Arturo Andrés Roig
 
 
Ética del poder y moralidad de la protesta:
La moral latinoamericana de la emergencia*

 

"RECIÉN COMENZAMOS"

"...queriendo y ver y viendo debajo del barro."
Armando Tejada Gómez. Coral del nacimiento 1962.

Una vez más podemos afirmar que padecemos una crisis de identidad. Y una vez más tenemos la convicción de que estamos pasando, tal vez, una de las peores que hayamos vivido en nuestra historia. Lógicamente que podría decirse que lo que estamos afirmando tiene mucho de subjetivo, pero lo grave se encuentra en que los hechos nos confirman en nuestras apreciaciones y temores. No vemos, además, pruebas de que la crisis que vivimos —que ya lleva varias décadas, aún cuando la percibamos acentuada en nuestros días— sea de aquellas en las que una enfermedad sigue su curso favorablemente.

No se trata, por cierto, de una identidad que teníamos lograda ya y que la hemos ido perdiendo, sino de algo mucho más hondo, por lo mismo que la identidad no es una esencia, sino algo que vamos construyendo según sean los tiempos. Lo que habríamos perdido sería la capacidad de ir cada día dándole forma como respuesta, justamente, a esos nuevos tiempos.

Durante la segunda mitad del siglo XIX nos llegó lo que entonces llamaban "el mal del siglo". Un pesimismo hondo del que dieron ejemplo tantos románticos. Terminamos ahora este siglo XX con algo semejante, un estado de ánimo generalizado, al que algunos han denominado "desencanto". Algo así como si grandes promesas se hubieran desvanecido y estuviéramos viviendo en una intemperie. ¿Vamos a dejar llevarnos por aquel desencanto y vamos a resignarnos a vivir en los resquicios que dejaría eso que llaman "globalización"? ¿Nos plegaremos al discurso resignado, conformista y, en muchos casos, oportunista y hasta cínico de aquellos que han bajado los brazos porque en este mundo "fragmentado" vivir el desencanto es saludable? ¿Conviene que nuestras voces sean débiles y apagadas para evitar que una razón acusada de avasalladora nos vuelva a engañar con sus sueños? ¿Daremos oídos a todas esas ideologías que nos vienen anunciando muertes, en un fin de milenio apocalíptico en el que a los seres humanos no les habría quedado otra cosa que esperar el milagro definitivo de las leyes del mercado?
  

Frente a todo eso, ¿qué debemos hacer? Pues embarquémonos en un nuevo proyecto de identidad social, nacional y latinoamericano y no dejemos que nos la fabriquen. No olvidemos que nos sobran materiales y experiencias para esa construcción. Vivamos la dureza de estos tiempos como una experiencia más por la que pasan aquellos ideales que después de la Segunda Guerra Mundial quedaron definidos como derechos humanos. Ellos fueron una de las más importantes respuestas dadas a esta crisis. Profundicémoslos, pues, asegurémoslos. Proyectemos nuevas formas de convivencia humana y de estructuras sociales, adecuadas a esos derechos. Reconstruyamos la historia capitalizándola como haber propio, de modo inteligente y, a la vez, serio y creador. Y tengamos presente, sobre todo, que la historia está hecha no sólo de necesidad, sino también de contingencia, y veamos de qué modo podríamos poner a nuestro favor tanto la una como la otra. Llevemos adelante esa experiencia poniendo el oído atento a las otras voces y, con ellas, desde nuevos esfuerzos comunitarios, no desdeñemos iniciar, una vez más, un camino que la humanidad ha recorrido ya otras veces en la larga tarea de construir sus propios ideales regulativos. Constituyámonos en sectores críticos hasta alcanzar el perfil propio, dinámico y combativo de una sociedad civil independiente, base de la Nación y del Estado. Profundicemos el poder de opinión y defendamos sus canales, exigiendo que la prensa sea libre y sea respetada como tal. Luchemos por una democracia en la que se reinstale la justicia social, para que los derechos humanos no sean palabras vanas; en la que no tengan cabida los corruptos a los que tanto les interesa la democracia como la tiranía.

Rescatemos, adecuados a los tiempos, los ideales de una humanidad digna, abierta al diálogo y a la comprensión, pero celosa de su autonomía e independencia frente a los poderes mundiales y las nuevas formas de imperialismo. Recién comenzamos, nada se habrá perdido si sabemos mirar debajo del barro.
  

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*[Primera edición de Ética del poder y moralidad de la protesta. La moral latinoamericana de la emergencia, autorizada por Arturo Andrés Roig para el Proyecto Ensayo Hispánico. El libro está fechado en Mendoza (Argentina) en 1998. Edición preparada por José Luis Gómez-Martínez]
  

© José Luis Gómez-Martínez
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