Repertorio de Ensayistas y Filósofos

Matías Escalera Cordero[1]

 

“Ser extranjero” e “Insularidad e insularismo”, de Paula Winkler: dos ensayos sobre el descentramiento y la definición paradójica del Sujeto

  

"¿Habrá que pensar las palabras con las que pensamos para volver a pensar con palabras? ", se pregunta Paula Winkler en el texto que trata justamente de la insularidad y el insularismo como conceptos dispuestos y sometidos al intercambio y a la discusión. Es lo que sucede también con el vocablo extranjero; ¿no habría que repensarlo para pensar luego la extrañación con él? Pero ¿cómo pensarlas, cómo pensar las palabras, si acaso no haya base lógica racional que encadene todas las causas a todos los efectos? Y esto no sólo en el entramado lingüístico; pues, descontados esos espacios vedados a la racionalidad que son el inconsciente y el absurdo, nuestras conductas, tanto grupales como individuales, no avalan precisamente la predominancia de lo racional en las tramas social e histórica.

Es por eso por lo que quizás, como sostiene la autora, "parece que la tarea lacaniana ha constituido en sus inicios y para sus detractores una actividad de ofensa a la naturaleza humana..." Acaso porque "descentrar el saber" (racional, se supone), ir "a los bordes" del sentido y "desarticular al sujeto", para dejar emerger y permitir que "hable el inconsciente", lo que de insular y extranjero hay en nosotros, pues de eso se trata (y esa es la tarea que Paula Winkler se impone con una dedicación y una convicción fuera de toda duda), cuestiona gran parte de las certezas sobre las que el humanismo occidental (concebido como el espacio continental por excelencia) se ha fundamentado.

Pero es que, además, vivimos en un mundo en el que "el amo de Lacan no se alcanza a localizar, puesto que todos formamos parte de una circulación discursiva hacia ninguna parte…" Así que, perdidos en ese "vacío advenido por el nada está prohibido [de origen nietzscheano],  muy distinto del decir epistemológico del todo está permitido", los sujetos [de Occidente, claro] construidos dentro de esta modernidad que ha dejado de ser moderna, se debaten en el umbral de ese "aislamiento esquizoide [o extranjería, tan típica] en que se hallan hoy inmersos"; cuando no ya definitivamente adentrados en el Laberinto, del que la insularidad entendida como contracultura, o la extranjería, paradójicamente puede ser su llave de salida… Una insularidad que no se constituye, por lo tanto, en ningún dispositivo ideológico excluyente, ya sea nacionalista, insurreccional o xenófobo, y que no supone tampoco un "ser humano globalizado y fragmentado [y fatalmente volcado hacia sí], como si se tratara de un sujeto de excepción que, por sus supuestos sufrimientos, todo lo puede y lo quiere; y que afincándose en lo seguro, expulsa lo diverso, e intenta desesperada e inútilmente volver a su matriz de origen…"

De ahí que para desvelar el auténtico sentido de la “norma jurídica” haya que echar mano de la paradoja o de los opuestos enfrentados y contiguos, que reintroduce en el pensamiento último el filósofo esloveno Žižek, con el concepto de la paralaje, "para quien existe siempre epistémicamente un par de lo uno y lo otro –una estructura análoga a la de Benveniste a propósito de los verbos: lo activo/lo neutro…". Igual que para dotar de sentido a la palabra patriota, por ejemplo, pues como se pregunta Peter Sloterdijk (citado por Paula Winkler en su artículo sobre el “ser extranjero”): " ¿No podría ser un patriota alguien que introduce confusión y desorden en los motivos de apego al lugar propio? " En vez de aquellos –se supone– que con sus discursos de absurdo apego al territorio causan su propia destrucción y la de los demás.

Para Paula Winkler, la norma jurídica sería, pues, no sólo la norma en cuanto tal, "lo que ésta [precisamente] contempla", sino también y a un tiempo lo que ésta "no alcanza a contemplar"; puesto que, en cierto sentido, "la ley se basa en su incumplimiento", es decir, "necesita de un antagonismo ficcional..." Así, pues, el vocablo recto, el concepto unívoco, el “nombre jurídico”, no existe, aunque se esgrima, pues, aun esgrimiéndolo, no basta para la designación de lo real; tampoco "el real de las islas", pues no hay ningún universal continental ni insular que esté más allá de la falta o el exceso de lo real, y que se sitúe más allá de los contextos o de la coyuntura material y específica del insularismo, ya sea geopolítico o jurídico; como tampoco de los sujetos construidos que los habitan.

Y esto es así porque la construcción misma de los sujetos –como la de la insularidad– se da básicamente por la exclusión en compañía del otro, de los otros excesivamente semejantes; esto es, en un proceso contradictorio marcado por una doble paradoja; lo que Freud llamó narcisismo de las pequeñas diferencias; y que "los hechos de la historia" –como señala la autora de estos artículos–, en particular los del siglo XX, aclararon suficientemente; cuando nadie "quería saber" y cuando la hostilidad determinó sin contemplaciones "la seguridad de la diferencia".

De hecho, como la propia Paula Winkler asegura, "la historia de la filosofía es la historia de una filosofía: la filosofía de Occidente, encarnada en un sistema de auto inmunidad espacial que, desde la certeza del continente, mira hacia la isla como una diversidad a incorporar..." A incorporar y a anular, cabría añadir. Pero es el caso, al mismo tiempo (otra paradoja más), que, al contrario de lo que sostiene Peter Sloterdijk,  no existe ningún sujeto sin que “el otro”, lo externo, quede incorporado, es decir, sin "lazo social", por conflictivo que sea. Y es en la negación de este principio, digamos moral, fundador de los viejos humanismos, reemplazado por principios utilitaristas, productivistas y uniformadores, que niegan el conflicto como manifestación viva y dinámica del lazo en construcción; es esa violencia globalizadora y anexionadora, precisamente, lo que provoca la fragmentación reactiva de los nacionalismos y de los particularismos locales, por una parte, y de las corporaciones, por otra; y también, en una buena medida, la causa profunda de este nuestro “malestar social”, digamos continental, "que hasta las instituciones reflejan", en su incapacidad para dar respuestas adecuadas, en su evidente parálisis y en la corrupción general de su maquinaria.

Lo paradójico, una vez más, como señala la propia Paula Winkler, es que así como "la endogamia grupal conlleva a la integración aislada, la globalización ha vuelto al sujeto sobre sí mismo y le ha impuesto el goce". Un goce que, en realidad, es castigo. Y es en este sentido en el que la isla (como la extranjería), "en sus distintas conformaciones naturales y geopolíticas" se convierte en posibilidad "de desafío, de resistencia y de esperanza".

Dicho de otro modo, "en una época en la que la regla social parece imponer el goce, el psicoanálisis puede autorizar al sujeto a no gozar", no se puede decir más con menos.

Pero aún quedaba algo por decir que a la propia autora casi se le escapa y es la declaración del componente de clase como fundamento de la materialidad social e histórica; y digo que casi se le escapa, pues al final del artículo Ser extranjero nos advierte lo siguiente: "La crisis en Europa no tiene que ver con los pueblos y las personas sino con los detentadores del poder financiero y político. Sería bueno advertirlo a fin de evitar nuevas beligerancias…"

Ahora sí; ahora ya queda todo dicho y enunciado, en los términos siempre fronterizos y preliminares en que algo puede quedar dicho y quedar enunciado, por supuesto.

 

Por Matías Escalera Cordero[1]
Alcalá de Henares (Madrid. España)
julio de 2012


[1] Matías Escalera Cordero (Madrid, 1956) es Secretario de Redacción de la revista de filología Verba Hispanica, editada por la Universidad de Ljubljana (Eslovenia); y es miembro del consejo editor de Tierradenadie Ediciones, desde el que coordina varias secciones de la revista digital de arte y pensamiento Youkali (www.youkali.net); además es autor de la novela Un mar invisible (IslaVaria, 2009) y de Historias de este mundo (Baile del Sol, 2011); así como de los poemarios Grito y realidad (Baile del Sol, 2008), Pero no islas (Germanía, 2009) y Versos de invierno para un verano sin fin (Eclipsados, 2012). Ha sido galardonado con el premio de literatura dramática, Sala Margarita Xirgu, de Alcalá de Henares, por su obra de teatro El refugio (GPS, 2009), y con el accésit de la primera edición del concurso de Teatro Radiofónico convocado por el Ateneo Riojano y Radio Rioja Cadena Ser, en 2010, por la pieza corta “Búscate la vida”. Es guionista del cortometraje documental Futuro imperfecto, dirigido por Lino Escalera (disponible en www.linoescalera.com); y ha sido incluido en diversas obras colectivas. Como profesor de lengua y literatura españolas, conoció de primera mano el final de la Europa de los bloques militares, desde Moscú, primero; y desde Ljubljana –capital de Eslovenia–, en la antigua Yugoslavia, más tarde. En su vertiente crítica, además de los múltiples artículos publicados en diversas revistas internacionales de su especialidad, destacan el libro La (re)conquista de la realidad (Tierradenadie Ediciones, 2007), del que es coordinador, y su participación en el libro colectivo La República y la cultura. Paz, guerra y exilio (Istmo, 2009), coordinado por Julio Rodríguez Puértolas, de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

 

© José Luis Gómez-Martínez
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