerra encontramos también distintas posturas desde el ateismo hasta el ontologismo, pasando por el agnosticismo. Algunos autores distinguen entre Teología natural y Filosofía de la Religión, inclinándose por esta última, a la que, por otra parte, entienden de maneras distintas. Ya me he referido al intento del padre jesuita Gómez Caffarena por replantear una filosofía de la religión cristiana, que satisfaga las exigencias de la Ilustración, y del que es una muestra su obra de 1983 El teismo moral de Kant. La obra del escritor y ensayista cristiano, José Jiménez Lozano, aunque con escasa proyección académica, resulta especialmente significativa en este campo. Gómez-Heras revisó la crisis del individualismo moderno en su obra de 1986 Religión y modernidad: la crisis del individualismo religioso de Lutero a Nietzsche. Mencionaré también El animal divino y las Cuestiones Quodlibetales, dos obras de Gustavo Bueno, un autor ateo y no creyente, que opta por una filosofía de la religión a la búsqueda de respuestas a la pregunta. ¿Cómo y por qué, dado que Dios no existe, han surgido y se han desarrollado las múltiples manifestaciones religiosas?. Este profesor parte de las ciencias de las religiones e intenta hacer gnoseología (categorías religiosas) y ontología (ideas religiosas) de la religión. La raíz de la religión sería la experiencia paradógica y terrorífica del animal postanimal humano.

Los autores de este grupo de postguerra, que se dedican a ese campo, proceden de la filosofía cristiana, cuando no de la teología. Mencionaré a Torres Queiruga, en su obra El problema de Dios en la modernidad, un autor para el que el problema más urgente del hombre moderno es el problema religioso. A su juicio el hombre es religioso por naturaleza y la modernidad no ha de identificarse necesariamente con un proceso de secularización o de exclusión de la religión. Lo que espera el hombre moderno es una redefinición adecuada de las relaciones de Dios con el mundo. Se pretende una religión reformada acorde con el movimiento de la razón y de la sensibilidad moderna, que supere en definitiva las exigencias de la Ilustración.

En la generación de Jóvenes Filósofos, desde luego refractaria a la religión tradicional, se han planteado dos formas académicas de filosofía mínima de la religión. Por un lado, Javier Sádaba ha ensayado una filosofía analítica de la religión, more wittgensteniano, en sus Lecciones de Filosofía de la Religión (1989), que se contentan con describir y analizar el lenguaje de los creyentes, intentando clarificar la racionalidad propia de ese juego lingüístico. Filosofía de la Religión no es teología natural, de la misma manera que cabe pensar en un hombre religioso, agnóstico, sin compromiso social con ninguna manifestación religiosa concreta. Este mismo autor publicó Dios y sus máscaras en 1993. Por otra parte, Manuel Fraijó ha defendido una fenomenología de la religión que hunde sus raíces en la Ilustración alemana y que se alimenta de la historia de las religiones. Este autor se muestra optimista ante el ‘retorno de la religión’, y piensa que en Europa, habida cuenta del predominio histórico de la tradición monoteista cristiana, consistirá en el retorno de alguna forma evolucionada de cristianismo. José Mª Mardones tiene también escritos en este campo.

En sus obras de los años noventa La Edad del Espíritu y Pensar la Religión, Eugenio Trías ha desarrollado su Filosofía del Límite en el ámbito de la religión. La filosofía parece ser entonces filosofía de la religión, en cuanto que la idea radical de la razón procede de ese ámbito, surge por la presión del cerco hermético. En este ámbito plantea una revisión del concepto de símbolo, llegando a pensar que el arte verdadero es el arte religioso, en cuanto que el sentido último del símbolo es lo sagrado. En la Edad del Espíritu Trías articula una estructura categorial de la historia de la religión. Él propone una religión ecuménica y armonizable con la razón tecnológica. Piensa que toda religión es revelación de un fragmento de lo sagrado. La religión del espíritu será la que reúna en la síntesis original los fragmentos de lo sagrado repartidos en las distintas revelaciones religiosas. Esa religión del espíritu es la llamada a refundar una nueva Edad del Espíritu sintetizándose con la razón tecnológica vigente.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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