José Luis Gómez-Martínez
  

 

"UN ARDUO COMPROMISO"

Me he puesto a escribir esta nota de adhesión al homenaje de dos maestros del pensamiento iberoamericano, Arturo Andrés Roig y Arturo Ardao, desde la perspectiva de un mundo hispánico en el seno todavía de una estructura social anglosajona. Pero ante todo, lo hago bajo el recuerdo de una anécdota reciente sobre un joven argentino. Recibí el pasado mes de marzo una nota a través del Internet de un joven (asumo que era un joven por el tono de la misma), que había entrado en las páginas del Proyecto Ensayo Hispánico en busca de material para escribir un trabajo de clase. Me preguntaba por información sobre Kant o Heidegger. Normalmente no respondo a tales notas, no tendría tiempo. Pero había algo en el tono de ésta, que me motivo a contestar, muy breve, indicándole que Proyecto Ensayo Hispánico sólo se ocupaba de los filósofos que habían escrito originalmente en español; le anoté de pasada varios nombres de filósofos iberoamericanos del siglo XX con indicación de dónde podía encontrar información en las páginas del Proyecto Ensayo. Al día siguiente, y este es el motivo de narrar la anécdota aquí, recibí de nuevo una nota del “joven” argentino que me agradecía la contestación, sobre todo, me decía, porque él no sabía que existían filósofos iberoamericanos, pues su libro no contenía ninguno y sus profesores tampoco habían mencionado a ninguno en la clase.

En este caso el estudiante era argentino, pero podría haber sido uruguayo, colombiano o mexicano. Hace medio siglo esta situación nos habría parecido lógica, pues se desconocía lo iberoamericano. Hoy día es una reflexión que, como estudiosos del pensamiento iberoamericano, nos avergüenza. Entre uno y otro momento media una generación de filósofos iberoamericanos (los Ardao, los Francovich, los Roig, los Zea, entre otros), que no sólo tomó conciencia del lema martiniano de “conocer es resolver”, sino que emprendió el arduo proceso de recuperación del legado filosófico iberoamericano. Nuestros filósofos cumplieron con su compromiso generacional. Para mediados de la década de los años sesenta, como ya había predicho Leopoldo Zea en 1942 (“En torno a una filosofía americana”), de esta recuperación surgía una clara problemática que era por primera vez también iberoamericana. La imitación dio lugar a un ansia de liberación a través de propuestas creadoras que nos definían, ya fuera en el campo de la pedagogía (Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire), como en el de la literatura (Cien años de soledad, de García Márquez), incluso en el de la reflexión teológica (Teología de la liberación, de Gustavo Gutiérrez).

Pero si la perspectiva iberoamericana de una filosofía de la historia, les había llevado a la recuperación del pasado, y de esta misma recuperación a la formulación de una problemática ahora iberoamericanista, también les llevó a través de un proceso de superación autocrítica (por ejemplo, Teoría y Crítica del pensamiento latinoamericano, de Roig), a una nueva dimensión de creación filosófica que podemos muy bien encuadrar dentro de la denominación abarcadora de Filosofía de la Liberación. Es decir, supieron cumplir con su cometido generacional, pero al mismo tiempo mantenerse hasta nuestros días a la vanguardia del pensamiento iberoamericano. Quizás ningún ejemplo simboliza mejor esta juventud intelectual que el libro que ha dado a conocer Arturo Andrés Roig este año a través del Internet: Ética del poder y moralidad de la protesta. La moral latinoamericana de la emergencia

La fecha de publicación es del mes de febrero de 2000, con lo que se convierte en el primer libro de filosofía iberoamericana que se ofrece al público en forma digital en su primera edición. Pero esta posición de vanguardia que expresa ya el medio que usó para la publicación del libro, se refleja todavía mejor en la originalidad y contenido de su discurso que dialoga con una problemática muy siglo XXI.

Es este reconocimiento el que motiva hoy el homenaje a los maestros Ardao y Roig, pero que también nos deja a las nuevas generaciones con un sentimiento de que estamos fallando. Somos más propicios a los homenajes que a la modificación de los programas de enseñanza. Esta crítica no es nueva; hace ya más de un siglo que Martí decía lo mismo en Nuestra América (“La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria.”). Ni entonces ni ahora se predica el aislamiento (“Injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas”, decía Martí), pero sí luchar por modificar la situación que domina hoy día en nuestras casas de estudio, y que permite que un estudiante iberoamericano salga de un curso de introducción a la filosofía sin saber que existen filosofía y filósofos iberoamericanos.

Cada homenaje, si ha de ser sentido, debería incluir dos dimensiones; una destacar el legado de los homenajeados y otra, tan importante como la primera, asumir dicho legado y asegurarnos que se convierta también en un legado más allá de nuestro medio académico, que pase a ocupar el lugar que le corresponde dentro del legado cultural iberoamericano.

José Luis Gómez Martínez
Universidad de Georgia - EE.UU

 

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Hugo E. Biagini, Compilador. Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig. Filósofos de la autenticidad. Jornada en homenaje a Arturo Andrés Roig y Arturo Ardao, patrocinada por el Corredor de las Ideas y celebrada en Buenos Aires, el 15 de junio de 2000. Edición digital de José Luis Gómez-Martínez y autorizada para Proyecto Ensayo Hispánico, Marzo 2001.
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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