Eugeniusz Górski
  

 

"PROYECCIONES POLACAS"

El acto de homenaje a los profesores Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig, dos grandes maestros rioplatenses, al cual estoy adhiriéndome con mucho gusto, es una buena ocasión para presentar los orígenes rioplatenses de mi fascinación por el pensamiento latinoamericano y español. Sucede que en el área de la filosofía latinoamericana el gran estímulo, inspiración y ayuda metodológica para mi, como investigador novicio, fue la gran obra de historia de ideas -aunque conocida parcialmente debido a las dificultades con el acceso a la misma- realizada por Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig. Ambos maestros han mostrado su preocupación profunda por los problemas históricos y actuales de la identidad cultural a nivel nacional y continental, por la recuperación de lo mejor de su tradición intelectual y por la consolidación del sistema democrático, las preocupaciones tan caras también para nosotros en Polonia.

Sucede que el primer libro latinoamericano de filosofía que he leído eran Notas para la actualidad de Hegel y Marx de Héctor Raurich, el libro publicado en 1968 en Buenos Aires por las Ediciones Marymar. El libro había llegado casualmente en 1969 a Varsovia, a la sede de la redacción de Studia Filozoficzne -la revista filosófica principal en Polonia de entonces. El director de la revista me lo entregó el libro a mi, quien fui por entonces estudiante en las Facultades de Filosofía y de Idiomas Modernos (inglés y español) de la Universidad de Varsovia, pidiendo una reseña del mismo. Así apareció en Studia Filozoficzne mi primer texto, publicado en 1970, que informada sobre el libro de un filósofo argentino y mencionaba, aunque marginalmente, a otros, más importantes filósofos argentinos contemporáneos.

Mi segundo encuentro con el pensamiento de la región del Río de la Plata tuvo lugar poco después, a comienzos de 1972, cuando en la lista de los aniversarios culturales del Consejo Mundial de la Paz se halló el nombre de Carlos Vaz Ferreira con motivo del centenario del nacimiento del famoso autor. En tal situación, muchos redactores polacos volvieron a pedirme -por entonces estudiante de posgrado que preparaba mi tesis de doctorado sobre el pensamiento de Miguel de Unamuno- que escribiera un artículo sobre Vaz Ferreira, sobre este filósofo completamente desconocido en Polonia, incluso para mí. Afortunadamente hallé las obras de Vaz Ferreira en la Universidad Católica de Lublin y dos revistas interesantes (Cuadernos Uruguayos de Filosofía de Montevideo y Humanitas de Tucumán) en la Universidad de Varsovia. Así aparecieron dos primeros artículos míos -uno breve y de divulgación, publicado en el Boletín del Consejo Polaco de la Paz y otro, más amplio y especializado, publicado en Studia Filozoficzne. En la preparación de ambos artículos, primeros en mi carrera académica, de enorme ayuda me sirvieron dos obras del profesor Arturo Ardao -Espiritualismo y Positivismo en el Uruguay y otra, La filosofía en el Uruguay en el siglo XX. Gracias a estas obras (citadas varias veces también por mis dos colaboradores polacos) he podido presentar el pensamiento de Vaz Ferreira en el amplio fondo de la filosofía uruguaya, he podido entrar en contacto con la rica herencia intelectual del país tan poco conocido en Polonia. Gracias a Arturo Ardao obtuve también una información interesante sobre la vida y obra del médico y pensador polaco Julio Yurkovski (1843-1913), residente en el Uruguay como profesor en la Universidad de Montevideo. Pues, gracias al Profesor Ardao obtuve una idea general sobre el desarrollo de las ideas primero en el Uruguay, después vino mi interés por el pensamiento argentino, peruano, cubano, mexicano y latinoamericano en general, aunque el interés por España y visitas a este país relativamente cercano han prevalecido sobre Latinoamérica.

Para mi viaje a las ciudades de Buenos Aires y Montevideo tuve que esperar hasta septiembre y octubre de 1992. Mi visita de estudios a Argentina, apoyada por la Universidad Centroeuropea, tuvo como propósito profundizar mi conocimiento de la filosofía latinoamericana (antes había pasado tres meses en Cuba y tres días en la Ciudad de México) a través del estudio de la obra de Arturo Andrés Roig y de las discusiones en la FEPAI, en la Universidad de Palermo y durante las Terceras Jornadas de Historia "América se piensa", a través de inolvidables conversaciones con Célina A. Lértora de Mendoza y su marido Ivo Kraviæ, muy eslavo como yo, con la hija de José Ingenieros, con Carlos Alemián, con Juan Carlos Scannone en la Universidad del Salvador en San Miguel, y con otros argentinos (Hugo Biagini estaba por entonces, desafortundamente, en España). Estos estudios y conversaciones me han convencido del valor del pensar desde la periferia, de la comunidad de inquietudes intelectuales argentinas y polacas -advertida ya por el famoso escritor polaco Witold Gombrowicz quien había pasado muchos años en Buenos Aires-, de la sorprendente similitud histórica de ambas regiones del mundo.

Muy importante era mi espléndido viaje, por el buquebus de avión muy nuevo, a través del Río de la Plata, de Buenos Aires a Montevideo con el fin de participar el día 7 de octubre en la Biblioteca Nacional en el homenaje a Arturo Ardao con motivo de su 80 aniversario de nacimiento. Mi participación en este acto, conversaciones con Carlos Mato y su esposa, con Mauricio Langón -a quien había conocido antes, junto con Hugo Biagini (ahora presente en la Universidad de Varsovia), en los seminarios de Salamanca-, con Yamandú Acosta, con la nieta (¿o hija?) de Carlos Vaz Ferreira en la radio "Sarandí" y con otros uruguayos fueron muy impresionantes, pero la huella más duradera y aleccionadora me ha dejado una larga conversación, antes del acto, en la casa de la persona homenajeada. Considero como una de las conversaciones más interesantes de mi vida la que sostuve con el profesor Arturo Ardao sobre la filosofía actual, sobre Latinoamérica, sobre el mundo en seguida después del derrumbe del comunismo en la Europa del Este. Junto con mi primer encuentro con Leopoldo Zea en 1986, este era para mí el más importante encuentro con un filósofo latinoamericano. Muchas veces después regresaba en mis recuerdos a las palabras del profesor, a sus libros Andrés Bello, filósofo, Romania y América Latina y Filosofía de lengua española, regalados para mí en aquel inolvidable día.

Desgraciadamente no he tenido contacto directo con el profesor Arturo Andrés Roig, más joven que el profesor Ardao, pero he tenido trato frecuente con sus pensamientos muy profundos. Su obra Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano ha sido una guía, fuente más importante, -junto con las obras de Leopoldo Zea-, casi una Biblia para mí y estos pocos estudiosos polacos de la filosofía latinoamericana. En mis artículos citaba yo con gusto su ponencia (junto con la de Ardao) sobre la actual función social de la filosofía en los países latinoamericanos, ambas ponencias pronunciadas en 1975 en Morelia, Michoacán. Recientemente me ha alegrado mucho la vecindad y proximidad de las opiniones expuestas por Roig y por mí en una encuesta mundial sobre la situación de la filosofía al final del siglo XX, la encuesta dirigida y editada por Raúl Fornet-Betancourt.

La metodología de historia de ideas elaborada por ambos autores rioplatenses tiene una importancia también para el estudio de la historia de ideas en Europa Central y Oriental y guarda una analogía interesante con la metodología elaborada por Andrzej Walicki, nuestro eminente historiador del pensamiento ruso y polaco.

Hasta ahora se ha escrito, traducido y publicado algo en Polonia de o sobre algunos pensadores argentinos (Domingo Faustino Sarmiento, Florentino Ameghino, Juan Bautista Justo, Carlos Octavio Bunge, José Ingenieros, Aníbal Ponce, Rodolfo Mondolfo, Ricardo Rojas, Carlos Astrada, Ezequiel Martínez Estrada, Eduardo Mallea, Héctor Murena, Ernesto Sábato, Mario Bunge, Raúl Prebisch, Enrique Dussel, Juan Carlos Scannone, Ernesto Che Guevara, Jorge Luis Borges, Amílcar Herrera y sus colaboradores de la Fundación Bariloche, Héctor Raurich, Ansgar Klein, Mario Luis Rodríguez Cobos Silo, Celina Lértora de Mendoza, Alberto Buela, Luis J. Di Pietro Paolo, Alfredo Mason, Horacio Cerutti Guldberg -este último fue varias veces a Polonia) y uruguayos (José Enrique Rodó, Carlos Vaz Ferreira, Juan Luis Segundo, Carlos Gurméndez y Fernando Ainsa). Creo que vale la pena dedicar más atención a dos nuevos maestros rioplatenses de la filosofía latinoamericana, exiliados durante dictaduras militares, y ahora tan distinguidos en sus países y a nivel interamericano, dignos para inspirarse con sus ideas tan valiosas también para nosotros, en Polonia y nuestra región del mundo que sigue siendo marginalizada.

Eugeniusz Górski
Academia de Ciencias de Polonia

 

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Hugo E. Biagini, Compilador. Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig. Filósofos de la autenticidad. Jornada en homenaje a Arturo Andrés Roig y Arturo Ardao, patrocinada por el Corredor de las Ideas y celebrada en Buenos Aires, el 15 de junio de 2000. Edición digital de José Luis Gómez-Martínez y autorizada para Proyecto Ensayo Hispánico, Marzo 2001.
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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