Arturo Andrés Roig
 
 
Ética del poder y moralidad de la protesta:
La moral latinoamericana de la emergencia*

 

"DOS PALABRAS SOBRE CORPOREIDAD Y LENGUAJE"

El mundo contemporáneo ha sido fecundo en temáticas que han venido a enriquecer ese campo en el que médicos y filósofos vienen a encontrarse, siempre de modo fecundo —en particular para nosotros los filósofos— el de la "antropología médica".

Quisiéramos decir una breves palabras sobre uno de los tantos aspectos de ese encuentro, el que ha sido posible, en buena medida, en cuanto la filosofía ha dado el importante viraje que implica la renuncia o —tal vez con más fuerza— la denuncia, de muy antiguas tradiciones que venían respaldadas en la autoridad del pensamiento platónico.

Dicho de modo apretado: el rescate de la corporeidad como una realidad y como un campo de investigación y estudio con una cierta autonomía que ha conducido a replanteos en algunos casos ciertamente revolucionarios. Ahí está, para no ir más lejos dentro de las tesis que se discuten en nuestros días de modo acalorado, la problemática que surge del pensamiento de Jacques Lacan acerca del valor y peso del significante.

Tal vez alguien se pregunte qué relación tiene la problemática de la corporeidad con la cuestión —muy propia de la lingüística o de una semiótica de "significado" y "significante".

La inquietud tal vez pueda ser respondida si tenemos en cuenta que la contraposición "significado-significante", como partes constitutivas del signo, ha tenido un valor equivalente a la contraposición "alma-cuerpo". Tal vez podríamos decir, mediante una metáfora, que el "significante" es algo así como el "cuerpo" del signo, del mismo modo que en aquella tradición platonizante que habíamos mencionado antes, el "significado" venía a ser su "alma".

Y por cierto que si para esa misma línea de pensamiento clásico, cuyo imperio se extiende hasta nuestros días, el "alma" tenía prioridad respecto del "cuerpo" y éste resultaba ser una simple "envoltura" de la cual inclusive debíamos desprendernos, otro tanto sucedía con el signo: su destino era ser antes que nada y a pesar del soporte material que lo hacía posible, resolverse en significado, en su solo contenido "espiritual".

Pues bien, es importante señalar que si la semiótica ha sido posible, ello se debe a ese reconocimiento de la "corporeidad" de los signos. También la materia que constituye al signo es parte de él, a tal extremo que sin esa ineludible materialidad no hay, sin más, signo posible. Y no sólo ha sido posible la semiótica —en contra de una definición "intimista" de signo tal como aparece en el famoso Curso de Saussure—, sino que ha sido posible, además, ese audaz intento de rescate del significante como válido en sí mismo —visto hasta como generador de significado— tal como aparece en la ciencia lacaniana.

Mas, no pretendemos con esta breve nota adentrarnos en las difíciles lecturas que nos propone Lacan. Quisiéramos decir simplemente algo que tiene mucho que ver con aquellas lecturas, pero que se ha desarrollado, de modo paralelo, en los sugerentes —y a veces también oscuros— textos de Roland Barthes.

Desde esa noción de "corporeidad" a la cual nos hemos referido, este significativo pensador se planteó, a través de un intento de explicación del hecho literario (nos referimos de modo particular a sus escritos Le Degré zéro de l'escriture, que hizo conocer ya a partir de 1947 y su ulterior trabajo Critique et vérité, del año 1966) la necesidad de una "ciencia de la escritura".

Siguiendo la tesis de Jacques Derrida según la cual "el significado está en posición de significante" y por tanto de "huella", Barthes saldrá en defensa de la "escritura" entendida en este caso como ese mundo de la disponibilidad" desde el cual se abren los innúmeros y, tal vez, inacabables, posibles sentidos. Por cierto que se trata de la "escritura" precisamente como la "corporeidad" del lenguaje, como la materialidad de las palabras que alcanza en la letra escrita una riqueza que no posee la foné con su fluidez lineal y su débil modo de "aferramiento".

Tal vez podríamos decir que lo que se sostiene en esta línea de pensamiento, tan próxima a la denuncia del logocentrismo, es la idea de que el cuerpo no es algo que recibe sentido, sino que es, por el contrario, algo que genera sentido. La letra escrita, cuerpo de la palabra, es por eso mismo para Barthes básicamente símbolo, si por tal entendemos una realidad sígnica que se caracteriza por una capacidad indefinida de acumular sentidos.

La "ciencia de la escritura" es, pues, en Barthes, una "ciencia de la corporeidad" o se inserta, por lo menos, en esa ciencia como uno de sus desarrollos. De este modo, luego de un inmenso periplo de siglos, desde aquella lejana medicina hipocrática en la que se exigía una "lectura de cuerpo" desde una técnica médica a la que se denominó precisamente semeiotiké, la semiología o semiótica contemporánea viene a reanudar la cuestión de la "corporeidad" como el punto de arranque que nos permite insertarnos en ese "lugar recurrente" que es el cuerpo, al que podemos regresar una y mil veces como el puente de lanzamiento hacia un mundo casi infinito de sentidos.

 

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*[Primera edición de Ética del poder y moralidad de la protesta. La moral latinoamericana de la emergencia, autorizada por Arturo Andrés Roig para el Proyecto Ensayo Hispánico, 2000. El libro está fechado en Mendoza (Argentina) en 1998. Edición preparada por José Luis Gómez-Martínez]
  

© José Luis Gómez-Martínez
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