Teoría, Crítica e Historia

Carmen Chaves Tesser

 

"El debate teórico actual"

 

[H]ay como un reclamo general, ambiental, porque toda tentativa de explicar lo que ocurre en cualquier campo de lo real descansa sobre bases teóricas firmes; en ciertas disciplinas se exige, incluso, aunque de manera un tanto mecánica, que se explique, antes de empezar a hacer nada, el "marco teórico" en el que se actuará.
 
Noé Jitrik, Temas de teoría, 1987

 

En el discurso crítico de nuestros trabajos académicos de los últimos veinte años nos topamos con neologismos y otros términos establecidos, pero que ahora incorporan significados distintos. En nuestro propio discurso enfrentamos todo un vocabulario que se ha desarrollado en el léxico crítico. Dentro de nuestros textos críticos, por ejemplo, nos encontramos con términos y conceptos problemáticos como la "modernidad", la "posmodernidad", la "deconstrucción" (o la descontrucción), las "guerras culturales", el "peligro del canon", y muchos más. Además de estas palabras, es evidente que enfrentamos y entramos en diálogo con diferentes "teorías", sean éstas literarias, sociales, psicológicas, científicas o artísticas. Por ello, puesto que estamos en un período teórico, es importante que definamos nuestro planteamiento dentro de los muchos establecidos o por establecer.

El fin del siglo y la llegada del nuevo milenio nos predispone a un cuestionamiento radical de todo lo que se ha establecido como la norma y lo normal. Si lo que tratamos es contextualizar un discurso literario dentro de una cultura y de un momento histórico, nos va a hacer falta un marco histórico que guíe nuestras propias definiciones. Antes de llegar "más allá de la pos-modernidad, según nos indica José Luis Gómez-Martínez, es importante tratar de establecer lo que aquí llamamos del "debate teórico actual". Este debate teórico es precisamente el que tanto ha influido en los intelectuales actuales. Nos proponemos, pues, una presentación bastante básica y breve al debate teórico actual como introducción al presente ensayo de Gómez-Martínez. En ella entraremos en diálogo con los temas teóricos, figuras literarias y críticas de países hispanohablantes así como también con ensayistas y críticos brasileños, norteamericanos y de otros países europeos.

Aunque en el "discurso" académico sobre las humanidades siempre hubo alguna "teoría", ésta en general asumía un papel casi inconsciente por parte del mundo académico. Es decir, cuando un profesor de literatura explicaba a los estudiantes que "el desarrollo de esta novela es un desarrollo clásico," el profesor tenía en mente algún modelo de lo que quería decir con "desarrollo clásico". O cuando se hablaba del "descubrimiento" de América, se tenía un punto de vista europeo, más bien español, aunque inconsciente. Mientras la mayor parte del mundo académico estaba satisfecha con las definiciones de lo que era la "verdad" o de lo que era "correcto" o de lo que era "necesario" para una buena educación, se siguió estudiando "el canon universitario" sin disputa ninguna. Se aceptaba, sin mucho cuestionamiento, la visión eurocéntrica en todos los estudios.

Cuando Thomas Kuhn estudió y definió los "paradigmas" científicos y la ciencia se volvió la reina de las disciplinas académicas, los otros campos empezaron a tomar conciencia de que también existían paradigmas literarios, artísticos, culturales. Si se acepta que un paradigma es una serie de reglas que forman una estructura hecha de las suposiciones aceptadas como "la verdad", el paradigma entonces establece para los miembros de una cultura las premisas bajo las cuales se empiezan las investigaciones en los distintos campos académicos. Los paradigmas establecen los puntos que no se explican porque todos dentro de la comunidad académica los comprenden, los aceptan y los siguen. Los paradigmas establecen lo que se acepta "por convención". "Los españoles descubrieron el Nuevo Mundo en . . .". Tanto los estudiantes como sus profesores aceptaban la frase sin tratar de deconstruirla y definirla en términos cronológicos, ni tampoco en términos culturales, ni mucho menos en términos problematizados dentro de una perspectiva.

Aunque el estudio de perspectivas forma parte de nuestra herencia "clásica" occidental, no se lo aplicábamos hasta muy recientemente al propio texto y al mensaje de las palabras usadas en el texto desde el punto de vista del escritor, del texto y del lector. Kuhn demostró que los paradigmas, sin embargo, no son permanentes, y que cuando se empieza a cambiar de paradigma, se empiezan igualmente a investigar los supuestos y las metodologías básicas del campo de estudio. Como ejemplo concreto de un cambio de paradigma, David Richter (Falling into Theory), vuelve al siglo XVI, cuando Copérnico propuso que los planetas giraban alrededor del sol y no de la tierra. Durante esta época hubo una "revolución" y entró en polémica lo que antes era lo "normal", lo que se aceptaba como "la verdad". Es decir, todos los investigadores científicos "sabían" que los planetas giraban alrededor de la tierra. Cuando alguien (Copérnico) propuso una idea tan fuera de "la realidad", se inició un proceso de inseguridad intelectual; se comenzó a poner énfasis en la idea de las premisas: se empezó a revisar todo lo que se creía y se aceptaba como la verdad. Surge un cuestionamiento no sólo sobre la trayectoria de los planetas, sino también sobre cómo se observaban y se investigaban los planetas, y qué metodología se empleaba en las investigaciones. Surge, pues, una polémica teórica. Lo que se aceptaba por convención se rechaza "por convención". Dentro de las humanidades en general, y en particular dentro del estudio de la literatura, nos encontramos también en nuestros días ante un período de cambio de paradigma: ante un período de crisis. El crítico brasileño, Luiz Costa Lima, en O aguarrás do tempo: estudos sobre a narrativa, explica de este modo la situación:

El interés en teorizar no se generaliza sin que antes se difundan las señales de crisis, ya sea en el modo de comprender cierto objeto (crisis en una disciplina), ya sea en el modo de lidiar incluso con lo propio cotidiano (crisis del paradigma).

Silviano Santiago, otro crítico brasileño, cuya obra ensayística se mezcla con su obra novelística, desarrolla el concepto de "anarquía formal". "Se vuelve difícil clasificar lo que sea o no sea novela hoy día", afirma Santiago. "Hay una explosión de las reglas tradicionales del género, característica propia de los momentos de transición literaria, cuando los patrones comunes que determinan la estética del género en determinado período histórico pasan a ser insuficientes". Nos encontramos pues dentro del debate, aunque sea una posición incómoda, y a veces incomprensible, que no nos gusta. Gerald Graff, crítico norteamericano, nos explica en Beyond de Culture Wars, que la teoría es lo que se debate y lo que se trata de comprender cuando se pierde un consenso básico, cuando no se puede comprender nada sin volver a las definiciones de todo y a las justificaciones de todos los argumentos que explican nuestras ideas.

Nos encontramos en un período en el cual los intelectuales de todo el mundo empiezan a cuestionarse respecto del porqué de las ideas fundamentales sobre las humanidades. Es decir, se empiezan a relacionar las ideas que siempre hemos considerado "normales" —las "verdades" fundamentales de nuestra cultura con sus fuentes occidentales— y por lo tanto con una serie de ideas controvertidas sobre lo que se debe aceptar y lo que se debe rechazar y sobre quién va a decidirlo.

Otro punto que se debe enfatizar al proponer una lectura de textos literarios, es la cultura de todos los elementos que participan en la lectura; es decir, lo que trae a la lectura el propio lector, su contexto tanto como el contexto del texto y de su autor. En el caso de mi lectura del debate teórico y de mi lectura del ensayo de Gómez-Martínez, debo hacer hincapié en el hecho de que me encuentro "entre-culturas". El hecho de que sea profesora universitaria en los Estados Unidos (posición que también ocupa Gómez-Martínez), me da una perspectiva o posición privilegiada desde el punto de vista académico. Sin embargo, el hecho de que sea brasileña y de que me haya enculturado en Brasil en mi infancia, me brinda otro punto de vista. Y, finalmente, el hecho de que me dedique primariamente a la literatura española e hispanoamericana, me pone en varios "entre-lugares" ya definidos por Silviano Santiago. Al estudiar los textos literarios trato de ser consciente de los varios puntos de vista que traigo a mi propia lectura, sin renunciar a la cultura básica que me pone en punto referencial a los textos: me refiero a la cultura occidental que hasta muy recientemente ha dado forma y estructura a la cultura de las Américas.

La teoría puede darnos una base para los estudios, pero como nos advierte Roger Webster en Studying Literary Theory (1990), debemos tener cuidado en no caer en la trampa de la teoría; es decir, en no pretender encontrar "otras verdades" con la pretensión de que se vayan a aceptar sin desafíos críticos. Aquí repito una premisa en la cual voy a basar esta lectura (aunque lo hago consciente de la contradicción que ello implica). La teoría para el estudio de los textos siempre existió; no es nada nuevo. Dentro de nuestra cultura occidental, Aristóteles ya nos había dado reglas para aproximarnos a la literatura, al arte y a la música. Lo que es nuevo en el debate de hoy día, es la teoría como tema de estudio y no la teoría como estructura para el estudio de un campo estético, político o cultural. Dentro del debate y de la polémica, todos estamos entrando en un campo más fuertemente interdisciplinario y tratamos de entender nuestras vidas y nuestras ideas desde un punto de vista dinámico y no estático. Más aún, si nos detenemos en la discusión actual, vemos que esta idea del cuestionar las premisas del pensamiento de una cultura no es nada nuevo. Aquí podemos volver a las ideas de Kuhn, cuando nos señala que todo cambio de paradigma, origina la misma polémica. El escenario y los personajes pueden ser distintos, pero el debate —la teoría— persiste.

Vemos a veces que el debate teórico se presenta en el propio texto literario. Y la teoría se vuelve entonces parte del texto: se vuelve el texto. Según Roberto Reis, "la literatura habita, al lado de otros discursos, el espacio de la cultura. Por esta razón, es irrelevante hablar de lo que es intrínseco y extrínseco al texto, ya que se trata, por medio del texto literario, de trabajar el espacio discursivo, de tejerlo con textos que se contaminan mutuamente".

Ahora bien, lo importante es saber que la cultura occidental, que es la nuestra, o más específicamente, la cultura europea que es la base de nuestra cultura, experimentó cambios rápidos y fundamentales durante todo su desarrollo. Nuestra cultura es una cultura viva, y por eso es una cultura dinámica. Y si aceptamos la premisa de que una cultura es una realidad dinámica, que puede leerse desde distintos puntos de vista, como los que provienen de cambios sociales y políticos, la pregunta esencial resulta ahora ser: ¿por qué es necesario "problematizar" —estudiar, definir, internalizar— la teoría? El hecho fundamental es que esta posición que acabo de "definir" —o mejor dicho, "proponer"— es ya una posición "posmoderna".

Antes del presente "debate teórico" no se aceptaba fácilmente el hecho de que todo cambia siempre, y de que no hay una verdad externa a una comunidad de personas que viven dentro de un punto en el espacio y en el tiempo. El hablar de literatura como texto discursivo de la cultura, como lo hizo Roberto Reis, es problematizar todo el concepto de literatura en general.

En 1924, Virginia Woolf dijo que "en diciembre de 1910 la humanidad cambió porque todas las relaciones humanas cambiaron: relaciones entre los dominadores y dominados, entre los maridos y las mujeres, entre los padres y los hijos. Y cuando cambian las relaciones humanas, hay también cambios en la religión, en los valores, en la política y en la literatura".

Virginia Woolf, junto a T.S. Eliot, James Joyce y otros, empezaba a declarar, sin mucha autocensura en sus palabras, que el mundo ya no se podía encontrar tan sencillo. Ya no se sabía, sin pensarlo, quienes eran los "dominados" y quienes eran los "dominadores". Estos "modernistas" creían que podían crear un mundo o muchos mundos creando nuevas poéticas y nuevas maneras de pensar. Con las ideas "modernas" de estos "modernistas" entramos en la "modernidad" cultural. Si se puede crear un mundo nuevo con palabras, si se pueden cambiar las ideas fundamentales sobre el poder político y social, entonces se empieza a dudar de las premisas básicas: ¿existe una verdad universal fuera de un contexto cultural? Estábamos, con el advenimiento de la "modernidad", dentro de un cambio de paradigma en las humanidades. Un cambio desde las reglas fijas de la Ilustración europea —el Siglo de la Razón— hacia una "razón" relativista. Lo "normal" ya no era aceptado y, como hemos dicho, se empieza a "problematizar" la teoría. Los modernistas empezaron entonces a hacerlo, y cuando hubo otro cambio de paradigmas, cuando se empezó a problematizar el acto de problematizar, entonces llegamos al que en el mundo académico llamamos el "posmodernismo" o el período "posmoderno".

En los párrafos que siguen, voy a introducir conceptos teóricos dentro de un contexto histórico. Las palabras que se citan entre comillas forman parte del vocabulario activo de la polémica actual sobre la teoría. Estas palabras, y las definiciones que empleo, son de suma importancia en mi lectura de los debates teóricos. Aunque estos marcos teóricos ya sean bastante conocidos dentro del mundo académico, los voy a repasar brevemente en esta introducción al texto de Gómez-Martínez, cuyo ensayo se basa de una manera u otra en estos marcos y en la polémica académica de nuestros días. Las palabras y sus significados suelen formar parte de los textos literarios actuales.

Dentro de la literatura dominan, durante la primera mitad del siglo, los investigadores que siguen las reglas del "formalismo" y luego los que siguen las reglas del "estructuralismo". Los formalistas (movimiento literario en Rusia desde 1915 hasta los años treinta) decidieron estudiar las "formas" literarias como lo fundamental en la crítica literaria. Para los formalistas, la obra literaria es importante por la organización de palabras e imágenes que pueden ser estudiadas casi como ciencia. En los Estados Unidos, como también en Iberoamérica, el formalismo se conoce como la "Nueva Crítica" (New Criticism). La técnica más importante de este grupo es la lectura cuidadosa y la atención prestada a la forma y no al contenido de una obra. A ellos no les importa, en absoluto, el contexto del autor, del texto o del lector de una obra. En muchos casos, los mismos escritores estudiaban las formas de sus obras dentro del texto desarrollado. Por ejemplo, el novelista brasileño Autran Dourado, describía la estructura de sus obras cuando las comentaba en el mundo académico mediante dibujos complejos que en su opinión permitían "aclarar" el texto. Hay quienes dicen hoy que dentro de las estructuras se puede encontrar el poder político y dialógico de las obras. Hay quienes afirman que la nueva crítica no era nada más que otro poder manipulador. Es decir, que manipulaba a los escritores o a los lectores como guía de lectura.

Hasta mediados del siglo, se practicaban en el mundo académico Europeo y en el de las Américas las reglas de la nueva crítica y su versión francesa —explicación de texto. Aunque en Iberoamérica la nueva crítica mantuvo su importancia hasta finales de los años setenta (y en algunos sitios todavía existen grupos que la emplean activamente), en los Estados Unidos, este tipo de crítica se cambió en los años cincuenta por la crítica de los "arquetipos" asociada con la propuesta del psicólogo Carl Jung. Los arquetipos son imágenes culturales que dentro de esta teoría, desarrollada por Northrop Frye en Anatomy of Criticism (1957), dan estructura a la obra. En todas las culturas, y en el caso de Frye, la occidental, hay una serie de mitos que establecen la estructura estética de la cultura. Con la mezcla de la psicología de Jung y la crítica literaria, vinieron los "psicoanalistas literarios" y, por otro lado, también aparecieron los que atacaron este tipo de teoría. En los años sesenta, otras teorías empezaron a entrar en el debate académico: la "estructuralista" y también la "semiótica".

Como una evolución natural del formalismo, el "estructuralismo" trata de examinar y de explicar las condiciones que dan significado al lenguaje en general y a las palabras en particular. Es decir, el sistema lingüístico y sus estructuras van a contribuir a la visión total de la cultura dentro del texto. El estructuralismo se desarrolló principalmente a partir de las investigaciones de dos franceses —Ferdinand de Saussure y Claude Lévi-Strauss. Saussure, desde la filología, trató de definir la semiología como "la ciencia que estudia los signos de una sociedad". En lugar de dedicarse, como lo hacían los filólogos clásicos, al desarrollo histórico del lenguaje, Saussure estudió los elementos del lenguaje que producen los signos aceptados por un grupo social. Saussure define el signo semiótico como arbitrario. Es decir, alguien decidió, por ejemplo, que el rojo quiere decir ¡pare! y que el verde quiere decir ¡adelante!. Estos signos son arbitrarios y podrían haber tenido definiciones opuestas. Lévi-Strauss emplea la semiótica en sus estudios antropológicos. Los académicos en el ámbito de las humanidades tratan de emplear los métodos científicos de estos dos investigadores y proponen el estructuralismo como teoría literaria. Lo que ocurre cada vez con mayor frecuencia es que la crítica literaria empieza a pasar al campo interdisciplinario; se empieza a articular desde una combinación de perspectivas filosóficas, históricas, lingüísticas, psicológicas y antropológicas, por sólo mencionar los campos más fundamentales. Muchos de los escritores iberoamericanos estudiaron en Francia y se dedicaron al estudio de los intelectuales franceses y al desarrollo de las ideas introducidas por estos intelectuales.

Mientras el estructuralismo presenta algunos puntos teóricos interesantes, hay otro "mito" de la crítica literaria que entra en la polémica. Me refiero a la "autoridad" del autor o de la autora. Durante el siglo XIX, la crítica literaria siempre trató de llegar a la "intención del autor" como meta fundamental del análisis literario o de la crítica de arte. Es decir, el autor trató de crear un mensaje dentro de la obra y el objetivo del análisis era llegar al autor por la obra. No se separaba el autor del texto. En el debate de la primera mitad del siglo XX, por el contrario, no importa la intención del autor, puesto que ahora lo más importante en la obra son la estructura, los mitos en ella analizados, y los signos culturales que se descubren dentro de ella. En 1968, el francés Roland Barthes revolucionó el mundo teórico con su ensayo "La muerte del autor". En este ensayo, Barthes concluye que lo que importa primordialmente no es el autor, sino el lenguaje que él comunica y que cuando un texto literario o una obra de arte "circula en una comunidad" ya no pertenece al autor sino al "lector". Barthes va todavía más allá y habla de la "multiplicidad de significados" dentro del texto. Esta multiplicidad proviene de los lectores y no del autor. Se empieza a hablar de la "recepción" del texto (Reception Theory) como punto esencial en el análisis literario.

Durante los últimos años de la década de los sesenta y hasta muy recientemente, el estructuralismo y las teorías derivadas de él dominaron el debate literario en los Estados Unidos y en América Latina. Pero este debate no hubiera tenido lugar sin los que lo criticaron y lo rechazaron. Algunos críticos decían que el estructuralismo era "antihumanístico". Dentro de este pensamiento debemos mencionar a Louis Althusser, filósofo de la izquierda que trató de redefinir el estructuralismo dentro de una lectura "marxista". Hay que mencionar que al final de la década de los sesenta, mucha de la crítica literaria y social sigue el pensamiento marxista, a la vez que trata de rechazar el pensamiento formalista. Se empieza a hablar en algunos sitios de "el culto a todo lo que es francés". Lo irónico es que fue precisamente un francés quien empezó una crítica decisiva a Lévi-Strauss. Este filósofo, Jaques Derrida, critica el estructuralismo como una falta de capacidad de ver que la "estructura" es también un concepto que se debe investigar conscientemente. En De la grammatologie, Derrida critica la posibilidad de estudiar estructuras sin una toma de conciencia previa de que formamos parte de la estructura cultural a la que pertenecemos. Para Derrida, todas las palabras pueden ser símbolos metafóricos, signos metafóricos, y el significado mismo de una metáfora. Por eso, como filósofo, Derrida crea neologismos para explicar sus ideas. El neologismo différence es una mezcla los dos significados de diferir: diferenciarse y posponer; es decir, el significado de una palabra no tiene sentido fuera de un contexto, de un tiempo y de un espacio. Existe, pues, la diferencia entre un significado en una de las condiciones y otra. Existe también el "posponer" del acto de significar hasta otro contexto. Es decir, a medida que el lector capta el significado de la palabra, ésta ya pertenece a otro contexto y por lo tanto ya ha cambiado, de manera que nunca se puede fijar, desde el punto de vista de la palabra, un significado. Lo que tenemos es una cadena interminable de significados.

Para Derrida, pues, lo importante es "deconstruir" el texto, la frase, las palabras y tratar de llegar a un significado que explique el texto dentro de las reglas de un contexto; se trata en Derrida de un contexto determinado por el propio lector y su espacio en el tiempo. Es decir, no hay un significado verdadero; no hay una verdad, un centro fijo. Lo que hay es un centro que cambia —se pospone— según la situación del lector, de la lectura o del texto. Derrida investiga las ideas del estructuralismo y propone las idea de las "oposiciones". Todo "es y no es" lo que significa, porque lo que "es" se relaciona con un punto de vista, una serie de elementos históricos, un tiempo, etc. —un contexto. Con las ideas de Derrida, llegamos ya al que se llama el "postestructuralismo".

Derrida empieza a "problematizar" las ideas "normales" de la jerarquía filosófica de los opuestos. Por ejemplo, siempre se aceptó la idea de las oposiciones blanco/negro, salud/enfermedad, hombre/mujer, filosofía/literatura, en las cuales la primera palabra es "superior" y la segunda "inferior" filosóficamente. Derrida sugiere pensarlas "en el orden opuesto". Se empieza con esto a hablar de los códigos sociales imbuidos en la manera de hablar ("speech acts"). Este pensamiento se radicaliza más con otro filósofo francés, Michel Foucault, quien trata de re-definir el lenguaje dentro de un sistema en el cual aquél se destruye a sí mismo y con esto se genera otro lenguaje y otro y otro ad infinitum. Con la diferencia del centro de una estructura —cualquiera que sea— se puede ahora cuestionar todas las estructuras y toda "autoridad". Conviene, no obstante, tener presente que las ideas postestructuralistas, este juego teórico de nuestros días, empezó durante un período de rechazo de la autoridad en casi todas las partes del mundo. Es decir, lo que confrontamos ahora es el legado de los años sesenta y setenta. Si puede re-pensarse todo lo que se acepta como "verdad", entonces se empieza a re-pensar la estructura cultural y política en la literatura, en la historia, en el lenguaje, en el arte y en las humanidades.

Cabe señalar que dentro del posmodernismo ya empezamos a hablar de un "poscolonialismo" crítico, pero éste, salvo rarísimas excepciones, se dedica a un discurso sobre las colonias inglesas —predominantemente la India— y de literaturas francófonas del Caribe francés. Son pocos los críticos hispanohablantes que han desarrollado las teorías poscoloniales en términos latinoamericanos. Santiago Colas trató de empezar el diálogo en 1994 en su Postmodernity in Latin America: The Argentine Paradigm. También ya entraron en el diálogo John Beverley, José Rabassa, Angel Rama, Julio Ramos, y Roberto Fernández Retamar; pero en mucha de la crítica, el "poscolonialismo" se limita a las nuevas lecturas de la literatura colonial. Todavía no hay lectura "poscolonial" del debate teórico, con excepción de autores como Walter Mignolo y Alberto Moreiras.

La ruptura que vemos dentro del debate postestructural nos lleva a la época que llamamos también "posmoderna" o de la "posmodernidad". Ahora se empieza a cuestionar y a problematizar la esencia de nuestra civilización. Borges ya nos había guiado hacia el debate posmoderno en sus cuentos y sus poesías. Las teorías discutidas en los campos académicos son, entre otras, el "feminismo" (francés y norteamericano), especialmente en las ideas de Hélène Cixous, Barbara Johnson, Julia Kristeva, Elaine Showalter; el "marxismo" de Louis Althusser, Terry Eagleton, Fredric Jameson, John Ellis, Rosalind Coward; el "retoricismo" de Stanley Fish, el "psicoanálisis" de Jacques Lacan; la "dialógica" de Mijail Bajtin —todos los métodos y teorías nos llevan a una visión de la celebrada "diversidad cultural" y del "multiculturalismo". Y aunque en los primeros años de la "revolución" teórica se hablaba de las diferencias, hoy se teoriza sobre la teoría. Es que estamos en otro cambio de paradigma, siguiendo la teoría de Kuhn. No hay consenso en casi nada, y por eso se teoriza sobre el porqué de muchas cosas.

En su libro Falling into Theory, David Richter define tres temas importantes del debate actual en lo que se refiere a los estudios literarios. Los tres temas son: ¿por qué leemos? ¿qué vamos a leer? y ¿cómo vamos a leer? Estas tres preguntas pueden establecer una estructura para la lectura de los textos literarios. Durante este fin de siglo, la moda entre los escritores actuales es la búsqueda de una identidad cultural, política y social. Los escritores, en sus textos, nos presentan este tipo de problematización. Las tres preguntas forman parte también de los actuales debates ideológicos y multiculturales. Estos debates casi siempre vuelven a un punto teórico porque todavía no nos es cómodo ni tampoco conveniente tratar de fijar una u otra ideología.

La primera pregunta o tema proviene de la polémica actual sobre la importancia de la lectura dentro de un contexto tecnológico; o más bien, sobre la importancia del "texto" y la definición de texto como todo lo que se "lee" en una cultura. El arte popular, la televisión, las películas, los periódicos, las revistas. ¿Qué función tiene la lectura dentro de una cultura? ¿Qué función tiene la lectura dentro de la definición de una identidad? El segundo tema forma parte de una de las más problemáticas polémicas de nuestros días. ¿Quién va a establecer el nuevo "canon"? ¿Qué reglas se siguen al escoger los textos que leemos? ¿Quién decide lo que se va a publicar y cómo? Y el último problema, ¿cómo vamos a leer?, tiene como objetivo la ruptura de la idea de una "lectura correcta". Es decir, que no todos los lectores leen de la misma manera e incluso que dos lectores que participan de una misma cultura no leen de la misma manera.

Mientras nos encontremos en este cambio de paradigmas, mientras no haya consenso en las repuestas a estas tres preguntas —estos cuestionamientos/temas/problemas— todo ensayo sobre la literatura de una cultura durante un determinado punto cronológico planteará problemas teóricos como éstos a cada paso de la lectura o del debate. Mientras exista un debate libre, tendremos la oportunidad de explorar otros medios de organizar nuestras ideas. Quizás el propio debate sobre "el debate" nos pueda dar una visión más clara aunque más compleja sobre nuestra propia cultura y nuestra situación espacial y temporal. El debate, en fin, quizás nos pueda llevar hacia un espacio que deconstruya la misma "identidad cultural".

En nuestra lectura del ensayo de Gómez-Martínez, empleamos también la teoría de Herman, Kempen, y van Loon, dos psicólogos y un filósofo que desarrollan su teoría del "yo dialógico" (The Dialogical Self) según el concepto del "yo" en un contexto cultural occidental. Estos autores se basan en las ideas de Giambattista Vico, y siguen la descripción de la relación inseparable entre la mentalidad y la producción intelectual y la realidad. Según Vico, la historia de una cultura es el producto de la memoria colectiva.

Herman, Kempen y van Loon establecen entonces una relación entre la filosofía de Vico y nuestra actual mentalidad cartesiana y racional. Proponen estos escritores que cogito trata de ponernos en un espacio fijo dentro de un "yo" predefinido. Esto puede ocurrir, según ellos porque el "yo" existe desde mucho puntos fijos —físicos y mentales. Por consiguiente, el "yo dialógico" que proponen es el "yo social", es decir el "yo producto y participante" de un mundo imaginario donde los puntos fijos se manipulan en vistas al contexto. En los años ochenta, un antropólogo brasileño, Ruben Oliven, defendió la tesis de que la memoria colectiva se crea y se recrea desde el punto de vista de los que tienen el poder político, social o cultural dentro de un contexto. Es decir, la memoria colectiva se construye según la autoridad que tiene el poder.

Todos estos cientistas desarrollaban sus ideas con apoyo en estudios empíricos y aceptados por su comunidad académica. Mientras ellos desarrollaban sus teorías basadas en sus estudios, los críticos literarios y los filósofos de la literatura empleaban términos semejantes, aunque sus investigaciones provenían de los propios textos y no de datos empíricos.

Encontramos así a un Silviano Santiago tratando de definir nuestro "entre-lugar" y a un José Luis Gómez desarrollando una lectura "antrópica" a partir de la definición del "nos-otros" y el espacio que nos permite un centro dentro y fuera del contexto. Aunque todavía parezca un nudo gordiano, sólo si aceptamos el dilema y si pensamos en el "yo dialógico", sólo si problematizamos la propia problematización, vamos a empezar a comprender la forma y el fondo de las narrativas que componen los textos que estudiamos.

Entramos en el diálogo literario tomando en cuenta la totalidad creativa de los escritores, no sólo la parte que el "yo-crítico" acepta como la realidad, sino también la parte que el "yo-de-fuera" no ve como una realidad. Ya en 1930, el poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade profetizó este tipo de lectura en su "Anécdota búlgara" publicada en Alguma poesia:

Erase que se era un zar naturalista
que cazaba a los hombres.
Cuando le dijeron que también se cazan mariposas y alondras,
El se quedó muy espantado
Y lo vio una barbaridad.

El marco teórico que guía el presente estudio es policéntrico y dialógico. En esta breve introducción, entramos en diálogo no sólo con algunos textos literarios, sino también con el contexto que los engendró, y la manipulación narrativa, temática y francamente editorial de este contexto.

Carmen Chaves Tesser
University of Georgia

Obras citadas

  • Barthes. Roland. 1975. The pleasure of the text. Trad. Richard Miller. New York: Hill and Wang.
  • Beverley, John. 1993. Against Literature. Minneapolis: The University of Minnesota Press.
  • Colas, Santiago. 1994. Postmodernity in Latin America: The Argentine Paradigm. Durham: Duke University Press.
  • Costa Lima, Luiz. 1989. O aguarrás do tempo: estudos sobre a narrativa. Rio de Janeiro: Rocco.
  • Davis, Robert Con and Laurie Finke, eds. 1989. Literary Criticism and Theory: The Greekes to the Present. New York and London: Longman.
  • Derrida, Jaques. 1967. De la Grammatologie. Paris: Minuit.
  • Drummond de Andrade, Carlos. 1930. Alguma poesia. Rio de Janeiro: José Olympio.
  • Frye, Northrop. 1957. Anatomy of Criticism: Four Essays. Princeton: Princeton University Press.
  • Graff, Gerald. 1992. Beyond the Culture Wars: How Teaching the Conflicts Can Revitalize American Education. New York: Norton.
  • Hermans, Hubert J. M., and Harry J. G. Kempen. 1993. The Dialogical Self: meaning as Movement. San Diego, California: Academic Press.
  • Hermans, Hubert J.M., Harry J. G. Kempen y Rens J. P. Van Loon. 1992. "The Dialogical Self: Beyond Individualism and Rationalism". American Psychologist. 47.1: 23-33.
  • Jitrik, Noé. 1987. Temas de teoría. México: Premiá.
  • Oliven, Ruben. 1996. Tradition Matters: Modern Gaúcho Identity in Brazil. Trad. Carmen Chaves Tesser. New York: Columbia University Press.
  • Reis, Robert. 1987. A permanência do círculo: hierarquia no romance brasileiro. Niteroi: EDUFF.
  • Richter, David H. 1994. Falling into theory: conflicting views on reading literature. Boston: Bedford Books of St. Martin’s Press.
  • Santiago, Silviano. 1978. Uma literatura nos trópicos. São Paulo: Perspectiva.
  • ______. 1989. Nas malhas da letra. Rio de Janeiro: Companhia das Letras.
  • Searle, John R. 1969. Speech Acts: An Essay in the Philosophy of Language. London: Cambridge.
  • Webster, Roger. 1990. Studying Literary Theory: An Introduction. New York: Routledge.

 

Ficha bibliográfica: Carmen Chaves Tesser. "El debate teórico actual". Más allá de la pos-modernidad. El discurso antrópico y su praxis en la cultura iberoamericana. Madrid: Mileto, 1999: 7-22.

 

© José Luis Gómez-Martínez
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