Marisa Berttolini
  

 

"LÓGICAS DE LA RAZÓN Y DE LA INTELIGENCIA"

‘Toda verdad es simple’ ¿No es esta una mentira al cuadrado?
Desconfio de todos los sistemáticos y me alejo de ellos.
El ansia de sistema constituye una falta de honradez.
Nietzsche

El quijotismo sin ilusión (de la razón) es el más heroico
de todos...sabiendo que cada comprensión hace surgir
más incomprensiones;sabiendo de antemano sin ilusión...
y darse a eso, gozando y sufriendo, es el quijotismo supremo.
Vaz Ferreira.

La Lógica de la Razón y Lógica de la Inteligencia, último libro de Ardao, se vincula fuertemente con una obra anterior y fundamental Espacio e Inteligencia, editado en 1983 en Caracas, ciudad de su exilio. Estos dos libros tiene un perfil especial en la producción de Ardao. Son abordajes explícitamente filosóficos. En ellos explora los ejes prioritarios que constituyen la más auténtica preocupación filosófica del autor.

Y se trata de filosofía sin más, sobre cuestiones universales y no exclusivamente locales, pero desde las circunstancias de un pensador latinoamericano.

No es un libro de Lógica, alerta Ardao en el Liminar de Lógica de la Razón y Lógica de la Inteligencia, marcando la paradoja como lo hacía Vaz Ferreira en Lógica Viva.

Es un trabajo de Filosofía de la Lógica. Un análisis que pone en juego cuestiones gnoseológicas y ontológicas. El autor reconoce que los movimientos a nivel de la Lógica, la crisis que da lugar al surgimiento de diversas lógicas alternativas es consecuente y no antecedente de revisiones en otros niveles de la reflexión filosófica.

El aporte de Ardao se instala en la discusión contemporánea sobre la Razón, su valor, sus posibilidades, sus límites, y sobre todo sus desviaciones. Discusión que es respuesta crítica al intento de autolegitimación de la Razón como principio fundante y omnicomprensivo.

Se trata de una crisis profunda que sufren las nociones de explicación, de inteligibilidad, de verdad, que Ardao propone sintetizar como crisis de la “noción misma de razón” y que el autor retrotrae a fines del siglo XlX.

La tarea es revisar la concepción reductiva de la Razón que ha resultado hegemónica en el pensamiento occidental y que arraiga en la tradición parmenideana. Esta revisión aparece como reacción “contra el abstraccionismo intelectualista llevado más allá de lo legítimo, sin por ello hacer abandono de la Razón misma.”

La obra de Ardao se ubica con extrema vigencia en el “tema de nuestro tiempo”: la sospecha sobre la Racionalidad Moderna, diríamos nosotros.

  • La Racionalidad hegemónica Moderna ha manifestado múltiples dificultades para abordar los problemas del “mundo de la vida”, dificultades para articular sin tensiones Logos y Ethos, Ethos y Polis.
  • La razón postula exigencias extremas, generando ella misma hiatos que luego no encuentra cómo sortear. 
  • La rigurosa Razón se polariza y su propio peso le impide transitar hacia la comprensión o regulación de realidades cuya complejidad es refractaria a sus intentos de simplificación.
  • La sobredeterminación que la Razón se auto-atribuye conduce, paradojalmente a su fracaso histórico.

Digámoslo así: la Razón Moderna pone reglas de juego tan rígidas, que inhabilitan el propio juego. Y, entonces para seguir operando, concibe sus propias trampas; o neurotizada y en el límite se desentiende de sí.

Desde su profundo historicismo, Ardao rastrea históricamente cómo se ha ido manifestando la percepción de los límites de la Razón y simultáneamente los ensayos por ubicar otra u otras facultades para la comprensión de realidades resistente a ser aprehendidas por los intentos simplificadores de la racionalidad bi-valente.

El autor parte de la dificultad que caracteriza como “epocal” en el seno de la filosofía de la vida “de encontrar el más decisivo nombre o denominación para aquella facultad aprehensora y comprensiva de la vida, llámese intuición (Bergson), razón vital (Ortega) o buen sentido (Vaz Ferreira)” (p. 61).

Y Ardao asume el desafío de “poner nombre a la cosa”.

¿Por qué esta obsesión transversal a toda la obra? Creo que subyace una intención que trasciende lo terminológico. Nombrar es institucionalizar, es reconocer identidad propia. Darle nombre es jerarquizar esa facultad que vincula al hombre con el mundo y que no es reductible a la razón clásica. Denominar es superar la timidez y la autoculpabilidad a que remitía el discurso dominante acudiendo a los calificativos de “irracional” o “infralógico”. Es también aportar unidad y continuidad a planteos plurales y discontinuos en los que subyace, según el autor, un denominador común. Ardao elige el término Inteligencia para esa facultad especial que, insiste, no es antinómica, sino convergente y solidaria, en nexo permanente con la Razón.

¿Qué es lo que puede abarcar la inteligencia (operación intelectual, pero enriquecida por lo activo y emotivo) que se le escapa a la Razón?

La inteligencia, como capacidad supralógica puede aprehender el movimiento, la realidad concreta, la diversidad, la cualidad, la experiencia sensible, la historia, la vida, la complejidad. La inteligencia puede admitir la incertidumbre, la opacidad, lo vago, lo borroso.

Se hace evidente que la iniciación de esta preocupación, planteada en términos especialmente virulentos, corresponde al martillo demoledor de Nietzsche, como lo reconoce Ardao.

En el Ocaso de los Idolos, bajo el título La Razón en la Filosofía”, Nietzsche expone así su denuncia de lo que caracteriza como “filosofía vampírica”:

“¿Que qué es lo que pertenece a la idiosincrasia del filósofo?....pues, por ejemplo su carencia de sentido histórico, su odio a la idea misma de devenir, su afan de estaticismo egipcio. Los filósofos creen que honran algo cuando lo sacan de la historia, cuando lo conciben desde la óptica de lo eterno, cuando lo convierten en una momia. Todo lo que han estado utilizando los filósofos desde hace miles de años no son más que momias conceptuales; nada real ha salido con vida de sus manos. Cuando esos idólatras adoran algo, lo matan y lo disecan...Lo que es no deviende; lo que deviene no es...Los sentidos, que son tan inmorales tambien en otros aspectos nos engañan respecto al mundo verdadero...Moraleja : hay que negar todo lo que da credito a los sentidos...a todo el resto de la humanidad, todo ello es vulgo. ¡Hay que ser filósofo, ser momia, representar el monotonoteísmo con mímica de sepulturero!”

¿Qué le recrimina Nietzsche con tono resentido a la Filosofía sustentada en la Razón. ? Le recrimina no comprender, o aún más, disecar, aniquilar, el devenir, el proceso histórico, lo concreto, lo sensible, lo diverso.

Y es la misma preocupación de las corrientes de pensamiento que recoge Ardao y con las que se identifica.

Nuestro autor, sin resentimiento y con especial preocupación por no apartarse de la Racionalidad, lo que hace es demarcar ámbitos. La Razón es eficaz para captar lo cuantitativo, para explicar, para moverse en la rigurosidad argumentativa. La Inteligencia comprende, capta el matiz, se mueve en lo persuasivamente razonable, reconoce el misterio. “La duda es grandeza y miseria de la Inteligencia.”, “El arte es producto y consumo de la Inteligencia”, afirma Ardao.

Como docentes de Filosofía, quizás hemos encontrado un término para caracterizar nuestra tarea. No deberíamos limitarnos a trabajar en el plano de la Razón. Deberíamos aportar al desarrollo de la Inteligencia, en la dimensión que la concibe Ardao.

Marisa Berttolini
Uruguay

 

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Hugo E. Biagini, Compilador. Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig. Filósofos de la autenticidad. Jornada en homenaje a Arturo Andrés Roig y Arturo Ardao, patrocinada por el Corredor de las Ideas y celebrada en Buenos Aires, el 15 de junio de 2000. Edición digital de José Luis Gómez-Martínez y autorizada para Proyecto Ensayo Hispánico, Marzo 2001.
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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