José Luis
Gómez-Martínez

 

"La cultura 'indígena' como realidad intercultural"
(Parte II)

1. Globalización y tendencias tribales

Señalábamos anteriormente el fenómeno paradójico que supone la globalización del pensamiento de Occidente, a la vez que se rechaza el logocentrismo de la modernidad que fundamentaba dicho pensamiento. Sólo en la complejidad interdisciplinaria de la realidad cotidiana se puede superar la perplejidad del pensamiento. La globalización trajo consigo ante todo una toma de conciencia de la diferencia. Y en la diferencia se ha comenzado a ver un fundamento individual y colectivo de identidad. La globalización es real y su proceso homogeneizante obvio a nivel global. En el ámbito cultural, sin embargo, su efecto es doble: al mismo tiempo que se imponen los derechos humanos que Occidente ha ido formulando, junto a modelos políticos y económicos precisos, emerge también la realidad y dignidad de la "otredad" con identidad propia semejante a la mía.

Este reconocimiento de la "otredad" trajo consigo, como indicamos ya, la problematización de todo discurso que pretendiera transcender el centro que lo hacía posible. Las manifestaciones primeras, sin embargo, han seguido caminos distintos. Los pueblos que antes se consideraban centro, se encontraron de pronto lanzados a un torbellino de diferencias que los obligaba a diferir la articulación de su discurso, pues veían anulado el centro que antes fundamentaba su pronunciación. Los pueblos antes considerados periféricos vieron una oportunidad de liberar su yo colectivo, antes subordinado en un complejo sentimiento de inferioridad. Es decir, mientras unos problematizaban su centro, todo centro, los otros iniciaban el lento proceso de reconstruir el suyo. Pero todo esto, no lo olvidemos, sucedía dentro de un progresivo proceso de globalización. Por ello, apenas el pensamiento de la liberación, en el caso concreto de Iberoamérica, formula un centro teórico para los pueblos antes marginados, dicho centro se problematiza bajo la toma de conciencia de viejas tradiciones culturales subyugadas en el seno mismo de los pueblos marginados (pueblos de ascendencia precolombina más o menos directa, el negro, la mujer,…). Tal es nuestro momento actual; tal es la confluencia del pensamiento posmoderno con el pensamiento de la liberación.

La actual polémica en México sobre la denominada "cuestión indígena" se ubica precisamente en este momento de confluencia. Leopoldo Zea parte de la reconstrucción de un centro que hable desde la marginación para confrontar y delatar el posible escamoteo de la dignidad humana que parecen pretender de nuevo los centros de dominación tanto cultural como político-económica. Desde un pensamiento de la liberación reafirma Zea que "el derecho a ser distinto y no copia de otros es lo que iguala a los hombres entre sí y los convierte en titulares de derechos inherentes a todo hombre. Tal es lo que los llamados indígenas [es decir, todos los seres marginados] reclaman a lo largo de la Tierra a sus manipuladores y depredadores. Para impedir la insistente presencia de esta indeseada gente es que se están levantando murallas en Europa y en los Estados Unidos. Impedir la entrada de más ‘indígenas’, de gente distinta a ellos" (234). Leopoldo Zea, en efecto, cree ver en las teorías posmodernas y en su insistente rechazo de todo discurso que se articule desde un centro explícito (como lo hace el pensamiento de la liberación), un renovado intento de preservar el statu quo y mantener de hecho la actual estructura jerarquizante entre los pueblos de la tierra. Pero en el actual debate neoindigenista, el proceso de posponer el acto de autopronunciación al enfrentarse con la diferencia adquiere ahora, en palabras de Patricia Galeana, "tendencias tribales que trabajan en el mismo sentido" (153). Es decir, ante la diferencia viene una progresiva fragmentación, pero con una nota peculiar, no se pospone el acto de significar, más bien al contrario, se desea imponer la diferencia acotando cada vez más reducidos centros autónomos, pues apenas se consolida un foco, reaparecen nuevas diferencias que reclaman igualmente su derecho a la autonomía; y en esto reside precisamente la posible proyección ideológica que oculta la máscara del culto a la "diferencia".

El neoindigenismo, en este sentido, es más que el retorno del péndulo que ha caracterizado el juicio del "occidental", o de su representante criollo, ante la presencia de rasgos precolombinos en ciertos grupos sociales de iberoamericanos. Es cierto que desde una perspectiva tradicional podríamos resumir el debate señalando que el pensamiento indigenista buscaba "integrar" al descendiente precolombino a la cultura occidental, mientras que el neoindigenismo busca "protegerle" pidiendo que se encierre en la preservación de "su cultura". Ambas posiciones parten, ciertamente, de una actitud paternalista, pero en nuestro contexto actual (el debate mexicano, por ejemplo), tienen también el efecto de negar legitimidad a cualquier discurso que pretenda confrontar a nivel global las estructuras de opresión y dependencia. Se trata, sin duda, de un problema de justicia, pero el referente no es ya el ser humano en cualquier lugar que se encuentre, sino un contexto social limitado y ubicado con precisión en el espacio y en el tiempo y cuya exteriorización se expresa a través de un ente ambiguo y cosificado que se denomina cultura. Este es, por ejemplo, el sentido del libro de Guillermo Bonfil, México profundo, y el de su afirmación de que "la sociedad mexicana se compone de un abigarrado conjunto de pueblos y grupos sociales que poseen y practican, cada uno de ellos, una cultura específica y diferente de las demás" (101), que incluso Bonfil considera "nunca fusionadas" (14).

La globalización y las tendencias tribales parecen, pues, converger en una misma problemática actual. En ella destacan dos aspectos apremiantes: a) la necesidad de un diálogo que supere la tribalización y la trivialización lúdica de la filosofía, y b) la necesidad de problematizar el término cultura para restaurar la dimensión necesariamente dinámica que da sentido al concepto en un contexto humano. La filosofía intercultural intenta responder a ambas cuestiones.

 

Índice

 

Home Repertorio Antología Teoría y Crítica Cursos Enlaces