Marisa Muñoz

 

"Arturo Andrés Roig
y la propuesta de una moral latinoamericana de la emergencia"

Marisa Alejandra Muñoz
CONICET - Argentina

La historia de las ideas latinoamericana no está desvinculada ni podría estarlo de un marco ético y político. Así lo ha entendido Arturo Roig, filósofo e historiador de las ideas, cuya trayectoria intelectual se ha caracterizado por un profundo compromiso con la realidad social. La filosofía, entendida como "quehacer social", como un "saber para la vida", le ha permitido quebrar con cierto perfil academicista desde el cual los saberes tienden a quedar encerrados en sí mismos, ya sea en los libros, en las aulas o simplemente en el juego de palabras. Su obra, expresión de un filosofar abierto y esperanzado, es un esfuerzo sistemático por articular la teoría con la praxis, la teoría con la crítica o, según él mismo lo plantea, la "dialéctica real" con la "dialéctica del discurso".

Numerosos son los escritos que el filósofo argentino ha desarrollado en torno a la cuestión "moralidad-eticidad", formando esta problemática un núcleo fuerte dentro de su obra. Asimismo, una de las tareas que ha llevado adelante es la recuperación crítica de la filosofía práctica de escritores latinoamericanos. Se trata de un esfuerzo que conlleva una doble vía: por un lado, desentrañar la estructura teórica de estas categorías y, por el otro, ver como han jugado las mismas en la constitución histórica del sujeto latinoamericano.

La Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias del Padre Bartolomé de las Casas, célebre texto que forma parte de la génesis del humanismo en América, en cuanto allí se formula la denuncia del avasallamiento de la dignidad de nuestros pueblos americanos, es el símbolo que Arturo Roig hará jugar como figura fundacional de nuestra cultura. Los orígenes del humanismo, asimismo, están ligados al período histórico que se ha denominado como Renacimiento, época que en el plano moral producirá el desplazamiento de la concepción griega y medieval en vistas a la afirmación de un sujeto cuya dignidad parte "de sí" y "para sí". A más del texto lascasiano, Roig incorpora a la construcción de una nueva categoría de "humanidad", los escritos de Juan Pico de la Mirándola y de Fernán Pérez de Oliva. El Discurso sobre la dignidad del hombre (1496), del primero y el Diálogo sobre la dignidad del hombre (1546), del segundo. El análisis y recuperación de estos textos le permite al autor integrar la noción de la dignidad al fenómeno de la emergencia social y plantear lo que ha denominado "moralidad de la emergencia" en América Latina.

Esta moral de la que nos habla tiene como idea reguladora la dignidad humana y se ha expresado en diferentes formas discursivas, todas emanadas de un suelo común: el lenguaje de la vida cotidiana, el lenguaje de nuestros pueblos, y también se ha expresado en una praxis a partir de la cual un sujeto plural se afirma y reconoce en sus modos de objetivación de la realidad. Los filósofos no tienen un sitio privilegiado en esta construcción de lo real, por ello la teoría debe ir acompañada de la crítica, en cuanto toda teoría es una forma de mediación respecto de la realidad, pero no refleja directamente las cosas mismas. Esta conciencia de la mediación, y el poner también el acento en los modos de objetivación más que en los productos de esas objetivaciones, hacen que Roig se aparte del proyecto de hacer una filosofía de la cultura y de mitificar el papel del filósofo. En todo caso, si pudiéramos poner una denominación a su tarea, diríamos que está relacionada con la reconstrucción de una "antropología de la emergencia", tal como ésta se ha dado en nuestros pueblos, y cuya lectura puede realizarse a partir de las categorías de "moralidad-eticidad".

La noción de emergencia se encuentra articulada, asimismo, con la de "función utópica", inherente a todo ser humano, que se caracteriza en la esfera social, por atentar contra las totalidades o totalizaciones opresivas nacidas desde una lógica de dominio y de sometimiento a leyes establecidas y legitimadas, en muchos casos, desde principios naturales. Precisamente, el ejercicio de la función utópica permite el surgimiento y la afirmación de la alteridad que se manifiesta también en formas de resistencia a la lógica del poder. Es la "moralidad de la protesta", o también denominada en nuestra historia intelectual como "moral heroica", fruto de los sucesivos movimientos sociales del continente, que se subleva ante una "ética del poder" que sistemáticamente se niega a ver las necesidades coesenciales a la dignidad de todo ser humano. La moral emergente es, además, entendida por nuestro filósofo como "una dialéctica entre subjetividad y objetividad: dos niveles de la moral, de los cuales, el primero, ha jugado entre nosotros, en los momentos de emergencia, un papel irruptor respecto del segundo"; se apoya, sin dudas, como lo hemos anticipado en la dignidad como valor irreductible.

La compleja relación moralidad-eticidad, junto a la fuerza irruptora de una sujetividad emergente, Arturo Roig nos la dibuja en numerosos estudios: en los escritos de Juan Montalvo, en Simón Rodríguez, en la utopía martiana de un "humanismo social", en los ideales y el antidogmatismo de José Ingenieros, en Ernesto Che Guevara, en los krausistas argentinos, en los catecismos de denuncia, en la problemática femenina, en cínicos y epicúreos del mundo antiguo. En fin, no quisiéramos cerrar este listado ya que seguramente faltarían nombres y temas. Para Arturo Roig se trata de no olvidarnos de la noción kantiana del ser humano como "fin en sí", retomada desde los planteos de los grandes escritores latinoamericanos y en los movimientos sociales emergentes, pero planteada desde un presente que se muestra atravesado por nuevas situaciones sociales, políticas y económicas. Si en el pasado aquellos sujetos produjeron un "reordenamiento de los saberes y las prácticas" a través de la resemantización de categorías que concurrieron a la construcción de nuevos modos de objetividad, la crisis existente en el mundo contemporáneo pone a los intelectuales frente a otro desafío que no consiste solamente en una nueva interpretación de la realidad sino también en su transformación

El concepto de cultura del que parte Arturo Roig está ligado a estos "modos de objetivación" que ejerce un sujeto, en este caso, un "nosotros" latinoamericano. Este proceso se da en un marco social atravesado por la conflictividad, de ahí que la constitución de la identidad latinoamericana muestre grados de contingencia. La conflictividad social a la que Roig alude puede ser de clase, de género, étnica, nacional, mundial, etc. Ahora bien, la tarea consistiría en determinar de un modo empírico cuáles son las contradicciones fundamentales que se dan en un espacio y tiempo concreto. De allí que se refiera a algunas contradicciones que gravitan en nuestra sociedad contemporánea, las cuales se dan en un juego de oposiciones y en constante tensión: "capital-trabajo", "vida privada-vida pública", "países hegemónicos-países marginales", "bienes de uso-bienes de cambio", entre otras. Las contradicciones señaladas le permiten asimismo abordar problemáticas tales como la de alienación, la cuestión de género, los fenómenos del impacto de la globalización, de la dependencia, la mercantilización y fetichización de la vida humana. Al tratar de dar cuenta de un modo consistente de estas contradicciones, lleva a poner el acento en el ejercicio de la crítica y de una praxis transformadora atenta a la raíz social de estos fenómenos, lo que va a producir también ir ajustando la "dialéctica del discurso" en función de la "dialéctica de lo real".

Por otra parte, el interés por el lenguaje, entendido como uno de las vías fundamentales de objetivación, le permite a Arturo Roig incursionar en una "teoría del discurso", no ajena a la contextualidad social. Desde este campo de investigación propone categorías sociales para abordar la lectura de una época y avanza, además, hacia lo que ha denominado una "simbólica" latinoamericana. Asimismo, recupera la noción de "trabajo" como condición de la existencia humana, como forma de praxis que no necesariamente produce alienación. En este sentido, más que entender la categoría de trabajo desde un paradigma de la producción lo hace desde los modos de objetivación, lo que permite ampliar el marco de su comprensión. Desde esta perspectiva, se diferencia del filósofo alemán Jürgen Habermas, quien propone sustituir el paradigma de la producción por el de la comunicación para dar cuenta de los fenómenos experimentados por las sociedades actuales. Así como la dignidad no puede desvincularse de las necesidades, el trabajo es una necesidad del ser humano en cuanto juega un papel fundamental en los procesos de antropogénesis. Estos lineamientos se siguen a partir de los Manuscritos de 1844 de Marx, que van a ser interpretados como una expresión particular del imperativo kantiano, en cuanto afirman al ser humano como fin y no como medio. En este sentido, Roig no desplaza el trabajo por el lenguaje, ya que la participación en el discurso no se considera suficiente para superar las asimetrías sociales. Igualmente puede comprenderse como una respuesta a la situación actual, caracterizada por las nociones de "egoísmo racional", de eficacia, de racionalidad instrumental, que sustenta el discurso neoliberal predominante.

Dentro de la perspectiva de la moral emergente, las necesidades no obedecen solamente a una cuestión económica, sino a una cuestión moral, en tanto la dignidad se presenta como necesidad primera, justificando y dando sentido a todas las demás. Frente a las morales del "egoísmo racional" y de la "ética del mercado", el filósofo latinoamericano intenta mostrarnos un conjunto de doctrinas, de prácticas y de ideas, articuladas en torno a la dignidad, abiertas a la problemática de los derechos humanos y a la construcción de una democracia real en América Latina. Todos aspectos contribuyen a profundizar el "a priori antropológico" enunciado por el autor en su libro Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano, cuya significación ha consistido y consiste en "ponernos a nosotros mismos como valiosos".

  

[*Publicado originalmente en Signos en Rotación, Suplemento Cultural del Diario La Verdad, Año II, nº 79, Caracas, Venezuela, 24 de octubre de 1999. Edición digital de Marisa Muñoz]
 
© José Luis Gómez-Martínez
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