Teoría, Crítica e Historia

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Gerardo Bolado

Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX
.

 

CAPÍTULO 7.4

La Historia de la Filosofía en el Bachillerato LOGSE

La historia institucional más reciente de la Filosofía y de la Historia de la Filosofía en la enseñanza media, me refiero a la historia vivida por mi generación, se remonta también a la Ley General de Educación de Villar Palasí, en 1970. El temario de Filosofía del Ministerio contenía treinta capítulos distribuidos del siguiente modo: dos capítulos sobre el saber filosófico, nueve de psicología, cinco de lógica, dos sobre el conocimiento científico y el problema epistemológico, dos sobre la dimensión social del hombre, cuatro de ética, dos sobre personalidad y persona, y, en fin, cuatro temas sobre la realidad y el sentido del hombre. En este marco, pero dentro de su desarrollo en el COU de 1978, se propuso una Historia de la Filosofía articulada en 19 temas y sin especificar orientaciones filosóficas o metodológicas. Entonces llegó a afianzarse como materia común una exposición general y sistemática de la Historia de la Filosofía que conquistó una considerable importancia dentro del currículo. Los bachilleres que ingresaban en la universidad habían recibido una considerable formación filosófica, como resultado de un año de estudio de Filosofía en 3º de BUP con cuatro horas semanales, y un año de estudio de Historia de la Filosofía en COU, también con cuatro horas semanales. Al menos sobre el papel, la cultura filosófica contribuía de manera considerable en la construcción intelectual y humana de los futuros universitarios.

El cambio de rumbo político trazado tras las elecciones del 82 nos llevó a unos años ochenta marcados por las reformas y el experimentalismo, que favorecieron, dicho sea de paso, las experiencias originales de la actual concepción de nuestra materia. La LOGSE de 4 de octubre de 1990 inició el curso de unos años noventa marcados por la implantación y la burocratización. El Real Decreto 1179/1992 de 4 de octubre, por el que se establece el currículo del Bachillerato, definió los contenidos, objetivos y criterios de evaluación de la Historia de la Filosofía, a la que, por lo demás perfiló mediante una breve introducción. Los cambios políticos iniciados a partir de las elecciones del 96 hicieron concebir esperanzas de una mejora del lugar de la Historia de la Filosofía en el marco de un proyecto general de Reforma de las Humanidades, que se han hecho efectivas en el Real Decreto 3474/2000.

La materia común de primero de Bachillerato, Filosofía, se ordenó en el Real Decreto 1179/92 al desarrollo de la actitud reflexiva y crítica de los alumnos, quedando en un segundo plano los contenidos conceptuales, que se proponían de manera abierta, flexible y enmarcados en cuatro bloques: el ser humano, el conocimiento, la acción humana y la sociedad. No se trataba de enseñar filosofía, sino más bien de enseñar a filosofar, de desarrollar la capacidad reflexiva y crítica de los alumnos. Estos alumnos, de hecho, procedían de una Enseñanza Secundaria Obligatoria caracterizada no sólo por la pérdida de contenidos, sino también de actitud y aptitud para el trabajo teórico. Por otra parte, la disponibilidad horaria de esta materia quedó reducida a tres horas semanales. Estos y otros factores sentaron una dinámica entrópica que fue llevando la aplicación de esta materia a caracterizarse por una excesiva diversidad, dispersión, e incoherencia en los programas, así como por la falta de conexión con la Historia de la Filosofía de segundo de Bachillerato. En el Bachillerato, el descuido de los contenidos filosóficos es una de las razones de fondo a tener en cuenta a la hora de discutir la indeseable desconexión establecida entre la Filosofía y su Historia.

En los años ochenta, el experimentalismo de la Reforma fue reduciendo la anterior programación de la Filosofía de tercero de BUP a una organización de los programas en bloques genéricos, interpretados de manera abierta y flexible, y favoreció el predominio de las actividades y los procedimientos sobre los contenidos. Los libros de texto elaborados por las editoriales para la Filosofía de primero del Bachillerato Logse fueron cobrando forma en la línea de estas propuestas y sin ninguna conexión con los textos de Historia de la Filosofía de segundo. La práctica real dejó sin sentido la petición de continuidad en la formación filosófica, reiterada en el Real Decreto de enseñanzas mínimas.

En todo este proceso, la práctica real de la Historia de la Filosofía fue pasando de una exposición general y más o menos sistemática de un amplio número de autores, articulada en 19 temas según la tópica de la metodología histórica, y basada en algún manual (Marías, Rábade Romeo, González Álvarez, Jerez Mir, Navarro Cordón, Arostegui, Guerri, etc), años 79-85, a través de una fase experimental de reforma entre los años 82-87 (“Lecturas de Historia de la Filosofía” en la Universidad de Cantabria; o las Lecturas...del grupo de la Universidad Complutense de Madrid), a una exposición de la materia, a partir de 1987, basada en el trabajo de textos filosóficos relevantes y abierta al contexto sociocultural. Desde entonces las coordinaciones universidad-instituto para la prueba de selectividad, desde las distintas universidades españolas, fueron estableciendo las nuevas programaciones de Historia de la Filosofía de COU, construidas ahora sobre la base de una serie de textos filosóficos relevantes. La revista Paideia fue publicando estas programaciones con la forma de Dossier entre los años 1988-90.

La concepción de la Historia de la Filosofía establecida por el Real Decreto de Mínimos del 92 no hacia otra cosa sino recoger lo que de una manera o de otra ya se estaba realizando: La historia de la filosofía en el bachillerato no busca el conocimiento genérico de un amplio repertorio de autores, sino el diálogo experto “con algunos textos filosóficos suficientemente representativos de sus autores, de los contextos histórico-culturales en que se produjeron y de la propia tradición filosófica, cuyo legado constituye uno de los componentes esenciales de la racionalidad contemporánea occidental”.

En este Real Decreto de Mínimos del 92 se proponen algunos temas y textos, pero solo encontramos definida una articulación cronológica del programa en cuatro periodos: Filosofía antigua, Filosofía cristiana y medieval, filosofía moderna y Filosofía contemporánea. Las coordinaciones de las distintas universidades españolas, al definir los contenidos y procedimientos de la Prueba de Selectividad (PAU), especifican los programas, con sus textos y los procedimientos para trabajarlos. La autonomía universitaria, reconocida por la LRU, ha hecho que las programaciones varíen en los textos y su número, así como en los procedimientos para trabajarlos. Bajo la multiplicidad resultante caven dos opciones: a. Un programa estructurado en torno a una definida selección de textos y autores que suele exigir un conocimiento detallado de los mismos; el procedimiento suele ser aquí el ‘comentario de texto’; b. Un programa más amplio y flexible que, sin descuidar el conocimiento de los grandes autores de la historia del pensamiento, exige el conocimiento a grandes rasgos de la historia de la filosofía; el procedimiento, en este caso, suele llegar a los textos desde tratamientos más amplios, y tiende a plantear cuestiones o a pedir composiciones desde ellos[1].

Este protagonismo de la Coordinación universitaria y de la Prueba de Selectividad choca de manera inevitable con el propio sentido filosófico y educativo de la Historia de la Filosofía, creando cierta discontinuidad y fragmentariedad en la exposición histórica. Algunos llegan a poner aquí la raíz de la discontinuidad académica entre la Filosofía de 1º y Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato. Al basar la exposición histórica en el trabajo con textos de algunos filósofos clásicos, que además han de recibir su contextualización socio cultural, bien pudieran darse tratamientos fragmentarios, limitados a determinados temas, autores y periodos, que pierden en suma la continuidad y el sentido del proceso. El decreto no insiste de manera suficiente en la necesaria unidad y continuidad, que ha de presidir cualquier tratamiento con sentido de los textos que contienen la ‘Historia de la Filosofía’. Pero no creo que la innegable discontinuidad académica entre la filosofía de 1º y la historia de la filosofía de 2º tenga su raíz última en la Prueba de Selectividad

Y, ¿qué decir de los materiales?. Mediados los años ochenta los manuales de Historia de la Filosofía para COU empezaron a evolucionar buscando el contexto histórico cultural e incorporando el trabajo con textos filosóficos. Me parece que detrás de esta evolución, además de la orientación constructivista de la Reforma, están dos tendencias tanto filosóficas como didácticas: por un lado el desplazamiento del interés hacia los textos, al que no es ajeno cierto escepticismo académico y doxográfico, y, por el otro, la creciente atención al contexto socio histórico y cultural de las producciones filosóficas, hasta extremos como la historia social de la filosofía o la historia de las ideas[2].

En el año 1995 salieron a la luz los Materiales Didácticos de Historia de la Filosofía, publicados por el MEC. Estos autores propusieron sustituir la Historia de la Filosofía por una historia de las ideas, que fue inmediatamente contestada[3]. Incoherente desde el punto de vista historiográfico[4] y didáctico[5], esta propuesta no ha sido seguida por las editoriales, que son los verdaderos artífices de la reforma de los libros de texto. En efecto, desde el año 96 las editoriales vienen publicando manuales de Historia de la Filosofía[6], no de las Ideas, para Segundo de Bachillerato, dispuestos según las tendencias antes apuntadas. Me parece que las editoriales han hecho un considerable esfuerzo y disponemos de más de media docena de textos importantes.

La unánime convicción de que es necesario conectar la exposición de la Historia de la Filosofía con el mundo actual y con los intereses de los alumnos, rectamente entendida, ha sido un motor principal de la dinámica metodológica hacia el comentario de texto. De hecho el comentario de texto, que ha sido siempre ingrediente en la formación filosófica, se ha convertido en requisito para el acceso a la docencia de la filosofía en el bachillerato y para los alumnos en la PAU. Sin embargo, mientras algunos profesores tienden al comentario filosófico de textos, otros se inclinan al comentario de textos filosóficos. Mientras aquellos tienden a convertir la filosofía en pedagogía y diálogo con textos narrativos, estos no renuncian a confrontar a los alumnos con la tradición filosófica en sus textos. Entre los profesores de bachillerato se constata un especial interés por la posible aplicación de los desarrollos hermenéuticos y postestructuralistas al trabajo de los textos en el aula. Existe, así mismo, un interés considerable por las técnicas procedentes de la psicología cognitiva, que favorecen el trabajo de los alumnos con los textos filosóficos.

Otro cambio decisivo para la Historia de la Filosofía en su paso al nuevo Bachillerato se refiere a la pérdida de su lugar propio dentro del currículo, con la consiguiente desfuncionalización dentro del sistema y pérdida dramática del número de alumnos. De ser una materia común en COU, cursada por todos los alumnos, ha quedado reducida a optativa de modalidad para los bachilleratos de humanidades y Ciencias Sociales (en su opción de Geografía e Historia), con la posibilidad, prácticamente y en la mayoría de los casos imposible, de promoverse como optativa para los restantes bachilleratos. Como ha señalado Cifuentes, la dispersión curricular por la optatividad y, de manera especial, la reducción del Bachillerato de tres a dos años, ha dejado a la Historia de España en el lugar de la Historia de la Filosofía.

En efecto, la Historia de la Filosofía desplazada al Bachillerato de Humanidades y de Ciencias Sociales (Geografía e Historia) perdió el sentido filosófico y educativo que le atribuía el Real Decreto 1179/1992, y quedó sin funcionalidad propia dentro del sistema. En lo que se refiere al descenso dramático en el número de alumnos, de haberse implantado el Real Decreto de Mínimos 1179/92 Logse, y a juzgar por la tendencia de los últimos años, habrían llegado a examinar Historia de la Filosofía en la PAU algo menos del 15%, cuando en el COU lo hacían el 100%[7].

Las reacciones de la institución filosófica, impulsadas en gran medida por la SEPFI, no se hicieron esperar y fueron estimuladas, si cabe, por las expectativas suscitadas en torno a la Reforma de las Humanidades promovida tras el cambio político. El 14 de Marzo de 1997 se entregaba a la señora Esperanza Aguirre, entonces Ministra de Educación, el Documento de la Comisión de Filosofía nombrada por el MEC, que defendía el lugar de la Historia de la Filosofía como materia común en el segundo año de bachillerato [8]. El 21 de noviembre de 1997 la reunión de Decanos de Filosofía de las Universidades del Estado hizo público un comunicado en el que, tras subrayar el valor de la Historia de la Filosofía para la formación humanística de los bachillerares, reivindicó para ella el lugar de materia común y obligatoria en el 2º de Bachillerato. En el número 46 de la revista Paideia, del año 98, se hacían públicas felicitaciones y se daba las gracias a todos, en especial a la SEPFI, porque el Sr. Nasarre, entonces Secretario de Estado para Educación, había concedido finalmente a la Historia de la Filosofía el lugar reivindicado. Sin embargo, el fracaso de la Reforma Aguirre y las nuevas elecciones del 2000 devolvió la incertidumbre en torno a nuestra materia.

La actual Ministra de Educación, Sra. Pilar del Castillo, ha comenzado a hacer efectivo el plan de Reforma de las Humanidades, con la aprobación, en Consejo de Ministros de 29 de diciembre del año 2000, de un Real Decreto de enseñanzas mínimas para la LOGSE, que viene a sustituir al anterior Real Decreto 1179/92. El nuevo decreto prescribe la vuelta de la Historia de la Filosofía a su lugar como materia común en Segundo de Bachillerato; por otra parte, y sin renunciar al trabajo con los textos y a la contextualización histórico cultural, se insiste en la continuidad que ha de presidir la exposición de esta materia, a la vez que se fijan los autores clásicos cuyos textos han de ser objeto de comentario. Sin embargo, estas novedades no e5ntrarán en vigor hasta el curso 2003-4.

La continuidad académica entre la Filosofía I de Primero de Bachiller y la Filosofía II(Historia de la Filosofía) de Segundo de Bachiller, prescrita por el nuevo decreto, como ya sucedió con la prescrita por el anterior decreto[9], va a chocar con la discontinuidad académica efectiva, resultado de la última institucionalización de la filosofía en España. La discontinuidad académica entre la filosofía actual aplicada en las áreas de Lógica y Filosofía de la Ciencia, de Filosofía moral y de Estética y teoría de las artes, y la Historia de la Filosofía desarrollada con relación a las interpretaciones fuertes pretendidas en el área de Filosofía, se está trasmitiendo a las correspondientes materias en el Bachiller, porque la práctica real de la ‘Filosofía’ de 1º y los materiales utilizados en la misma, incluidos los libros publicados por las editoriales, introducen con frecuencia los enfoques desarrollados en las nuevas áreas, con frecuencia superpuestos de manera desconcertante con planteamientos paralelos desde las aplicaciones filosóficas fuertes.

La continuidad expositiva, prescrita a la Historia de la Filosofía por el nuevo decreto, será otro de los retos que tendrá que afrontar la práctica real de esta materia en Segundo de Bachiller, sin renunciar al trabajo con los textos y a la contextualización histórica. Porque ya hemos visto que la fragmentariedad expositiva y la tendencia doxográfica forman parte del estado crítico de nuestra historiografía filosófica en las últimas décadas. Una crisis de concepción general que contrasta con el incremento de la producción en este campo, en especial de trabajos monográficos, y con los trabajos en torno a la historiografía filosófica.

Notas


[1] Izuzquiza, I., Selectividad. Filosofía, Anaya, Barcelona 2000, p. 8).

[2] Entre los autores de textos de Bachiller encontramos también impulsores de estas dos tendencias, por un lado partidarios de hacer la filosofía desde sus textos relevantes, como el grupo de autores de Lecturas de Historia de la Filosofía, y, por otro, defensores decididos de la historia social de la filosofía, como es el caso de Jerez Mir, desde un enfoque marxista, en su Filosofía y Sociedad. Un manual de COU, como el de Cesar Tejedor Campomanes Historia de la Filosofía en su marco cultural, publicado por S:M. en 1993 ha hecho suyas ya las dos tendencias asumidas por la LOGSE).

[3] En sus Materiales para la Historia de la Filosofía, publicados por Akal el mismo año 95, Julián Arroyo Pomeda se mostraba contrario a la historia de las ideas y proponía seguir trabajando en la práctica de la historia de la filosofía, aunque sin discutir su posición.

En un artículo titulado “Filosofía y hermenéutica,” (Paideia, 31 (1995): 205-216), Manuel Maceiras se oponía a la disolución de la historia de la filosofía en una historia de las ideas desde una concepción fuerte de la filosofía. La responsabilidad de la docencia de la filosófica en el Bachillerato requeriría, a juicio de este autor, la convicción de que la filosofía es un saber sustantivo y necesario para nuestra actualidad. El objeto formal de la filosofía sería la reflexión en la experiencia humana que la transforma en comprensión de sí mismo y de su mundo. La Historia de la Filosofía no se diferenciaría de la filosofía misma, la propia filosofía se constituiría en su Historia. De aquí que la Historia de la Filosofía no pueda reducirse a Historia de las Ideas: “...La Historia de la Filosofía no puede ser asimilada a la Historia de las ideas, ni entendida como un componente más de la Historia de la Cultura. La confusión nos llevaría, en el primer caso, a estudiarla de manera neutra, con interés “histórico” orientado a saber algo más de una época. Pero la historia de la filosofía no tiene esa misión, sino la de reflexionar la nuestra. Confundirla con la “historia de las ideas” supone desvirtuar la esencia misma de la filosofía. En el segundo caso, quedaría eliminada de la filosofía su intencionalidad de práctica “metacultural”. En esta hipótesis, todos los hechos de la cultura serían situados en el mismo nivel significativo; pero, sin embargo, la filosofía se situó siempre -no por encima, ni por debajo- en una posición racionalmente enfrentada con la cultura que le es contemporánea” (Ibidem, p. 213). Las grandes filosofías, con independencia de su valor literario, habrían hecho explícita “una reinterpretación reflexiva del sentido de su propio mundo, cultural y no cultural” (Ibidem, p.213

[4] Estoy de acuerdo con los que se oponen a convertir la historia de la filosofía en una historia de las ideas por varias razones. En primer lugar, porque se basa en una interpretación parcial del Real Decreto, dominada por la consideración histórico cultural, sin tomar en consideración que esa normativa habla del trabajo con textos filosóficos, parte de la función reconstructiva de la materia y reconoce, en fin, que el sentido inmediato y propio de la historia de la filosofía es la filosofía misma, en continuidad académica con la cual cumple su sentido educativo. Reconoce el inmediato interés o sentido filosófico de la Historia de la Filosofía, precisamente a través del cual cumple sus funciones educativas, la primera de las cuales es, por eso mismo, la función reconstructiva que confronta al alumno con el conocimiento de los problemas y soluciones presentados por los filósofos en sus textos. En segundo lugar, la historiografía disponible pone de manifiesto que el punto del vista del historiador de la filosofía y del historiador de las ideas son distintos, que no hay compatibilidad posible entre ambas historias, de manera que o se reduce la historia de las ideas a la historia de la filosofía, adoptando el punto de vista filosófico, o se recomponen fragmentos filosóficos en algún entramado de ideas, adoptando un punto de vista histórico cultural más o menos gratuito. Esta incompatibilidad hace que tengamos que optar por una o por otra, y, resultaría absurdo, convertir en historia de las ideas una materia llamada Historia de la Filosofía. En fin, la historiografía de la Historia de la Filosofía es rica, en cantidad y en calidad, y no nos faltan conocimientos de su didáctica; sin embargo, la Historiografía de la Historia de las ideas, de manera especial en castellano, es pobre y de calidad limitada, mientras que su experiencia didáctica es prácticamente nula.

[5] García Moriyón había adelantado ya en 1988 esta propuesta, sin duda del gusto de los historiadores, que se justifica a sí misma en una lectura del Real Decreto de Mínimos que subraya las funciones historiográfica y articuladora del sentido educativo de nuestra materia, y que omite el sentido propio, inmediato y fundamental de la historia de la filosofía, que no es otro que el sentido filosófico. Sin embargo, el mencionado Real Decreto, cuando habla del trabajo con textos filosóficos, parte de la función reconstructiva de la materia y reconoce, en fin, que el sentido inmediato y propio de la historia de la filosofía es la filosofía misma, en continuidad con la cual cumple su sentido educativo.

[6] Desde el año 96, las editoriales viene publicando para Segundo de Bachillerato manuales de Historia de la Filosofía, no de las Ideas, y dispuestos según las tendencias antes apuntadas. Mcgraw Hill publicó en el 96 una Historia de la Filosofía de Juan José Abad y Carlos Días, que insistía en exceso en el aspecto pedagógico, sustituyendo los textos filosóficos de tamaño medio por mamarrachos didácticos de confección casera. En el año 97 la Editorial Santillana sacó un magnífico texto de Lledó, Granada, Villacañas y Manuel Cruz. Anaya publicó en el año 98 la Historia de la Filosofía de Navarro Cordón y Calvo Martínez, adaptada a las tendencias Logse, y aligerada de contenido, como parece exigir el nuevo alumno Logse. También en el año 98, la editorial ECIR publicó un interesante texto de J. Guanter Castelló y J.A. Benito Cortínez, por su manera de incorporar el trabajo con los textos en todas las cuestiones desarrolladas. Felix Duque coordinó un interesante libro de texto Historia de la Filosofía y de la Ciencia (Akal, 2000) en el que parecen aplicarse sus ideas sobre el sentido intertextual. No seguiré mencionando textos, pero si que hablaré de un considerable esfuerzo editorial en relación a nuestra materia. Las grandes editoriales se han visto obligadas a utilizar firmas tras la entrega de las competencias educativas a las comunidades autónomas.

[7] Por poner un ejemplo, el porcentaje de alumnos que, en Cantabria, presentaron Historia de la Filosofía en la PAU, con respecto al total de alumnos Logse, ha evolucionado como sigue: 11,5% (94-5), 18% (95-6), 19,5% (96-7), 18,8% (97-8), 15,3% (98-99), 14,8% (99-00). Datos semejantes se registran en las restantes comunidades.

[8] La SEPFI publicaba el VADEMECUM de las disciplinas filosóficas en la reforma (Paideia, 27 [1994]), en el que Esther Blázquez Bejarano, tras dibujar de manera precisa la nueva situación de la Historia de la Filosofía, recomendaba la los profesores una participación activa en todas las dinámicas que dentro de los Centros concretan el currículo y canalizan la elección de las optativas por parte de los alumnos.

El Documento de la Comisión de Filosofía, nombrada por el MEC, contenía las propuestas de nuestros representantes con relación a las materias filosóficas del sistema educativo. Dicho documento, tras requerir una educación filosófica con una “Filosofía” común en 1º con cuatro horas semanales y una “Historia de la Filosofía” común en 2º y también con cuatro horas semanales, se defiende el lugar como materia común y obligatoria de ésta, si es preciso a costa del aquella.

En seguida se alzaron voces ( Paideia, 41[1997], p. 545) contrarias a ese sacrificio ofrecido de la materia Filosofía en favor de la materia Historia de la Filosofía. Estos defensores insisten en que la Filosofía cumple, mejor que la Historia de la Filosofía, el sentido educativo de la filosofía en la Logse, así como en la primariedad de las respuestas actuales de la filosofía de hoy sobre el recuerdo de las del pasado. Según estos mismos autores, los partidarios de restaurar a la Historia de la Filosofía a costa de la Filosofía pensarían que la filosofía en el presente carece de objetos y se reduce a historia de la filosofía, de manera que la Filosofía de 1º de Bachiller sólo puede ser en realidad una propedeútica de la Historia de la Filosofía de 2º de Bachiller. Sin embargo, continúan estos autores, si la filosofía no tiene actualidad, entonces la historia de la filosofía carece de sentido.

[9] El diseño curricular del Decreto de Mínimos 1179/92, tanto de la ‘Filosofía’ de 1º de Bachiller, como de la ‘Historia de la Filosofía’ de 2º de Bachiller, responde, a una concepción sustantiva y unitaria de la filosofía y de su historia, un tanto vaga, pero ciertamente en sintonía con los historiadores filósofos y los filósofos historiadores del área de ‘Filosofía’, como ‘reflexión general e integradora de distintos saberes en orden a ganar una comprensión racional y crítica del mundo y del hombre’. En ese decreto se insiste en la continuidad académica entre ambas materias, requerida como una condición necesaria para que la filosofía cumpla con sus objetivos asignados por la Logse. El nuevo Real Decreto de mínimos 3474/2000 refuerza aún más la concepción unitaria y sustantiva de la filosofía y de su historia, propia de las aplicaciones fuertes del área de ‘Filosofía’: llama Filosofía I a la Filosofía de 1º y Filosofía II a la Historia de la Filosofía de 2º de Bachiller.

© Gerardo Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.

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