Alejandro Serrano Caldera
  

 

"LA FILOSOFIA: PATRIA ESPIRITUAL LATINOAMERICANA"

Autoridades civiles, culturales y académicas de Buenos Aires, intelectuales de América y Europa, amigas y amigos, queridos maestros:

El Homenaje a Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig, que hoy se ofrece en esta histórica Casa de la Cultura de Buenos Aires, es un reconocimiento a la excelencia del pensamiento, devoción y entrega de estos dos grandes intelectuales rioplatenses, consagrados a la causa de la inteligencia y del compromiso con la raíz y destino de América Latina.

Su magisterio no tiene fronteras y es un ensayo de integración de nuestros pueblos. Su filosofía es una forma de construir América Latina, más allá de los discursos oficiales, de los mercados comunes y de los acuerdos políticos.

Su empeño es de naturaleza no sólo histórica y geográfica, sino sobre todo cultural y ontológica. América Latina es mucho más que un territorio y una historia común, cuyas diferencias no pocas veces son mayores que las posibles identidades; es ante todo el pensamiento que atraviesa su horizonte histórico, por encima de las batallas, de las guerras civiles, de los caudillos y de las historias oficiales.

Es la reconstrucción de nuestro pasado por el pensamiento de tantos hombres y mujeres que han reflexionado una y otra vez sobre los hechos que nos han unido y que nos han separado, que nos han construido y que nos han destruido, que nos han integrado y que nos han desgarrado. Es la reflexión tesonera y constante sobre el incierto y contradictorio ser latinoamericano.

América Latina es voluntad y esperanza, realidad y proyecto, es la patria espiritual que se destruye y construye día a día, es el arte, la poesía, la literatura, la pintura, la música, que forja espacios alternativos, la palabra que crea, conserva y transforma; pero sobre todo, América Latina, sin dejar de ser realidad, es proyecto, propuesta constante e inacabada como todo lo que debe perdurar en la historia; es imaginación, pues hay que imaginar el futuro para poder construirlo. Sin imaginación las primaveras del espíritu se marchitan, el río de Heráclito se congela.

Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig, nos enseñan de qué forma la filosofía es no sólo propuesta racional y formulación lógica para extraer el sentido último de los aconteceres de la historia, sino también imaginación e intuición, puente y vasos comunicantes que dan capilaridad, sentido y unidad a esa masa de ideas y de hechos particulares que llamamos historia. Con ellos hemos aprendido que la filosofía no solo es interpretación sino compromiso y construcción del mundo, de ese mundo que es nuestro mundo, de esa América Latina que es Nuestra América. La filosofía es la patria latinoamericana.

Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig nos enseñan con su vida y su pensamiento que el maestro, el filósofo, debe ser conciencia crítica de su tiempo, razón heterodoxa ante los dogmas políticos, económicos y culturales de su medio y dimensión utópica frente a un cierto pragmatismo utilitario y cínico que pretende envolver toda la vida y la conducta individual y social.

Con ellos hemos aprendido que el verdadero maestro, el verdadero filósofo, es aquel que tiene conciencia de situación y visión prospectiva, y que por lo mismo, es capaz de integrar la universalidad del conocimiento, en cualquier disciplina de que se trate, con la particularidad de su realidad transformada en problema. El filósofo debe darnos no solo la crónica intelectual de nuestro tiempo, como quería Hegel, sino la crítica de nuestro tiempo como exige la historia que estamos viviendo.

Con Ardao y con Roig, junto con Leopoldo Zea, para mencionar solo estos nombres entre las cumbres del pensamiento latinoamericano en este siglo, hemos llegado a comprender que América Latina es un patrimonio civilizado y civilizador, un afluente rico y nutricio de la universalidad, una forma de ver y de ser en la historia y en la cultura con un sentido incluyente de incorporación y corporación de valores, un pasado, un camino y un horizonte para construir un futuro común.

Desde esta perspectiva yo he creído comprender la filosofía latinoamericana, no como un quehacer circunscrito y amurallado a la historia de América Latina. Sino como una tarea universal que se realiza a partir de las particularidades que toda situación histórico temporal, tiempo y espacio, impone necesariamente a la noble tarea del filosofar. Pensamos a partir de una realidad de la cual formamos parte, la que a su vez, desde sus singularidad, es parte de la cultura universal.

A partir de nuestros grandes pensadores, como Ardao y Roig, y sobre todo a partir de nuestras realidades respectivas, cada uno de nosotros ha ido construyendo sus categorías y su discurso y haciendo su camino. En algún sentido somos propiedad de nuestras circunstancias a las cuales constantemente tratamos de trascender, transformar y volver universales con nuestras ideas e ideales, con nuestras reflexiones, pasiones y acciones. En este sentido, también, cada quien es dueño de sus propios sueños.

Pero las ilusiones y los sueños de cada quien son frutos no solo de la imaginación sino de la realidad y a esa realidad deben ir dirigidos nuestros pensamientos y actuaciones. En este sentido la idea o el ideal del desarrollo de América Latina deben fundarse en la cultura y la educación.

La cultura y la educación son la condición, sentido y finalidad del desarrollo. Por ellas sobrevivimos y sobreviviremos en la historia. Para la América Latina ninguna idea del progreso, la integración y la tecnología tiene sentido sino parte de su identidad cultural, de su reafirmación y engrandecimiento; de su pensamiento, música, pintura, artesanía, literatura, y sobre todo del lenguaje, de las palabras recibidas y de las palabras creadas todos los días por la imaginación popular, enriquecidas en la convergencia de los afluentes múltiples que conforman la geografía cultural y moral y que reafirman nuestra universalidad.

"Las piedras mueren si no las acompañan las palabras -dice Arturo Uslar Pietri-. Eso tan frágil, tan aparentemente fugaz, ese sonido que se lleva el viento, esa voz humana que parece de tan corto alcance, es el más grande instrumento de perduración que conoce el hombre...Esta es una lección que no deberíamos olvidar en medio de esta civilización tecnológica que nos abruma y deforma; nada de lo esencial de nuestra condición va a salvarse en el esqueleto de las computadoras o en las ruinas de nuestras torres de acero, sino en esas menospreciadas y, a veces, demasiado abundantes palabras escritas que vamos dejando en libros y periódicos".

Hoy rendimos homenaje a dos maestros del pensamiento y de la palabra. Provenientes de diferentes puntos decimos aquí también nuestra palabra para honrar, para reconocer y para agradecer a quienes han hecho palabra de la vida y vida de la palabra para demostrar y para mostrar, para razonar y para intuir, para comprobar y para revelar y sobre todo para recordarnos, así lo creo al menos, que lo esencial de lo que somos y seremos, que el tejido de nuestro pasado y los hilos de nuestro futuro están hecho de lo mejor que tenemos: el pensamiento y el lenguaje.

Alejandro Serrano Caldera
Universidad Nacional de Nicaragua

 

índice

siguiente

 

Hugo E. Biagini, Compilador. Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig. Filósofos de la autenticidad. Jornada en homenaje a Arturo Andrés Roig y Arturo Ardao, patrocinada por el Corredor de las Ideas y celebrada en Buenos Aires, el 15 de junio de 2000. Edición digital de José Luis Gómez-Martínez y autorizada para Proyecto Ensayo Hispánico, Marzo 2001.
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

Home Repertorio Antología Teoría y Crítica Cursos Enlaces