Arturo Andrés Roig
 
 
Ética del poder y moralidad de la protesta:
La moral latinoamericana de la emergencia*

 

"QUÉ HACER CON NUESTRA TRÁGICA HERENCIA"

Falta poco para que concluya el siglo y aún vivimos intensamente los acontecimientos que se cerraron o que se abrieron para nosotros en la década de los años ´70.

Quisiéramos referirnos a los hechos que entonces tuvieron su inicio y que, en un sentido u otro, se mantienen vivos. Se trata de dos procesos comenzados ambos en el año 1976, fecha que hace de parteaguas, en muchos sentidos, en nuestra historia: el golpe militar que instaló el quiebre más profundo que haya sufrido el derecho entre nosotros, en la medida en que desde el Estado se instalaron la inmoralidad y la brutalidad en las relaciones humanas, y la apertura de un régimen de acumulación de capital cuya "racionalidad" se apoyó inicialmente en aquel mundo de la violencia institucional.

La pregunta que nos hacemos es si esos procesos han concluido o se mantienen de alguna manera y, lamentablemente, debemos responder que sí se mantienen. En 1983 se declaró reinstalado el Estado, en cuanto Estado de derecho dentro de los marcos de nuestra tradicional democracia liberal, pero el segundo, cuya puesta en funcionamiento tuvo como condición de posibilidad aquella violencia sostenida por el propio Estado, no concluyó. El nuevo sistema de relaciones económicas continuó como si los "años crueles" aún mantuvieran viva su funesta influencia. Dicho de otro modo, el sustento ideológico de lo económico puesto en marcha por la tiranía, no ha concluido, sino continúa y hasta se profundiza. Cabe, pues, que nos preguntemos si lo que se inició en 1976 ha terminado y la respuesta, lamentablemente, es no.
 

Pero hay todavía más. Dijimos que a partir del año 1983 pasamos de un Estado represor y radicalmente antijurídico a un Estado de derecho. Una caracterización de este tipo de Estado nos dice que en el Estado de derecho todo se ejerce conforme a derecho. Pero, ¿qué sucede si este Estado reinstalado entre nosotros después de tanto dolor y tanta penuria, es imperfecto y, a tal grado, que el mismo derecho se ve pervertido en cuanto a herramienta de la justicia? Y aquí nos encontramos con otra herencia de aquel fatídico año de 1976, nuestro Estado de derecho es un "Estado de impunidad" afirmación ésta que supone uno de los más trágicos contrasentidos: la vigencia de un derecho que renuncia a la justicia y que por lo tanto deja de ser garante de la misma. Tal es el escándalo moral y jurídico del reconocimiento del llamado principio de "obediencia debida" que hará que esta democracia que vivimos pase a la historia como una de las más arbitrarias en cuanto que la arbitrariedad es la suspensión de toda juricidad.

Y si la dictadura militar, en nombre del Estado, tronchó una generación, destruyó una juventud y provocó el exilio más grande de la historia patria, el plan económico que se inició con ella continúa profundizándose y llevando a otras generaciones a los márgenes de la vida y de la historia.

Ante todo esto nuestra pregunta es ¿Hasta qué punto no vivimos tadavía en clima que se nos impuso en aquella década? Mucho es lo que aún pesa sobre nosotros y el "olvido" que algunos pretenden tendría que ser absurdamente el olvido de lo que estamos viviendo. Y a propósito de esto último pienso que una de las cosas urgentes es la de concluir con el tema planteado entre "memoria" y "olvido", como si tuviéramos que optar por el uno o por el otro. Pero sucede que ese dilema es un dilema falso, no es un dilema que nos obligue a decidirnos por uno de sus términos. Y no es un dilema por el simple hecho de que la "memoria" no es incompatible con la justicia y el ejercicio memorioso acompañado de ella no implica agravio ni menos aún venganza. De este modo el falso dilema se transforma en lo que debió ser en todo momento: un lema, que es el lema básico de toda auténtica vida democrática: "memoria y justicia".

La construcción de la memoria histórica es un campo de lucha como cualquier otro en la sociedad, luchemos, pues, por los derechos inalienables que todo ciudadano tiene frente a las historias oficiales, de crear y recrear sucesivamente las historias alternativas que nos permitan un reencuentro, pero en la justicia.
 

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*[Primera edición de Ética del poder y moralidad de la protesta. La moral latinoamericana de la emergencia, autorizada por Arturo Andrés Roig para el Proyecto Ensayo Hispánico. El libro está fechado en Mendoza (Argentina) en 1998. Edición preparada por José Luis Gómez-Martínez]
  

© José Luis Gómez-Martínez
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