Arturo Andrés Roig
 
 
Ética del poder y moralidad de la protesta:
La moral latinoamericana de la emergencia*

 

"PROBLEMAS HERMENÉUTICOS
PARA UNA FUNDAMENTACIÓN DE LA ÉTICA"

Intentaremos responder a la cuestión planteada, a partir de lo que consideramos como una de las tradiciones morales más fuertemente arraigadas e interesantemente expresadas en América Latina: La "moral de la emergencia" o "moral emergente".

La particular situación de dependencia tanto colonial como neo-colonial latinoamericana, así como las formas de opresión, marginación y miseria que se han vivido y viven vastos sectores sociales de nuestro Continente, por causas que no solamente son externas, han generado de modo constante movimientos de emancipación y liberación. Esta situación expresada ya de modo claro desde fines del siglo XVIII, ha dado lugar a una moral a la que hemos denominado "emergente", la que tiene como idea reguladora la "dignidad humana".

Su discurso se ha expresado básicamente a través del lenguaje de la vida cotidiana de nuestros pueblos y su contenido ha alimentado y alimenta otras formas discursivas, en particular, la novela y el discurso político. Otro tanto podemos decir de una línea importante de desarrollo de nuestra plástica, dentro de la cual el muralismo mexicano es uno de sus ejemplos más notables.

¿Cómo podríamos dibujar teoréticamente esa moral? Nos vemos obligados a seguir dos caminos. El primero de ellos, nos llevará a coquetear con una fenomenología; el segundo será propiamente hermenéutico, si bien la primera parte será de importancia para el problema de la "interpretación" en cuanto de la "descripción" surgirán algunos principios que juegan, dentro de esta moral, como principios de lectura inevitablemente.
 

Fenomenología del acto moral emergente

Toda cosa, —se dice en la Ética de Spinoza— en cuanto es en sí se esfuerza por perseverar en su ser (Unaquaeque res quantum in se est, in suo esse perseverare conatur, Libro VI, Proposición VII). Con este aforismo queda expresado en relación con todo ente el principio conativo o de persistencia

Pues bien, en el ser humano, en determinadas circunstancias, ese principio del que participa junto con todas las cosas o todos los entes, no sólo es cumplido en cuanto en sí, por lo mismo que se enriquece con el juego de otra relación, el para sí. Se trata de la constitución de la autoconciencia que implica la transformación del universal principio conativo que funciona como un a-priori ontológico, en el a-priori antropológico. De acuerdo con éste, el perseverar en el ser en cuanto en sí y para sí, quedará expresado a través de dos imperativos acuñados por Hegel: "tenerse a sí mismo como absolutamente valioso" y "tener como valioso el conocerse a sí mismo"(Vorlesungen über die Geschichte der Philosophie, Werke, 18, I, 3).

Con esto el a-priori antropológico —condición de constitución de todo sujeto— nos revela algo que se encuentra implícito en el principio conativo, pero no expresado en él: que nuestro "perseverar en el ser" quiere serlo humanamente, es decir, en cuanto seres valiosos o dignos. Mas, si la profundización del principio conativo y su formulación como a-priori antropológico, suponen la autoconciencia, aquella dignidad únicamente es posible sobre la base del reconocimiento de la dignidad de todo otro.

Pero ese reconocimiento no es sin embargo necesariamente universal, la universalidad es su meta y la historia nos muestra formas de reconocimiento, que sin dejar de serlo, se encuentran muy lejos de aquel ideal. En efecto, el amo obliga al esclavo a reconocerlo, necesita de la autoconciencia del dominado, pero a su vez la limita. La conjunción del en sí con el para sí, comienzo del a-priori antropológico, no se da en el esclavo, puesto que el para sí del esclavo es el del amo. Otro tanto sucede con la figura del Varón y de la Mujer. Ismena, la hermana de Antígona, es la mujer que se somete y acepta, como el esclavo, a un amo, en este caso el varón. Mas, la mujer y el esclavo son "dignos" por la dignidad del varón y del amo.

Es evidente que la humanización del principio conativo no ha quedado cumplida. Una dignidad que se construye por el sometimiento y la forzada transparencia de la "dignidad" del dominador a los dominados, no lo es en absoluto plenamente. "Tenernos a nosotros mismos como valiosos" no es un principio que pueda cumplir el esclavo, reducido a valor de uso, en el mejor de los casos. Ser digno, ser valioso, para el ser humano es serlo intrínsecamente. El verdadero auto y hetero-reconocimiento se cumple cuando todos llegamos a asumir que no somos "medios, sino "fines", que no somos "valores de uso" o "valores de cambio", sino valores intrínsecos. Aquellos valores corresponden a las mercancías, no a los seres humanos (Das Kapital, I, cap. 1). Para estos rige la norma kantiana: "Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio"(Metaphysik der Sitten, II).

¿Pero cómo llegaremos a ese nivel o a esa profundización?. Pues, por el "duro trabajo" de la subjetividad contra la objetividad, de la moral de los oprimidos contra la ética de los opresores. Es el "duro trabajo" de Calibán que aprende el lenguaje del amo para maldecirlo, es decir, mostrar su indignidad; o es el mucho más "duro trabajo" de Antígona que no teme a la muerte y rechaza mediante ella la voluntad patriarcal. Calibán y Antígona son las figuras máximas que nos muestran de qué manera el principio conativo constituido en a-priori antropológico, impulsa hacia lo universal desde la propia historicidad del ser humano. Y es por eso que José Martí, claro exponente de nuestra "moral de la emergencia", enunció aquel imperativo: "Con los oprimidos (hay) que hacer causa común para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores (Nuestra América).

Habíamos dicho en un comienzo que esta "moral emergente" tiene como idea reguladora la "dignidad" del ser humano. Ahora bien, la fuerza que esa "emergencia" muestra nos permite ver la relación que hay en ella entre "dignidad" y "necesidades", la que es propiamente coesencial a tal extremo que podemos decir que la "dignidad" es la necesidad primera. Y lo es, entre otros motivos, porque la "dignidad humana" da sentido a las restantes necesidades y permite el enunciado de un criterio para la evaluación de las mismas, así como de los infinitos modos que la humanidad ha generado para satisfacerlas.

De esta primera parte han surgido, pues, una serie de principios orientadores para un preguntar hermenéutico, los que pueden ser tenidos por eso mismo como "principios de interpretación". ¿Cómo se debe interpretar la expresión "dignidad humana"? Y, a su vez, cómo se han de entender las "necesidades"? Para la primera pregunta podemos echar mano, pues, de cuatro principios, según lo que hemos expuesto: 1. Principio de perseverancia en el ser o principio conativo (a-priori ontológico) Spinoza; 2. Principio de auto y heteroreconocimiento (a-priori antropológico) Hegel; 3. Principio de la naturaleza intrínseca del valor del ser humano (a-priori ético-axiológico) Kant-Marx; 4. Principio del "duro trabajo" de la subjetividad o de la emergencia de los oprimidos (a-priori ético-político): Antígona (Sofocles), Calibán (Shakespeare). De la interpretación que se dé a la "dignidad humana" a partir de estos principios, surgirá el criterio para la evaluación de las necesidades, lo que constituiría un último principio derivado de los anteriores.

La "moral emergente" y la hermenéutica

Si hemos esbozado los principios ontológico, antropológico, ético-axiológico y ético-político, que juegan como principios respecto de una interpretación en sí misma. Paul Ricoeur ha definido la hermenéutica como "la inteligencia (o captación) del doble sentido" (De l’ Intérprétation, I). Se trata de la existencia de dos planos de lectura, uno manifiesto y el otro oculto. ¿Depende el descubrimiento de lo encubierto, asimismo de principios y de qué naturaleza son? Debemos contestar afirmativamente y decir, además, que se trata de normas metodológicas que son las que surgen de las líneas de cuestionamiento de la conciencia desarrolladas, principalmente, por Carlos Marx y Sigmud Freud.

Mas, antes de ocuparnos de ese tratamiento científico que ha establecido normas para el ejercicio de lo hermenéutico, no podemos dejar de señalar el fenómeno de la decodificación espontánea del discurso opresor que se lleva a cabo en todo acto de emergencia social. Este tipo de decodificación que integra las formas variadas y ricas del discurso popular, se expresa en los dichos, en la canción, en el teatro satírico espontáneo, en el cuento fantástico, en el chascarrillo y, en fin, en la poesía y en todas las restantes expresiones del arte folk. Este tipo de decodificación, tan importantes como las lecturas científicas de códigos, favorece la constitución de formas de sospecha, motor de toda crítica.

Puestos ya en este plano, el del saber crítico, es necesario mencionar como un método hermenéutico de indudable importancia: el que se organiza sobre el sistema de "referencialidad discursiva", teorizado por Valentín Voloshinov (¿Voloshinov o Bajtin? El signo ideológico y la filosofía del lenguaje, III, 2); a lo que se ha de agregar la "Teoría del texto", con sus diversas líneas de desarrollo, que constituye el punto de confluencia de le tournant lingüistique con la "Teoría de las ideologías", cuya obra clásica sigue siendo Die deutsche Ideologie.

La "moral de la emergencia" que ha de ser reconstruida a partir de sus variadas manifestaciones provenientes de diversos sectores sociales oprimidos, ya ha acumulado una imponente documentación, no debidamente sistematizada aun. Esta incluye, como lo anticipamos, literatura popular, pero también literatura culta, no menos significativa en más de un caso. El hecho se debe a que la autenticidad, así como la alienación, son universales y no existen grupos humanos que estén plenamente fuera de un sistema, como si fueran entes angélicos extraños al resto de la humanidad. De todos modos, sigue siendo válido el imperativo martiano que enunciamos, por lo mismo que, si la miseria implica alienación, no hay enajenación que no tenga rajaduras y en este caso, suelen ser profundas. Por lo demás, "los que no tienen nada que perder", como se caracterizaba a los míseros en épocas pasadas, suelen proceder con una radicalidad creadora, por lo mismo que no padecen de las mismas mediaciones sobre las que han organizado su objetividad los sectores dominantes.

En resumen, la "moral de la emergencia" no requiere tan sólo de una hermenéutica, sino que la misma deberá ser planteada como una hermenéutica crítica.
 

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*[Primera edición de Ética del poder y moralidad de la protesta. La moral latinoamericana de la emergencia, autorizada por Arturo Andrés Roig para el Proyecto Ensayo Hispánico. El libro está fechado en Mendoza (Argentina) en 1998. Edición preparada por José Luis Gómez-Martínez]
  

© José Luis Gómez-Martínez
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