Gregorio Weinberg
  

 

"GRANDES SENTIDORES"

Tan merecidísimo como oportuno es este homenaje a dos figuras paradigmáticas de la cultura latinoamericana. Oportuno, además de infrecuente, en estos tiempos de reputaciones frágiles y fugaces; merecidísimo porque significa el reconocimiento público de la trascendencia de una obra importante, fecunda perdurable, aunque no todavía lo suficientemente conocida, por lo menos con relación a sus valores intrínsecos.

Para eludir las diferentes valoraciones atribuidas a los términos "intelectual" o "pensador", empleados en diferentes momentos y con distintas acepciones, diríamos que ambos por ser "filósofos", son "inteligencias críticas", cuya autenticidad y penetración los aproxima, riesgosamente, a las categorías de "maestros" o "sabio". Recordemos que el poeta Eliot distingue en este terreno tres planos: el primero: la información de la cual estamos saturados, diría yo; el conocimiento del cual estamos aún pobres; y el tercero, y culminante, del cual estamos tan faltos, la sabiduría. Y el perfil de ambos homenajeados exhibe muchos de los rasgos de esta última.

En otra oportunidad hemos señalado cuál es la función del pensamiento crítico, tan significativo durante las últimas etapas del desarrollo de nuestra historia intelectual, cuyos alcances y sentidos suelen ser reconocidos casi siempre tardíamente. Recordemos, y esto solo a título de ejemplo, las audaces propuestas educativas que están implícitas detrás de las concepciones de Sarmiento y Varela, o las ideas que acerca de la Universidad tenían Andrés Bello, Juan María Gutiérrez, Joaquín V. González, o la Reforma Universitaria cuyo aniversario hoy se conmemora; sin omitir tampoco el pensamiento de José Vasconcelos sobre políticas culturales. Permítasenos por consiguiente, detenernos para ilustrar este concepto.

La "inteligencia crítica" queda opacada cuando predominan actitudes pragmáticas, oportunistas, autoritarias, restauradoras o demagógicas, es decir cuando se estrechan los horizontes y se enrarece el clima cultural. Entonces se simplifica la realidad y se pretende escamotear problemas o posponer soluciones; se vuelve la mirada hacia atrás en gesto defensivo, con o sin idealización de soluciones pretéritas; en fin cuando se contemplan salidas más o menos mágicas, cuyos artífices pueden ser tanto líderes carismáticos como grupos que se consideran depositarios poco menos que exclusivos de virtudes tales como el patriotismo o la eficiencia. El espíritu crítico no conformista por definición, siempre trató de hacerse escuchar (aunque no siempre con éxito) en las grandes encrucijadas como la emancipación o la organización, o las grandes crisis, esto es, cuando deben adoptarse las grandes decisiones que apuntan al destino de los países. Cada uno de estos momentos podría ser fácilmente ejemplificado.

Mal síntoma constituye pues comprobar que las ideas y los planteamientos de hombres como Arturo Ardao y como Arturo Andrés Roig -bastante escasos, por cierto- son desatendidas. Basta releer sus escritos de hace dos o tres décadas para confirmar nuestro aserto.

El ejercicio de la "inteligencia crítica" requiere por lo tanto condiciones que hoy solo ofrecen las sociedades democráticas avanzadas, donde "sin escándalo" pueda generarse una masa crítica capaz de tolerar y sobre todo de aprovechar las más diversas variantes o propuestas y, en particular, soportar desacuerdos o discrepancias de fondo y de procedimiento que las sociedades autoritarias no toleran.

Cabe a la "inteligencia crítica", entre otras funciones, como acabamos de indicarlo, la de ofrecer alternativas o sugerir opciones en todos los campos donde ellas se desenvuelven, vale decir, debe situarse más allá de las simplificaciones o justificaciones de los datos existentes, aquellos que ofrece la realidad, para incursionar por otras dimensiones. Sus mayores dificultades consisten en que reclaman un requisito fundamental; que sean las características mismas de la sociedad las que toleran el planteamiento de estas alternativas. Compruébese así una entendible paradoja: tanto más trabajoso es el ejercicio del "pensamiento crítico" cuanto más necesario lo hacen las situaciones o las circunstancias. Un buen indicador tenemos para caracterizar una sociedad o un momento, cuando sabemos que hombres como Arturo Ardao o Arturo Andrés Roig, fueron apartados de sus funciones y expulsados de sus respectivos países. Reconstruir las peripecias de sus biografías sería una guía elocuente de las dificultades con que tropieza la "inteligencia crítica" para participar en la formulación de rumbos. Si por momentos sus ideas aparentaron estar desacomodadas de la realidad, es que la versión oficial que pretendía ofrecerse de la realidad era la desacomodada. Porque tanto Ardao como Roig no pueden callar cuando ven al rey desnudo.

Dejemos a otros colegas y amigos de distintos países y desde diferentes ángulos que hablen, pormenorizadamente, de las obras de Ardao y de Roig; analicen sus muchos libros, evalúen sus ideas, señales sus proyecciones, hasta donde intuirlas.

Nosotros nos limitaremos modestamente a destacar su significado en la tradición cultural de nuestros países, que tantos esfuerzos cuesta consolidar. Ardao, sabido es, está en la línea de José Enrique Rodó y de Carlos Vaz Ferreira, pensadores de proyección continental, y al estudio de cuyo significado dedicó páginas notables. Otro tanto podríamos decir de Roig, como historiador de las ideas, al rescatar del fondo de nuestro pasado la trama esencial de nuestra propia tradición cultural.

Los abundantes y ya clásicos trabajos de ambos sobre historia de las ideas, sus reflexiones metodológicas y epistemológicas sobre la materia, revelan su sensibilidad alerta, actualizada, su clara orientación, sin que para ello hayan debido desasirse del vuelo filosófico, que es precisamente aquello que, por lo menos a nuestro juicio, les da jerarquía a sus trabajos indispensables, aquellos que serán estudiados y consultados durante décadas.

Integraron ambos, con otros de su generación, aquella corriente conocida como "historia de las ideas", cuya filiación en Nuestra América debe buscarse en José Gaos (también él trasterrado) y Leopoldo Zea, y que el propio Roig caracteriza sagazmente con estas palabras: "...La historia de las ideas ha jugado en América latina -y en muchos de los que nos integramos a ellas desde Argentina un papel de esos tipos de saberes que valen por la proyección social que tienen y el impacto que juegan en la conformación de una conciencia social, nacional y continental".

Conocedores profundos ambos, y casi dirá sentidores, de la idiosincrasia de sus respectivos países -cuyas tradiciones vuelven a hermanarlos- han demostrado siempre una notable sensibilidad en la recepción y comprensión de los movimientos contemporáneos. Han vivido intensamente el turbulento y renovador clima de ideas que siguió a la guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la descolonización, las crisis institucionales de las frágiles democracias latinoamericanas. Muchas son las cicatrices que les han dejado su trayectoria y su compromiso, lo que puede observarse en el estilo mismo de sus trabajos, donde se advierte junto a los creadores los testigos, pues sus libros están impregnados de sus vivencias, de la savia de su tiempo, de sus sueños, de sus frustraciones y también, porqué no, de sus esperanzas.

Una lectura profunda de dichos aportes testimonian, simultáneamente, la importancia histórica de su pensamiento, que al mismo tiempo nos ofrecen indicios del clima intelectual dentro del cual trabajaron durante largos períodos y las dificultades que sobrellevaron. Apartados de sus cátedras, alejados de sus discípulos y de su biblioteca, exiliados por la prepotencia de dictaduras de diferentes signos pero de idéntica intolerancia, encontraron en países hermanos de nuestra América acogida generosa, retribuida por ellos con una labor notable en todo sentido, y muchas veces pionera en determinados campos del quehacer intelectual. Quienes los acogieron se enriquecieron; quienes los expulsaron empobrecieron sus respectivos países.

Ardao, sabido es, trabajó en el Centro de Estudios Latinoamericanos "Rómulo Gallegos", donde recuerdo haberlo visitado, y en la Universidad Ramón Bolívar. Roig por su parte, lo hizo en la Universidad católica de Quito y luego en universidades mexicanas.

Cuando regresé, años después, a ambas capitales y concurrí a los lugares mencionados donde ellos estuvieron tuve la enorme satisfacción de comprobar cuán hondas y perdurables fueron las huellas que ambos dejaron; percibí una auténtica devoción por la labor de esos rioplatenses y un hondo reconocimiento por su influencia perceptible a flor de piel en los discípulos, colegas y amigos. Nadie podrá negar que la presencia de Roig permitió al Ecuador, reconstruir, en gran parte, los momentos esenciales de su tradición cultural y el señalamiento de rumbos para futuras investigaciones, de algunas de las cuales tenemos conocimiento. Roig fue miembro sobresaliente de la Comisión Editorial de la valiosa colección "Biblioteca Básica del Pensamiento Ecuatoriano" que la Corporación Editora Nacional y el Banco Central del Ecuador patrocinaron publicando decenas de libros hoy imprescindibles y que tantas veces hemos utilizado en nuestros propios trabajos.

El tiempo apremia y debemos finalizar; y lo haremos sugiriendo que las instituciones a las cuales ellos siguen vinculados, me refiero a la Universidad de la República y la Universidad de Cuyo convoquen para el año 2002 -cuando Ardao cumpla (nació el 27-IX-1912) sus primeros noventa años y Roig (nacido el 16 -VII-1922) sus primeros ochenta- sendos cursos sobre el conjunto de su obra y pensamiento; y simultáneamente editen libros antológicos que recojan sus trabajos más significativos con criterio científico, precedidos de estudio serios y exhaustivas bibliografías. Difundir su pensamiento sería la mejor forma de retribuir de alguna forma todo lo que les debemos a estas dos grandes inteligencias americanas que supieron mantener, airosamente, aún durante los años nublados, su confianza en la democracia, en la razón y en la esperanza de una sociedad más justa y más humana.

Gregorio Weinberg
Universidad de Buenos Aires

 

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Hugo E. Biagini, Compilador. Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig. Filósofos de la autenticidad. Jornada en homenaje a Arturo Andrés Roig y Arturo Ardao, patrocinada por el Corredor de las Ideas y celebrada en Buenos Aires, el 15 de junio de 2000. Edición digital de José Luis Gómez-Martínez y autorizada para Proyecto Ensayo Hispánico, Marzo 2001.
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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