Horacio Cerutti Guldberg
  

 

"EL LEGADO RESPONSABILIZADOR"

Arturo Ardao y Arturo Roig simbolizan para muchos de nosotros -sin duda sus discípulos en más de un sentido- la nobleza e inclaudicabilidad de la labor intelectual, no sólo pero especialmente durante los años de plomo. Ellos supieron mantener con dignidad el difícil tiempo del exilio durante las guerras sucias, intensificando el trabajo académico con todo rigor y constancia ejemplares.

Entre sus enseñanzas imperecederas hay que incluir sin duda la fidelidad a los amigos, la prudencia en sus evaluaciones, la defensa intransigente de sus principios, el respeto a las fuentes documentales, la capacidad de constante renovación intelectual, una indomable actitud universitaria, el amor a sus patrias, un compromiso social y político responsable y un latinoamericanismo militante y contagioso.

Autores prolíficos, no son de palabra ligera y superficial, sino de estilo recio, nítido y siempre acotado. Requieren de lectores cómplices, dispuestos a prestar atención y a dispensarles una lectura analítica, crítica, alerta y apasionada. Generosos en sus hallazgos, sólo es dable compartir sus desvelos poniéndose al nivel. Han colocado los parámetros de la investigación en historia de nuestras ideas filosóficas a una altura que permite competir con los mejores y más exigentes estándares internacionales. Se leen como clásicos y tenemos la dicha de contarlos entre nosotros en plenitud de su creatividad.

¿Cómo olvidar las enseñanzas de Ardao en torno al historicismo latinoamericano, a la organización conceptual de la historia de las ideas, a los orígenes de la filosofía en el Uruguay y, en general, en el Río de la Plata, sus estudios cuidadosos de los primeros aportes de Alberdi a un filosofar propio o su pormenorizado examen de la filosofía de Bello? ¿Cómo hablar de América Latina, la nuestra, sin atender a sus investigaciones matizadas y siempre precisas sobre Torres Caicedo? ¿Cómo precisar, sin sus trabajos, a qué nos referimos cuando hablamos de latinidad de la región?

¿Cómo hacer historia de las ideas, después de Roig, sin atender a sus meditadas sugerencias metodológicas, a la indispensable ampliación del campo dedicado a estos estudios, al giro semiótico introducido con todo rigor en la disciplina? ¿Cómo dejar de reconocer los sujetos históricos plurales, complejos, vivientes, demandantes que se manifiestan en la noción técnica de a priori histórico o pretender ignorar la conflictiva social que marca a fuego su impronta en los textos, reconocida y operacionalizada en las articulaciones de los discursos contrarios? ¿Cómo no ser deudores de su reapertura fecunda del ámbito del pensamiento ecuatoriano a la reflexión o de su talante utópico reivindicador de un saber de conjetura, con páginas inolvidables sobre Las Casas, Bolívar, Bilbao, Montalvo o Espejo?

Pretensión desatinada sería la de intentar eludir la historicidad dialéctica de los procesos sociales después de estos magisterios relevantes. Anclados en la cotidianidad de Nuestra América la fuga o evasión se hace insolencia. Es obligación moral reivindicar su legado como parte de las excelencias del quehacer intelectual y renovar con toda propiedad el compromiso de prolongarlo y, si fuera posible, enriquecerlo.

Al reiterarles mi constante respeto y admiración con motivo de este merecido homenaje impulsado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Corredor de las Ideas del Cono Sur y ante la imposibilidad de acompañarlos como era mi deseo, permítanme terminar estas líneas anotando -queridos maestros- que no olvido la dimensión política siempre riesgosa del filosofar y la asumo también teóricamente, en la medida en que su trabajo ha mostrado ya que desde la arena polisémica de la política se gestan las exigencias del filosofar. Me ratifico en la convicción de que el legado de ustedes seguirá siendo fuente y acicate de responsabilidad social e intelectual para sus discípulos agradecidos.

Horacio Cerutti Guldberg
Universidad Autónoma de México

 

 

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Hugo E. Biagini, Compilador. Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig. Filósofos de la autenticidad. Jornada en homenaje a Arturo Andrés Roig y Arturo Ardao, patrocinada por el Corredor de las Ideas y celebrada en Buenos Aires, el 15 de junio de 2000. Edición digital de José Luis Gómez-Martínez y autorizada para Proyecto Ensayo Hispánico, Marzo 2001.
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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